PARAGUAY: CRISIS, AJUSTE Y TERCER AÑO DE GOBIERNO STRONISTA                   

Alhelí González Cáceres* 

Mario Abdo Benítez: El presidente de Paraguay evita ser destituido ante la  petición de un juicio político por el manejo de la pandemia | Internacional  | EL PAÍS
Fuente: El País

La dictadura nunca derrotada

El 15 de agosto se cumplieron tres años del gobierno de Mario Abdo Benítez, hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, cuya familia se apropió de tierras públicas y forjó su fortuna de manera ilegal e ilegítima. Durante el régimen dictatorial se adjudicaron ilegalmente 7.851.295 de hectáreas de tierras públicas, de las que se benefició hasta Anastasio Somoza (Comisión de Verdad y Justicia, 2008).

La llamada “transición a la democracia” se caracterizó por la continuidad del stronismo sin Stroessner y a diferencia de los demás países de la región, en Paraguay los represores nunca fueron juzgados, ni los bienes robados al Estado fueron recuperados.

La hegemonía de la principal organización política que sostuvo al régimen dictatorial continuó marcando el devenir de una “transición” que nunca superó las rémoras tiránicas del pasado reciente, como no podía ser de otra manera, pues, las prácticas dictatoriales durante 35 años de terror, forjaron una sociedad que encuentra en el totalitarismo y el autoritarismo la forma “correcta” de dirigir los destinos de la patria.

En el contexto de una “democracia” nunca consolidada es que nos encontramos en el segundo año de crisis sanitaria a causa de la pandemia por Covid-19, aunque la crisis, ciertamente, no inicia con esta declaración.

Una economía en crisis permanente

Antes de declararse el Estado de emergencia, el país atravesaba por una grave crisis, no sólo sanitaria, sino alimentaria, ambiental y económica, resultado de un modelo productivo excluyente y expoliador.

Durante el primer semestre del año 2021, Paraguay mantuvo una de las cifras más altas de fallecidos de la región, únicamente por detrás de Surinam. A la destrucción a la que durante décadas fue sometido el sistema sanitario se añadió la incapacidad de gestión del gobierno para adquirir las vacunas.

A finales de agosto de2021, el país registra más de 15.633 muertes y 460 mil casos confirmados, con un ligero aplanamiento en la curva de muertes y contagios luego de meses de desolación en los hospitales públicos (Our World in Data, 2021).

En el año 2019, antes de declararse la emergencia sanitaria, Paraguay había cerrado el ejercicio fiscal en recesión técnica, con un estancamiento y caída de las principales variables económicas, la ligera recuperación que había iniciado a principios del primer trimestre del 2021 se vio opacada por la declaración de pandemia (SEP-Paraguay, 2020).

A la caótica situación sanitaria y económica se añade la continuidad de la política de endeudamiento como mecanismo para financiar el déficit público que, al cierre del año 2020 representó el -4% del PIB (Ministerio de Hacienda, 2021).

Análogamente, el saldo de la deuda pública al cierre del mes de julio fue de 13.110 millones de dólares, equivalente al 34% del PIB, de los cuales el 85% corresponde a deuda externa, superando incluso las reservas internacionales del país (SEP-Paraguay, 2021).

El acelerado ritmo de endeudamiento condujo al aumento de los costos del servicio de la deuda, ascendiendo a 1.083,3 millones de dólares al cierre del primer semestre. Situación claramente alarmante ya que compromete la sostenibilidad financiera del Estado a largo plazo y reduce el margen de maniobra para la política fiscal, transfiriendo cada vez mayores recursos a los capitales extranjeros (SEP-Paraguay, 2021).

Gráfico 1.

Evolución de la deuda pública en miles de dólares (2010-2021)

     Fuente: Elaboración propia con base en las estadísticas del Ministerio de Hacienda.

https://www.eonomica.gov.py

Según el Ranking Moody’s los títulos de deuda emitidos por el Estado cuentan con una clasificación Ba1 (estable). Este clasificador ubica a los bonos en el Grado de no inversión, lo que verifica el grado especulativo de la deuda pública.

Esta situación es particularmente alarmante dado el pequeño volumen de la economía, la elevada dependencia del sector externo, la predominancia del modelo primario exportador, un régimen tributario regresivo, la ineficiencia en el gasto público y los elevados niveles de evasión fiscal.

Gráfico 2.

Presión Tributaria en millones de guaraníes (2009-2021)

                                                      Fuente: Recaudación Tributaria, Subsecretaría de Estado de Tributación.

https://www.set.gov.py/portal/PARAGUAY-SET/Home/est

En esta línea, el mayor peso de la recaudación tributaria recae sobre impuestos indirectos, mientras que los gravámenes del sector agroexportador son irrisorios, al tiempo que se encuentran vigente la ley de devolución del IVA y la Ley de Garantía a las Inversiones que estipula entre otras cosas, exenciones fiscales durante 20 años, así como la libertad de repatriar el 100% de las utilidades. (Costa, González, & Levy, 2018)

Históricamente el país ha tenido la presión tributaria más baja de la región, situada en torno al 10%, muy por debajo del promedio regional de 22%. Análogamente, el mayor componente de los ingresos del fisco proviene del IVA, representando el 60% de la recaudación total. Con la declaración del Estado de Emergencia se suspendieron las recaudaciones y el Estado otorgó mayores exenciones a sectores que históricamente han aportado muy por debajo de las utilidades generadas, como es el caso del agronegocio, cuyo aporte al Fisco representa apenas el 0,91% del total recaudado. (Costa, González, & Levy, 2018).

El discurso del país que “exporta” alimentos, esconde en realidad la destrucción del aparato productivo y el consecuente deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera. El mes de julio cerró con un saldo de la Balanza Comercial de -1.408,63 millones de dólares, evidenciando el deterioro de la capacidad productiva y la elevada dependencia hacia el sector externo. (SEP-Paraguay, 2021)

La importación de alimentos ha sido la que más ha crecido. La exportación del 99% de la carne presiona al alza de los precios y al aumento de las importaciones para satisfacer la demanda interna. Situación que ha provocado un incremento considerable en el precio de la canasta básica, acumulando una inflación del 2,7%. (SEP-Paraguay, 2021)

Por otra parte, el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera se observa en el 26,9% de la población que vive bajo el umbral de pobreza, siendo mayor en zonas rurales alcanzando un 34%. (SEP-Paraguay, 2021)

A esta ofensiva del capital se añade el intento de privatización del sistema previsional, que, bajo el argumento de la insostenibilidad fiscal, se plantea la incorporación del sistema de cuentas individuales, y la ampliación de la edad jubilatoria. (SEP-Paraguay, 2021)

En suma, el modelo productivo vigente genera enormes perjuicios al ambiente, un excedente de fuerza de trabajo que es expulsada de sus territorios y condenada a la marginalidad social, siendo insostenible incluso económicamente.

 


* Paraguay, GT Crisis y Economía Mundial, Presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay e Investigadora del Centro de Estudios Rurales Interdisciplinarios-CERI.

En Medio De La Crisis Y La Pandemia Medio Siglo Del Sistema Monetario Vigente

La peligrosa hegemonía del dólar: cualquier movimiento será doloroso para  el mundo - elEconomista.es
Foto: Eleconomista

Alhelí González-Cáceres*

La arquitectura financiera internacional surgida de la segunda posguerra marcó el inicio de un nuevo ciclo de expansión, expresando de ese modo el nuevo patrón de reproducción del capital, consolidando el rol de los Estados Unidos como regente del capitalismo global y, del dólar, como moneda mundial.
Los acuerdos de Bretton Woods establecieron el patrón oro-dólar como pilar del sistema monetario internacional que estuvo vigente hasta 1971, en donde los límites del modelo keynesiano, resultado de la dinámica inherente al desarrollo capitalista, conducirían nuevamente a la economía estadounidense a una crisis, en la que por primera vez se conjugarían estancamiento económico, desempleo e inflación.
La guerra de Vietnam en 1970 se perfilaba como la tradicional salida a la crisis del capital, sin embargo, pronto se encontró en un callejón sin salida, que significó la primera derrota del imperialismo estadounidense. Esta derrota se reflejó rápidamente en la economía, pues la Reserva Federal había emitido una gran cantidad de dinero para financiar la guerra, sin embargo, esta emisión no tenía como contrapartida el respaldo en oro, conduciendo a la devaluación del dólar.
En efecto dominó Francia y Gran Bretaña exigieron la conversión de sus reservas de dólares en oro, lo que condujo a la disminución de las reservas estadounidense que, conjugada con el exceso de emisión monetaria, llevarían al gendarme del norte a abandonar el patrón oro-dólar, anclando su moneda en la confianza de los inversores en la productividad de la economía, dinámica que se mantiene vigente hasta la actualidad no sin críticas y, sobre todo, con varios intentos de desplazar al dólar como moneda mundial, pero, cabe preguntarnos si existen alternativas reales a la hegemonía del dólar y, sobre todo, si estamos en presencia de un nuevo patrón de reproducción del capital global que derive necesariamente en la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional.

La hegemonía del dólar en el sistema monetario internacional

El desarrollo del capitalismo ha sido históricamente irregular, es decir, la crisis forma parte orgánica del capital y no puede sino existir mediante ella. Esto implica, al mismo tiempo que, de cada crisis capitalista, surjan nuevos patrones que rigen la reproducción ampliada del capital y esto se refleja en la arquitectura financiera internacional.
Anterior a la consolidación de los Estados Unidos como país regente del capitalismo mundial y, por tanto, de su moneda como moneda mundial, era el patrón oro el que expresaba las condiciones normales de reproducción del capitalismo en su conjunto.

cabe preguntarnos si existen alternativas reales a la hegemonía del dólar y, sobre todo, si estamos en presencia de un nuevo patrón de reproducción del capital global


El clásico patrón oro contenía como principio el bullionismo que consistía en que la colocación en circulación del dinero-papel debía encontrarse en proporción directa a las reservas en metales preciosos que poseían los Estados y sus respectivas bancas centrales, es decir, ningún Estado podía emitir una cantidad de dinero-papel superior a aquella efectivamente respaldada. El anclaje al oro permitió mayor predictibilidad en el comportamiento de los precios en el mercado internacional, del mismo modo en el que posibilitó cierto “ordenamiento” de la economía. El patrón de convertibilidad se constituiría en el segundo pilar del sistema clásico, en el que si el valor de la moneda se encontraba anclado en el oro, un desequilibrio exterior necesariamente provocaría movimientos en la cantidad de oro y, por tanto, cualquier déficit significaría una disminución en la cantidad de las reservas.
De este modo, la instauración del patrón oro clásico y su expansión por el resto del mundo, pese a las críticas a sus fundamentos teóricos, expresaba las condiciones normales de reproducción del capital, con su regente temporal, el imperio inglés y en donde la implementación de medidas proteccionistas coincidió con la expansión del patrón. Este sería abandonado en la primera posguerra, resultado del impacto económico del conflicto bélico y las nuevas reconfiguraciones en el patrón de acumulación.
Posterior a la segunda postguerra, la elevada productividad de la economía estadounidense, así como las condiciones materiales en las que se encontró el país luego de acabar la guerra sin haber experimentado caos en su territorio a diferencia de las potencias europeas cuyas economías quedaron devastadas, Estados Unidos no sólo logra constituirse en el principal exportador de mercancías, sino que además, impone en Bretton Woods una nueva arquitectura financiera internacional y junto con ella, al dólar como moneda mundial.
La consolidación de los Estados Unidos como principal exportador de mercancías junto con la convertibilidad oro-dólar le habían permitido acumular grandes cantidades de oro, lo que llevaría a que en la actualidad, Estados Unidos sea el país con mayores reservas de este metal a nivel mundial, con 8.133 toneladas en el año 2019, según el ranking The Spectator Index.
La hegemonía del dólar puede entenderse teniendo como base la propia productividad de la economía estadounidense, por una parte, y por la otra, la demanda global de dólares. Los capitales extranjeros encuentran en la economía estadounidense la seguridad para sus inversiones, este flujo de capitales genera por una parte, un déficit en la cuenta corriente que en el año 2018 se ubicaría en el punto más alto en una década, alcanzando el 6,1%, lo que representa el 2,6% del PIB, unos 134.400 millones de dólares, mucho mayor al registrado en el mismo período en el año 2008 según se puede observar en el portal http://www.datosmacro.com.
Este déficit es resultado de la caída en las exportaciones, pues la apreciación del dólar con respecto a las demás monedas del mundo resta competitividad a sus mercancías.

Estamos en presencia, por primera vez, de una crisis en la que se conjugan aspectos económicos, financieros, ecológicos, alimentarios, sociales, en suma, una crisis de la civilización burguesa


La hegemonía del dólar en el sistema mundial si bien funge como mecanismo de dominación y desestabilización, también implica elevados costos para la economía estadounidense en general, y sobre todo, para la clase trabajadora en particular. Esta hegemonía también crea ganadores y perdedores no sólo en el ámbito internacional, sino que también los recrea en el ámbito interno, en donde los principales ganadores son las corporaciones financieras y los bancos que ejercen el papel de intermediarios y receptores para la entrada de capitales, generando por tanto mecanismos de influencia de la vida política de los Estados, incluido Estados Unidos; mientras que los perdedores son los trabajadores, debido a que la demanda mundial de dólares hace que este se aprecie, incrementando los costos de producción dentro de las fronteras nacionales, haciendo que las exportaciones estadounidenses sean más costosas, lo que conduce a una disminución en las exportaciones y, en contrapartida, un déficit de cuenta corriente, como lo hemos mencionado.
La dinámica de acumulación conjugada con la hegemonía en el sistema monetario genera importantes presiones tanto económicas como políticas en el interior del país, estableciendo dificultades cada vez mayores para “equilibrar” una economía cuya moneda se encuentra cada vez más sobrevaluada y la consecuente desindustrialización que esta dinámica trae consigo. Proceso que, al mismo tiempo, se presenta como la dificultad para mantener la hegemonía en el sistema mundial, lo que se evidencia en las múltiples dificultades que presenta Estados Unidos para mantener su poder, el cual ve disminuir frente al ascenso de China como actor relevante en la economía mundial.
Sin embargo, con lo que no cuenta Trump es que las posibilidades de retornar las políticas proteccionistas son no sólo anacrónicas, atendiendo los elevados niveles de encadenamiento productivo logrado con la transnacionalización del capital junto con la interdependencia del sistema crediticio a nivel global, sino y por sobre todo, que el otrora símbolo de la grandeza imperial se constituye hoy en la principal debilidad de un gigante con pies de barro que se debate entre mantener al dólar como moneda mundial al costo que sea o a declinar en su hegemonía monetaria, tal como lo hiciera el imperio británico varias décadas atrás.
En la actualidad, el dominio del dólar en la actividad mundial es casi indiscutible, a pesar de la recesión económica que afecta a los Estados Unidos y a la pésima gestión del gobierno de Trump ante la crisis sanitaria derivada de la pandemia, con innumerables víctimas, entre ellas los damnificados económicos quienes vieron desaparecer millones de empleos; aun en este contexto, la apreciación del dólar es un hecho, producto del incremento en la demanda mundial de dólares que llevó a que la Reserva Federal inyectara en marzo del 2020 unos 37.000 millones de dólares al mercado mundial para evitar el colapso en el sistema de créditos y que la ausencia de liquidez relacionada a la estrepitosa caída en las bolsas de valores colapsara el mercado de la deuda a corto plazo, vital para los bancos y empresas.
De este modo inicia un periodo de volatilidad en los precios internacionales, especulación e inestabilidad financiera, cuya mayor expresión fue el estallido de la burbuja en el sector inmobiliario de los Estados Unidos en el año 2008, haciendo que las crisis sean cada vez más recurrentes, pues no se avizoran salidas y mucho menos mecanismos que permitan a Estados Unidos fortalecer su debilitada hegemonía.
En suma, el sistema monetario-financiero nacido de los acuerdos de Bretton Woods expresó en un momento histórico-concreto el nuevo patrón de reproducción capitalista de la segunda postguerra, en el que el eje de acumulación se articuló fundamentalmente en función del complejo militar-industrial. La capacidad productiva así como la preponderancia del sector real de la economía en la acumulación, posibilitó la consolidación de los Estados Unidos como país regente de la economía mundial, inaugurando un ciclo expansivo que pronto se encontraría con los límites que impone la propia dinámica que rige al sistema, expresándose en una nueva crisis, inaugurando un nuevo patrón de acumulación basado en la preponderancia del capital ficticio y la cada vez menor relevancia del sector productivo como resultado de la baja rentabilidad del capital en el país que rige los patrones mundiales de acumulación junto con las dificultades para su valorización.
La crisis no conduce al derrumbe del sistema, pero sí implica continuas reformulaciones en los patrones de acumulación y en la antagónica relación entre el capital y el trabajo. Elementos que hoy se hacen cada vez más visibles a raíz de la pandemia que ha venido a acelerar y profundizar la crisis y junto con ella, las nuevas reconfiguraciones en el patrón de reproducción del capital como unidad mundial. De este modo, se inaugura un nuevo período de incertidumbres en torno a las posibilidades de un futuro distópico como consecuencia de una crisis de carácter estructural cuyos impactos son difíciles de predecir y ante la que los “Think Tanks” del establishment no tienen nada nuevo que aportar.


La convergencia de múltiples crisis

Las crisis no se manifiestan siempre de la misma forma ni en la misma magnitud, y el sistema no sale ileso de ellas, sino cada vez más golpeado, más deteriorado, haciendo mucho más largos los períodos de recuperación y, en contrapartida, más cortos los períodos que median entre un nuevo estallido, sin embargo, cabe preguntarnos si antes de declararse la emergencia sanitaria a nivel mundial por la pandemia de Covid-19 ya no estábamos en crisis y, la relevancia de esta pregunta radica en la necesidad de superar las barreras analíticas que impone el pensamiento económico convencional, anclado a las clásicas variables macroeconómicas que muy poco tienen que decir con relación al contenido de la crisis capitalista.
Anterior a la declaratoria de emergencia sanitaria, ya la sociedad global cargaba sobre sus hombros con la muerte de más de 820 millones de personas a consecuencia del hambre a mediados del año 2019 según lo reportaba la ONU; asimismo, la pobreza analizada desde una perspectiva multidimensional con indicadores relacionados con la salud, educación y calidad de vida, entre otros, afectaba a 1.300 millones de personas según el mismo informe. Por otra parte, la debacle ambiental amenaza con el desplazamiento de al menos 143 millones de personas a nivel mundial hasta el año 2050 si es que no se toman medidas para detener el deterioro provocado en la naturaleza y los impactos del cambio climático y, no es menos importante señalar que en términos laborales, ya en el año 2018 el desempleo a nivel global alcanzaba a 172 millones de personas, según la OIT.
Sin embargo, las alarmas que anuncian la llegada de una “crisis” no suenan sino hasta que se registren estragos en el comercio mundial o en las principales bolsas de los países hegemónicos, o mientras que no surja alguna amenaza que logre paralizar la producción global, como ocurrió con la pandemia del Covid-19.
El capitalismo, como resultado de la racionalidad de su propia irracionalidad, empuja a la humanidad hacia el abismo, pues, como bien lo señala Marx, la valorización se constituye en el punto de partida y en la meta de la producción y en donde el mundo entero, en su expresión de mercado mundial, se presenta cada vez más pequeño para las necesidades de acumulación del capital.

Ante esto, los Think Tanks del establishment han planteado tres posibles escenarios denominados V, W y U, en donde V sería el escenario “ideal”, el peor escenario y U el más probable


La complejidad de una crisis de larga data se encuentra en correspondencia con los niveles cada vez mayores de transnacionalización alcanzados por el capital y al encadenamiento de la producción global, es decir, nunca antes el capital como relación social, había logrado que su ciclo de valorización asuma un carácter verdaderamente mundial, con las derivaciones que esto implica para el conjunto de la sociedad y, sobre todo, para la clase trabajadora.
La lógica inherente al sistema capitalista conduce a la crisis, sin embargo, ninguna es igual a la anterior, no estamos en presencia de una crisis clásica de superproducción que encuentra salida destruyendo las fuerzas productivas para reestablecer el ciclo de reproducción e inaugurando un nuevo período de expansión, sino que estamos en presencia, por primera vez, de una crisis en la que se conjugan aspectos económicos, financieros, ecológicos, alimentarios, sociales, en suma, una crisis de la civilización burguesa.
La complejidad de la crisis derivada de su multidimensionalidad se expresa al mismo tiempo en las limitaciones que impone el pensamiento económico vigente que continúa en la eterna dicotomía entre políticas keynesianas y neoliberales, inservibles para suavizar las fluctuaciones del ciclo económico, cada vez más profundas, pues, por una parte, las políticas fiscales y monetarias de carácter expansivo tropiezan con la posibilidad de conducir a las economías hacia la estanflación, mientras que por la otra, las políticas restrictivas ubican a las economías ante el riesgo de una recesión mucho más pronunciada. He aquí el dilema de un paradigma que hace aguas y cuyos modelos económicos no encuentran cuerpo en la compleja realidad mundial.
El capital se impone como límite concreto a su propia reproducción, reflexionaba Marx. En efecto, la tendencia decreciente en la tasa de ganancia se constituye en la contradicción esencial del sistema, que se expresa tanto en los ámbitos de la producción como en el financiero, y en el que el estallido de la burbuja inmobiliaria en el año 2008 en el país que rige el patrón de acumulación global, Estados Unidos, es tan sólo una de las expresiones de una crisis de carácter estructural cuyos impactos permanecen en la actualidad.
Es en este escenario en el que se posiciona la pandemia, evento que se presenta como catalizador de la crisis, profundizando sus impactos en todos los ámbitos de reproducción de la vida material y social, acelerando la reconfiguración de las relaciones laborales en una marcada ofensiva del capital sobre el trabajo, en el que la desaparición del empleo formal se constituye en la punta de lanza del capital global, así como la profundización de la precarización de las condiciones de vida, la desaparición de innumerables fuentes de empleo, el aumento de la pobreza, junto con el reforzamiento de la dependencia de los países periféricos y la debacle ambiental derivada de la racionalidad que rige la acumulación mundial.
Ante esto, los Think Tanks del establishment han planteado tres posibles escenarios denominados V, W y U, en donde V sería el escenario “ideal”, W el peor escenario y U el más probable. El escenario V contempla la caída estrepitosa del PIB global, pero a su vez, una recuperación igualmente pronunciada; el escenario W plantea recuperación lenta y luego una nueva recesión global; por último, el escenario U plantea una caída abrupta del PIB global y una lenta y baja recuperación, sin embargo, aparte de los escenarios mencionados, también ha cobrado relevancia un escenario L, aquel en donde la economía cae y mantiene un ritmo muy lento de recuperación y posterior estancamiento.
En cualquiera de los casos, lo cierto es que nos espera una profunda recesión económica agudizada por la pandemia, pues el estancamiento en el crecimiento de la economía mundial ya era una realidad antes de la Covid–19. Para Beinstein (2009) el parasitismo capitalista a gran escala se constituyó en el cáncer del sistema, y en donde, como consecuencia del encadenamiento de las sucesivas crisis de superproducción, de la interdependencia generada en torno a las grandes potencias centrales y de que el capitalismo se haya estructurado en función de la economía estadounidense a partir de la segunda postguerra, hace que el capital en su conjunto, se encuentre en el mismo barco, a la deriva y, en el que mantener la hegemonía en el sistema monetario internacional se presenta como el menor de los problemas para un gigante con pies de barro.

*Paraguay, Miembro de la Sociedad de Economía Política de Paraguay (SEPPY).

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Foto: NuevaTribuna

Alhelí Cáceres

El marxismo–leninismo: una teoría de la praxis

Con acierto Samuel Huntington afirmaba en su obra “Political Order in Changing Societies” (1968) que Lenin no fue tan sólo un discípulo de Marx sino más bien fue un precursor de este, pues había logrado convertir al marxismo en una teoría política.

Sin duda, los aportes de Lenin al desarrollo teórico del marxismo fueron vastos, pero estos no fueron únicamente teóricos, sino que estuvieron estrechamente vinculados a la práctica concreta y en particular, a la concreción de la sociedad socialista. Pues, si algo distingue al marxismo–leninismo de cualquier otro cuerpo teórico, es su estrecha vinculación con la práctica, expresada en la praxis revolucionaria.

Desde el marxismo, lo concreto –que no se reduce a lo que podemos percibir con nuestros sentidos sino que abarca la propia abstracción y su relación dialéctica con la realidad material–, sólo puede ser analizado desde esta conjunción teórico–práctica, o tal como reflexionara hace más de un siglo el camarada Lenin “Sin la teoría revolucionaria, no puede haber movimiento revolucionario”, con la clara convicción acerca de la necesidad del conocimiento de la historia, de la realidad concreta y de la profunda comprensión de su expresión en el movimiento obrero.

Podemos decir con plena certeza que Lenin representa esa conjunción entre teoría y práctica expresada en la praxis revolucionaria, pues sobre sus hombros no sólo recayó la tarea histórica de guiar al proletariado para sentar las bases de la construcción de la primera experiencia socialista en la historia de la humanidad, de la mano del movimiento obrero y campesino, sino además, de sentar las bases para la construcción de la economía política en el período de transición hacia el socialismo, cuya expresión concreta fueron la Nueva Política Económica (NEP),  junto a la planificación central de la economía nacional, bajo el férreo control de los soviets obreros y campesinos, y con el reconocido éxito que esto significaría para aquella sociedad atrasada y semifeudal.

El plan de electrificación de toda Rusia, conocido como GOELRO, fue una de las primeras medidas implementadas por la revolución bolchevique, marcando el inicio del esplendor económico de la Unión Soviética.

Asimismo, los estudios de Lenin estuvieron dirigidos hacia la comprensión de las  dinámicas del capitalismo en su fase imperialista, marcada por los elevados niveles de concentración y la relevancia que fueron cobrando los monopolios en la actividad económica a nivel mundial, para comprender el funcionamiento orgánico del capitalismo contemporáneo y destruir al capital como relación social dominante,  es necesario no sólo volver a Lenin desde la teoría, sino, y por sobre todo, desde la práctica concreta.

Lenin y el desarrollo de la economía política marxista

(…) La política es la expresión concentrada de la economía. V.I. Lenin.

Los aportes teóricos de Lenin refieren al amplio campo de estudio inaugurado por Marx y Engels respecto a la comprensión del metabolismo social del capital  y la necesidad histórica de superar el orden social burgués, junto a la tarea histórica del proletariado de construir la sociedad comunista;  a los  fundadores del socialismo científico les quedó por abordar diversos aspectos relacionados con una economía política de la transición al socialismo, fundamentalmente porque no existieron experiencias concretas de construcción de un estado obrero como lo fue la revolución bolchevique.

A estas condicionantes se les añade aquellas limitaciones propias del momento histórico – concreto en el que desarrollan su teoría, además de las impuestas por el desarrollo del capital, así como el escaso desarrollo de sus inherentes contradicciones. Por lo que aspectos relevantes en torno al rol del Estado, al papel de las relaciones monetario–mercantiles, de la economía en su conjunto; fueron vacíos teóricos abordados posteriormente por Lenin, una vez que la clase trabajadora haya tomado el poder político, marcando el fin de la dinastía Romanov.

Por lo que volver a Lenin no sólo es imprescindible para llevar adelante la tarea histórica del proletariado de construir la sociedad socialista, sino que es insustituible para comprender la dinámica del capital contemporáneo en su fase imperialista de desarrollo.

El modelo soviético y la economía política de la transición

La experiencia soviética representó un punto de inflexión en la historia de la humanidad, el socialismo, negado incluso antes de nacer por los apologistas del establishment, evidenció en la práctica no sólo la creatividad y la capacidad de la clase trabajadora para dirigir su destino, sino que, a su vez, su organización económica y social evidenció, en la práctica concreta, la superioridad del ideal socialista.

Es preciso, para continuar, recordar que ni Marx ni Engels se propusieron construir una sociedad ideal, en donde radica una de las principales diferencias con los socialistas utópicos; para los clásicos, esta era resultado del desarrollo histórico de la dominación capitalista, la que les sirvió para presentar rasgos esenciales del socialismo como sociedad contrapuesta al capitalismo como sistema. Partiendo de esta premisa, Lenin comprendió la necesidad de teorizar respecto a las bases que sostendrían ese proceso de transición en Rusia, cuestión no prevista por los clásicos.

De ahí que uno de los grandes aportes de Lenin a la economía política del socialismo fuera justamente definir el camino a seguir, en donde la Nueva Política Económica (NEP) se constituyó en el primer elemento cuya tarea principal fue estructurar el esquema de relaciones de una economía mixta sobre bases socialistas, incluyendo, por supuesto, la premisa de reorganización de la propiedad estatal y el papel que cumplirían en este período las relaciones monetario–mercantiles. Modelo que no estuvo exento de errores y que, a la luz de la experiencia, hoy podemos y debemos evaluar, pero que no constituyen objeto de análisis en esta nota.

Sin embargo, consideramos necesaria su reivindicación como la primera experiencia de la clase obrera en la dirección económica de la nación en un contexto de guerra, hambruna y la más escandalosa pobreza.

La implementación de la NEP coincidió con el período de desarrollo de la fase imperialista del capitalismo, y cuyos principales rasgos fueron descritos y analizados por Lenin en su famosa y tal vez, más conocida obra Imperialismo: Fase superior del capitalismo, escrita en la primera mitad de 1916 durante su exilio en Zúrich; vigente en la actualidad.

La vigencia de los aportes de Lenin a la economía política del capitalismo

En su obra más conocida, Lenin analiza la unidad global del capital cuya racionalidad económica deviene en la cada vez mayor concentración y centralización tanto de capitales como de medios de producción. Lenin señala el surgimiento del capital financiero como resultado de la fusión del capital bancario y el industrial, y en donde las guerras por el reparto del mundo y de las riquezas son aspectos centrales de la racionalidad imperialista, demostrando que estas son inevitables en tanto subsista la propiedad privada sobre los medios de producción.

Una de las tesis leninistas vigentes se refiere a la predominancia de los monopolios y del capital financiero en la dinámica global del capitalismo posterior a la década de 1860, punto culminante del capitalismo de libre competencia. Por otra parte, Lenin da cuenta de los procesos de fusión de grandes empresas, controlando así diferentes ramas de la producción industrial, concluyendo que es la libre competencia la que engendra la concentración de la producción y cuyo desarrollo histórico conduce a la conformación de monopolios.

Entre los rasgos principales de la fase imperialista descritos por Lenin encontramos la concentración de la producción y el capital a niveles escandalosos que permiten que estos controlen la vida económica de las naciones. La fusión del capital bancario y el industrial que deviene en capital financiero y da surgimiento a la oligarquía financiera, la exportación de capitales, la conformación de asociaciones internacionales monopolistas y el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas, son los aspectos más relevantes presentados en el análisis de Lenin.

Y si hacemos un ligero ejercicio y colocamos la mirada sobre el mundo, observaremos que tan sólo después de la segunda postguerra mundial, junto a la conformación de la arquitectura financiera internacional y la imposición del dólar como divisa internacional, además de la creación del brazo armado del imperialismo, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), han tenido lugar hasta hoy, cientos de guerras interimperialistas por el control de los territorios y los recursos, acabando incluso con estados, como fue el caso de Libia en pleno siglo XXI, sin dejar de mencionar la invasión y destrucción de Irak, Afganistán, entre otros; y que en la actualidad, la impronta guerrerista de los Estados Unidos, principal exponente del imperialismo, acecha sobre la región, con amenazas de intervención armada en Venezuela, tal como lo hiciera en Panamá en 1989, son algunos de los hechos que dan cuenta de la relevancia y la vigencia del análisis leninista.

Los aportes de Lenin permiten comprender el carácter parasitario de la fase imperialista del desarrollo del capital así como la racionalidad vigente detrás las guerras que, bajo la lógica de reproducción del capitalismo buscan destruir las fuerzas productivas y generar nuevos espacios de mercado a los que exportar capitales garantizando de ese modo la reproducción ampliada del capital.

La realidad contemporánea refleja que las grandes corporaciones controlan la vida política y económica de las naciones y de la economía mundial en su conjunto; actualmente existen 100 grandes corporaciones, de las cuales sólo los ingresos de unas diez, superan al PIB de los 180 países más pequeños del planeta. Entre estas grandes corporaciones se encuentran Walmart, State Gird, China National Petroleum, Sinopec Group, Royal Dutch Shell, Exxon Mobil, Volkswagen, Toyota Motor, Apple, BP, Berkshire   Hathaway, McKesson, Samsung Electronics, Glencore, Industrial & Com. Bank of China, Daimler, United Health Group, CVS Health, Exor Group y General Motors.

Comprender la centralidad que ha cobrado Estados Unidos y su moneda en el tejido imperialista gracias al poder económico de sus grandes corporaciones y a su complejo industrial – militar, resultaría insuficiente si no tomamos a Lenin como punto de partida, para quien las guerras que han tenido lugar, han respondido siempre a los intereses de la clase dominante por expandir sus mercados, por ejercer control sobre los recursos naturales y la fuerza de trabajo.

Actualmente existen 43.060 empresas transnacionales que dominan la vida económica y política a nivel global, y cuya capacidad de reconfigurar territorios o regiones enteras es espeluznante. El aumento de este número de empresas transnacionales da cuenta del cada vez mayor grado de concentración de los mercados, teniendo lugar un proceso cada vez mayor de socialización de la producción, y su contraparte, el aumento de la concentración de la riqueza generada, reforzando la tesis de Lenin respecto al imperialismo como antesala de la revolución socialista.

Por otra parte, Lenin no sólo teorizó respecto a la descomposición del capitalismo en su fase parasitaria, sino también respecto al rol de los países más débiles de la cadena imperialista mundial y en donde la explotación del trabajo asalariado se complementa con la subordinación y subyugación de los pueblos de los países coloniales y semicoloniales por el capital financiero internacional.

La vigencia de las tesis de Lenin respecto a la fase imperialista toma cuerpo al aplicarlos para analizar la dinámica de la economía paraguaya, por ejemplo, en donde las grandes corporaciones transnacionales como Monsanto–Bayer, Cargill, LDC, entre otras, dominan el comercio exterior de la producción de soja, la extranjerización de la tierra, su concentración en pocas manos, así como la subordinación a los intereses de la clase dominante brasilera bajo la lógica subimperialista de Brasil, no pueden explicarse sin los elementos arrojados por Lenin para la comprensión de la dinámica de la economía mundial.

Retornar a Lenin, es volver al futuro, sus aportes a la teoría económica respecto al papel de la inversión extranjera, a los monopolios y el comercio exterior, al papel de las cooperativas de base socialista en los procesos de transición, entre otros, permiten no sólo comprender la racionalidad de la fase imperialista del capitalismo, sino también, y por sobre todo, permite pensar  y repensar el rol de la economía y del estado en el período de transición, así como el papel de los países más débiles de la pirámide imperialista para generar procesos de transformación revolucionaria que inviten a la construcción necesaria de una alternativa real a la sociedad del dinero y de la explotación.

Como dijera Fidel “No ha habido gladiador que haya librado más combates ideológicos que los que libró Lenin”, de ahí que la necesidad histórica sea hoy volver a Lenin.

* A 150 años del nacimiento de Lenin.

Alhelí Cáceres: Paraguay, GT Estudios críticos del Desarrollo Rural,Licenciada en Economía por la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca – Cuba. Candidata a Magíster en Ciencias Sociales por FLACSO – Paraguay. Presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay.