ECONOMÍA DE LA VIDA: FEMINISMO,REPRODUCCIÓN SOCIAL Y FINANCIARIZACIÓN

Alicia Girón* 

Economía de la vida es un concepto que abarca desde la perspectiva feminista poner en el centro a las mujeres en el desenvolvimiento de la reproducción social rompiendo y las relaciones patriarcales establecidas a través de la cultura a lo largo de nuestra historia. A partir del renacimiento del feminismo encabezado principalmenye por las jóvenes del milenio cuyos antecedentes se encuentra en las abuelas nacidas en la posguerra del siglo veinte es importante la construcción de nuevos valores y romper el paradigma. Es decir, la verdad aceptada que Dios le fincó por siglos a Eva por darle el fruto prohibido a Adán, su pareja. Por ello, la economía feminista cobra vida a partir del concepto de reproducción social y en el desenvolvimiento de la producción en un espacio de relaciones de intercambio donde la civilización patriarcal sirve no sólo para evidenciar cómo las mujere s han sostenido el sistema patriarcal sino que son las únicas a partir de una conciencia de género quiénes lo pueden romper.

La relación dialéctica entre la financiarización y la reproducción social desde una perspectiva feminista presenta el vínculo entre la vida familiar y las diferentes formaciones sociales a través de los procesos macroeconómicos. Se conjugan las relaciones de intercambio financiero en los espacios de los mercados financieros a través del ciclo económico donde los periodos de auge y las crisis recurrentes, así como las recesiones económicas tienen un impacto en el espacio de la microeconomía, particularmente en los hogares.

Hoy, la economía feminista juega un papel fundamental al centrar el análisis de la mujer en la unidad familiar y la sociedad en la interconectividad con las políticas públicas y al mismo tiempo con los acontecimientos macroeconómicos dirigidos por el proceso de la financiarización. Las desigualdades y las brechas de género son resultado de las políticas económicas y de los procesos de austeridad inherentes desde hace medio siglo.

Tres conceptos fundamentales

1. Feminismo y género

Desde la perspectiva de la economía son dos términos que se usan como sinónimo, pero son términos antagónicos utilizados en algunos escritos para uso más político que social.

En economía cuando usamos del término género, nos ubicamos específicamente en las brechas que existen entre hombres y mujeres en el desarrollo económico. Las diferencias del ingreso salarial, el acceso en la educación, salud y participación política, inclusión financiera y digital y las horas de trabajo no remunerado al interior de la unidad familiar, medida realizada a través del uso del tiempo. Incluso el término ‘equidad de género’ alcanza visibilidad a partir de la Agenda 2030 de Naciones Unidas que permea todas las agendas de desarrollo de los tratados de comercio, los organismos internacionales y multilaterales y los presupuestos con enfoque de género.

Cuando usamos el concepto de economía feminista, desde una visión de la economía política, el concepto viene entrelazado en los trabajos de Flora Tristán desde la primera mitad del siglo XIX. Su libro ‘La Unión Obrera’, mencionado por Marx en su obra de El Capital, junto con sus otros libros ‘Peregrinaciones de una Paria’, ‘Paseos en Londres’, ‘La emancipación de la mujer’ y ‘Memphis’ muestran las relaciones patriarcales de su época que subsisten hasta el día de hoy. Muestra las diferencias entre hombres y mujeres desde la raza, el origen étnico y el papel discriminatorio de las mujeres sin importar las clases sociales. No hay duda de que la concientización de las diferencias entre hombres y mujeres se muestran en los primeros movimientos sufragistas, desde finales del siglo XIX y con gran fuerza en el siglo XX.

El avance por la emancipación, el empoderamiento y la lucha por la autonomía de los cuerpos ha tomado conciencia a nivel internacional. Una muestra lo ha dado el feminismo argentino previo al año de la pandemia siendo una lección para América Latina.

El estudio del feminismo y las luchas feministas a lo largo de nuestra historia significa luchar por romper las relaciones patriarcales inherentes a nuestra cultura cuyo origen está en el Génesis de la Biblia donde se desprenden varias corrientes religiosas.

2. Reproducción Social

La reproducción social se define como la forma en que se producen y reproducen las condiciones que sostienen un sistema social. Dichas condiciones se reproducen a través de la cultura y los sistemas de intercambio basados en una estructura productiva que está condicionada por el entorno de los recursos naturales, las contradicciones existentes entre las relaciones de clase social y la ideología prevaleciente en una sociedad. Existe un contexto donde las mujeres cumplen una función biológica fundamental para la reproducción de la fuerza de trabajo, lo que a su vez define la participación de la mujer en la actividad económica del cuidado y del aprovisionamiento.

La reproducción ocurre cuando las condiciones necesarias para la existencia de la relación de producción se llevan a cabo de una misma forma, una y otra vez, se reproduciendose así mismo. Por lo tanto, la reproducción es necesaria en ciertas condiciones específicas que incluyen relaciones políticas, jurídicas e ideológicas qué al propagarse perpetúan un determinado sistema económico, político y social (Edholm, Harris y Young, “Conceptualising Women” en Critique of Anthropology, 1978: 106, http://coa.sagepub.com).

De acuerdo con Edholm, Harris y Young, conviene definir tres aspectos de la reproducción, a) social: desarrollo de las condiciones de un sistema social; b) de la fuerza de trabajo: mantenimiento cotidiano de los trabajadores; y c) biológica: o procreación referida a la crianza de los hijos.

Culturalmente, la reproducción biológica está relacionada con la mujer, hecho suficiente para que a ella se le asignen tareas casi exclusivamente relacionadas con la reproducción de la fuerza de trabajo como el cuidado de los hijos y las actividades asociadas al mantenimiento diario de la fuerza de trabajo. De esta forma, de acuerdo con Meillassoux, la condición de la mujer «no es natural», sino que surge de «circunstancias históricas cambiantes, enlazadas siempre con su función reproductiva», pero, además, se apoya en una base económica definida, pues para entender las relaciones de producción hay que situarlas en el contexto de la perpetuación de un determinado sistema social (Claude Meillassoux, Mujeres, graneros y capitales: economía doméstica y capitalismo, México, Siglo XXI, 1977: 116).

Así, asociar la función reproductora a la mujer es esencial para explicar su posición en la sociedad y entender su participación en las actividades productivas. En palabras de Ferguson “[…] las mujeres están oprimidas no simplemente porque están excluidas del trabajo asalariado y obligadas a ser amas de casa. Más bien, su opresión es una cuestión de cómo y por qué tal trabajo se devalúa en primera instancia […] cuando justo ese trabajo invisible es […] su contribución a la riqueza social general” (Ferguson, “Las visiones del trabajo en la teoría feminista” en Archivos, 22 de marzo, núm. 16, 2020). La importancia de esta apreciación consiste en que dicha situación ocurre en un contexto que permite la propagación de un sistema social y de reproducción determinado.

En palabras de Marx (1975) “[…] cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, es necesario que éste sea continuo, que recorra periódicamente, siempre de nuevo, las mismas fases. Del mismo modo que una sociedad no puede dejar de consumir tampoco le es posible cesar de producir. Por tanto, considerado desde el punto de vista de una interdependencia continua y del flujo constante de su renovación, todo proceso social de producción es al propio tiempo proceso de reproducción” (Marx, 1975:695 ¿qué obra de Marx?).  Al respecto Antonella Picchio señala que “[…] el sistema capitalista se define por el uso de trabajo asalariado para producir mercancías. En este sistema, el acceso a los medios de subsistencia está mediado por los salarios para la gran mayoría de la población. Esta mediación, consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción, determina la relación específicamente capitalista entre el proceso de producción y el proceso de reproducción social” (Antonella Picchio, “Un enfoque macroeconómico ‘ampliado’ de las condiciones de vida”, Taller internacional cuentas nacionales de salud y género, OPS/OMS-FONASA, Santiago de Chile, 1992, falta página).

La posición de la mujer en la sociedad puede verse como resultado de su papel reproductor, pues inicialmente esto la condiciona y limita a las actividades relacionadas con el cuidado de los hijos y las tareas del hogar, pero no se debe dejar de lado que su participación responde a las necesidades de un sistema social y de reproducción determinado. Como consecuencia, su incorporación a la esfera productiva queda limitada y condicionada por las necesidades del sistema de producción.

3. Financiarización

El proceso de financiarización consiste en la compra y venta de activos o valores financieros que pueden realizarse de forma ordenada en los mercados de capitales. La nueva articulación de grandes conglomerados que participan a través de operaciones fuera de balance con derivados o productos y servicios financieros fueron consecuencia de innovaciones tecnológicas y financieras. La necesidad de liquidez de los intermediarios financieros hizo posible que la bursatilización de activos adquiriera vida propia en las transacciones financieras, proceso endógeno al desarrollo de la financiarización.

Quienes participan en los mercados financieros esperan que el mercado proporcione liquidez para que los activos financieros se puedan comprar y vender fácilmente; esto sucede siempre cuando los mercados se mantienen estables y no hay situaciones inesperadas. Sin embargo, en un mundo donde prevalece la incertidumbre, el riesgo está latente. Paul Davidson en su libro John Maynard Keynes, publicado en 2007, explica cómo opera una economía monetaria de la producción, refiriéndose no solo al pensamiento revolucionario del economista más importante del siglo XX en términos de la teoría de la liquidez y la demanda agregada sino también a lo que John Kenneth Galbraith clasifica como «fraude inocente» en su último libro, La economía del fraude inocente. La verdad de nuestro tiempo después de su partida en 2006.

Por lo tanto, en una economía monetaria de la producción, la financiarización surge de la desregulación y liberalización financiera, demostrando cómo el desarrollo de la titulización mantiene una relación de causalidad con la financiarización y la crisis, las intervenciones de los grandes bancos y los altibajos, caídas del equivalente general mundial (el dólar), así como las consecuencias de las crisis.

Existen diferentes opiniones teóricas sobre la financiarización pero sin duda, es el resultado de haber pasado de un sistema financiero regulado a uno desregulado donde reina el sistema de acumulación financiera.

4. ¿Cuáles son las relaciónes entre financiarización y mujer?

La relación más evidente es el proceso del otorgamiento de créditos para el empodermiento de las mujeres. La bandera de sacar de la pobreza a las mujeres volviéndolas agentes productivos con capacidad para liderear en una economía del mercado. Lo que se demuestra es que las mujeres son gravadas con tasas de interés muy altas siendo las macrofinancieras quiénes participan en el mercado financiero global posicionando los fondos de pensiones retribuyendo intereses a los fondos de inversión en detrimento de las mujeres. La otra relación entre financierización y mujeres es que las políticas de estabilización y de austeridad implementadas por los organismos financieros como el FMI han incidido en regímenes democráticos la reducción del gasto social en aras de seguir pagando las deudas soberanas.

Por lo tanto, las unidades familiares donde las mujeres cumplen el papel de cuidar la reproducción social han visto en detrimento no sólo el acceso al agua, infraestructura indispensable para el buen vivir y el vivir bien, sino la educación pública y la salud que han ido deteriorándose con el tiempo. Ante el desplome del salario, las mujeres han salido al mercado laboral principalmente cumpliendo muchas de ellas tres jornadas: la jornada en una economía formal, en la economía informal y el aumento de la economía del cuidado, tarea que culturalmente esta destinada a las mujeres, cuidar a la familia, a los padres, a los hijos, a los nietos y al resto de la familia expansiva.

5. Conclusión

La aparición de la COVID-19, no fue un cisne negro como muchos economistas lo mencionaron. El virus ha puesto al descubierto las dificultades financieras y a la crisis de la reproducción social.

Es evidente que los efectos de la COVID-19 no solo se cuantifican en pérdidas humanas a causa de los frágiles sistemas de salud, sino que también se hacen notorios en la falta de políticas de empleo y gasto público. Dentro de este escenario, las brechas de género se han visto reforzadas, puesto que las mujeres ahora no solo tienen que asumir la responsabilidad de las actividades que conlleva el cuidado de familia en medio de una pandemia, sino que también tienen que padecer las consecuencias de la crisis como el desempleo, el carente acceso a oportunidades de financiamiento, la desigualdad de ingresos, desigualdad de oportunidades y lo más grave la violencia emocional, la violencia física, la violencia económica y el aumento inusitado de los feminicidios. La preeminencia del capital financiero ha desembocado en la ampliación  de las brechas de género, el  incremento en la rentabilidad de los grandes consorcios, el rescate de entidades financieras y en la imposibilidad del pago de las deudas soberanas.

No es una casualidad, que el himno del grupo de las ‘tesistas’ de Chile mencione que el Estado es un violador. La razón de este enunciado es porque es el banco central el que viola a través de sus políticas monetarias, fiscales y financieras el desarrollo de la economía de la vida. La economía de la vida no pasa por la austeridad y la escasez, pasa por el aprovisionamiento de la salud, la educación, el acceso al agua y a la vivienda y el derecho humano al empleo. Por ello, el himno tiene una expresión planetaria.


* México, GT China el Mapa del Poder Mundial y del Grupo de Trabajo: Feminismos, Resistencias y Emancipación Investigadora del IIEc-UNAM, Proyecto PAPIIT: IN304420 “Mujeres, Reproducción Social, Presupuestos Públicos y Perspectivas de la Integración Socioeconómica México-Centroamérica”.

Mujeres, violencia y COVID-19*

Alicia Girón**

Fuente: PCM

La pandemia ha cobrado vidas, exacerbado la violencia hacia las mujeres y las brechas de género se han ampliado. Las desigualdades hasta antes de la llegada de la COVID-19 venían aumentando justo por la falta de empleo, el aumento de la pobreza y el mal manejo del gasto público que impactó en el desdibujamiento de los presupuestos con enfoque de género. En el último año la caída del PIB ha sido del 9.0% para México lo cual pone al 65.2% de las mujeres en una posición de riego alto al representar el 65.2% frente al 44.9% de los hombres. Estos datos muestran como las mujeres se han visto envueltas en una situación dramática por la falta de empleo, desconocimiento de habilidades frente a la economía digital para realizar teletrabajo; por el otro lado, el confinamiento ha orillado a las mujeres a incrementar las horas en el hogar dedicadas al cuidado y, a ello se suma, un exagerado aumento de la violencia intrafamiliar.
En este ensayo nos interesa hacer un breve panorama de la COVID-19 donde resaltan los últimos datos de la Cepal referentes a México para demostrar la relación que tiene esta situación económica de alto riesgo con la violencia hacia las mujeres. Para mayo de 2020, la tasa de participación laboral de las mujeres fue de 35.3% frente al 61.1% de los hombres; el trabajo doméstico, donde son las mujeres las que tienen una mayor participación tuvo una caída del 33.2%.

La pandemia ha cobrado vidas, exacerbado la violencia hacia las mujeres y las brechas de género se han ampliado.


Por ello, se plantea que la economía y la violencia tienen una relación de causalidad persistente y creciente a tal grado que México se ha colocado en el lugar 137 de 163 países según el Centro de Investigación para la Paz a nivel mundial. La violencia se está transformando en un problema con proporciones de epidemia según el Banco Mundial.
Para visualizar la violencia contra las mujeres y el desenvolvimiento de la misma ante la COVID-19 se realizará un breve ejercicio de datos que muestran en números la magnitud de la violencia contra las mujeres; en segundo lugar, las brechas globales de género relacionadas con las políticas públicas y por último, una reflexión.

La violencia se está transformando en un problema con proporciones de epidemia según el Banco Mundial.

Asesinatos, acoso e inseguridad

Las noticias de mujeres violentadas en las redes sociales es el diario acontecer en la sociedad mexicana. Los asesinatos por feminicidio son lo cotidiano en la prensa a nivel nacional.
En México nos estámos acostumbrando a una normalidad. Una normalidad donde los derechos de las mujeres a la salud, la educación y a un empleo digno acompañado de una pensión para su vejez están en el imaginario de muchas ‘madrecitas’ que llegan a la vida adulta sin ingresos y enfermas son abandonadas por el sistema de salud pública y por sus familiares.
‘Ni una menos’ es el lema de marchas, protestas y quemas que intentan llamar la atención sin que por ello se tomen cartas en el asunto sobre la violencia a las mujeres.
Es importante ejemplificar la violencia a las que estamos sometidas las mujeres.
De acuerdo al Informe sobre violencia contra las mujeres y llamadas de emergencia 911 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) durante 2020 se registraron 940 presuntas víctimas de feminicidio equivalentes a 1.44 por cada 100.000 mujeres teniendo en junio 94 registros; solo 4 menos que en diciembre de 2018, el mes más alto desde 2015. Para 2020 había 940 registros de mujeres víctimas de feminicidio.
En el estado de México se registraron 150, Veracruz 84 y la Ciudad de México 67 víctimas. El número de presuntas víctimas de feminicidio contempladas entre 2015-2020 sumaron un total de 4,533 mujeres.
Con respecto a las presuntas víctimas mujeres de homicidio doloso (HD) y homicidio culposo (HC), dicho informe reportó un total de 2,783 y 3,136 respectivamente. En 2020, cada delito contabilizó en promedio 200 víctimas mensuales, exceptuando mayo para los homicidios culposos, donde el número de víctimas fue 182; y noviembre para los homicidios dolosos con 173. Este último delito, registró el mes de abril 265 homicidios dolosos desde 2015. En ambos tipos de crímenes, Guanajuato se colocó como el estado con mayor número de víctimas, asentando 413 (HD) y 680 (HC). En total por estos tres tipos de crímenes 6,859 mujeres perecieron durante 2020. Por último, las llamadas por emergencia por violencia familiar representaron 689,388; violencia de pareja 236,562; incidentes de violación 3,554; incidentes de abuso sexual 5,003 e incidentes de acoso sexual 7,795.

Brechas globales de género

México ha alcanzado el lugar 25 de 153 países según el indicador de brechas de género del Foro Económico de Davos en 2020, una reducción de 50 lugares comparado con 2006 según datos del informe del 2020. El disminuir en una década y media la brecha global refleja el ascenso democrático que ha llevado a las mujeres mexicanas por alcanzar el poder político y la visibilidad en un corto tiempo. Las transformaciones democráticas en el país han dado la oportunidad a las mujeres mexicanas a una mayor visibilidad en la arena política. Las cuotas en los partidos políticos han elevado el número de diputadas y senadoras en el parlamento hasta alcanzar la paridad en la actual gestión de gobierno. Las mujeres al tener mejores oportunidades en el sector privado también se están destacando en el sector privado. En este momento las mujeres están rompiendo los tabús del machismo hondamente arraigados en la cultura de México.

No es una metáfora cuando el grupo de las ‘Tesistas’ menciona que el Estado es un violador. La violencia contra las mujeres está relacionada con la falta o insuficiencia de las políticas públicas


El indicador de brechas de género mide cuatro ejes. El primero es la participación económica y las oportunidades. Justo allí, México pasó del lugar 98 y cae hasta el lugar 124; es decir, cayó 26 lugares. En educación pasó del lugar 45 al 54; salud y supervivencia se encuentra actualmente 46 puntos. Con respecto al empoderamiento político muchas realidades establecidas han cambio drásticamente la visibilidad de las mujeres en el ámbito de la vida pública. México, en este último eje, estaba en el lugar 45 y ha llegado a alcanzar el lugar 14 para el año 2020. El periodo 2006-2020, se distingue por las políticas en el ejercicio del voto, la paridad y equidad en la Cámara de Diputados de México.
Reflexión

No es una metáfora cuando el grupo de las ‘Tesistas’ menciona que el Estado es un violador. La violencia contra las mujeres está relacionada con la falta o insuficiencia de las políticas públicas a través de la canalización de los presupuestos públicos aprobados por las cámaras de diputados y senadores en un sistema democrático. No contemplar a las mujeres y a las niñas en forma diferenciada a los varones a través de los presupuestos con enfoque de género profundiza las relaciones patriarcales al tener menores habilidades y conocimientos para el mercado de trabajo frente a patrones culturales donde los hombres desde niños tuvieron mejores oportunidades. Justo en esta interseccionalidad entre las carencias de políticas públicas con enfoque de género se cruza la economía y la cultura. Un Estado que borra los presupuestos con enfoque de género está borrando las luchas de años por tener mejor acceso a la educación y a la salud para las niñas y a un trabajo digno en el futuro.
Inminentemente, el Estado tiene la obligación de cara a sus ciudadanos de replantearse las políticas públicas implementadas carentes del enfoque de género que han hecho posible la violencia hacia las mujeres como parte de la ‘normalidad’ en su sociedad. Por lo pronto debemos de preguntarnos, ¿de qué carece un Estado qué permite que maten a sus mujeres solo por ser mujeres?, ¿por qué tanta violencia y cómo este proceso de odio hacia las mujeres camina acompañado de un deterioro del tejido social?

* Este trabajo es parte del proyecto de investigación “Mujeres, Reproducción Social, Presupuestos Públicos y Perspectivas de la Integración Socioeconómica México-Centroamérica” (PAPIIT IN304420) de la Dirección General de Apoyo al Personal Académico (DGAPA) de la UNAM.

** México, GT Feminismos, Resistencias y Emancipaciones y GT China y el Mapa del Poder Mundial., Coordinadora del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Se agradece la colaboración de los becarios Daniel Mirón, Adheli Galindo, Yasmín Águila del CONACYT y Paola Díaz alumna de la FES-ARAGÓN de la UNAM.