LA NUEVA OLA:PANDEMIA, VACUNAS, EMPRESAS

Gabriela Roffinelli, Josefina Morales y Aníbal García Fernández*

Entre las crisis entreveradas reaparece en el mundo el fantasma que no se había ido: la pandemia del Coronavirus, COVID-19, en su nueva mutación denominada Ómicron, si no más letal, sí más contagiosa.  Según estimaciones basadas en modelos del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) alrededor del 17 de enero de 2022 hubo 125 millones de infecciones de Ómicron, por día en el mundo, que es más de diez veces el pico de la onda delta en abril de 2021. El nivel de infección sin precedentes sugiere que más del 50 % del mundo se habrá infectado con Ómicron entre finales de noviembre de 2021 y finales de marzo de 2022.  (https:// www.thelancet.com/ PIIS0140-6736(22)00100-3/fulltext).

El impacto económico de esta nueva ola es todavía no cuantificable, ya que no permitirá recuperar el valor de la producción alcanzada en 2019. En Nuestra América ya se pronostica por la CEPAL un menor crecimiento, lo que agrava las desigualdades estructurales que la caracterizan, con baja inversión y baja productividad, mayor concentración de la riqueza y mayor precarización del empleo con desempleo y creciente economía informal.

Al impacto desigual en nuestros países por la ruptura de las cadenas globales de valor, la contracción del comercio exterior, la caída estrepitosa del turismo y el endeudamiento externo en varios países, se suma el nuevo proceso inflacionario a nivel internacional con mayor gravedad en los precios de los granos básicos y alimentos; la inestabilidad del valor de nuestras monedas ha provocado graves devaluaciones en algunas naciones.

La crisis social se extiende y se encona entre los más pobres desamparados a los que las vacunas no llegan, como en Haití que tiene apenas el 1.1% de su población vacunada. Y la dimensión política de la crisis emerge con fuerza en medio de un ascenso de la lucha de clases en busca de cambios sustantivos para las mayorías.

Las vacunas y la apropiación empresarial del conocimiento

Hay que reiterar que la generación de las vacunas descansa, en gran parte, en la investigación pública, en las universidades y centros de investigación financiados por los Estados, y que, al patentarse por grandes empresas trasnacionales, se registra una apropiación privada de un conocimiento público. Y también hay que tener presente el grado de desmantelamiento de las instituciones de salud pública provocado en las últimas tres décadas por las políticas neoliberales en el mundo que en varios países destruyeron los laboratorios nacionales productores de diversas vacunas.

Frente a una pandemia, por definición de alcance mundial, se requiere una atención también de alcance mundial. Este requerimiento no se ha atendido por instancias internacionales. La donación ‘filantrópica’, ‘humanitaria’, de las potencias es raquítica y África y Centroamérica no han podido realizar la aplicación, ni siquiera, de una primera dosis, mientras en los países dominantes se aplica la tercera y hasta cuarta dosis y su aplicación se extiende a menores de edad. Hasta en Lancet, la revista más prestigiada sobre investigación médica se presentó en junio del año pasado, un artículo de Ann Danaiya Usher que cita a Gavin Yaney que señala que “los países ricos se comportaron peor que en las peores pesadillas”.

La petición social internacional para la liberación de las patentes sólo encuentra oídos sordos de gobiernos y empresas trasnacionales. Las instituciones internacionales como la OMC o la OMS, no han sido capaces de impulsar el rescate del conocimiento público, a pesar de la solicitud, desde el 2020, de India y Sudáfrica. Más aun, hacia finales de 2019 la Fundación Bill y Melida Gates se convirtieron en el segundo mayor donante de la OMS, detrás de Estados Unidos. Esta fundación, junto con Alianza para la Vacunación, GAVI (también financiada por Bill y Melinda) hicieron el mecanismo COVAX que ha sido insuficiente y presionaron para impedir la liberalización de la patente de la vacuna de Oxford.

Asa Cristina Laurell señala: “Dada la magnitud de la pandemia, sorprende que no se planteó desde un inicio aplicar las reglas de la OMC sobre excepciones a las patentes ante emergencias de salud pública, que indudablemente es covid-19. El mecanismo previsto para esto son las llamadas licencias obligatorias, las cuales son un permiso que da un gobierno para producir un producto patentado sin el consentimiento del titular de la patente si no se ha logrado una licencia voluntaria. Es de señalar que aún con una licencia obligatoria debe compensar al dueño.” (La Jornada, “Variantes covid, economía y patentes”, 11 de enero 2022).

En dos años de pandemia, las principales farmacéuticas han ganado alrededor de 350 mil millones de dólares, monto casi similar al gasto presupuestal aprobado en México para 2022, poco más de 7 billones, considerando un tipo de cambio de 20 pesos por dólar. Esta acumulación se da al tiempo que 97 millones de personas en el mundo cayeron en la pobreza extrema (2 dólares diarios), según datos del Banco Mundial.

Valor bursátil de las principales farmacéuticas 2020-2021 (millones de dólares)
Empresa20202021
Johnson&Johnson384,200452,700
Pfizer217,600330,400
Moderna7,700102,000
AstraZeneca78,00090,000
BioNTech9,30063,300
Novavax33210,924

En este mar de avaricia destaca la producción de vacunas y la solidaridad internacionalista de Cuba, país bloqueado por Estados Unidos desde hace más de seis décadas y, casi sitiado desde los últimos meses del gobierno de Donald Trump, continuado por Biden. Vacunas denominadas Abdala, Soberana 1 y 2, que empiezan a llegar a países pobres de Centroamérica, Asia y África.

¿Endemia o presión del capital?

Mientras la OMS evalúa que la variante Ómicron “causa síntomas menos graves que Delta, pero sigue siendo un virus peligroso, especialmente para quienes no están vacunados», los gobiernos de distintos países (Inglaterra, Francia, Argentina, España, etc.) se preparan para el fin de la pandemia, plantean que hay que convivir con el virus y vaticinan que dejará de ser una pandemia para convertirse en una endemia.

Les preocupa que el nivel de contagiosidad de la variante Ómicron ha elevado el ausentismo laboral (ya sea porque los trabajadores estén cursando la enfermedad o porque tienen que aislarse por ser contactos estrechos) en todos los países en los que se ha desplegado. Y las empresas los presionan para cambiar los protocolos de seguridad.  Por esta razón económica, no de salud pública, en muchos países se están reduciendo los tiempos de aislamiento por contactos estrechos de 7 a 5 días e incluso en casos de contactos estrechos con un esquema de vacunas completo y sin síntomas ya no deben hacer las cuarentenas y, por lo tanto, asistir obligatoriamente a los lugares de trabajo. Pero como advierten los epidemiólogos si aumentan los contagios, aumentan las hospitalizaciones y los decesos; y aumenta el riesgo de que surja otra variante más transmisible y mortal que Ómicron.

El fin de la pandemia no viene de la mano de los negocios de las farmacéuticas y ni de las grandes corporaciones, que mientras obligan a trabajar a personas que si bien no presentan síntomas pueden contagiar la enfermedad, rehúsan mayoritariamente a pagar impuestos que ayudarían a desarrollar programas sociales orientados a sostener a los sectores más perjudicados por la crisis económica. Un reciente informe de OXFAM (https://www.oxfamargentina.org/riqueza-diez-hombres-ricos-planeta-mientras-ingresos-humanidad-deteriorado-causa-covid/) muestra que la riqueza de los diez hombres más ricos se ha duplicado desde el 2020, mientras los ingresos del 99 % de la humanidad se han deteriorado.

La COVD19 es una enfermedad que se puede prevenir con vacunas. Es hora de que se impongan criterios de salud pública por sobre los criterios de rentabilidad de las farmacéuticas y las megacorporaciones y se liberen las patentes y se distribuyan vacunas en todo el mundo.


* Argentina y México, GT Crisis y economía mundial.