MÉXICO: MUJERES ENTRE LA VIOLENCIA,

LA CRISIS Y LA PANDEMIA

Josefina Morales*

En nuestro país, como en casi todos, las mujeres somos la mayoría de la población, 55 millones, y la mayor parte de adultos mayores donde se registran 123.2 mujeres por cada 100 hombres en el grupo de 75 años y más, en un proceso general de envejecimiento de la población. Las mujeres se concentran en las entidades más pobladas: el estado de México, la Ciudad de México, Jalisco y Veracruz.

La formación pluricultural y pluriétnica se muestra también en el ámbito femenino: el 6.2% de las mujeres son hablantes de lenguas indígenas y 1.3 millones de mujeres, 2% del total, se auto adscriben como afromexicanas, con mayor número en Veracruz y Guerrero.

En el último trimestre del 2021, las mujeres ocupadas, 23.3 millones, disminuyeron significativamente su participación en el mercado de trabajo y representaron 40% de las 56.6 millones de personas ocupadas. De los 38.4 millones de trabajadores subordinados y remunerados las mujeres eran 15 millones; de los 2.4 millones no remunerados, más de la mitad (1.4) eran mujeres. En los micronegocios había 9.5 millones de mujeres, de un total de 23.2 millones de personas.

La percepción por ingreso exhibe la desigualdad de género. El 6.5% de las mujeres trabajadoras no recibe ingresos mientras el 5.2% de los trabajadores se encuentran en esta situación; el 30.8% de las mujeres trabajadoras obtiene hasta un salario mínimo, cuando el 19.8% de los hombres recibe este ingreso; y el 6.4% de las trabajadoras recibe más de tres salarios mínimos cuando el 10% de los trabajadores cobra este ingreso.

Las mujeres son fundamentales, indispensables, en el vivir cotidiano, en la cocina, el cuidado y el trabajo. La participación femenina en la cocina mexicana, una de las más importantes del mundo, constituye una tradición cultural. La contribución de las mujeres en la creación de nuestras artesanías de textiles, del barro y la cerámica es notable. Del padrón de artesanos del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FORNART) el 60% son adultos mayores, 70% de los cuales son mujeres. También la participación de las mujeres en la salud pública como parteras, chamanas o curanderas es ancestral.

Las mujeres, como se sabe y como se vive, llevamos en la pandemia la mayor carga de trabajo, precarización extrema en las condiciones de trabajo, menores salarios, mayor desempleo e informalidad, junto a la sobrecarga en los diversos trabajos de cuidado en el hogar que multiplicaron las diversas jornadas ya registradas.

La lucha de las mujeres contra la exclusión, la explotación, la dominación y la violencia y por el derecho a decidir sobre sus cuerpos, por el derecho al aborto, es más que centenaria y en el último medio siglo se ha convertido en uno de los movimientos sociales más importantes en cada país y en el mundo. Baste recordar las manifestaciones tumultuarias de mujeres en el año 2020.

En tiempos de pandemia las mujeres en el hogar enfrentamos, además de las “tareas propias de su sexo del hacer comida, recoger y lavar trastes, del lavar y planchar la ropa”, el teletrabajo para miles de nosotras, empezando por las que trabajan en el sector educativo, a lo que se suma la tarea de ayudar a los hijos en el estudio a distancia, por internet si hay en casa o por televisión, o por las dos; y el cuidado de los enfermos, en particular de adultos mayores -madres, padres y familiares. Como ya señalamos el año pasado al recoger un trabajo del Grupo de Trabajo Feminismo, resistencia y emancipación, las mujeres han sufrido los impactos más negativos de la pandemia al tiempo que su participación para enfrentarla ha sido extraordinaria e indispensable; se hizo evidente que el trabajo de cuidado es un trabajo por la vida. El trabajo de cuidado realizado por mujeres migrantes mexicanas en Estados Unidos y de otros países latinoamericanos en Europa, particularmente España, ha mostrado ser indispensable, vital, en tiempos de pandemia.

Y en tiempos de pandemia no desapareció el acoso, la agresión, la violencia contra las mujeres, que, en muchos casos se redobló en casa. Todo ello exhibe el patriarcado y la explotación sin fin de las mujeres con múltiples aristas cotidianas.

En nuestro país, la investigación sobre el feminismo y la lucha feminista tienen un largo camino desde los años setenta entre las que destacan los trabajos de Marcela Lagarde y Martha Lamas.

México: ni una más

En México, a las diversas formas de dominación y explotación de las mujeres descrita en los párrafos anteriores, se sobrepone la más violenta forma de dominación, el asesinato, el feminicidio. Fenómeno que empezó a hacerse visible desde 1993 cuando en Juárez, ciudad fronteriza con Estados Unidos, la búsqueda de jóvenes desaparecidas se encontró con los cadáveres del campo algodonero y fue creciente el asesinato de mujeres, de jóvenes trabajadoras en la maquila; y sobre el que se han escrito libros de obligatoria lectura. La búsqueda de miles de madres de sus hijas desaparecidas, “las buscadoras”, ha mostrado trágicamente el cementerio en que se ha convertido el territorio nacional.

De la información oficial publicada en 2020 en Violencia feminicida en México: aproximaciones y tendencias del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), de ONUMUJERES y de la Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia (CONAVIM), recogemos algunos datos que pueden ilustrar el horror al que se enfrentan las mujeres en este país.

Entre 1990 y 2019 se registraron 56 517 feminicidios, 10.5 mujeres asesinadas cada día. Estadística en donde estúpidamente se clasifica si es feminicidio o un asesinato. En 2020, en plena pandemia, se registraron 3 723 feminicidios y 3 462 el año pasado.

Los feminicidios se realizan con una gran brutalidad y crueldad (mujeres estranguladas, ahorcadas, quemadas) y poco más de la mitad son ejecutados sobre mujeres entre 15 y 34 años, entre los cuáles también se registran infanticidios, asesinatos de niñas. Más de la mitad de los feminicidios se presentan en la vía pública, en la calle.

A esta violencia sin nombre se agrega la impunidad: entre 2015 y 2018 se registraron 5 389 mujeres víctimas de homicidio; 1 961 personas fueron procesadas por el delito de feminicidio y apenas 448 fueron sentenciadas por este delito, ¡menos del 10 por ciento!

El feminicidio no es el único delito que enfrentamos las mujeres, la violación es otro no menos grave, y el múltiple acoso. Entre 2012 y 2018 se denunció ante las autoridades, un promedio anual de alrededor de 15 000 delitos de violación; al menos 32 mujeres y niñas, en promedio, acudieron diariamente a denunciar este delito ante el Ministerio Público. Y el acoso se pone sobre la mesa en los niveles medios y superior del sector educativo.

El movimiento feminista en México adquirió dimensión internacional con la multitudinaria manifestación del 8 de marzo de 2020. Y hay múltiples expresiones artísticas en las plazas públicas, en el teatro, en la poesía, en la canción. Vivir Quintana con Canción sin miedo expresa la fuerza, el dolor, la rabia de esta lucha sin fin: Que tiemble el Estado, los cielos, las calles, / que tiemblen los jueces y los judiciales / hoy a las mujeres nos quitan la calma / nos sembraron miedo / nos crecieron alas / A cada minuto de cada semana / nos roban amigas nos matan hermanas / destrozan sus cuerpos / nos desaparecen / ¡No olvide sus nombres / por favor, señor presidente!  


* México, GT Crisis y Economía Mundial, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, presidenta de SEPLA.

MÉXICO: Y LA LUZ SE HIZO Y A LA LUZ SALIERON LOS ENCHUFES PRIVATIZADORES

Josefina Morales*

La política económica de la cuarta transformación en México tiene tres ejes estratégicos paralelos a la lucha contra la corrupción y el despilfarro faraónico de las administraciones anteriores: la lucha contra la desigualdad en la distribución y apropiación de la riqueza; la recuperación estratégica de la soberanía energética con el rescate de las empresas públicas Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Compañía Federal de Electricidad (CFE); y un desarrollo regional que atiende al sureste, la región socialmente olvidada del país, a pesar de que ha proporcionado parte sustancial del petróleo y de la energía eléctrica.

La lucha popular por el rescate de nuestros recursos energéticos cruza el siglo XX con la expropiación petrolera y la creación de la CFE en 1937, decretadas por el General Lázaro Cárdenas y la nacionalización de la energía eléctrica, en 1960, con el presidente Adolfo López Mateos que estableció en el artículo 27 constitucional que Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”. Y advirtió que podrían volver a presentarse los intereses traidores a la patria para entregar nuestros recursos al extranjero.

La contrarreforma en el sector eléctrico se inicia con Salinas de Gortari que en 1992, en la negociación del TLCAN, cuando a finales de los noventa declara que el servicio eléctrico no es un servicio público; continúa con Ernesto Zedillo que crea la figura de productores independientes de energía, de autoabastecimiento y cogeneración, contra el monopolio púbico, y abre paso a la participación del capital extranjero en la generación eléctrica; continúa con los intentos de Felipe Calderón en 2008 de reforma eléctrica que son frenados en el senado y llevó a cabo, en 2009, el cierre fulminante de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que deja sin trabajo a 44 000 trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) que se oponía a la privatización; y culmina con la reforma entreguista de Peña Nieto en 2013.

La reforma de Peña Nieto, resume Víctor Rodríguez Padilla, “consistió esencialmente en: a) reducir el alcance del servicio público, b) desintegrar vertical y horizontalmente la cadena de suministro, y c) introducir la competencia en la generación y comercialización, así como conservar para el Estado la operación de las líneas de transmisión y distribución, el despacho eléctrico y la operación del mercado mayorista.” (“Industria eléctrica en México: tensión entre el Estado y el Mercado” en Problemas del Desarrollo, Revista Latinoamericana de Economía, México, vol. 47, núm. 185, abril-junio, 2016, p. 35).

Y se crearon los órganos autónomos en el ramo para garantizar el interés privado. El costo de esta irracionalidad privatizadora es enorme, pues adicionalmente se dan tantas canonjías por años y años al capital privado, nacional y extranjero, que comprometieron la estabilidad financiera de la CFE: su objetivo destruirla y prácticamente desaparecerla a corto plazo.

La energía es un recurso estratégico de la nación, sin gasolina no tenemos transporte, transporte de personas, de mercancías, de insumos y productos industriales, de alimentos; sin energía eléctrica no hay producción ni comercialización, no podría realizarse ninguna actividad económica; sin la energía eléctrica los hogares no tendríamos luz, luz para trabajar y estudiar en casa, luz para el refrigerador que guarda la comida, luz para el descanso con lectura, música o televisión.

A nivel internacional existen empresas públicas de electricidad ya que también se ha considerado históricamente, hasta antes del neoliberalismo, un servicio público. En 2016, según la OCDE, el 62% de la generación eléctrica en el mundo era público cuando 32 de las 50 más grandes compañías en el mundo eran públicas.

Las cinco empresas estatales de electricidad más importantes del mundo en 2021 eran: Enel, de Italia, con 71 mil millones de dólares de ventas; EDF de Francia; Tepco de Japón; y Vantenfall en Suecia. La japonesa fue creada en 2011, después de la tragedia nuclear de Fukushima.

La sueca Vattenfall, formada a principios del siglo XX, producía en sus inicios energía hidroeléctrica y a finales del siglo XX generaba con energía nuclear de 7 reactores. En las últimas décadas, con el boom petrolero, se fue por la energía fósil y en 1980 se votó por eliminar la energía nuclear.

Incluso Estados Unidos tiene numerosas empresas públicas regionales y una gran empresa de energía renovable, Autoridad del Valle de Tennessee, fundada en 1933, durante la gran depresión, y tiene 29 presas hidroeléctricas. Quebec, Canadá, fundó una empresa pública en 1944.

Inglaterra tenía el monopolio estatal de la generación eléctrica, Central Electricity Generating Board, antes de las privatizaciones impulsadas por Tacher y compañía.

En Francia, el Estado fundó, después de la segunda guerra mundial, Électricité de France, después de un proceso de nacionalización de diversas empresas, hoy primer productor y distribuidor de electricidad en Europa, que inició el proceso de privatización desde 2005; sus trabajadores se opusieron a la privatización en 2019; tiene centrales nucleares; y actualmente proyectos de entrada de capital privado a “energías limpias”. Hoy el Estado posee el 83.7% y tiene una mayor participación en el mercado nacional, mientras Engie, una trasnacional privada de generación eléctrica y servicios, petrolera, de gas y energías renovables, con 63.6 mil millones de dólares de ventas el año pasado, que es la segunda empresa trasnacional más grande de servicios públicos, tiene el 24% del mercado eléctrico francés.

En Italia, el Estado tiene 23.6% de la empresa Enel que hoy participa con el 11% del mercado eléctrico en ese país, fue pública en sus inicios en 1962 y privatizada en 1999 después de la liberación del mercado eléctrico en ese país.

En España, Endesa (Empresa Nacional de Electricidad, empresa pública, fue fundada en 1994 y en 1988 se inició su proceso de privatización.

En Brasil, Electrobas, empresa pública, participa con el 29% de la generación eléctrica y posee más de la mitad (57%) de las líneas de trasmisión y el 88% de su generación es de hidroeléctricas; en Argentina EDESUR (Empresa Distribuidora de Energía Sur Sociedad Anónima), es una empresa privada de distribución y comercialización, fundada en 1992, a quién se le otorgó una concesión por 95 años y ha dado pésimo servicio con frecuentes apagones en la ciudad de Buenos Aires.

La irracionalidad y la avaricia de los grandes capitales en el sector energético se exhibe, una vez más, en España, en donde las mismas empresas a las que se entregó parte de nuestros recursos eléctricos, como Iberdrola, la sexta empresa eléctrica más grande del mundo con 37.8 mil millones de dólares de ventas en 2021, no sólo proporcionan un mal servicio, sino que en semanas de diciembre y de enero, en medio de un crudo invierno multiplicó el costo de la energía.

La financiarización está presente en el sector a nivel internacional. BlackRock, por ejemplo, uno de los gigantes, que se define como compañía de gestión de inversiones globales tiene participación en múltiples empresas de diversas actividades, farmacéuticas, entre otras las productoras de vacunas, también está presente en el sector eléctrico internacional; tiene, por ejemplo, el 3% de Repsol luz y gas.

En México, a partir de la iniciativa presidencial de AMLO para la recuperación de la de la rectoría del Estado sobre este sector estratégico con la generación de más de la mitad de la electricidad por la CFE, se redobló la guerra judicial, amparo tras amparo, y una ofensiva mediática redoblada; en las primeras semanas de 2022 la reacción amenaza con realizar demandas en instancias internacionales y hasta fueron a Washington a llorar como plañideras

Hoy, la recuperación de la rectoría del Estado en el sector eléctrico está en el debate público, parte se recoge en los canales públicos y en algunos programas de radio, y está presente desde luego en las redes; se ha recogido muy escasamente en la televisión privada en las últimas semanas y a lo largo de este foro se ha exhibido la contrarreforma de Peña Nieto con sus terribles saldos negativos.

En la actual propuesta de reforma constitucional en materia de energía eléctrica, se parte del reconocimiento de que la reforma constitucional de 2013 fue una reforma regresiva, despojo, asalto en descampado, desaparición de las empresas energéticas del Estado y beneficios ilimitados al sector privado. El desmantelamiento de una industria eléctrica de carácter integral con lo que se debilitaba la seguridad energética y la seguridad nacional. Se demuestra que esta reforma es insostenible.

Frente a ese acto de traición a la patria y nido de corrupción, la iniciativa de reforma constitucional presenta por AMLO propone un nuevo sistema eléctrico integrado en el cual el Estado, con el 54% del mercado, recupere la conducción, la rectoría, del sistema eléctrico nacional, su planeación y control, para afianzar la seguridad eléctrica del país y asegurar costos favorables para los intereses nacionales y populares; también reserva para la nación el litio como mineral estratégico. La mejor propuesta sería, desde luego, la completa nacionalización del sector que enfrentaría mayores demandas internacionales.

Hoy, las fuerzas populares en nuestro país tienen que volver a estar presente en defensa de la soberanía nacional, en el rescate de la electricidad nacional y de la CFE. ¡Todos al zócalo en defensa de nuestra soberanía y por el rescate de la electricidad nacional!                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   


* México, GT Crisis y Economía Mundial, investigadora del IIEc-UNAM, presidenta de SEPLA. Ponencia en el Foro de Análisis de la Propuesta de Reforma Eléctrica, organizado por la UAM-A.

LA CAJA DE PANDORA

Josefina Morales*

Los Papeles de Pandora: sucios secretos financieros de la clase dominante  salen a la luz, ¡de nuevo!
Fuente: Marxist

Créditos: producción: la banca trasnacional, bufetes trasnacionales y paraísos fiscales de Panamá, Islas Vírgenes, Suiza, Miami; casting: 600 periodistas del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación; actores estelares: políticos distinguidos, presidentes, expresidentes, secretarios de Estado, banqueros, grandes empresarios y hasta un premio nobel de literatura.

El mito

Pandora fue la primera mujer mortal creada por Hefesto a petición de Zeus bendecida por Afrodita y Atenea, mas Hermes le otorgó virtudes relacionadas con la curiosidad, el engaño y las mentiras. Zeus le dio una caja con la advertencia de no abrirla, ya que en ella se encontraban todos los males del universo… Y Pandora abrió la caja. Y el mito llegó al cine con la Caja de Pandora del cine mudo alemán de G. W. Pabst, la versión de Paul Auster en Lulu on the Bridge de 1998 hasta la película turca de 2009.

La realidad que supera al mito

En abril de 2016, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que agrupa a más de 600 periodistas de diversos países, dio a conocer los denominados Papeles de Panamá, que mostraban cómo miembros de la élite del poder en diversos países del mundo enviaban millonarios dineros en divisas (dólares) a través de sociedades fantasmas, de membrete, creadas en Panamá por el Bufete Fonseca, a los paraísos fiscales de las Islas Vírgenes y así guardar-ocultar su riqueza monetaria, en gran parte malhabida, para evadir impuestos en sus países de origen, lavar dinero, o realizar “inversiones”, compra-venta de acciones o de empresas, o cualquier otro teje-maneje financiero. Todo lo cual configura lo que Juan Carlos Fernández Cela denomina una cartografía de los flujos financieros entre sus puntos de origen y destino (“La geografía financiera de los ‘papeles de Panamá’ en Sudamérica” en Revista de Geografía Norte Grande, núm. 77, 2020).

Los paraísos fiscales, guaridas como dice John Saxe-Fernández, se caracterizan por el no cobro de impuestos a los recursos que ahí llegan, la falta de transparencia, la no proporción de información a otros países, la aceptación de empresas fantasmas, es decir, de empresas que no requieren comprobar sus actividades. Clásica fue la existencia de Una Suiza libre de toda sospecha como escribió Jean Ziegler en 1977 (véase también a Juan Hernández Vigueras, El trasfondo de los parai$o$ fiscales, Attac-España. 2006). Tradicionalmente están localizados en El Caribe, Trinidad y Tobago, Las Islas Vírgenes y Panamá y en países europeos como Andorra y Mónaco, posteriormente Singapur se convirtió en una plaza importante y ahora los más importantes se localizan en Estados Unidos.

El País, el 3 de octubre, abrió la caja de Pandora y puso al descubierto a 3 000 “personalidades” internacionales que ocultan sus dineros en los paraísos fiscales, entre las cuales se encuentran tres presidentes de América Latina (Guillermo Laso de Ecuador, Sebastián Piñeira de Chile y Luis Abinader de la República Dominicana), la vicepresidenta y canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez, el ministro de economía de Brasil, Paulo Guedes, 11 exmandatarios (de Colombia, Perú, Paraguay, Panamá…), Shakira y Vargas Llosa.

En la investigación que publicó El País, “Los papeles de Pandora”, participaron periodistas y organizaciones diversas de América Latina. Entre otros de Proceso, Quinto Elemento Lab y Univisión de México; de la revista Piagui y de la Agência Publica de Brasil; de Argentina del periódico La Nación; de Colombia miembros del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística; de Chile La Fundación Periodística LaBot; y de Ecuador periodistas del diario El Universo; y periodistas del diario español El País. En la investigación se revisaron cerca de 12 millones de documentos: actas de constitución, poderes notariales, facturas, listas de clientes y todo lo que pudieron y encontraron.

La financiarización del siglo XXI

Francois Chasnais señala que se advierte en la economía, desde mediados de los años ochenta, una creciente importancia del capital financiero, cualitativamente distinta a periodos históricos anteriores, lo que apunta a una nueva fase del proceso de internacionalización de capital, la de la mundialización del capital, en donde el capital financiero se ha convertido em la fracción dominante del capital y ha definido un diferente régimen de acumulación dominado por lo financiero, el monto y destino de las inversiones y la distribución de la renta; lo que no quiere decir que, a nivel internacional, conlleve un proceso viable de acumulación, ni de estabilidad sistémica. (Francois Chesnais, “La teoría del régimen de acumulación financiarizado: contenido, alcance e interrogantes” en Revista de Economía Crítica, no. 1, abril de 2003).

Y así, hemos visto el registro de diversas crisis financieras, de la crisis de la deuda de América Latina a principios de los ochenta, la caída internacional de los mercados de valores en 1987, la crisis mexicana en 1995 y el consecuente efecto tequila, la crisis de Asia a finales de los noventa, hasta la gran crisis de 2008-2009 no resuelta que exhibió la multiplicación de dineros fraudulentos con la titularización de papeles derivados de las hipotecas estadounidenses que desembocó en serios problemas de la deuda pública en varios países desarrollados, y sobre cuyos rescoldos se entreveró, a partir de 2020, la crisis de la pandemia con sus crisis económicas, sociales y políticas.

 El proceso de financiarización en los últimos treinta años es consustancial al neoliberalismo, con la liberalización irracional de los flujos financieros que cruzan el lavado de dinero y la evasión hacia los paraísos fiscales hasta el crecimiento explosivo del endeudamiento público, empresarial y de los hogares y la mercantilización financiarizada de la salud y la educación. La agencia EFE, por ejemplo, reportaba el 19 de mayo de este año, que la deuda de los hogares en Estados Unidos aumentó 13% en el primer trimestre de este año, respecto a la que registraban en 2017, seguida por el peso de las deudas estudiantiles, que se suman a las deudas hipotecarias. Y conocido es el proceso de endeudamiento y sobrendeudamiento de los hogares en Chile con la mercantilización de la salud y la educación.

Atraviesa, desde luego, la actividad productiva misma, en la cual, por ejemplo, las empresas trasnacionales definen sus programas de producción por el precio de sus acciones en el mercado de valores y no por la dinámica del supuesto mercado de mercancías físicas, es decir, en lugar de la demanda esperada de sus productos. También se registran nuevas modalidades de la financiarización con la participación de los grandes “gestores de inversiones globales” como la estadounidense BlackRock, fundada en 1988, con presencia en más de 16 países y que, como dios padre, aparece en todos lados. (NA XXI núm. 56).

Entre las nuevas modalidades de la financiarización destaca el lavado de dinero que atraviesa la banca comercial, la banca de inversión y los paraísos fiscales. El GAFI, formado en 1998 por el G20, informa anualmente sobre este proceso en el que destacan actividades lícitas como el comercio internacional y la minería, hasta ilícitos como la trata de personas. En México se reporta por instituciones internacionales (FATE y GAFILAT) lavado de dinero en actividades asociadas “con la delincuencia organizada tales como tráfico de drogas, extorsión, corrupción y evasión fiscal”.

En la pandemia ha saltado a primer plano el comportamiento de las trasnacionales farmacéuticas que multiplicaron sus ganancias con las vacunas, producto, en gran parte, de la investigación en las universidades con recursos públicos. Eric Toussanit en su artículo “La apropiación de conocimientos y los beneficios del Big Pharma en tiempos del coronavirus” (CADTM, New Letter, 17 de octubre, 2021), destaca la apropiación de las patentes y la negativa del capital a liberal un conocimiento público que debe ser considerado un bien común.

La financiarización en el siglo XXI adopta mil caras para multiplicar la creación, recreación, circulación y apropiación del capital ficticio y la expoliación sin precedente de la riqueza social y el trabajo.


* México, GT Crisis y Economía Mundial, Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, presidenta de SEPLA.

Las Mujeres Entre Las Crisis Entreveradas

Josefina Morales*

Fuente: IMACTO

La crisis por la que atraviesa el capitalismo, catapultada por la pandemia del COVID-19 desde enero de 2020, es de alcance y naturaleza civilizatoria y en ella se entreveran crisis de diversa dimensión.
La gran crisis de 2008-2009, no resuelta, profundizaba las desigualdades económicas y sociales en casi todos los países del orbe, advertía las complejidades del capitalismo financiarizado y anunciaba una nueva etapa en la crisis de la deuda de las empresas trasnacionales. Asimismo, se registraban tendencias contraccionistas en las principales ramas industriales de la economía estadounidense, como la automotriz y la electrónica; emergían tendencias deflacionistas y el problema de la deuda resurgía amenazante en las empresas, en los hogares y en los gobiernos (véanse varias notas en los números del año pasado de este boletín).

La crisis por la que atraviesa el capitalismo, catapultada por la pandemia del COVID-19 desde enero de 2020, es de alcance y naturaleza civilizatoria y en ella se entreveran crisis de diversa dimensión.


Los Estados nacionales reaccionaron, por lo general, tarde y parcialmente, sin perspectiva de género, a las múltiples aristas de la crisis. En primer lugar “descubrieron” las ruinas de los sistemas de salud pública que habían dejado más de tres décadas de gobiernos neoliberales: la falta de personal de salud (médicos, enfermeras, técnicos especializados, insumos y aparatos médicos), la falta de mantenimiento de las instalaciones médicas y la insuficiencia de las mismas; en segundo lugar, advirtieron la falta de investigación nacional, pública, en el área biomédica; y, paralelamente, se encontraron sin recursos financieros, situación que llevó a varios gobiernos a volver al endeudamiento público; casi un año después aceptaron, por último, que el mercado no podía satisfacer las necesidades de salud pública, de las vacunas, lo que exhibía el oprobio de la mercantilización de la salud a la que había llevado el neoliberalismo.
La dimensión política de la crisis cobró un primer plano en varios países, mostrando, una vez más, que la economía no sólo es una relación productiva-financiera, ni sólo una relación capital/trabajo, es una relación de clase, de poder. La más estridente se exhibió en Estados Unidos con el asalto al Capitolio por las turbas trumpistas el 6 de enero pasado. En Chile la descomposición y autoritarismo creciente del gobierno respondió con violencia a las manifestaciones multitudinarias que demandaron una nueva Constitución. En Ecuador y en Argentina rechazaron los acuerdos del Fondo Monetario Internacional. Y en este último país, las mujeres alcanzaron un triunfo histórico en el derecho a decidir sobre su cuerpo.
En esta nota interesa destacar que en las políticas públicas de los gobiernos frente a la crisis no se registraron, por lo general, perspectivas de género. Es decir, en la mayoría de los países, se diseñaron y ejercieron, sin considerar las condiciones de las mujeres, políticas genéricas de apoyo para el gran capital, en primer lugar; para medianas y pequeñas empresas después y, al último, algunos apoyos de emergencia, insuficientes y ocasionales, para atenuar el impacto de la crisis en los trabajadores ante la pérdida masiva de millones y millones de puestos y horas de trabajo en el mundo.
A la pérdida de empleo de las mujeres se sumó la intensidad en el trabajo femenino: de la doble y la triple jornada. En estos tiempos de pandemia la mujer tuvo que multiplicar su trabajo en casa: al cuidado tradicional de los niños y maridos, de la familia, del aseo de la casa y la elaboración cotidiana de la comida, se agregó el apoyo en casa para la educación de los niños y el cuidado en casa de los enfermos.
El trabajo de cuidado, responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, mal pagado o ignorado, mostró su naturaleza imprescindible en la existencia y reproducción de la vida en esta pandemia. También se exhibió el insuficiente reconocimiento de su trabajo, pues se mantienen las diferencias estructurales y sociales de género (salarios menores, insuficientes puestos directivos y falta de prestaciones, entre otras), en un sistema patriarcal milenario.
Otra dimensión de la crisis civilizatoria es la correspondiente al cambio climático que está destruyendo las condiciones de vida de los pueblos, particularmente de los más vulnerables, como son los que viven en las islas del Caribe y en la región Centroamericana. Y también la vida de los que habitan en territorios víctimas de la actividad depredatoria del capital, ya sea en la extracción de energéticos, sobre todo la realizada por el fracking, o en la explotación minera. La lucha por la vida de estos pueblos ha cobrado la vida de destacados dirigentes sociales ambientalistas en Nuestra América, en Argentina, Chile, Colombia, México…
Tampoco se atiende con perspectiva de género la problemática de dos de los sectores más importantes de la economía de los servicios, en donde la participación femenina es determinante y mayoritaria: la salud y la educación.
Estas graves condiciones sociales y laborales en las que viven las mujeres palidecen ante la violencia machista que las asesina, las viola, las acosa y agrede cotidianamente en Nuestra América. En tiempos de pandemia esta situación se agravó y alcanza a las niñas y los niños, hijos de mujeres en condiciones críticas. Las mujeres asesinadas son miles: ni una más es nuestro grito permanente.

El trabajo de cuidado, responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, mal pagado o ignorado, mostró su naturaleza imprescindible en la existencia y reproducción de la vida en esta pandemia.

Las mujeres entre las crisis en Nuestra América

La crisis de la pandemia en Nuestra América se entreveró, se traslapó con la crisis económica que desde hace varios años nos arrastraba a bajos crecimientos, desigualdades crecientes y pobreza extrema.
La Cepal, en el número 9 de su Informe Especial COVID-19 y en otros informes y estudios sobre la crisis, afirma que, en el avance de una nueva década perdida se profundiza la pobreza y la desigualdad de género; en particular, advierte “un retroceso de más de diez años en su participación de las mujeres en el mercado laboral”. Estima que alrededor de 118 millones de mujeres latinoamericanas vivirán en situación de pobreza. Las mujeres están presentes, en mayor medida, en los sectores económicos y sociales más vulnerables a la pandemia; aumenta el número de hogares y de la pobreza en las unidades familiares bajo la responsabilidad de la mujer; las mujeres tienen menores condiciones, herramientas, para enfrentar la crisis; fue mayor el desempleo femenino que el masculino; las mujeres se concentran en el sector informal, es decir, sin derecho a la salud, sin salario permanente, sin prestaciones, hundidas en el trabajo precarizado y en el de menor calificación profesional.
En el boletín no. 2 del Grupo de Trabajo de CLACSO, Feminismo, resistencias y emancipación, se presentan cinco trabajos que incluyen análisis de experiencias y problemáticas particulares y un debate feminista sobre la propuesta de la renta básica universal; en la introducción se destaca que en esta crisis sistémica, se registran dos rasgos: los impactos “negativos más acentuados para las mujeres y, paradójicamente, el protagonismo femenino en las dinámicas socioeconómicas de respuesta a la crisis, en las iniciativas para encarar la emergencia y generar condiciones de vida en medio de la adversidad.”
El alcance civilizatorio de esta crisis histórica del capitalismo y las luchas de las mujeres por la vida, el reconocimiento de su trabajo múltiple y diverso, esencial para la vida, demuestran que otro mundo es posible, sí, con ellas, pues sin ellas no se lograrán las transformaciones estructurales, económicas, sociales, políticas y culturales que abran el camino hacia la transición histórica en la que convergen las múltiples luchas y sueños de los pueblos.

* México, GT Crisis y Economía Mundial, Investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Presidenta de la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política (SEPLA).

Crisis Entreveradas: Mutación, peligro, riesgo

Foto: Rebelión.org

Josefina Morales

La crisis provocada por la pandemia del COVID-19 abrió la caja de pandora del neoliberalismo y precipita la desestructuración social y política presidida por el Estado, en medio de una profunda recesión económica mundial camino de la depresión. La globalización neoliberal empujada por el gran capital y los Estados imperialistas, desde los años setenta, y la financiarización que la acompañó a partir de la década de los ochenta, enfrentaron la gran crisis de 2008-2009 sin encontrar una solución que recuperara un crecimiento de mediano plazo.
La recesión económica es inédita, se habla de la mayor crisis en un siglo, de una crisis como ninguna, nunca vista; se habla de incertidumbre, incertidumbre con adjetivos, adversidad, peligro, inestabilidad; de desconexión entre mercados financieros y economía real; de golpe a la productividad; de desplome de la economía, de panoramas adversos sin certeza para la recuperación; y los pronósticos de crecimiento (recesión) cambian mes con mes hacia la baja. Y, con ello, se presenta la inconmensurable pérdida de empleos, la mayor precarización del trabajo, el crecimiento de la pobreza y su contraparte, la concentración de la riqueza que se profundiza. Hacia finales de julio los pronósticos señalan recesiones superiores al diez por ciento, de años para recuperar el nivel de la economía de 2019 y de una nueva década pérdida para América Latina.

La crisis provocada por la pandemia del COVID-19 abrió la caja de Pandora del neoliberalismo y precipita la desestructuración social y política presidida por el Estado, en medio de una profunda recesión económica mundial camino de la depresión


La crisis económica pone en primer plano que la economía, como decía el clásico, es una relación social, una relación política, una relación de sujeción y poder y que el capitalismo, a partir del surgimiento del imperialismo a principios del siglo XX, es asimismo una relación de dominio de los países centrales, imperialistas, sobre los países dependientes.
En particular, la pandemia en Nuestra América exhibe, descarnadamente, las estructuras del subdesarrollo en las limitaciones e incapacidad de los servicios públicos de salud pública desmantelados y precarizados en las últimas décadas por las políticas neoliberales, en el desplome del comercio internacional signado por el creciente deterioro de los términos de intercambio; en la crítica problemática de la falta de financiamiento para el desarrollo que carga el peso creciente de un endeudamiento público sin fín; en los enormes ejércitos de reserva, de hombres y mujeres sin protección social que viven el mundo de la informalidad, del desempleo y de la pobreza.
La gran crisis de hace 12 años, detonada en el ámbito financiero, con precisión, en el explosivo crecimiento del crédito hipotecario enredado en novedosos productos financieros, la bursalitización de las hipotecas, se les llamó, altamente especulativos, no pudo resolverse y mutó a crisis de la deuda pública que hoy adquiere dimensiones estratosféricas (véase en este número de NA XXI la nota sobre el caso argentino de Julio Gambina).
Recordemos que ya Fidel, en los años ochenta, al examinar la deuda latinoamericana habló de la deuda externa, deuda eterna: “[…] quieren cobrar esa deuda, en medio de una crisis peor que la de los años 30, y 360 mil millones, ¿de dónde los van a sacar y como los pueden sacar? Porque cuando se dice: es un imposible económico, quiere decir que es imposible económicamente. Cuando se dice: es un imposible político, es porque hay que asesinar a la gente para obligarla a los sacrificios que requiere el pago de esa deuda. Y cuando decimos que es un imposible moral, es porque se trata de un robo, y porque nos han saqueado durante cinco siglos y lo que se impone es […] borrar la deuda, olvidar la deuda.” (Fidel Castro Ruz, La deuda externa, selección temática febrero-septiembre 1985, realizada por Martha Harnecker; oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 1985, p. 17).
Y a esa deuda estructural se sobrepone, ahora, la deuda de las empresas y de los hogares. En este último caso destacan el peso las deudas médicas, el alto costo de la salud privatizada, el peso de la educación privada y el alto costo de los sistemas privados de pensiones.

Dimensiones políticas y geopolíticas de las crisis

Frente a la crisis de 2008-2009 Donald Trump retoma el “America First” y se envuelve en el “Make America Great Again”, abre una confrontación con China en el ámbito comercial y tecnológico, reniega de los acuerdos de libre comercio, se retira de instancias multinacionales, plantea divergencias con la Unión Europea y con Rusia; aumenta el presupuesto militar, rompe unilateralmente el acuerdo nuclear con Irán, estrecha el cerco contra Cuba y Venezuela en Nuestra América, refuerza la política antinmigrante y encabeza la continuación de la construcción del muro en la frontera con México. Todo ello va conformando un carácter neofacista al gobierno estadounidense.

Y a esa deuda estructural se sobrepone, ahora, la deuda de las empresas y de los hogares. En este último caso destacan el peso las deudas médicas, el alto costo de la salud privatizada, el peso de la educación privada y el alto costo de los sistemas privados de pensiones.


En esta convulsa situación, Estados Unidos libra así su lucha por mantener la hegemonía e incluso su poder en el ámbito monetario con la pérdida creciente del poder absoluto que el dólar tuvo en el ámbito internacional por varias décadas.
El petróleo retoma uno de los ejes de la lucha geopolítica con centro en medio oriente encabezada por la OPEP y los Estados Unidos en medio de la inestabilidad de los precios con tendencia hacia la baja. La presencia de Rusia en el mercado mundial petrolero va configurando otro bloque petrolero, OPEP+, al mismo tiempo que va creciendo la presencia de India en la economía mundial y en el juego geopolítico internacional. La política expansionista de Israel aviva el fuego de la cuestión palestina no resuelta.
La pandemia y su vacuna se vuelven otro de los ejes de las crisis entrecruzadas y de la lucha geopolítica internacional. Y, por supuesto, de la lucha entre las grandes empresas farmacéuticas por patentar, antes que nadie, la posible vacuna; Trump ha exhibido en esa dinámica su estilo personal en la lucha comercial: acapara implementos médicos, respiradores y pretende compras adelantadas de vacunas y medicinas.
En Nuestra América la pandemia sigue su curso, Brasil y México, hacia finales de julio, registran los datos más críticos en afectados y muertes (91 377 y 46 000 defunciones, respectivamente); si bien los indicadores internacionales por cada cien mil habitantes sitúan a los países en otro lugar: Perú, cuarto lugar, Chile séptimo, Brasil décimo y México en undécimo lugar. Y las políticas económicas y sociales frente a la pandemia son diversas, adquieren dimensiones políticas y enfrentan la más grave recesión de su historia.

Josefina Morales: México, GT, Crisis y Economía Mundial, Investigadora titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, presidenta de SEPLA.