Taller en CLACSO 2022 – crítica de la economía política en el siglo XXI

En el marco de la IX Conferencia Latinoamericana de Ciencias Sociales, miembros de SEPLA articulados en torno al Grupo de Trabajo de CLACSO, Crisis y Economía Mundial, participarán como docentes en talleres presenciales. Digno de nota el taller a impartir por el profesor Dr. Julio Gambina

Nuevas claves a la crítica de la Economía Política en el Siglo XXI: ¿Qué tiene Marx para decir de nuevo?

Coordinación: Julio Gambina (Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, Argentina)

Día y hora: 6 de junio de 2022 de 9 a 14:30 hs. (Horario de México)

Sede: Campus UNAM, Ciudad de México

Carga horaria: 5 horas

La convergencia, durante 2020/21 y en curso en el 2022, de la crisis sanitaria derivada del COVID19 con la crisis capitalista potenciada desde 2007/09, habilita un debate crítico sobre el orden económico social, político y cultural contemporáneo. Ello supone la discusión crítica sobre el capitalismo, su lógica e historia, tanto como su presente y las opciones en disputa sobre el devenir, lo que demanda considerar las alternativas al orden capitalista, especialmente a treinta años del derrumbe del socialismo en el Este de Europa. El debate de la Economía Política, desde sus orígenes, transitó distintos momentos, especialmente con la concepción “crítica” desarrollada por Carlos Marx en El Capital y otros aportes del autor alemán a la comprensión del orden económico social contemporáneo. Con la enunciación de la ley del valor y del plusvalor, aparece por primera vez el tema del origen del excedente económico y, por ende, la transformación de la disciplina científica en “apología” del orden existente.  El Taller sobre “Crítica de la Economía Política en el Siglo XXI” tiene como propósito recuperar las categorías principales contenidas en la obra de Marx y colocarlas en la dinámica del debate actual sobre el capitalismo y su crisis actual para considerar la crítica al capitalismo contemporánea y más allá.

https://conferenciaclacso.org/talleres/?articulo=nuevas-claves-a-la-critica-de-la-economia-politica-en-el-siglo-xxi-que-tiene-marx-para-decir-de-nuevo

ARGENTINA:EL GOBIERNO ACORDÓ CON EL FMI

 Julio C. Gambina*

Al final se develó la incógnita y entre el 28 de enero del presente año y la siguiente semana se cancelan 1.100 millones de dólares al FMI, en concepto de vencimientos de capital e intereses.

Eso ocurre porque se acordó con los negociadores del FMI un “préstamo de facilidades extendidas”, con 10 años de duración, cuyo primer vencimiento será dentro de 4 años y medio, o sea, a mediados del 2026, con cancelación prevista hasta el 2031. Es decir, el stand by de Mauricio Macri del 2018 con vencimiento en el 2024, se transforma en otro préstamo por idéntico monto en Derechos Especiales de Giro (DEG) con vencimiento en 2031. La hipoteca continúa.

Se alude a DEG, cuya cotización involucra a varias monedas de circulación internacional, en un tiempo en que el dólar viene devaluándose. Eso implica entonces que hacen falta más dólares para pagar los DEG desembolsados por el FMI. Los montos a devolver son mayores que los 44.500 millones de dólares de la cotización al 2018. Todo ello supone una mayor exigencia para devolver el préstamo del FMI.

El acuerdo

Lo acordado deberá ser tratado en el Congreso Nacional y en el Directorio del FMI. Todavía falta para suscribir el acuerdo final y ahora viene el debate local y en el organismo internacional.

El supuesto es de tratamiento y aprobación rápida, antes de los vencimientos de febrero y marzo, imposibles de cancelar sin desembolsos del FMI. La convocatoria del gobierno apunta a lograr el apoyo parlamentario del oficialismo y de la oposición.

Lo previsible será el voto de rechazo de la izquierda, que podrá extenderse a otros sectores políticos con diversas argumentaciones. Es un debate que juega en la disputa electoral hacia el 2023.

Según lo informado por el ministro Martín Guzmán, una vez suscripto los acuerdos, con los memorándums técnicos correspondientes, el FMI desembolsará trimestralmente, previa revisión de que se cumplen con el “esquema de políticas macroeconómicas” y las “medidas de política económica” comprometidas, de mediano plazo, las que apuntan a la estabilización duradera de la economía local.

En buen romance, el FMI auditará cada trimestre la evolución económica local y si da el acuerdo se efectivizan los desembolsos, y si no, se cae el acuerdo. El FMI se convierte en fiscal de la economía local. Claro que el acuerdo se presenta como un logro en defensa de la decisión soberana para mantener la senda del crecimiento de la producción y del empleo.

Lo acordado es un programa por 2 años y medio, es decir, el tiempo que resta para cancelar el stand by del gobierno Macri.

El FMI se compromete a desembolsar el equivalente de los vencimientos, incluido lo ya cancelado con el FMI en este tiempo, algo más de 5.000 millones de dólares, según dijo Guzmán. Según lo informado habría una meta de acrecentar las reservas internacionales en 5.000 millones de dólares, los que pueden integrarse con esos fondos recuperados desde el FMI.

Los compromisos apuntan a bajar el déficit fiscal a -2,5% del PBI en 2022 (el Presupuesto sugería -3,3%); bajar a -1,9% en 2023 y a -0,9% en 2024, sin precisar detalles, solo señalando una “moderada” intervención sobre el crecimiento del gasto y una “mejora” en la administración recaudatoria. Se trata de ver las planillas en concreto sobre el ajuste por gastos e ingresos.

Es un tema de alarma en materia de ajuste fiscal. Se compromete el gobierno a reducir el financiamiento del BCRA al tesoro hasta prácticamente eliminarlo hacia 2024, con reducción de las emisiones monetarias y fortaleciendo el mercado de capitales en moneda local, cambiando el balance de la deuda pública en divisas a pesos.

Se informó que no habrá reformas laborales o previsionales, ni aliento a privatizaciones, aunque se continua con el plan de reducir subsidios por servicios públicos.

La apuesta es a crecer productivamente sobre la base de exportaciones y que se generen suficientes divisas para hacer frente a los compromisos que se asumirán.

En síntesis, se aprueba la continuidad de los compromisos del Estado, aun cuando el Jefe de Gabinete habló de la “irresponsabilidad” del gobierno Macri en la suscripción del préstamo. El ministro Guzmán aludió al “fracaso” de las políticas comprometidas y que el dinero se usó para cancelar deuda y fugar capitales. Aun cuando se alude a las múltiples causas de la inflación, las medias enunciadas siguen el rumbo de la estabilización y el ajuste.

Argentina vuelve a perder otra oportunidad de investigar a fondo el endeudamiento y para actuar en consecuencia en el rechazo de la deuda ilegal, ilegitima, fraudulenta y odiosa. La campaña por el rechazo al acuerdo con el FMI, la suspensión de pagos y auditoría deberá profundizar su campaña para esclarecer los efectos del acuerdo favorable a legitimar una deuda odiosa que hipoteca recursos públicos alejando soluciones demandas por la sociedad empobrecida.


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, presidente de la FISyP, miembro de la dirección colectiva de SEPLA.

LA ESCUELA AUSTRÍACA Y LA APOLOGÍA DEL CAPITALISMO

Julio C, Gambina*  [1]

La escuela austríaca emerge hacia 1871, año del primer intento de gobierno obrero, con la Comuna de París, levantamiento y experiencia derrotada por la violencia de las armas con 30.000 muertos. Hacía pocos años, en 1867, se había publicado el Tomo I de El Capital, en donde se anticipaba que los expropiados (trabajadores o propietarios de su fuerza de trabajo) tenían derecho a expropiar a los expropiadores (capitalistas o propietarios de los medios de producción). El eje de esta monumental obra se concentra en las leyes del valor y del plusvalor, sustentadas desde la abstracción, núcleo central del método en Karl Marx (1818-1883). El pase a consideraciones concretas del funcionamiento del orden capitalista se conocerá con la publicación por Friedrich Engels (1820-1895) de los borradores de Marx del Tomo II, recién en 1885; y del Tomo III en 1994. El razonamiento completo de Marx sobre la dinámica del capitalismo se completa con la difusión de su obra hacia 1894.

El fundador de la escuela austríaca es Karl Menger (1840-1921), junto con William Stanley Jevons (1835-1882) y León Walras (1834-1910), quienes generan una ruptura epistemológica con la escuela clásica inaugurada por Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823). Según John Maynard Keynes (1883-1946), es Marx quien denomina “clásica” a la escuela iniciada con la “investigación acerca de la riqueza de las naciones” en 1776, la primera sistematización de los estudios económicos y la formulación originaria de la ley del valor-trabajo. Hacia 1871 no solo está completa la exposición de la ley del valor, sino que por primera vez se sostiene cual es el origen del excedente económico, la plusvalía o plusvalor, fuente de la ganancia y sus formas concretas de manifestación en la renta o el beneficio empresario. Era la fundamentación acabada del socialismo como propuesta alternativa al capitalismo.

Con esos antecedentes tiene lógica la respuesta “austríaca” y el origen de una nueva denominación a la corriente principal de la economía, ya no clásica, sino “neoclásica”. Los austríacos retoman la explicación del capitalismo, por eso “neo” y el argumento a derrotar es el socialismo en cabeza de Marx. El capitalismo ya está en su madurez y los estudios científicos, una vez sometidos a la crítica de Marx, mutan en “apología” del orden, de la propiedad privada y del libre cambio. Eso es la escuela neoclásica y la escuela austríaca, que sostendrá esos fundamentos con el tiempo, mediante los principales discípulos, caso de Eugen von Boehm-Bawerk (1851- 1914), cuya obra en polémica con Marx se publica en 1884, sustentando inconsistencias, cuya respuesta estaban en borrador hasta 1885 y 1894, con la publicación de los Tomos II y III de El Capital. Ludwig von Mises, (1881-1973) polemizó con Marx y en contra del socialismo en 1922, ya habiendo sucedido la revolución rusa y la primera experiencia por construir el socialismo vía planificación estatal. Friedrich Hayek (1899-1992), premio Nobel de economía en 1974 (otorgado por el Banco de Suecia) y cuya máxima obra es “Camino de la servidumbre” (1944) se concentra en la crítica a la planificación y en la defensa de la libertad de mercado, de precios y la propiedad privada.

Señala Perry Anderson[2]:

“Comencemos con los orígenes de lo que se puede definir como neoliberalismo en tanto fenómeno distinto del mero liberalismo clásico, del siglo pasado. El neoliberalismo nació después de la Segunda Guerra Mundial, en una región de Europa y de América del Norte donde imperaba el capitalismo. Fue una reacción teórica y política vehemente contra el Estado intervencionista y de Bienestar. Su texto de origen es Camino de Servidumbre, de Friedrich Hayek, escrito en 1944. Se trata de un ataque apasionado contra cualquier limitación de los mecanismos del mercado por parte del Estado, denunciada como una amenaza letal a la libertad, no solamente económica sino también política. El blanco inmediato de Hayek, en aquel momento, era el Partido Laborista inglés, en las vísperas de la elección general de 1945 en Inglaterra, que este partido finalmente ganaría. (dónde cierran comillas) El mensaje de Hayek era drástico: “A pesar de sus buenas intenciones, la socialdemocracia moderada inglesa conduce al mismo desastre que el nazismo alemán: a una servidumbre moderna”. (Perry Anderson, Neoliberalismo: un balance provisorio, capítulo I. CLACSO, htpp://biblioteca.clacso.edu.ar).

Tres años después, en 1947, cuando las bases del Estado de Bienestar en la Europa de posguerra efectivamente se constituían, no sólo en Inglaterra sino también en otros países, Hayek convocó a quienes compartían su orientación ideológica a una reunión en la pequeña estación de Mont Pélerin, en Suiza. Entre los célebres participantes estaban no solamente adversarios firmes del Estado de Bienestar europeo, sino también enemigos férreos del New Deal norteamericano.

En la selecta asistencia se encontraban, entre otros, Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwig Von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michael Polanyi y Salvador de Madariaga. Allí se fundó la Sociedad de Mont Pélerin, una suerte de franco masonería neoliberal, altamente dedicada y organizada, con reuniones internacionales cada dos años. Su propósito era combatir el keynesianismo y el solidarismo reinantes, y preparar las bases de otro tipo de capitalismo, duro y libre de reglas, para el futuro. Las condiciones para este trabajo no eran del todo favorables, una vez que el capitalismo avanzado estaba entrando en una larga fase de auge sin precedentes su edad de oro, presentando el crecimiento más rápido de su historia durante las décadas de los ‘50 y ‘60. Por esta razón, no parecían muy verosímiles las advertencias neoliberales de los peligros que representaba cualquier regulación del mercado por parte del Estado.

La polémica contra la regulación social, entre tanto, tuvo una repercusión mayor. Hayek y sus compañeros argumentaban que el nuevo “igualitarismo” de este período (ciertamente relativo), promovido por el Estado de Bienestar, destruía la libertad de los ciudadanos y la vitalidad de la competencia, de la cual dependía la prosperidad de todos. Desafiando el consenso oficial de la época ellos argumentaban que la desigualdad era un valor positivo en realidad imprescindible en sí mismo, que mucho precisaban las sociedades occidentales. Este mensaje permaneció en teoría por más o menos veinte años.” (falta referencia, dónde empiezan comillas)

Una cita larga pero necesaria, ya que en la escuela austríaca está el origen de las políticas “neoliberales”, que varias veces sostuvimos que no eran nuevas ni liberales. No nuevas porque se inspiran en la antigua tradición austríaca, contra el socialismo y la crítica de la economía política y no son “liberales” porque para funcionar necesitaron del terrorismo de Estado de las genocidas dictaduras del cono sur de América desde 1973. Si en 1947 eran sector en minoría dentro de la profesión económica, hegemonizada por el pensamiento de Keynes, para 1976 con el Nobel a Milton Friedman (1912-2006) se consolida su papel hegemónico como corriente principal sustentada hasta el presente, más allá de matices entre distintas vertientes de la tradición neoclásica.

Con la escuela austriaca se abandona la teoría objetiva del valor, con el eje en el estudio de la producción y la circulación, para sustentar la teoría “subjetiva” del valor, con eje en el consumo y la distribución sobre la base del libre comercio, el individualismo y la defensa de la propiedad privada de los medios de producción. Los austríacos concentran la mirada en valor y precio, desde un enfoque a-histórico en los “bienes”, a contramano de la precisión de Marx en las “mercancías” y las formas del valor que desembocan en el “dinero” y por ende en la diferenciación entre valor de uso y de cambio, el doble carácter del trabajo materializado en la mercancía. Se trata de relaciones sociales históricas que no son asumidas desde la escuela neoclásica, claramente apologética del orden capitalista.

Los austríacos remiten a la categoría de “escasez”, por menos bienes que satisfacen necesidades sociales; por ende, son los bienes que tienen valor para esta corriente, sin considerar el papel del trabajo en el proceso de producción. Eso los lleva a pensar que no se pueden resolver todas las necesidades de la población y naturalizan la situación de escasez y la imposibilidad de resolver la cuestión. Piensan en lo que existe, sin considerar la historia ni la posibilidad de producir los bienes necesarios para satisfacer crecientes necesidades históricas de la población.

Desde esa tradición emergen hoy propuestas ultra liberales que disputan el sentido ante la extensión de la crisis. El derrumbe del este europeo y de la URSS, hace tres décadas, extendió la hegemonía ideológica del neoliberalismo y avanzó en un sentido común que niega la posibilidad de construir alternativa a los postulados de la corriente principal y del orden capitalista, cuyos sustentos son como señalamos apologéticos. Está en la sociedad construir nuevos sentidos en contra y más allá del capitalismo.


[1] Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, UNR. Integra la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana y caribeña de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA.

[2] Perry Anderson. Neoliberalismo: un balance provisorio. Capítulo I. CLACSO, en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20100609031734/4anderson.pdf


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, UNR. Integra la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA.

INCERTIDUMBRE EN LA ECONOMÍA MUNDIAL

Julio C. Gambina* 

Resulta preocupante confirmar la información provista en la actualización de las perspectivas económicas para el 2021 que presenta en su reunión anual de octubre el FMI (“La recuperación mundial continúa, pero ha perdido ímpetu y la incertidumbre ha aumentado”. (https://www.inf.or/es/2021/10/12).

La tendencia descripta para octubre es menos optimista que la medición anterior en julio 2021 y se verifican las divergencias entre los países más avanzados del capitalismo mundial y el resto, especialmente los más empobrecidos.

El problema es la continuidad de la pandemia y la inequitativa distribución de las vacunas entre la población mundial. Por eso, comentando el informe, la Consejera Económica y Directora del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional, destaca que: “La peligrosa divergencia de las perspectivas económicas de los países sigue siendo uno de los principales motivos de preocupación. Se prevé que el producto agregado del grupo de economías avanzadas recupere la trayectoria de la tendencia previa a la pandemia en 2022 y la supere en un 0,9% en 2024. En cambio, se espera que el producto agregado del grupo de economías de mercados emergentes y en desarrollo (excluida China) se mantenga en 2024 un 5,5% por debajo de las previsiones pre pandémicas, lo cual provocaría un fuerte retroceso de los logros en la mejora del nivel de vida.” (Gita Gopinath. “Una recuperación obstaculizada por profundas fisuras”. Blog del FMI, en: Https://blog-dialogoafondo.inf.org).

No debe sorprender el abismo agigantado entre los países de mayor desarrollo relativo y el resto, incluso, siendo un fenómeno que se traslada al interior de los propios países, ya que en los países más empobrecidos existe una cúpula de poder que repite la inequidad en la distribución del ingreso y de la apropiación concentrada del patrimonio y la renta. Es la regla del orden capitalista que reproduce localmente la dinámica que devuelve el Informe del FMI. Agrega la economista del FMI: “Mientras que casi el 60% de la población de las economías avanzadas ya está completamente vacunada, e incluso se están administrando dosis de refuerzo, aproximadamente el 96% de la población de los países de bajo ingreso sigue sin vacunar.”

Por eso y hablando de la concentración económica entre las transnacionales farmacéuticas, sus ganancias y procesos de valorización, al tiempo que discute las “soluciones” actuales de la crisis económica y sanitaria, Pasqualina Curcio señala: “La verdadera solución a la pandemia no pasa por gotear caridad, sino por intervenir sobre la causa de la desigualdad en el acceso a las vacunas, nos referimos a eliminar el monopolio del complejo médico farmacéutico lo que, a su vez, pasa por levantar uno de los mecanismos más inhumanos que inventó el capitalismo para legalizar y legitimar la mayor concentración de capitales y con ésta dichos monopolios/poderes privados: los derechos de propiedad intelectual y las patentes.” (Pasqualina Curcio. “La desigualdad en las vacunas: fracaso moral del capitalismo” en https://www.cadtm.org, 28 de septiembre de 2021).

En la apropiación privada del excedente económico es que debe mirarse la situación de inequidad de la economía mundial actual y no tanto en el volumen de recuperación del PBI, ya que aun creciendo al 5,9%, como indica el FMI, más que la caída del -3,1% del 2020, ese mayor volumen de producción no solo no mejora, sino que empeora las condiciones de vida de la población mundial. Además, al tiempo que se posterga la recuperación global para el futuro, de manera muy especial se llama la atención sobre el “cambio climático”, como si este no tuviera nada que ver con el orden económico social capitalista.

La explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes son la causa del empobrecimiento de buena parte de la sociedad y del efecto invernadero que destruye el hábitat. Difícil leer conclusiones similares en los organismos internacionales o en las consideraciones que llevan adelante los gobiernos de los principales países del orden capitalista. En ese sentido se puede asumir el conjunto de problemas que identifica el FMI en el marco de la crisis económica y sanitaria, concentrados en: a) problemas del desempleo, b) el cambio climático, c) la inflación y con ella la inseguridad alimentaria, d) el crecimiento de la deuda y e) problemas de educación de la población.

¿Cómo encarar esos problemas sin confrontar con las causas esenciales derivadas de la explotación y el saqueo?

Imposible responder desde la lógica del régimen del capital, que continúa apuntando a reaccionarias reformas laborales, previsionales y tributarias. Incluso de aquellos que imaginan que se pueden construir “reformas progresivas”, del estilo restrictivos a la evasión y elusión fiscal, a la economía especulativa y múltiples formas que asume la valorización asociada al delito económico.

Hace medio siglo, James Tobin proponía un mínimo impuesto para gravar la compra-venta de divisas y frenar la especulación. La idea la asumió una red global de lucha contra la globalización capitalista, ATTAC y el mismo nobel de Economía rechazó que su idea sea asumida por un movimiento popular global.

La “tax Tobin” nunca se aplicó, como tampoco las resoluciones del G20 de noviembre del 2008 cuando proponía desarmar los paraísos fiscales, que hoy no solo se extienden en pequeñas islas estados, sino que son propagados in extenso en Dakota del Sur, en Delaware, Florida, Nevada o Texas. Son forma extendida de expansión de la renta, forma transfigurada del plusvalor para sustentar la acumulación capitalista.

Algo similar podríamos decir de las propuestas para establecer tributos globales a las grandes transnacionales, sin perjuicio del control de gestión sobre el destino de esa eventual recaudación.

El 12 de octubre, recuperando el repudio al genocidio gestado con la conquista, debemos afirmar que, el problema devino de la inclusión de la región en el orden económico emergente hacia 1492, inspirado en la mercantilización y la explotación.

A más de quinientos años, las soluciones no pueden provenir de reiterar el mecanismo de la explotación y el saqueo, ni de morigerarlo, contenerlo o reformarlo.

Lo que se necesita es otro orden económico y social, construyendo las transiciones necesarias para hacer realidad la continuidad de la vida social y natural.


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Profesor Titular de Economía Política, UNR. Integra la Junta Directiva de la SEPLA.

EL CURSO DE LA CRISIS

La pandemia agrava la crisis de la industria en el área metropolitana |  Cataluña | EL PAÍS
Fuente: El País

Julio C. Gambina*  

La pandemia del COVID19 sorprendió y agravó la crisis del capitalismo y sus visibles episodios previos, los del 2001 estadounidense, y más aún, del 2007 al 2009, con la gran recesión y la tendencia agudizada a la ralentización de la economía mundial, potenciada en tiempos pandémicos en 2020/21. América Latina y el Caribe sufrieron consecuencias gravísimas explicitadas en sus indicadores sociales más relevantes, del que dan cuenta los organismos internacionales, especialmente la CEPAL. La región, con un 8% de la población mundial acusa contagios y muertes por coronavirus cercanos al tercio de los afectados en todo el mundo. En reciente informe se confirma una caída del -3,2% para la economía mundial, del -4,5% para las economías avanzadas, mientras que para América Latina y el Caribe, el registro es -6,9 por ciento.

Al mismo tiempo, se reconoce una recuperación diversa según los países y si bien EE.UU. y China despliegan datos de recupero económico para el 2021, la situación es muy diferente para el conjunto de los países. Es más, la recuperación de las cuentas nacionales no significa equidad económica y social, ya que se confirma el crecimiento de la desigualdad. En efecto, en el reciente informe del Credit Suisse, se presenta la elocuente figura de la pirámide sobre la apropiación de la riqueza en el mundo, en pleno desarrollo de la pandemia. Podemos ver la inequidad del sistema mundial, con una amplia base, en donde el 55% de la población adulta del mundo, 2.879 millones de personas, se apropian solo del 1,3% de la riqueza mundial, valuada en 5,5 trillones de dólares. Por el contrario, en la cúspide de la pirámide, el 1,1% de la población adulta, unos 56 millones de personas, se apropian del 45,6% de la riqueza total, unos 191,6 trillones de dólares. Más aún, entre el primero y el segundo tramo de mayor concentración, el 12,2% de la población adulta mundial se apropian del 84,9% de la riqueza total. Estos son los datos del “capitalismo realmente existente”.

Es solo una muestra palmaria del impacto de un orden civilizatorio que profundiza la desigualdad, con la concentración de riqueza, ingresos y poder en muy pocos capitales transnacionalizados y un amplio espectro de explotados y dominados por la lógica de la explotación y el saqueo. Las corporaciones trasnacionales actúan en una dinámica de profundización de la universalización del capital, desafiando fronteras y límites que históricamente establecían los Estados nacionales y sus configuraciones regionales. Al mismo tiempo presionan por la liberalización que favorezca la libre circulación del movimiento internacional de capitales, limitando los derechos económicos y sociales conquistados por la lucha de trabajadoras y trabajadores. Por ello incorporan como demanda global o programa de máxima, el impulso a reaccionarias reformas laborales, previsionales y/o tributarias, favoreciendo la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. Así, tratan de intervenir en las legislaciones nacionales con una prédica universal para disminuir y si se puede, eliminar derechos y conquistas sociales históricas del movimiento obrero y popular, incluida la restricción a la jornada laboral.

Por eso no sorprende que la CEPAL informe el fuerte impacto sobre el empleo y los salarios, situación convergente con los registros de la OIT en su documento sobre tendencias hacia el 2021, de junio 2021. En ese documento de la OIT se señala: “[…] que en 2020 se perdió el 8,8 por ciento del total de horas de trabajo, el equivalente a las horas trabajadas en un año por 255 millones de trabajadores a tiempo completo.” La OIT enfatiza en el crecimiento de la informalidad en el empleo, reconociendo que es una situación que afecta a dos tercios de las trabajadoras y los trabajadores del mundo. El fenómeno se cuantifica en 2.000 millones de personas para una población económicamente activa de poco más de 3.200 millones, sobre un total de población adulta, apenas arriba de 5.500 millones de personas. Por su parte, la CEPAL, en el informe referido da cuenta del mayor impacto en la región latinoamericana y caribeña, de la caída del PIB (-6,8%) y del nivel de ocupación (-9%), mientras que el PIB mundial registró una reducción del -3,2% para el 2020 y respecto de la ocupación, la merma fue del -3,5% en el promedio global.

Las políticas en pandemia, en todo el mundo, favorecieron la ofensiva del Capital contra el Trabajo, la Naturaleza y la Sociedad. La vía y el programa inmediato se despliega desde la creciente DIGITALIZACIÓN y la tecnología asociada a internet, que empuja una reorganización económica que excluye a millones de pobres sin “accesibilidad” a equipos, energía o a condiciones de vida adecuadas para el trabajo remoto o a distancia; tanto como a mujeres, a quienes el “tele-trabajo” condena con mayor tiempo de trabajo gratuito dedicado a “los cuidados” de la familia. Por eso la recuperación económica no es general, para toda la población, sino que tiene beneficiarios y condenados a la explotación, la exclusión y la miseria.

En ese sentido no debe sorprender el retorno de la inflación como problema de nuestro tiempo, el que se verifica con el repunte económico, más allá de los matices por países, el privilegio a la recomposición de las ganancias y un rezago en los ingresos populares. La inflación resulta expresiva del poder del capital sobre le trabajo y el conjunto de la sociedad. Las pérdidas derivadas de la caída económica del 2020 intentan ser recuperadas por vía de aumentos de precios, algo que el movimiento obrero debilitado no puede contrarrestar, salvo en contados casos. La inflación es parte de la lucha de clases, como el conjunto de iniciativas políticas que intervienen para superar la crisis. De un lado se presenta el programa de liberalización de la economía, con más ajustes y reaccionarias reformas. Por otro lado, existen propuestas que intentan recrear las políticas de “pacto social” que emergieron ante la ofensiva de la clase obrera y el socialismo hace un siglo. Estas, son propuestas ilusorias ante la fortísima ofensiva del capital, vigente desde hace medio siglo con las dictaduras del Cono Sur de América. La expectativa de los pueblos se asienta en un rumbo de carácter alternativa, en contra y más allá del capitalismo, recreando un imaginario que nos devuelve la persistencia de la revolución cubana y los proyectos de reconstrucción de una estrategia liberadora para los pueblos de Nuestramérica y del mundo.


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, presidente de la FISyP, vicepresidente de SEPLA

¿Viejos O Nuevos Rumbos Para La Economía Mundial Actual?

Julio C. Gambina*

Crisis económica por el coronavirus: los 30 países cuyas economías crecerán  este año a pesar de la pandemia (y cuál es el único de Sudamérica) - BBC  News Mundo
Fuente: BBC

El 2021 aparece como un año de rebote de la economía mundial, pero con notables diferencias entre los distintos países. Pueden leerse diferentes informes, del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE, entre otros, y se confirma la preocupación por la variabilidad de situaciones, incluso al interior de categorías usuales como países avanzados, emergentes, o atrasados. Al interior de cada una de esas categorías existen pronósticos diversos, siempre con crecimiento de la desigualdad, augurando inestabilidad e incertidumbre en el mediano y largo plazo, atravesada por desconformidades sociopolíticas y potencialidad de conflictividad social, habilitando un debate sobre rumbos potenciales del orden global, sea en defensa y relanzamiento del capitalismo, como en contra y más allá del régimen del capital.

China y EEUU aparecen a la cabeza de la recuperación económica pero matizada respecto del orden interno en materia de ingresos, empleo y seguridad social.


China y EEUU aparecen a la cabeza de la recuperación económica pero matizada respecto del orden interno en materia de ingresos, empleo y seguridad social. Para el caso de China, que esquivó datos negativos de su PBI en 2020, de hecho, uno de los pocos que creció, aunque lejos de sus promedios por décadas, constituyó la novedad del pasado año y avanza en la disputa por la hegemonía del orden global. El gigante asiático por vía de la planificación de largo aliento (2020-2035 y hacia el centenario del 2049) se orienta al logro de objetivos sociales y económicos para eliminar la pobreza extrema y disputar la productividad sobre la base de desarrollos científicos y tecnológicos en temas de punta como las comunicaciones o la robótica, la inteligencia artificial y el internet de las cosas. En el caso de EEUU, el rebote aparece en un marco de preocupante suba de precios, duplicando (por ahora) las metas del 2% anual establecida por la Reserva Federal para las últimas décadas, desde la estanflación del 1979/80, y una lenta recuperación del empleo, estacionada en el corto plazo en el doble del desempleo previo a la emergencia sanitaria del COVID19. China en ascenso y EEUU en retroceso global preocupan más allá de lo económico e impacta en las preocupaciones civilizatorias de la afectación del medio ambiente y una tendencia al aumento del gasto militar y la guerra.
Pero China no es Asia en su conjunto, ni EEUU resume las tendencias del capitalismo hegemónico, ya que la perspectiva de Europa y Japón aparecen con importantes restricciones para la recuperación, con evidente pérdida en la productividad y especialmente en la rentabilidad de las inversiones, esencia del orden capitalista. La disputa entre los grandes de la economía mundial se traslada a los ámbitos de coordinación global, con EEUU intentando recomponer su papel rector desde el G7, en contradicción relativa con la disputa de China en el G20, una creación desde Washington en plena crisis del 2008. Aquella ampliación del poder global, que reconocía los límites de acción de la coordinación mundial imperialista para la gestión capitalista global, hace manifiesto hoy las contradicciones y cuotas de decisión en disputa para la reestructuración del orden mundial. Hay límites al orden emergente en 1944/5 y por eso la guerra comercial y monetaria es expresión manifiesta de la disputa por la hegemonía.
Ni hablar de Asía, África y América Latina y el Caribe, muy lejos del rebote global, con un impacto acrecido de la emergencia sanitaria, económica y social, un tema con especial tratamiento en la asamblea anual (virtual) de la OIT. Allí se reconoció como dato de época el crecimiento de la informalidad en el empleo, abarcando al 60,1% del empleo mundial, unos 2.000 millones de trabajadoras y trabajadores, con especial incidencia en jóvenes y mujeres, confirmando la hegemonía patriarcal del sistema mundial del capitalismo. La nueva “normalidad” del capitalismo aparece como mayor flexibilidad de las relaciones laborales, una mayor intervención estatal vía emisión monetaria y de deuda pública para el salvataje del régimen del capital, junto a aceitados mecanismos de circulación internacional de capitales; todo para sostener los intereses del capital transnacional en la coyuntura de crisis de productividad y rentabilidad.
Resulta muy preocupante la situación en el territorio asiático, africano y latinoamericano y caribeño. En Latinoamérica y el Caribe, con el 8% de la población mundial, se acumulan un tercio de los contagios y fallecidos por la pandemia COVID19, agravando la situación económico y social, con creciente desempleo, empobrecimiento de la población y escasas perspectivas en materia de inversiones, salvo para la profundización de la explotación de la fuerza de trabajo y del saqueo de sus bienes comunes.

Rumbos en discusión

En ese marco global se discuten las propuestas de políticas que superen la emergencia, concentradas en la profundización de la liberalización, para lo que se demandan reformas estructurales, especialmente reaccionarias reformas laborales y previsionales. Estas reformas afectan derechos históricamente conquistados con la lucha de millones de trabajadoras y trabajadores en todo el planeta, todo para restablecer la cuota de ganancia y la acumulación capitalista. Matizando ese posicionamiento se sugieren nuevas variantes de “acuerdos sociopolíticos” al estilo del New Deal de los años treinta del Siglo XX. En ese sentido se lanzó desde EEUU y en crítica a la gestión Trump el New Green Deal, idealizado desde ciertos sectores políticos para instrumentar en la gestión Biden y en otros territorios del sistema mundial. Se trata de una imaginación asociada a la disposición de la gestión Biden a una fortísima intervención estatal para sostener la recuperación económica estadounidense, en simultáneo a iniciativas políticas globales de recomposición de relaciones internacionales con históricos aliados globales de EEUU para la confrontación con China y sus socios en el orden mundial: Rusia, Irán, Venezuela o Cuba.

La nueva “normalidad” del capitalismo aparece como mayor flexibilidad de las relaciones laborales, una mayor intervención estatal vía emisión monetaria y de deuda pública para el salvataje del régimen del capital, junto a aceitados mecanismos de circulación internacional de capitales


Este debate puede descubrirse en las cumbres globales, con EEUU pretendiendo renovar el papel del G7 y China intentando limitar ese accionar desde el G20, y cada uno alentando asociaciones internacionales con pretensiones de intervenir en nuevas normalidades del orden global. No solo es un tema que se juega en las relaciones internacionales entre países, o en los organismos internacionales, sino que también el debate atraviesa usinas ideológicas, tal como ocurre desde el Vaticano y una prédica crítica a la exacerbación de la lógica capitalista de la ganancia. Vinculado a esas posiciones son importante las intervenciones de intelectuales (Stiglitz, Krugman, entre otros) que sostienen posiciones críticas a la liberalización absoluta y demandan retomar rumbos similares a los gestados en tiempo de ascenso del Estado benefactor, entre los 30 y los 80 del Siglo XX, claro, ya sin la bipolaridad que consolidó el fin de la segunda guerra mundial. Es un imaginario que sustentan organizaciones sociales y políticas en el ámbito mundial, bajo el supuesto de la reforma del orden capitalista.
Desde otro ángulo crece el debate en torno a las alternativas al orden global, en contra y más allá del capitalismo. En ese marco existe un debate sobre la posibilidad del socialismo, asumido proyecto en algunos países y discutido desde diferentes ámbitos sociales, políticos e intelectuales. Pero existe también una práctica social de organización alternativa de la economía recuperando tradiciones históricas asociadas al orden de lo comunitario, del cooperativismo, el mutualismo o la autogestión, en algunos casos con pretensión de política pública hegemónica. Esto último supone la discusión sobre la potencia de la participación estatal en la transición desde el capitalismo a una nueva sociedad, por caso, el socialismo.
El propio socialismo genera un enorme debate, pero en el mientras tanto, nuevas experiencias sociales y desde el poder político se ensayan. Entre ellas aparecen nuevas categorías a ser consideradas en la perspectiva de transformación social, entre las que destacan concepciones de lucha y organización por la des-mercantilización de la vida cotidiana, algo que en los 60 del Siglo XX sustentó el Che Guevara para organizar el orden económico en contra y más allá de la ley del valor.
La marginación social de millones de personas convoca a variadas experiencias de subsistencia cotidiana por fuera del mercado capitalista, aun parcialmente, de donde surgen propuestas a ser consideradas y relativamente asumidas en proceso de cambio, como la lucha por la soberanía alimentaria, energética o financiera. Aun parcialmente estas categorías fueron inspiración de propuestas oficiales en los procesos de cambio político en las primeras décadas del Siglo XXI por países latinoamericanos y caribeños, caso del ALBA-TCP (https://www.albatcp.org/) o la CELAC (http://celacinternational.org/celac-4/).
Las novedades de la movilización popular en la demanda de cambios en Colombia, Chile o Haití, las más visibles, son expresión de una subjetividad popular que demanda la construcción de horizontes civilizatorios de ruptura con el orden capitalista.

* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Doctor en Ciencias Sociales de la UBA, Profesor Titular de Economía Política U.N. de Rosario, miembro de la Junta Directiva de SEPLA.

La inflación en el debate teórico

Por qué hay una inflación tan baja en América Latina y qué dice de la  economía de la región - BBC News Mundo
Fuente: BBC

Julio C. Gambina

A propósito de la elevada inflación en países como Venezuela y en Argentina, incluso la suba de precios en Cuba por el ordenamiento monetario desde enero pasado, la SEPLA, Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Economía Política y Pensamiento Crítico, inició una serie de debates de su Junta Directiva con intelectuales marxistas especialmente invitados. El objetivo apunta a considerar teóricamente el fenómeno, incluso en sus variantes deflacionarias. La idea no es solo el análisis teórico, sino considerar las posibilidades de resolver la situación, especialmente para los sectores más perjudicados, lo que supone discutir una perspectiva en contra y más allá del capitalismo. En debates preliminares, la situación venezolana1 y argentina2 fueron seguidos con especial interés, promoviendo una instancia de consulta e investigación, iniciada con la presencia del británico Michael Roberts3  y del español Mario del Rosal4, en dos sesiones realizadas durante el mes de marzo.
En Venezuela, el alza de precios disparó la hiperinflación y aún en descenso en los últimos años, los valores se mantienen muy elevados, en situación de hiperinflación. El esclarecimiento del tema en diversos textos de Pasqualina Curcio Curcio intentan actualizar un debate imprescindible para la izquierda y el marxismo. Para la Argentina, con años de una inflación de dos dígitos se aceleró la suba promedio de los precios hasta el 57,3% en 2019, para bajar al 36,1% en 2020 y a febrero del 2021 presenta valores para los últimos 12 meses del 40,7%5, con incertidumbre sobre la evolución anual, aun conteniendo la disparada de las tarifas y el dólar, epicentro de la política económica en el país.
El porqué de la especificidad inflacionaria es motivo de interesantes debates públicos y a puertas cerradas. En rigor, no solo se trata de la región, sino de otros países del mundo con recurrentes ascensos de precios, casos de Irán, Turquía y algunos países africanos. Para noviembre del 2018, el Banco Mundial advertía sobre el impacto global de las tendencias al ascenso inflacionario en el orden mundial, con fuerte impacto regresivo en los países menos desarrollados6.
La situación tiene sus bemoles, ya que la mayoría de los países presentan datos de un dígito en la evolución de los precios, superando un asunto que resultaba estratégico en los años setenta del siglo pasado, por lo que desde entonces se consideró esencial la lucha contra la inflación. Para aquel momento la novedad era que la suba inusitada de precios estaba acompañada por la recesión, por lo que se habló de “estancamiento + inflación”, usando un nuevo vocabulario: la “estanflación”. Hace poco, en agosto del 2020, el titular de la FED despidió la política monetaria de EEUU que emergió con Reagan presidente y que se sostuvo por 40 años, incluso señalando que para salir de la caída de actividad actual hacía falta un poco de inflación, claro en torno del 2%, muy lejos de los indicadores de los países que nos ocupan. La inflación, lejos de la polémica mundial, puede reaparecer en la coyuntura, incluso su contracara, la deflación.
Resulta aún temprano para ponderar la situación cubana, pero el reciente ordenamiento monetario está impactando en los precios relativos, con especial seguimiento de las autoridades para contener y compensar el impacto social regresivo en la distribución del ingreso7. La inflación mensual en Argentina es superior a las mediciones anuales de la mayoría de los países de la región, en algunos de los cuales se discuten los efectos de la deflación, casos de Perú o Colombia.

Inflación /deflación en debate

Tanto la inflación o la deflación afectan los ingresos y condiciones de vida de la mayoría de la población, por lo que las cuestiones monetarias deben ser consideradas en su complejidad desde el pensamiento crítico de la Economía Política.
La dinámica inflación-deflación resulta un mecanismo de dominación, por ende, de apropiación del excedente económico por los capitales más concentrados del sistema mundial.
Es importante el estudio sobre las causas de la inflación, ya que las consecuencias son evidentes y remiten a la “función de la inflación para distribuir la plusvalía relativa”, tal como lo describió Mario del Rosal en el debate de la SEPLA.
La necesidad del debate se impone ante el “sentido común” instalado por la concepción liberal hegemónica de que “la inflación es en todo tiempo y lugar un fenómeno monetario”, convocando a restringir la emisión monetaria e incluso de deuda pública y dejar todo a resolución de la libre oferta y demanda en el mercado. Una falacia que se desmiente entre otras cuestiones en la inmensa emisión monetaria y de deuda en los principales países del capitalismo desarrollado, especialmente en un año recesivo como el 2020, agravado por la crisis sanitaria; pero también en la mayoría de los países del mundo, aun en menor medida mientras más débiles sean esos estados del capitalismo mundial. La fortísima emisión no resulta necesariamente en aumento de los precios.
La discusión teórica es con el monetarismo en sus más diversas variantes, pero también con otras expresiones, que siendo críticas de la ortodoxia imaginan que se puede domesticar a las fuerzas del mercado con intervención estatal. Entre estas se destacan las variantes actuales del keynesianismo, sean los “neo”, los “post” o los cultores de la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Desde el marxismo existe un debate en expansión sobre la cuestión monetaria en el ciclo de producción y reproducción de la lógica del capital.
Vale insistir que el debate contemporáneo recupera tesis históricas del pensamiento económico. El liberalismo remite a la primera sistematización de la Escuela Clásica, más allá de matices y destaques de tal o cual autor. El keynesianismo no solo remite a la obra principal del fundador, sino a textos previos sobre el dinero y la moneda, con lo que incluso polemiza el autor inglés. Los difusores de la TMM se inspiran en la escuela alemana de fines del siglo XIX, que a diferencia del enfoque relativo al dinero mercancía (oro o plata) se concentran en el dinero fiduciario (creado por el Estado). La teoría marxista se apoya en los textos de Marx, esencialmente El Capital y su acento en el valor y el plusvalor, o sea en la explotación de la fuerza de trabajo. La primera sección de la obra de Marx lleva por nombre “Mercancía y Dinero”, lo que coloca al dinero en relación con la producción mercantil capitalista.
Ese relato histórico sobre el origen de las fuentes teóricas remite a quienes se apuran a señalar que referir a Marx para considerar problemas contemporáneos resulta antiguo. Bueno, la realidad es que todo el debate teórico actual nos envía a marcos teóricos de los siglos XVIII y XIX. Claro que la dinámica del capitalismo supone actualizaciones, especialmente cuando debido a la evolución técnica y tecnológica, el dinero fiduciario, o creado por los Estados, ocupa un lugar especial relativo a las funciones del dinero como medida de los valores, medio de circulación, o dinero mundial, incluida la capacidad de atesoramiento.
En el marxismo está abierto un debate luego de la crisis monetaria de agosto de 1971, momento en que EE,UU. rompe los acuerdos de Bretton Woods y se pierde la relación entre el dólar y el oro para la promoción de un sistema múltiple de relaciones monetarias en el ámbito mundial8.

Tanto Michael Roberts, que anuncia próxima publicación de un texto actualizado en co-autoria con Guglielmo Carchedi, como Mario del Rosal9 estudian pormenorizadamente las concepciones originarias de los monetaristas, corriente principal de la teoría económica contemporánea, y de sus principales oponentes en la perspectiva de la reforma capitalista desde la regulación estatal, el keynesianismo en sus variantes. Los monetaristas derivan la evolución de los precios del exceso de la oferta monetaria y en el keynesianismo se privilegia la producción y realización de la ganancia, mientras que en Marx interesa la distribución del nuevo valor creado entre salarios y ganancias, que no debiera afectar precios, sino las partes relativas de apropiación de la riqueza socialmente generada. Son puntos de partida diferentes, incluso contradictorios y que conllevan a conclusiones y a políticas económicas no convergentes. Por eso también, a veces, puede parecer un debate de sordos.

Especificidades locales y poder global

En la profunda polémica que sostiene Pasqualina Curcio Curcio con los monetaristas sobre la situación venezolana10, destaca la irrealidad de los argumentos relativos a la emisión y se concentra en el factor externo, la manipulación del tipo de cambio. Ese factor externo puede asociarse al “poder” mundial y sus vínculos locales, los que se expresan con especificidades en cada país que sufre ataques a sus monedas locales, sea Venezuela, la Argentina, o cualquier país. Existen las especificidades y problemas derivados de la cantidad necesaria de moneda en cada caso, pero no constituyen elementos suficientes para explicar la evolución de los precios. Menos en niveles tan diferenciados de una lógica global de relativa contención de la evolución general de los precios.
La hipótesis que sustento, que necesita ser demostrada, remite a la disputa política por el rumbo de las economías nacionales, sobre todo si estas no aparecen en total sumisión a la lógica más general del orden mundial. Se trata de una cuestión válida incluso para procesos políticos que no se propongan ir más allá del capitalismo, pero que el poder mundial combate en la búsqueda de direcciones políticas gubernamentales más afines a la lógica mundial de acumulación.
Son precisamente países con elevada inflación, aquellos en los que el debate por el poder político en el sentido mencionado está presente. Queda claro que en todos los países existe discusión por el poder e incluso en términos de hegemonía en el gobierno, que no es necesariamente lo mismo que la disputa del poder, subyacente más allá de cualquier gobierno. Dicho de otro modo, ¿cuál es el gobierno más favorable a la lógica de la transnacionalización en los países de elevada inflación? Ello no supone avalar todo lo que se hace en países sancionados por la política exterior de EE.UU. o sometidos a la fiscalización de los organismos internacionales.
Cuba está bloqueada prácticamente desde el triunfo de la revolución y, por lo tanto, la lógica mercantil capitalista (poder subyacente) disputa en la cotidianeidad contra todo intento de superación. En esa contradicción pueden observarse todos los esfuerzos llevados adelante en Cuba para superar al capitalismo, entre ellos y recientes, la actualización del modelo económico en 2011, del que emerge la perspectiva del actual ordenamiento monetario. La fortaleza política de un rumbo alternativo al capitalismo aleja la propensión a la subordinación a la dinámica mundial del orden capitalista, por lo que alguna vez el líder de la revolución cubana sostuvo que la única posibilidad de fracaso se asienta en las propias ineficiencias e ineficacias del proceso revolucionario.
Dijo Fidel11: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.” . La creación del socialismo como tarea inconclusa fue reflejada en esa misma intervención, por lo que el poder global de las relaciones capitalistas está presente en cualquier país aun cuando formule su perspectiva socialista.
Por ahí debe buscarse la disputa en Venezuela, más allá de cualquier consideración sobre las políticas implementadas bajo la gestión de Hugo Chávez (1999-2013) y de Nicolás Maduro (desde el 2013).
Insistiré en que el problema del rumbo del orden económico social es lo que determina la “estabilización de la economía” y, por ende, la inflación tiene causas específicas, propias de las leyes económicas, pero en la que la “política” propiamente dicha, o la disputa del poder político resulta esencial.
En ese sentido, es común escuchar a Martín Guzmán, Ministro de Economía de la Argentina desde diciembre del 2019 destacar que su objetivo es “tranquilizar” a la economía. Tranquilizar es hacer funcionar al capitalismo, con su lógica de producción para la rentabilidad, lo que puede suponer también relativa satisfacción de necesidades sociales vía empleo e ingresos de la población. La intranquilidad deviene de la disputa por el rumbo de la Argentina en el orden mundial. El poder (subyacente) histórico del país fue desafiado con el imaginario de un “capitalismo autónomo” y el proceso de industrialización con la aparición de la burguesía local. Son muchos los autores que derivan desde ese momento el problema de extravío del país, y con ello, el fenómeno irresuelto de la inflación. Resulta simple mirar hacia atrás en el proceso industrializador de hace un siglo, con la emergencia y disputa del gobierno, primero del radicalismo (1916) y luego del peronismo (1946).
La búsqueda por “normalizar” el capitalismo local tiene cita en los años de la dictadura genocida (1976-1983), la década del 90 del siglo pasado (1989-2001) y el gobierno macrista (2015-2019), sin perjuicio de que nunca pudo revertirse en esencia la dinámica regresiva instalada desde 1975/76. No hay solución antinflacionaria bajo el orden capitalista sin subordinación de las clases subalternas a una lógica de producción y acumulación que definen los grandes capitales, aun en procesos en crisis mundiales como los actuales. Por eso es una cuestión sistémica, que se manifiesta en la disputa por el excedente económico, afectado en tiempos recesivos.

Disciplinar a los de abajo para bajar la inflación o disputar el poder


La inflación se redujo en el mundo desde fines de los años 70 y 80 del Siglo XX, especialmente asociado a la hegemonía de las políticas liberalizadoras, llamadas “neoliberales”.
El disciplinamiento social en Gran Bretaña y en EEUU, también en Europa fue clave para universalizar lo que se ensayó previamente bajo dictaduras militares en el Cono Sur de América. Por caso, los momentos de escasa inflación en la Argentina ocurrieron durante tiempos limitados en la dictadura y en los 90. En ambos periodos sobre la base del terror por represión, la propia inflación y el desempleo y miseria generados.
Más que mirar los precios, venimos insistiendo que lo que debe observarse es cuánto del ingreso nacional se apropian los propietarios de medios de producción y cuánto las trabajadoras y los trabajadores.
El problema es el ingreso apropiado por los principales propietarios contra la mayoría social empobrecida.
Si la cuestión es el valor y con él el plusvalor, para evitar la escalada de precios y la apropiación del excedente por pocos, la búsqueda debiera orientarse a la des-mercantilización de la vida cotidiana, un debate que sostuviera Ernesto Guevara en los tempranos 60 cuando se discutía como construir el socialismo en Cuba.
El problema es que mientras resolvemos cuestiones civilizatorias la vida cotidiana transcurre, por lo que se necesita definir políticas antinflacionarias, lo que supone una confrontación con los dueños del poder, con base en la distribución progresiva del ingreso y de la riqueza, algo que el poder no está dispuesto a resignar, tal como se observa cuando se discuten impuestos a las grandes fortunas para atender las emergencias de nuestro tiempo.
La cuestión se define en términos de iniciativa política. Una predica la baja de la inflación con la reducción del gasto social, las regresivas reformas estructurales y una lógica de subordinación con el poder mundial, que en la Argentina significa pronto acuerdo con el FMI, a quien se le debe en Derechos Especiales de Giro (DEG), que con la devaluación estadounidense de su moneda, la Argentina tiene que conseguir cada vez más dólares para cancelar su deuda con el Fondo y así agravar la situación de resignar recursos para atender las necesidades de la población. La otra supone conformar poder político popular para otro rumbo civilizatorio en el país, en contra y más allá del capitalismo. Esa es la grieta de fondo en la Argentina.


Referencias

1. https://pasqualinacurcio.wixsite.com

2. https://juliogambina.bogspot.com

3. https://thenextrecession.wordpress.com

4. https://ucm.academia.edu/MariodelRosal

5. INDEC. Precios al consumidor, febrero del 2021, https://www.indec.gog.ar

6. Banco Mundial. Las economías emergentes y en desarrollo se enfrentarán a desafíos si aumenta la inflación a nivel mundial, en: https://www.bancomundial.org/es

7. http://mesaredonda.cubadebate.cu

8. Fred Moseley. “La MELT y el Razonamiento circular en la Nueva Interpretación y en la Interpretación Temporal y de Sistema Único”, https://marxismocritico.files.worldpress.com/2016/07

9. “La gran revelación. De cómo la Teoría Monetaria “Moderna” pretende salvarnos del capitalismo salvando el capitalismo”. © Ecobook – Editorial del Economista. 2019

10. HIPERINFLACIÓN. ARMA IMPERIAL, con Prólogo de Judith Valencia. Editorial Nosotros Mismos, 2018

11. Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, http://scielo.sld.cu

Una Agenda De Debates Para Nuestramérica

Julio C. Gambina*

Nuestra América | VA CON FIRMA

Sobre el final del 2020 tenemos sensaciones contradictorias sobre la realidad regional. Una realidad que exacerba ciertos problemas estructurales e históricos de la cotidianeidad regional, entre ellos la pobreza, la desigualdad y la baja de ingresos populares con desempleo y precariedad, que pone en cuestión el imaginario social de logros civilizatorios que animaron los años recientes en Nuestramérica. Logros por el “desarrollo” de los 50/70 con la industrialización sustitutiva y la extensión de derechos sociales; o más acá, en la primera década del Siglo XXI, relativas al “cambio político y económico”, de contenido crítico a la hegemonía liberalizadora impulsada entre los 80/90 del Siglo XX.

Son tres casos en proceso, con debates sobre su presente y destino, pero que generan condición de posibilidad para pensar una agenda que dispute el poder establecido del orden capitalista contemporáneo.


Aquel “desarrollismo” fue bandera de solución a los problemas regionales y motivó interesantes debates intelectuales y políticos entre estructuralistas, dependentistas y marxistas, liberales ortodoxos, que en definitiva suponían una discusión en torno al capitalismo realmente existente en nuestros territorios, e incluso a su superación con el proceso de la revolución cubana y el intento chileno por vía electoral a comienzos de los 70, abortado con la violencia del terrorismo de Estado.
Más acá, la situación se animó con la discusión sobre si alcanzaba con la crítica al neoliberalismo, o si lo que se demandaba era la superación del régimen del capital. Un nuevo imaginario para el debate surgió con los “derechos de la naturaleza”, la “plurinacionalidad”, la dimensión “comunitaria” de la producción, la “integración alternativa” no subordinada a la lógica de la hegemonía capitalista, y por supuesto la recreación del horizonte por el “socialismo” y la promoción de antiguas cosmovisiones por el “vivir bien” o el “buen vivir”.
Decimos sensaciones contradictorias por la importancia de la articulación de lo subjetivo y lo objetivo en el proceso de la lucha de clases en la región, que supone iniciativas y acciones contradictorias desde el poder y el contrapoder.
Por un lado, se procesaron acontecimientos que generaban incertidumbre y que culminaron con resultados alentadores: remito a las elecciones presidenciales de Bolivia, al plebiscito chileno sobre reforma constitucional y a las legislativas de Venezuela. Sus resultados no eran aleatorios sino sustanciales para intervenir en la posibilidad de una agenda de cambios integrales en la región y en el mundo. Cada uno de esos procesos tiene su especificidad, pero en conjunto pueden contribuir a definir tendencia en la disputa del “sentido común” instalado de retorno conservador de la mano del golpe boliviano de fines del 2019, la continuidad esencial del pinochetismo por décadas en Chile, o el pretendido doble comando legislativo venezolano desde 2015, que alentaron y apoyaron los poderes imperialistas en EEUU y Europa. Son tres casos en proceso, con debates sobre su presente y destino, pero que generan condición de posibilidad para pensar una agenda que dispute el poder establecido del orden capitalista contemporáneo. Podemos imaginar un cuadro de recomposición de estrategia por el cambio potenciando procesos de una nueva dinámica en México, Ecuador o Argentina.

El informe de la riqueza 2020 del Credit Suisse señala que el 1% superior de los hogares en el ámbito mundial es poseedor del 43,4% de toda la riqueza. En el otro extremo, el 53,6% apenas asume el 1,4%


Por el otro lado, el 2020 es año de crisis recesiva, de arrastre con los procesos globales del 2007-09, agravada en la coyuntura por la pandemia del coronavirus. Es una situación que evidenció los límites de nuestras sociedades y regímenes políticos para atender emergencias socioeconómicas que elevaron la vulnerabilidad de millones de personas. Sistemas de salud colapsados por la tendencia recurrente de la mercantilización y privatización en un marco de extranjerización de nuestras economías. Son el resultado de las políticas hegemónicas inspiradas en el Consenso de Washington en los 90 del siglo pasado. El presente aciago de Nuestramérica, en términos de pobreza, desempleo, desigualdad y marginación se explica por la deliberada política emergente en el Cono Sur con las dictaduras del terrorismo de Estado. Discutir este diagnóstico es de suma importancia. El saqueo de nuestros bienes comunes, la concentración económica transnacionalizada y la extranjerización son el resultado de un accionar deliberado que resulta en el drama social de la miseria que nos devuelven las estadísticas.
Esos son los argumentos que nos permiten aludir a una sensación contradictoria. En todo caso, lo que importa es discutir cuál de las dos descripciones se impone. Si la realidad de explotación y saqueo, con beneficiarios que acumulan en el sistema mundial es la que se termina imponiendo, o, por el contrario, son las expectativas esperanzadas emanadas de la lucha y organización popular quienes establecen un nuevo sentido común para la transformación social. Se trata de un dilema que atraviesa el futuro cercano y compromete el largo plazo. La iniciativa política del poder se asentó en el estímulo a procesos conservadores y de derecha, boicoteando todo proceso de transformación. Cuba da cuenta de ello con abnegada lucha y empecinamiento por hacer realidad la construcción del socialismo, pero también están todos los procesos que en estos años se propusieron ir en contra y más allá del capitalismo.
Por eso importa instalar una agenda alternativa para pensar Nuestramérica en los tiempos que vienen.


Organización y lucha para un orden alternativo, en contra y más allá del capitalismo

Atrás quedó la ilusión desarrollista inspirada en “modelos” presentados en los años de la posguerra, incluso la concepción “neo” de los años recientes, como si fuera posible recrear una imagen de “capitalismo autónomo, nacional” en tiempos de transnacionalización. Se trata de una evidencia relativa a que no hay expectativas de cambios, o de mejora social en el marco de las relaciones capitalistas de producción. Es todo un debate sobre el diagnóstico de lo que acontece y sobre cuál es el programa real y posible para atender los problemas de fondo de la mayoría social empobrecida, explotada y para terminar con el saqueo de los bienes comunes. Definir el rumbo estratégico es fundamental, asumiendo la mejor tradición crítica de los fundadores de la tradición por el socialismo: Marx y Engels.
Hace dos años conmemoramos el bicentenario del nacimiento de Marx en 1818 y ahora el de Engels en 1820. Su titánica tarea se construyó en cimentar las bases de la crítica al capitalismo de su época, teórica y políticamente. Hoy se requiere volver sobre esas esencias para discutir con la sociedad explotada y saqueada la constitución en sujetos conscientes para el cambio sistémico. La ley del valor sigue explicando la apropiación privada del excedente, que ratifican los datos de la concertación y miseria que se difunden en variadas e indiscutidas fuentes, tal como corrobora el Informe anual del Credit Suisse (Informe sobre la riqueza global 2020. Octubre 2020). Lo que se ve es una expansión abismal de la grieta de ingresos y en definitiva de riqueza entre muy pocos que acumulan patrimonio y renta, y millones en condiciones de vida cada vez más precaria. El informe de la riqueza 2020 del Credit Suisse señala que el 1% superior de los hogares en el ámbito mundial es poseedor del 43,4% de toda la riqueza. En el otro extremo, el 53,6% apenas asume el 1,4%, dando cuenta de la enorme desigualdad en el orden capitalista contemporáneo.
Es una realidad que se replica en todo el mundo y en cada país, con una América Latina y el Caribe que se exhibe al tope de la desigualdad en todo el mundo, fuertemente impactada por el COVID19. Resulta curioso que las derechas y los poderes más conservadores renieguen de políticas sociales, aun compensatorias. Ni imaginar si esas medidas tuvieran proyección revolucionaria, que es lo que proponemos instalar como debate urgente, inspirados en la demanda de soluciones inmediatas de la población más perjudicada.
En rigor, nuestra propuesta está sostenida en el clamor que proviene de organismos internacionales, los que emergieron y actúan en defensa del capitalismo, pero que sostienen, desde la defensiva “salvar” o “sostener” el orden capitalista. La OIT, preocupada por la caída de los salarios en su informe de situación 2021/21, incluso otros organismos internacionales sostienen que hay que mantener la política fiscal de contención de los sectores más desfavorecidos, aun emitiendo enormes masas de recursos. Es un argumento a contramano de la lógica ideológica de la corriente principal en la disciplina económica.
El horizonte de preocupación no es solo el 2020 sino también el 2021 y quizá más allá, aun cuando haya vacuna y se empiece la recuperación económica, un fenómeno previsible ante las aperturas de diversas actividades. Hay que reconocer que estos efectos son causas de la forma de funcionamiento del capitalismo de esta época.
Aún dentro del capitalismo, hasta el poder mundial más racional, si es que eso es posible, reconoce que se requieren políticas activas para defender el empleo y el salario, que se requieren de recursos suficientes para atender necesidades sociales en el marco de un capitalismo depredador que afecta con pandemias, caso del COVID-19, que no será la última y que pasa a ser constitutiva de la nueva normalidad de la civilización actual. La sociedad popular está comprometida en Nuestramérica a sostener una agenda alternativa que ponga en discusión al capitalismo en esta tercera década del Siglo XXI y para ello resulta imprescindible recuperar el pensamiento y la acción de la crítica.

*Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, presidente de la FISyP, vicepresidente de SEPLA.

Nuestramérica en tiempos de pandemia

La difícil coyuntura económica en América Latina - Elcano
Foto: Realinstitutoelcano

Julio C. Gambina*

La pandemia por el coronavirus afecta gravemente a la situación mundial y muy especialmente a Nuestramérica. En efecto, con más de 33 millones de contagiados y más de un millón de fallecidos, el continente americano es el más afectado, con EE.UU. a la cabeza. Resulta destacable que siete países de la región latinoamericana y caribeña se encuentran entre los 15 con más fallecidos por cada 100 000 habitantes. En orden de prevalencia encabeza Perú, seguido por Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México y Panamá. En términos absolutos, los países que acumulan más fallecidos en la región son Brasil, seguido por México, Perú, Colombia y Argentina.

COVID-19 intensifica los problemas estructurales de la región y dificulta avances de la Agenda 2030


Vale señalar en primer lugar, que la emergencia tiene impacto sanitario y económico, afectando a los sectores populares. La crisis sanitaria hizo visible el desarme de las políticas de salud bajo las concepciones privatistas prevalentes en la región desde los 80/90 del siglo pasado, agravadas con la lógica emanada del Consenso de Washington que privilegio el estímulo del accionar privado, transformando “derechos” en “mercancías”, muy especialmente en materia de salud y de educación.
El resultado está a la vista en las consecuencias sociales del efecto COVID19. Alicia Bárcena precisó “[…] que la región vivirá una contracción del 9,1% en 2020, la peor en 100 años, las exportaciones caerán -23% y la pobreza alcanzará a 230 millones de personas (45 millones más). Unos 33 millones de personas caerán de los estratos medios a la pobreza, de tal manera que 8 de cada 10 personas en la región (490 millones) van a requerir un ingreso básico y políticas universales. La desigualdad llegará al 5% en promedio y el desempleo afectará a 44 millones de personas. Además, 2,7 millones de pequeñas y medianas empresas van a cerrar. Añadió que 40 millones de hogares no están conectados ni tienen accesibilidad a internet de buena calidad, mientras que 32 millones de niños, niñas y adolescentes no pueden hacer teleeducación.” (CEPAL,19 de septiembre, 2020, https://www.cepal.org ).


Si consideramos el dato de la “peor crisis en 100 años”, se supone que la coyuntura crítica supera la crisis 2007/09, la de fines de los 60 y comienzos de los 70 y por supuesto la crisis del 30 del siglo pasado. Cada uno de esos momentos promovieron cambios estructurales y bien vale interrogarse sobre los que acontecen y acontecerán en el presente y futuro cercano. Claro que hace un siglo emergían nuevos movimientos sociales y políticos que darían impulsos a procesos de renovación política con expectativas favorables a los pueblos. Algo muy distinto sobrevino con las siguientes crisis, en los 70 del siglo pasado y las siguientes, caracterizadas por la ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad. Es lo que hoy definimos como ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.
Los cuadros que siguen fueron obtenidos del informe del 25 de septiembre de la CEPAL ( COVID-19 intensifica los problemas estructurales de la región y dificulta avances de la Agenda 2030, https://www.cepal.org), mostrando como las proyecciones fueron cada vez más negativas y todavía no está dicha la última palabra de cómo sigue la pandemia y mucho menos el desenlace de una crisis capitalista que viene de antes.
Todo indica que las proyecciones pueden agravarse, en el sentido de la tendencia que expresan las correcciones de la gráfica 1. La nueva ronda de contagios en el mundo y en la región nos hace no ser optimistas sobre el impacto económico y social de la emergencia sanitaria en pleno desarrollo. Las políticas públicas, aun con crecimiento de la emisión monetaria, el endeudamiento público y el mayor déficit fiscal, no están resolviendo crecientes demandas económico-sociales derivadas de la situación crítica, que como demuestran todos los datos vienen de arrastre en el tiempo. No es solo el efecto coronavirus, sino una crisis que explicitada en el 2007-09 hace evidente los problemas del capitalismo contemporáneo y sus formas específicas de desarrollo en la región.
En ese sentido, observando los datos en un mediano plazo podemos verificar, como señala la CEPAL: “Más de una década perdida: al cierre de 2020, el nivel del PIB per cápita retrocede 10 años y los niveles de pobreza 14 años”.

Por su parte, la CEPAL informa del crecimiento del endeudamiento, algo que viene ocurriendo desde el 2011, y con impacto en los intereses pagados que llegan al 2,6% del PBI, contra gastos en salud del 2,3%.
Resulta alarmante el impacto en materia de pobreza y empleo, agravado con los indicadores relativos al crecimiento de la irregularidad en la actividad laboral, verificado en expansión de la insuficiente seguridad social, la precariedad en el trabajo y la multiplicación de puestos laborales bajo condiciones de anomalía, sin perjuicio de los problemas que adiciona el llamado “teletrabajo” o “remoto” y los perjuicios que ello suponte para los sectores más empobrecidos, alejados de cualquier abastecimiento de servicios y acceso a la digitalización.
En el informe conjunto de la FAO y la CEPAL se señala que “[…] la pandemia de COVID-19 llegó a la región cuando esta pasaba por un mal momento y empeoró las cosas, siendo la causa final de la mayor crisis económica y social en décadas. El mercado laboral se ha visto muy perjudicado. Se proyecta un aumento de 5,4 puntos porcentuales en la tasa de desocupación respecto de 2019 (8,1%), hasta alcanzar una tasa de desempleo del 13,5%. Dicha cifra equivale a 44,1 millones de personas desempleadas, un aumento cercano a 18 millones con respecto de 2019 (26,1 millones de desempleados)”. (FAO y CEPAL, Boletín, no. 14 del 10 de septiembre, 2020). La gráfica siguiente ilustra la situación con claridad y marca la tendencia hacia el futuro cercano.

Resulta grave la situación económica y social para la mayoría empobrecida en Nuestramérica, por lo que estamos desafiados a pensar y construir estrategias alternativas que vayan más allá y en contra del orden del capital, que solo proponen iniciativas que atienden la demanda de la rentabilidad. Es un tiempo de crisis, ideal para imaginar futuros desde una lógica de satisfacción de necesidades, que recupere la perspectiva emancipadora que hace pocos años sustentaba la voluntad de varios procesos políticos en la región y que conmemoraba el antiguo proyecto de la patria grande que enarboló el proyecto independentista hace dos siglos. Es el sueño de la revolución inconclusa para los pueblos de Nuestramérica.

*Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Presidente de la FISyP y Vicepresidente de SEPLA.

La Deuda Pública de la Argentina es Nuevamente Noticia

Julio C. Gambina

Fuente: Alainet

A fines del 2001 se produjo en la Argentina el mayor default de deuda soberana por unos 100.000 millones de dólares, que expresaban dos tercios de la deuda total. El otro tercio correspondía en buena parte a deuda con Organismos Internacionales, con quienes nunca se estuvo en cesación de pagos. Incluso en 2006, el FMI percibió por anticipado los vencimientos de deuda por unos 9.500 millones de dólares, con lo que se pretendió alejar al Fondo de la supervisión del funcionamiento de la economía local. El default del 2001 afectó principalmente a tenedores privados de la deuda pública, una parte importante de ellos radicados en el país, incluso y muy especialmente fueron afectados los fondos de la seguridad social, invertidos en títulos de la deuda pública.
El tratamiento de esa situación de cesación de pagos fue complejo y condicionó la política económica por casi 20 años, con fuerte y regresivo impacto socioeconómico en términos de desigualdad y empobrecimiento de la población. La consideración del problema supuso reestructuraciones de la deuda en cesación de pagos en 2005, 2010 y 2016, y aún en la actualidad se registra un remanente de más de 2.400 millones de dólares pendiente de reestructuración.

A fines del 2001 se produjo en la Argentina el mayor default de deuda soberana por unos 100.000 millones de dólares, que expresaban dos tercios de la deuda total.


En rigor, desde diciembre de 1983, fecha de recuperación de los gobiernos constitucionales, luego de la dictadura genocida de 1976, todos los turnos presidenciales realizaron sus “definitivas” reestructuraciones de deudas, lo que nos permite afirmar que el endeudamiento público resulta un importante condicionante estructural de la economía local.
Desde esas restructuraciones del default del 2001 hubo variadas cancelaciones de intereses y capital de la deuda pública, y nuevas rondas de préstamos, especialmente en el ciclo del gobierno de Mauricio Macri. El resultado es una deuda acumulada a fines del 2019 por 323.000 millones de dólares, un 90% del PBI según las fuentes oficiales. En el informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, de mayo del 2020, del Banco Central de la República Argentina se lee que:
“Durante la fase de ingreso de capitales comprendida entre diciembre de 2015 y principios de 2018, aproximadamente 8 de cada 10 dólares que ingresaron al país desde el exterior tenían su origen en colocaciones de deuda y capitales especulativos. El ingreso de divisas por deuda pública, privada e inversiones especulativas de portafolio sumó USD 100.000 millones en el período. En 2018, a partir del cierre de los mercados voluntarios de crédito, se inició una fuerte reversión en los flujos de capitales, ante lo cual las autoridades decidieron recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), que desembolsó un préstamo record de USD 44.500 millones.”
Continúa señalando el informe que:
“A lo largo de todo el período, la formación de activos externos (FAE) de los residentes, (coloquialmente llamada “fuga de capitales”) se triplicó, superando los USD 86.000 millones. Aún durante la primera fase de auge e ingreso de capitales, la formación de activos externos de los residentes alcanzó los USD 41.100 millones. En la etapa de aceleración de salida de capitales, a partir de mayo de 2018, la FAE alcanzó los USD 45.100 millones.”

el endeudamiento elevado del último periodo favoreció el proceso de salida o “fuga” de capitales, vía cancelación de deuda, remesas de utilidades al exterior, o constitución de activos en el exterior


Resulta evidente que el endeudamiento elevado del último periodo favoreció el proceso de salida o “fuga” de capitales, vía cancelación de deuda, remesas de utilidades al exterior, o constitución de activos en el exterior. Por ende, en nada favorecieron procesos de mejora de la vida de la población ni constituyeron condición de posibilidad para un desarrollo de la actividad productiva, ni mejora del empleo o la actividad económica local, por lo que puede considerarse “deuda odiosa”, más allá de señalamientos de ilegalidad o ilegitimidad de la deuda.
Un dato sobresaliente deviene del apoyo del FMI a la gestión Macri, más por razones políticas de acompañamiento de la política exterior estadounidense para la región, especialmente en el alineamiento contra Venezuela y Cuba, que motivado en razones económicas. El debate al interior del FMI para otorgar el préstamo por 57.000 millones de dólares (solo se desembolsaron 45.100 millones) se resolvió desde la capacidad de hegemonía del gobierno de EEUU en el Directorio del Organismo, más que por la lógica económica y financiera del funcionamiento de la economía argentina en el marco de una situación de desaceleración de la economía mundial.
Los desembolsos del FMI evitaron transitoriamente un nuevo default de la Argentina. Sin embargo, en el último tramo de la gestión Macri, el país inició el “re-perfilamiento” de su deuda, un eufemismo que expresó la postergación de vencimientos impagos de la deuda pública.

Argentina en default

Para agosto del 2019, las autoridades explicaban la situación como “estrés de liquidez”, anticipando la incapacidad de cumplir con los vencimientos del endeudamiento público, situación que se mantuvo en el tiempo con el cambio del gobierno a fines del 2019. Pese a ello, los compromisos con el FMI y otros organismos internacionales fueron atendidos en tiempo y forma. Es por ello, que no sorprende el apoyo del FMI a la negociación argentina en curso con acreedores privados de la deuda. El Fondo pretende descargar el costo de la reestructuración de la deuda argentina sobre los tenedores privados, sin resignar sus posiciones, aun cuando otorgue nuevos plazos a los vencimientos en el futuro.
Bajo el nuevo gobierno, en diciembre 2019, se autorizaron por ley de “solidaridad” destinar 4.571 millones de dólares de las reservas internacionales que solo podrán “…aplicarse al pago de obligaciones de deuda denominadas en moneda extranjera”, mientras se negocia con los Fondos Financieros una deuda estimada en 66.500 millones de dólares de capital y unos intereses que llegan al año 2117 a unos 61.000 millones dólares. La previsión gubernamental era cerrar esa negociación a fines de marzo, con un ahorro estimado de 41.500 millones de dólares, especialmente por reducción sustancial de intereses, una merma del saldo de capital y, sobre todo, un plazo de gracia que involucraba a todo el periodo de gobierno. La expectativa actual de un acuerdo para agosto del 2020, reduce la estimación sustancialmente, ya que la propuesta original suponía un valor de descuento presente al 39% promedio de los títulos, que ronda actualmente en torno al 55% de valor presente, tras tres adecuaciones favorable a los acreedores externos de la oferta de renegociación.

La crisis económica mundial que se arrastra desde hace tiempo, por lo menos desde el 2007/09, incluso la gran crisis en EEUU del 2001, se agudiza en tiempos de COVID19 y habilita un debate civilizatorio


El mundo observa con atención la negociación de la Argentina, por lo peligroso en que se constituyó el elevado endeudamiento público en la mayoría de los países del sistema mundial, afectados por una recesión agravada en tiempos de coronavirus. Pero también es tiempo de discusión del orden mundial y la función de los organismos financieros mundiales. El FMI pretende validar su papel en este tiempo de crisis, sin asumir su responsabilidad como parte de la causa de los problemas actuales, aun antes del COVID19. Sus viejas y nuevas recetas contribuyeron y contribuyen a sustentar una realidad insoportable para millones de personas empobrecidas. La deuda argentina compromete recursos fiscales y reservas internacionales por deudas asumidas, entre otros, con el FMI, que, en contra de sus propósitos y estatutos, favoreció el ingreso de créditos para la fuga de capitales.
El informe del BCRA mencionado es la base para una investigación a fondo sobre responsabilidades del sector privado y funcionarios públicos en la estafa de la deuda pública. El país negocia el 20% de su deuda con Fondos Financieros especulativos que presionan por dejar de perder cuantiosas ganancias, las que fueron favorecidas por inescrupulosos funcionarios públicos. Estos aseguraron inversiones especulativas altamente rentables en tiempos de bajas tasas en el mercado financiero y de capitales de todo el mundo. El delito está en el FMI, los prestamistas o inversores especulativos y los funcionarios venales de la Argentina. Por eso se sostiene la necesaria investigación de la deuda, mientras se suspenden los pagos.
Desde el movimiento social se apunta a un debate que pueda superar el chantaje de los acreedores financieros, los Fondos Financieros y el FMI. Esa es la razón para impulsar una campaña popular por la suspensión de los pagos de la deuda, y llevar a fondo la investigación, con la base de lo realizado por el BCRA y los primeros debates gestados por la Comisión bicameral en el Parlamento, para el seguimiento de la deuda.
Resulta de interés considerar que se instaló un debate por establecer un impuesto a la riqueza, que recaería sobre unos 12.000 contribuyentes, el 0,03% del total de la población argentina. La probable recaudación no alcanzaría a los 4.000 millones de dólares, mientras que una cifra similar es lo que la Argentina destinó a cancelar deuda mientras negocia con los acreedores, todo en periodo de emergencia por la pandemia del coronavirus y una recesión que agrava la tendencia de arrastre. Lo grave es la voluntad mayoritaria de pago, que más allá de las negociaciones en curso, suponen un compromiso financiero que impone el ajuste perpetuo. En efecto, durante el primer trimestre del 2020 según informes oficiales de la Balanza de Pagos (INDEC), se cancelaron 3.279 millones de dólares en concepto de intereses. En el mismo informe se detallan pagos por remesas de utilidades al exterior por 370 millones de dólares. Algunas consideraciones hay que hacer al respecto. La primera tiene que ver con la resignación de 3.640 millones de dólares que podrían haber tenido uso alternativo, claro que para que eso fuera posible, previamente debió suspenderse el pago de la deuda y claro, auditarla con participación popular como demanda la campaña en ese sentido. Al mismo tiempo se debía establecer la imposibilidad de transferir utilidades al exterior en el marco de la emergencia sanitaria y social derivada de la prolongada recesión de la economía local.

¿Puede transitarse otro rumbo?

La confirmación del default es aún una posibilidad, si es que opera el rechazo de los Fondos de Inversión a la oferta argentina. Ello pondría en cuestión la dilapidación de cuantiosos recursos destinados a cancelar deuda en este tiempo, tanto como a legitimar el inaceptable acuerdo de la Argentina con el FMI. El interrogante difundido remite a considerar el impacto socio económico de un default unilateral del gobierno argentino. Por un lado, existe una moción difundida a favor de la condonación de la deuda de los países en dificultades, comentada en los propios organismos internacionales, pero, por otro lado, se necesita discutir la unilateral decisión por la suspensión de pagos, la que debe ir acompañada sobre la discusión del orden económico. Es más, recientemente, Alberto Fernández (AF) señaló al periódico especializado Financial Times, a propósito del debate actual sobre el endeudamiento y la renegociación de la deuda, que hay necesidad de “repensar el capitalismo”.
En el imaginario del presidente de la Argentina es posible reformar al capitalismo, del modo que aconteció luego de la crisis del 30 del siglo pasado, por lo que alude al fordismo y al keynesianismo, promotores de un tiempo de “Estado benefactor”. Una situación que solo fue posible por la existencia de la amenaza comunista luego de la revolución rusa y más aún con la conformación de la URSS y especialmente luego de 1945 con el sistema bipolar instalado en el mundo. No está solo el presidente argentino en ese razonamiento, al que acompañan discursos de personalidades que tienen en el Papa Francisco una referencia, o en los premios Nobel de Economía, caso de Joseph Stiglitz o Paul Krugman. Estos discursos pregonan un retorno al capitalismo preexistente a la reestructuración conservadora que suponen las políticas neoliberales, esas que se ensayaron en Sudamérica bajo el terrorismo de Estado en los setenta y que generalizaron Thatcher y Reagan desde Inglaterra y EEUU en los 80 del siglo pasado, más aún con la caída del Este europeo y la desarticulación de la URSS.
La crisis económica mundial que se arrastra desde hace tiempo, por lo menos desde el 2007/09, incluso la gran crisis en EEUU del 2001, se agudiza en tiempos de COVID19 y habilita un debate civilizatorio, con dos rumbos privilegiados. Uno, de carácter hegemónico, pregona la liberalización con una enorme intervención estatal en la emisión de moneda y de deuda pública para sostener el nivel de actividad del gran capital concentrado. Es notorio en ese sentido el papel de la banca central de los principales países del capitalismo mundial, más allá de cualquier modalidad de guerra contemporánea, comercial, monetaria o variantes que exacerba el incremento del gasto militar en el marco de la hegemonía del capitalismo global. Otro, en el mencionado sentido de la “ilusión progresista”, que se manifiesta en apelaciones a “condonaciones” de la deuda, o a contribuciones voluntarias de los sectores más enriquecidos; a la apelación a políticas fiscales progresivas y de distribución del ingreso, incluso a nuevos pactos, caso del “New Green Deal” sustentado en un cambio de paradigma energético, pero siempre bajo dominación de las transnacionales de la energía.
Un tercer camino, a contramano del debate antes mencionado, supone pensar y actuar alternativamente en la construcción de propuestas en contra y más allá del orden capitalista. Es un rumbo que privilegia reivindicaciones democráticas y de cambio estructural. Entre ellas se destaca la demanda por un ingreso universal equivalente a la satisfacción de necesidades de toda la población, habilitando un debate sobre el financiamiento correspondiente. Pero más allá de esa y otras reivindicaciones, el rumbo impone reformas estructurales en las relaciones sociales de producción, en especial reduciendo la jornada laboral sin afectar ingresos de la población trabajadora. Es una propuesta que afecta los ingresos de la minoría propietaria y por ende empuja confrontaciones sociales que trascienden el debate teórico y se proyectan al plano de la política. Es un rumbo que implica cambios en las relaciones de propiedad y en la gestión de la producción y las políticas públicas para sustentar otro modelo productivo y de desarrollo, basado en la autogestión y la más amplia participación social.
No se trata solo de discutir solo la deuda pública, sino de pensar más allá y en contra de la lógica del régimen del capital, en tiempos de profunda y extendida recesión, agravada por la pandemia del coronavirus.

*Nota recogida en el Observatorio Social Pensar la Pandemia de CLACSO.
** Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Universidad Nacional de Rosario, Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA y Presidente de la FISyP.

LA PANDEMIA COVID 19 AGRAVA LA CRISIS CAPITALISTA

Foto: Alainet

Julio C. Gambina

El coronavirus y sus impactos, como las políticas para confrontarlo, evidenciaron los problemas económicos de la economía mundial, los que vienen de lejos.

Una señal fue en 1999 la debacle de la “nueva economía” de las empresas “punto.com” y la batalla de Seattle, proceso desplegado hasta el 2001. Fue entonces, con el episodio de las “torres gemelas” que se desencadenó una respuesta desde el Estado, a caballo de la ampliación del crédito y el gasto militar. El propio Estado capitalista, difusor de las políticas neoliberales, acudió al Estado para sustentar la lógica del capital. Fueron mecanismos económicos y políticos que se adoptaron para superar la caída de la actividad económica y renovar las formas de dominación mundial.

El límite se presentó en 2007 como crisis hipotecaria, ampliada en 2008 con la caída de Lehman Brothers y la recesión mundial del 2009. La respuesta supuso una gigantesca intervención estatal con emisiones millonarias en el capitalismo desarrollado para hacer viable el funcionamiento del sistema. Junto a la emisión se procesó una inmensa desregulación bancaria, dando lugar a la emergencia de los actuales Fondos de Inversión, la “banca en las sombras”, que administran activos fijos y financieros del capital transnacional, por montos superiores a los PBI de los principales Estados nacionales del capitalismo mundial.

La coyuntura de crisis mundial 2007/09 fue el comienzo del fin de las políticas liberalizadoras instrumentadas a la salida de la crisis de los 60/70, las que se iniciaron como ensayo en el Cono Sur de América bajo dictaduras genocidas sustentadas en el terrorismo de Estado. La forma de salida de esa crisis es lo que se denominó “neoliberalismo”, en cuanto corriente hegemónica de la política económica en el sistema mundial. En simultáneo a ese proceso de emergencia neoliberal, China se incorporó fuertemente al sistema mundial desde la modernización operada desde 1978.  Ahora estamos en pleno despliegue de una crisis mundial del neoliberalismo, con la novedad que se discute quien hegemoniza el nuevo orden mundial, y por eso la guerra comercial entre EEUU y China, o las respuestas nacionalistas y proteccionistas de Trump o del Brexit, de Bolsonaro y varios regímenes derechistas.

Por eso, más allá de cualquier análisis, la “retórica proteccionista” en tiempos de transnacionalización de la economía responde a la crítica de la globalización construida por más de cuatro décadas desde el ensayo sudamericano del terrorismo de Estado. Tanto EE.UU. como el Reino Unido, entre muchos, pretenden barajar y dar de nuevo, pero como actúan otros, especialmente China y sus alianzas, se transforma en una lucha que se juega a varias bandas. Claro que también intervienen en el debate quienes imaginan espacio para la restauración de las políticas keynesianas, hegemónicas entre 1930 y la instalación de la lógica hegemonizada por el neoliberalismo. En ese sentido se inscribe la campaña demócrata de Bernie Sanders en EE.UU., o la prédica del laborista James Corbyn en Inglaterra, tanto como los postulados que emanan desde el Vaticano, con los diálogos entre el Papa Francisco y el Nobel 2001 Joseph Stiglitz. El reciente Grupo de Puebla, que se asienta en la nueva dinámica de los procesos políticos en México y Argentina, transitan por esta referencia intelectual y de proyecto político. Menos visible resulta la voluntad alternativa, anticapitalista, con límites muy importantes para instalar un sentido común global favorable a una expectativa de transición sistémica por la transformación social.

Disputa del orden

No solo hay dimensión política de esta disputa hegemónica, sino que transcurre sobre un trasfondo de innovación tecnológica y de las formas que asumen las relaciones sociales de producción, especialmente entre el capital y el trabajo, y muy en particular, el papel o función que asume el Estado, no solo en cada país, sino en la articulación de capacidad global de subordinación y domesticación desde la institucionalidad mundialmente construida desde los Organismos Internacionales, las Naciones Unidas y sus agencias, el G20, entre otros. La recesión en curso estimula y acelera aspiraciones dominantes para revertir derechos sociales e inducir nuevas formas de gestión y explotación de la fuerza de trabajo, caso del “teletrabajo” o el despliegue de las economías de plataforma, el acelerado proceso de utilización de la inteligencia artificial y otras formas de la llamada economía del conocimiento.

La pandemia desató con diferente ritmo, políticas pasivas, al estilo EE.UU., Gran Bretaña o Brasil, entre los más destacados, que ante el agravamiento fueron modificando y avanzaron en políticas de aislamiento de las personas y baja de la actividad económica, las que involucran a más de la mitad de la población mundial, e impactan en la reducción de la producción, afirmando un destino recesivo. Dice la titular del FMI: “el crecimiento global en 2020 caerá por debajo del nivel del año pasado”. Sigue diciendo que “La prioridad número uno en términos de respuesta fiscal es garantizar gastos de primera línea relacionados con la salud para proteger el bienestar de las personas, cuidar a los enfermos y frenar la propagación del virus” (Kristalina Georgieva. Blog del FMI, 4 de marzo del 2020).

No hay que confundirse. El FMI no viró hacia el keynesianismo, sino que, como en ocasiones anteriores, los sectores dominantes acuden al Estado para resolver los problemas del capitalismo. En todo caso, el temor subyacente es el despliegue del conflicto ante la pérdida de empleo, la caída de los ingresos populares, el empobrecimiento, etc. Son opiniones vertidas por el FMI ante la necesidad de ampliar el gasto en salud, disminuido por la lógica de las privatizaciones impulsada desde el neoliberalismo. La ausencia de camas, respiradores, infraestructura hospitalaria e insuficiente material para la seguridad del personal afectado a la salud, evidente ahora con el COVID19, expresa el resultado de una lógica orientada al mercado y a un gasto público privilegiando un rumbo para la militarización.

Por eso destaca en la coyuntura la política de derecho a la salud propiciada en Cuba desde el comienzo de la revolución en 1959, e incluso la capacidad de confrontación contra el coronavirus desde la planificación estatal en China. Nuevamente está en debate el sentido del accionar estatal, en favor de qué intereses en particular. El Estado capitalista desde la crisis del 1930 interviene para sostener al orden capitalista, tal como se evidencia en las gigantescas emisiones de salvataje de estas horas en EE.UU., Europa o Japón. Lo que también habilita a pensar en el sentido de un Estado para la transición, en el camino de la experiencia cubana y si se quiere, con matices, de la situación en China. Todo un tema para discutir en la coyuntura y la perspectiva del futuro a la salida de la pandemia.

Así como se discute el Estado, se habilita el debate sobre el impacto del modelo de producción sobre la Naturaleza. Al parar la producción mundial en varios territorios, producto del “aislamiento” o cuarentenas de la población para evitar contagios, ocurrió una disminución en la generación de gases contaminantes, claro que ello no elimina la concentración tóxica en el medio ambiente.

La menor contaminación por cierres parciales o totales de las producciones nacionales nos hace pensar en la potencialidad de aminorar el efecto de la crisis ecológica. Claro que no debemos engañarnos con «cielos limpios» por el paro de la producción, ya que se trata de un fenómeno solo temporal, y puede recrudecer si todo vuelve a la «normalidad» luego de las cuarentenas o aislamiento. La amenaza ambiental es el modelo productivo sustentado en energía no renovable y con objeto de ganar y acumular, puesto en evidencia con la pandemia del coronavirus. Es bueno pensar que el ambiente mejora si no es afectado por formas de producción que deterioran la naturaleza y, por ende, nuestra vida.

Julio C. Gambina: Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor de Economía Política UNR. Presidente alterno de la SEPLA e integrante del GT Crisis y Economía Mundial de CLACSO.