Niñas y niños migrantes, los más vulnerables

Patricia Pozos Rivera*

Migración de niñas, niños y adolescentes | UNICEF
Fuente: UNICEF

Las niñas y los niños son, dentro de la población migrante internacional, los más vulnerables. Están expuestos a un sin número de situaciones que ponen en riesgo su integridad física e incluso su vida. Los casos más graves corresponden a los no acompañados. Sufren el miedo de no contar con la protección de sus padres, el hambre y la deshidratación, la trata de personas, el tráfico de órganos, la explotación laboral, accidentes, las inclemencias del clima, perderse en el camino, etcétera.

Las niñas y los niños migrantes no acompañados, NMNA, desde el punto de vista estadístico, incluye a la población menor de 18 años. La prensa ha reportado casos, muy preocupantes e indignantes, de niños de 6 años de edad que llegan solos a la frontera sur de Estados Unidos. Es un grupo poblacional diverso porque incluye a los que se encuentran en la niñez y a los que ya están en la etapa de la adolescencia, por ello su atención requiere de estrategias diversificadas.

De acuerdo con datos de la UNICEF (migrationdataportal.org), los niños migrantes representaron el 12% del total de la población migrante en el año 2019. La región que concentra el mayor porcentaje de niños migrantes es África con 25%, le sigue América Latina y el Caribe con 19%, Asia 15% y las demás regiones tienen una menor proporción, siendo Europa la que tiene el menor número de niños migrantes con 7%. Actualmente con el conflicto en Oriente Medio, se ha visto que ha aumentado la llegada de niños migrantes no acompañados a Europa que van huyendo de la guerra.

Para el caso de la migración hacia Estados Unidos, los países de origen de los menores no acompañados que ha detenido la patrulla fronteriza son, principalmente, Guatemala, El Salvador, Honduras y México. Las causas de su movilidad son diversas, entre ellas están escapar de la violencia, familiar, de género y de grupos pertenecientes al crimen organizado, entre otras.

Otro de los factores determinantes de esta migración, es la reunificación familiar. Debemos recordar que muchos de los padres de los menores no acompañados, llegaron a Estados Unidos hace algunos años, en busca de trabajo; en su caso estamos hablando de una migración laboral y por el robustecimiento de la vigilancia en la frontera sur de Estados Unidos, dicha migración laboral se ha convertido en una migración permanente. Es por ello que algunos padres buscan ingresar a sus hijos al territorio norteamericano.

No podemos dejar de lado el resultado de los ajustes estructurales en las economías latinoamericanas, debido a la aplicación de las políticas neoliberales, y mucho menos las propias características de la política migratoria que desde hace ya varias décadas ha instrumentado la Unión Americana, que busca el control de los trabajadores inmigrantes.

Por ello iniciaré con una revisión histórica de las características de la política migratoria estadounidense, posteriormente revisaremos la coyuntura en el contexto de la presidencia de Biden y finalizaré con la reflexión de los aspectos que reclaman atención inmediata.

Política Migratoria en Estados Unidos

Aviva Chomsky, en su libro Indocumentados, cómo la inmigración se volvió ilegal, menciona que el Estado Nación, la soberanía y la ciudadanía son construcciones sociales, inventadas por los seres humanos para servir a sus propios intereses. La condición de ilegalidad de los trabajadores inmigrantes en Estados Unidos es algo que ellos han fomentado y que ahora la han masificado.

La última posibilidad que hubo en Estados Unidos para la regularización de indocumentados, con la ley IRCA en 1986, estableció quiénes cumplieron el perfil para obtener la ciudadanía y también estableció quiénes no lo cumplían.

La ilegalidad tiene implicaciones económicas; por ejemplo, generar un ejército de trabajadores sin ningún tipo de derechos, con bajos salarios y totalmente sumisos. De ahí que sea muy importante la lucha de los movimientos sociales por la defensa de los derechos humanos y laborales de los trabajadores inmigrantes en dicho país, que buscan concientizar a la población estadounidense de que son trabajadores indocumentados, no son criminales.

Por otro lado, es una política con raíces xenófobas y racistas. Alfonso Gonzáles Toribio, en su libro, Reforma sin Justicia, menciona que el Estado Norteamericano, es la condensación institucional e ideológica de las relaciones sociales construidas sobre un sistema capitalista y de supremacía blanca que emergió en el siglo XVII y evolucionó hacia el moderno Estado de seguridad nacional.

La vinculación entre migración y seguridad fronteriza se da a partir de los años ochenta y ha dado pie a un negocio muy redituable para las empresas privadas involucradas en la seguridad de la frontera, así como con la detención de los inmigrantes indocumentados, entre ellos los Niños y las niñas migrantes no acompañados.

Independientemente si el gobierno es demócrata o republicano, la Política Migratoria estadounidense velará por los intereses nacionales, a costa de no respetar los derechos humanos de los migrantes internacionales.

La crisis humanitaria en la era Biden

En los primeros meses de la presidencia de Joe Biden se está repitiendo la crisis humanitaria que se desarrolló al final del periodo presidencial del expresidente Barak Obama. Cientos de NMNA, han llegado a la frontera sur de EU.

De acuerdo con lo que se ha publicado en la prensa, la BBC señaló que, en febrero de este año, las autoridades fronterizas tomaron en custodia a más de 9 000 menores de edad en la frontera, lo que representó un aumento de 60% con respecto a enero, mes en el que detuvieron a un poco más de 5 000 menores.

Dichas cifras superan a las registradas en los mismos meses en el año 2019, pero todavía no se rebasan las cifras de abril de ese año, cuando, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración, se detuvieron a 6 842 niñas y niños.

El discurso del actual presidente Biden en la campaña fue pro migrante. Prometió echar para atrás la estrategia trumpista del manejo de la inmigración, en especial la Política de Tolerancia Cero, bajo la cual se separaba a las familias que eran detenidas tratando de cruzar al territorio norteamericano de manera irregular, esto es realmente muy positivo. Entre los principales cambios observamos: la cancelación de la construcción del muro sobre su frontera sur, ya no se regresa a los NMNA, sino que se abrió paso a tratar de reunirlos con sus familiares y además ya no se separan a las familias. No obstante, sigue siendo una política migratoria que liga la seguridad nacional con la migración, esto tiene como resultado la criminalización de los que cruzan la frontera sin documentos, sigue regresando a territorio mexicano a las familias completas que detiene la patrulla fronteriza y que son solicitantes de asilo.

Los retos a resolver

En diversos medios de comunicación se han documentado entrevistas de los menores que se encuentran en los centros de detención de Estados Unidos; sus relatos nos muestran que sus derechos humanos más básicos han sido vulnerados, señalan que han sufrido frío, hambre, hacinamiento, esto último muy grave en el contexto de la COVID – 19.

No hay duda de que lo urgente es resolver los detonantes de la migración, para Biden son los problemas de pobreza de los países de origen, pero no reconoce que Estados Unidos es un país que atrae migrantes porque tiene un mercado laboral que los contrata.

Lo fundamental es una vía que permita la regularización de los inmigrantes en dicho país, sin embargo, esto significaría un incremento del costo de la fuerza de trabajo, que atenta contra la acumulación de capital de las empresas norteamericanas.

Mientras no se atiendan las verdaderas causas de fondo de la migración, los inmigrantes seguirán sufriendo la vulneración de sus derechos humanos, principalmente los más débiles, las niñas y los niños migrantes.

*México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesora de la Facultad de Economía de la UNAM.

Los Jóvenes en Tiempos de Covid – 19: Futuro Incierto

Fuente: Reddigital

Patricia Pozos Rivera*

Sin duda, todos hemos sido afectados en nuestros ritmos y calidad de vida durante el último año, como resultado de la enfermedad COVID–19, así como de las medidas para mitigar la propagación del virus SARS– COV–2. La diferencia en la magnitud, impacto y secuelas son determinadas por diversos factores sociales, entre los principales: la clase social, el género, y la edad.
Los jóvenes (adolescentes y veinteañeros) y adultos jóvenes, quienes se encuentran en su tercera década de vida, han tenido graves afectaciones en nuestros países de América Latina y el Caribe, debido a que sus cursos de vida, propios de su edad, los colocan todavía en procesos de formación profesional, formación de su identidad, la búsqueda del primer empleo; todas ellas decisiones que determinan su trayectoria de vida marcadas por la dependencia económica y la búsqueda de la emancipación. Ya antes de la pandemia demandaban atención urgente, ahora reclaman cuidados intensivos.
Las dimensiones de las problemáticas juveniles son diversas, señalaremos algunas características de su situación en el mercado laboral y de las repercusiones sociales y en su salud mental, física y emocional.

Debemos enfatizar que la catástrofe actual de los mercados laborales, no es resultado de la actual crisis sanitaria, sino de transformaciones que promovieron los dueños del capital productivo para recuperarse de la crisis estructural de los años setenta.


La crisis en el mercado laboral no es por la COVID – 19

La emergencia sanitaria es, sin duda, el problema que debe ser atendido en primera instancia. Inmediatamente después, se debe intervenir para atender a los afectados económicos. Sus filas las están engrosando: desempleados, subempleados, sobre todo jóvenes, trabajadores por cuenta propia y trabajadores migrantes.
Debemos enfatizar que la catástrofe actual de los mercados laborales, no es resultado de la actual crisis sanitaria, sino de transformaciones que promovieron los dueños del capital productivo para recuperarse de la crisis estructural de los años setenta.
Dichas transformaciones tuvieron como resultado lo que hoy en día llamamos flexibilidad laboral.
La COVID-19 golpeó aún más los mercados laborales precarizados a nivel mundial por la contracción de las actividades económicas sin precedentes en la historia reciente. El FMI calculó una contracción de 8 puntos para América Latina y el Caribe. México, por su parte, tuvo una caída mayor, 9 puntos del PIB, derivado del cierre de las actividades catalogadas como no esenciales después de la declaratoria de emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor, publicada en el Diario Oicial de la Federación del día 30 de abril de 2020.

Latinoamérica es la segunda región, después de África, en donde se registra un mayor número de feminicidios por año.

Mercado Laboral juvenil en crisis

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, señala que en nuestra región el número de personas que buscan empleo y no lo pueden obtener alcanzó los 30.1 millones. La población que dejó de buscar empleo, porque perdió la esperanza de encontrarlo en el contexto de la pandemia fue de 23 millones de mujeres y hombres. De los nuevos desempleados 6 millones fueron hombres y mujeres jóvenes entre 15 y 24 años. (OIT, 2020, Panorama Laboral 2020. América Latina y el Caribe, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Lima, p. 8).
A nivel mundial, 267 millones de jóvenes de 15 a 24 años, 22% de dicho grupo etario, no tienen empleo ni educación o formación (OIT, 2020, Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Tendencias 2020, p. 6). La tasa de desocupación juvenil alcanzó en la región de América Latina y el Caribe un nivel nunca antes visto de 23.2%, esto quiere decir que casi 1 de cada 4 jóvenes en el mercado laboral de la región estaba sin empleo en el tercer trimestre del año pasado (OIT, 2020, Panorama Laboral 2020. América Latina y el Caribe, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Lima, pp.13). Además, dicha tasa de desocupación es tres veces la de los adultos (Gómez, María Fernanda, 2021, “Crisis laboral de la juventud y COVID–19: una cicatriz prolongada” en Factor Trabajo, BID, 14 de enero de 2021).
Su gran productividad, propia de su juventud, así como su baratura, los vuelve trabajadores atractivos en empleos caracterizados por la inestabilidad, los bajos salarios y la nula seguridad social, entre los más comunes en esta pandemia, son los de repartidores de comida, gestionados por plataformas digitales de empresas que han visto crecer sus ganancias en lo que va de la pandemia.
Otra de las características que hace de los jóvenes una fuerza laboral requerida en los mercados laborales es que son aptos para adaptarse a nuevas formas de trabajo, entre otras: freelance o gig economy, estos últimos son trabajadores “esporádicos, que tienen una duración corta y en los que el contratado se encarga de una labor específica dentro de un proyecto”, esta modalidad de empleo surge en Estados Unidos a raíz de la crisis del 2008 – 2009 (BBVA, 2018, “¿Qué es la gig economy?”, https://www.bbva.com/es).
Para el caso de México, de acuerdo al INEGI, la mitad de los desocupados se agrupa en la población de 15 a 29 años, su tasa de desocupación es del doble a la que se tiene a nivel nacional. También son muy afectados por la subocupación pues 25% de ellos son menores de 29 años.

Repercusiones sociales y de salud

El trágico panorama laboral de los jóvenes, la crisis económica y el aislamiento social en el contexto de pandemia, son el caldo de cultivo perfecto para que se generen diversas problemáticas sociales, solo por mencionar algunas: aumento de la violencia en los hogares, matrimonios forzados para niñas y adolescentes, aumento de la carga del trabajo doméstico para mujeres jóvenes y niñas, la deserción escolar, la inestabilidad familiar por la muerte de los padres. Que a su vez se combinan con otras problemáticas que ya venían de larga data como su incorporación en actividades delictivas, la falta de oportunidades para que ingresen al sistema educativo y el aumento en el consumo de alcohol y drogas.

de acuerdo al INEGI, la mitad de los desocupados se agrupa en la población de 15 a 29 años, su tasa de desocupación es del doble a la que se tiene a nivel nacional


También se ha documentado que el virus SARS–COV–2 tiene repercusiones en su salud física. Un estudio reciente del BID demuestra que, contrario a lo que se pensaba, los jóvenes también son una población que puede tener complicaciones graves e incluso morir por COVID en los países pobres, por la mayor facilidad de propagación del virus con una gran parte de la población en los mercados laborales informales (Chauvin, Juan Pablo, Annabelle Fowler y Nicolás Herrera L., 2020, The younger age profile of COVID 19 deaths in Developing countries, Inter–American Development Bank IDB, http//:www.iadb.org), porque tienen una menor posibilidad de contar con ahorro preventivo, y por ello tienen menos condiciones para poder mantenerse en aislamiento, combinado con un acceso más limitado a la atención hospitalaria.
Finalmente, también se ha deteriorado su bienestar emocional y salud mental. Los jóvenes que dejaron de trabajar y de asistir a la escuela, durante la pandemia, presentaron el doble de probabilidad de padecer ansiedad o depresión que los que siguieron en sus labores. (Gómez, María Fernanda, “Crisis laboral de la juventud y COVID–19: una cicatriz prolongada”, en Factor Trabajo, BID, 14 de enero de 2021). Doloroso el aumento de las estadísticas de suicidios en jóvenes, ya antes de la pandemia, esta era su segunda causa de muerte.

Conclusiones

Los jóvenes son, una población que requiere la intervención urgente de la política pública. Por un lado, son una fuerza de trabajo demandada en los mercados laborales porque son baratos, altamente productivos y adaptables a las nuevas formas de trabajo, pero también son los más afectados por el desempleo, y la subocupación.
La pandemia COVID–19 ha profundizado problemas previos como la flexibilidad laboral y la inestabilidad. Es muy probable que la trayectoria laboral de los jóvenes de nuestros países latinoamericanos, sea marcada a largo plazo, por su incorporación a trabajos precarios, inestables y con ingresos insuficientes: sin duda tienen el futuro incierto.

* México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesora de la Facultad de Economía de la UNAM.