CUMBRE CELAC 2021: RENOVADA APUESTA

POR LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA

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Silvina Romano* y Tamara **

México ha sido el punto de encuentro de América Latina y el Caribe en la VI Cumbre CELAC, con la asistencia de 17 mandatarios, 2 vicepresidentes, 9 cancilleres y otras autoridades de primer nivel. También estuvieron representantes de la CEPAL y el presidente del Consejo Europeo.

La CELAC, organismo creado en 2010 al calor de los logros del progresismo en la región, ha renovado fuerzas a partir de la Presidencia Pro Témpore de México. En un contexto de fuerte cuestionamiento a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y reflujo de otros mecanismos de integración, se presenta como una de las alternativas más sólidas para atender los numerosos desafíos de la región, propiciando la convergencia por encima de las diferencias. Hay grandes expectativas en el rol que pudiera asumir en el corto-mediano plazo este organismo.

Aspectos clave antes y durante la Cumbre

1.- El tema clave de este encuentro ha sido la discusión en torno al rol de la OEA en la región.

– Andrés Manuel López Obrador, ya había expresado hace unos meses la necesidad de reemplazar a la OEA por una institución que represente los intereses de todos los países del continente, que no esté organizado en torno a la hegemonía de EE. UU.

– El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, había advertido que en esta Cumbre se decidiría sobre una posible reforma de la OEA o incluso la creación de una entidad que la remplace.

– La siguiente Asamblea General de la OEA se realizará del 10 al 12 de noviembre en la Ciudad de Guatemala. En efecto, debe recordarse que el embajador de Bolivia ante la OEA, Héctor Arce, reveló la intención de aprovechar la ocasión para solicitar la remoción del Secretario General Luis Almagro, por la vinculación de la OEA con el golpe de Estado en Bolivia en 2019.

– La crítica a la OEA es importante porque el próximo año los Gobiernos latinoamericanos presentarán a EE. UU. Y Canadá –los dos miembros de la OEA que no tienen membresía en la CELAC– una propuesta formal sobre el futuro del organismo continental.

– Durante la Cumbre, Venezuela propuso construir una nueva institucionalidad de la CELAC, apuntar a conformar una Secretaria General de la CELAC. No obstante, no se ha logrado consenso respecto a reforma o reemplazo de la OEA.

2.- Se acordó la institución de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE), cuyo tratado constitutivo fue firmado en julio de 2021 y el Fondo de Respuesta Integral a Desastres para enfrentar el impacto del cambio climático.

3.- Se aprobó el plan de autosuficiencia sanitaria presentado por la CEPAL y ONU, para disminuir la dependencia de medicinas de la región. El plan tiene 7 líneas de acción, entre ellas, la plataforma regional de ensayos clínicos, consorcios para desarrollo y producción de vacunas, un mecanismo regional de compra de vacunas y flexibilidades para acceder a propiedad intelectual.

4.- También se ha manifestado:

– La necesidad de centrarse en los objetivos comunes y dejar de lado las diferencias.

La condena a la agresividad de EE. UU. contra Cuba y al bloqueo.

– La propuesta de producir lo que la región consume, aprovechar recursos humanos, naturales y estratégicos, mediante políticas redistributivas centradas en la justicia social.

– El llamado al FMI para flexibilizar condiciones de deuda y financiamiento, y a condonar y reducir deudas ante crisis económica agudizada por la pandemia de COVID-19.

– El rechazo a la intervención en asuntos políticos y económicos de los Estados, llamando a dirimir conflictos por la vía del diálogo e instando a organismos neutrales, en particular, de la ONU.

– El rechazo a medidas coercitivas unilaterales.

– El apego al Acuerdo de París y sus compromisos de reducción de emisiones para combatir el cambio climático.

– La urgente organización de proyectos y acciones conjuntas para mitigar cambio climático.

-El llamado a proyectos conjuntos para combatir crimen organizado.

-La elaboración de un plan regional para la seguridad alimentaria con la FAO.

Una CELAC reforzada

El creciente endeudamiento, sumado a la crisis provocada por la pandemia de COVID-19, ponen en alerta a la región, y se elevan las voces sobre la necesidad imperiosa de acuerdos regionales para enfrentar los desafíos.

En este complejo escenario, hemos sido testigos del reflujo y debilitamiento de varios procesos de integración regional, a la par que se fueron creando otros. En poco tiempo, se modificó en América del Norte el TLCAN, para pasar a ser TMEC, en medio de declaraciones y máxima tensión entre el Gobierno de Trump y México. El MERCOSUR viene debilitándose y perdiendo visión compartida, de la mano de la conflictividad alimentada por el Gobierno brasileño de Jair Bolsonaro (la economía más importante del bloque) y las asimetrías que arrastra el acuerdo desde su creación. La reciente decisión de Uruguay de negociar de modo unilateral con terceras partes, en particular con China, es otro de los indicios de este trayecto.

Otros organismos como la CAN y el CARICOM se han mantenido más activos, pero se ven afectados por escenarios políticos y sociales convulsionados. Acuerdos de corte más político como UNASUR han sufrido los embates de Gobiernos de derecha que crearon otras alianzas, como el Grupo de Lima, o PROSUR, a modo de “alternativas”. Lo cierto es que la UNASUR se fue debilitando hasta casi desarticularse, mientras que el Grupo de Lima y PROSUR no han encontrado motivo de actuación, más allá de su guerra contra Venezuela. Por su parte, ALBA-TCP, en un contexto económico de máximas carencias generadas por sanciones y bloqueos, ha logrado articular algunas medidas para paliar el avance de la pandemia de COVID-19.

Ante este complejo panorama, la CELAC fue relanzada con presidencia pro-témpore de México, retomando impulso tanto en el ámbito económico y político, como en lo relativo a la salud. Algunos avances concretos de la PPT mexicana:

Uno de los principales hitos ha sido la producción y envasado de vacunas con el acuerdo México-Argentina, con apoyo de la Fundación Slim, del fármaco de AstraZeneca.

La CEPAL elaboró el Plan Integral de Autosuficiencia Sanitaria a petición de la CELAC. Se trata de una ruta programática para fortalecer la producción y distribución de medicamentos, en especial vacunas, en los países de la región y reducir la dependencia externa. Los avances del plan fueron presentados por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, durante la reunión de cancilleres de la CELAC en julio.

En abril se llevó a cabo el encuentro “Desarrollo Tecnológico de vacunas CELAC contra COVID-19” que reunió por primera vez a los ocho centros de investigación que desarrollan las vacunas más avanzadas de la región, provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Cuba y México. La apuesta es reducir la dependencia de vacunas del exterior e impulsar el desarrollo de las producidas en la región.

También se concretaron dos encuentros de Especialistas CELAC para el Monitoreo del Coronavirus donde los virólogos compartieron experiencias y acciones implementadas entre los países para tratar el tema de la pandemia.

Se realizó la Reunión de Ministros de la CELAC sobre el acceso latinoamericano y caribeño a la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca contra COVID-19.

Se viene apostando por sostener los vínculos y lazos con socios extrarregionales, en particular para el Foro CELAC-China, centrado en aspectos económicos y de cooperación. El 31 de agosto se llevó a cabo el Primer Foro CELAC-China sobre Reducción de la Pobreza y Fomento del Desarrollo y el 2 de febrero el foro se centró en Tecnología Digital para el combate a la COVID-19.

En el 75ª período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2020) la CELAC apoyó a Argentina en su reclamo al Reino Unido por los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Los desafíos

En virtud del liderazgo positivo asumido por México y los avances y los logros obtenidos bajo su Presidencia Pro Témpore, se acordó que este país conserve un año más esa condición a fin de dar continuidad a los proyectos iniciados durante la emergencia sanitaria. No obstante, se requiere avanzar en el cambio del mandato.

Adquirieron visibilidad algunas discordias o enfrentamientos al interior del bloque: Paraguay vs. Venezuela, que fue replicada por el presidente Nicolás Maduro convocando al debate sobre la democracia; Nicaragua vs. Argentina, por la votación de Argentina a favor del informe que reprueba la conducta del Gobierno nicaragüense en materia de derechos humanos; Uruguay vs. Cuba, que fue replicada por el presidente Miguel Díaz Canel convocando al diálogo y marcando los aspectos estructurales atados al bloqueo contra Cuba. Estas diferencias deben ser saldadas a los fines de que la CELAC asuma un mayor liderazgo y protagonismo, e incluso pueda reemplazar o eclipsar a la OEA.

Es imperioso seguir trabajando en proyectos comunes. Profundizar sobre lo que se viene haciendo, por ejemplo, en materia de COVID-19. La exposición de la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, fue clara en ese sentido, recalcando la urgencia de trabajar en conjunto para lograr amplio acceso a vacunas y, a mediano plazo, lograr la producción de fármacos y el impulso de la medicina primaria a nivel regional, como medidas que disminuyan la vulnerabilidad y la dependencia frente a países centrales.


* Argentina, GT Estudios sobre Estados Unidos, Instituto de Estudios de América Latina y El Caribe, UBA, CONICET y CELAG.

** Brasil, GT Geopolítica, integración regional y sistema mundial, Centro estratégico latinoamericano de geopolítica y CELAG.

LA POLITICA EXTERIOR DE LA ADMINISTRACIÓN BIDEN

Arturo Guillén*

Fuente: Alainet

La actual administración estadounidense, encabezada por el demócrata Joe Biden, ha efectuado cambios importantes en materia de política interna y de política económica que podrían ser calificados como progresistas (Arturo Guillén. “La recuperación de la economía estadounidense y la política económica de Joe Biden. Nuestra América XXI: Desafíos y alternativas, núm. 57, julio 2021). Sin embargo, no sucede lo mismo en materia de política exterior. En este terreno no sólo se mantiene la política imperialista en los términos definidos por sus antecesores, sino que se recrudecen las represalias y las sanciones en contra de las naciones definidas como enemigos: China, Rusia, Irán, Siria, Corea del Norte, Cuba, Venezuela y en general los países que defienden su soberanía política y mantienen políticas diferentes a las enarboladas por las potencias occidentales.

La dominación global estadounidense siempre ha requerido de la existencia de enemigos externos, reales o inventados. En el periodo de la “Guerra Fría” y de la partición del mundo en dos bloques, el enemigo era el comunismo, y en su nombre se erigió una formidable economía de guerra que mantiene al mundo en el borde del holocausto nuclear. Con el derrumbe de la Unión Soviética en 1991 y, sobre todo, a partir del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, el enemigo fue el terrorismo, etiqueta que engloba tanto a los grupos terroristas islámicos, como los cárteles internacionales de la droga o los Estados nacionales definidos como “fallidos”.

Desde hace medio siglo, Estados Unidos ha experimentado un proceso oscilante, pero innegable hacia la declinación de su hegemonía mundial y hacia la emergencia de un orden internacional multipolar. Este proceso se profundizó con la crisis global que comienza en 2007, y continúa hoy en el marco de la llamada “crisis del COVID”. China se ha convertido en el epicentro de la economía mundial, pues ostenta el liderazgo en materia económica y comercial y compite con éxito en innovación científica y tecnológica.

Es común en los medios occidentales presentar a China como la segunda potencia mundial, detrás de Estados Unidos. En realidad, si se compara a ambas potencias mediante el PIB total en términos de PPP (paridad de compra de las monedas), es decir, descontando los efectos distorsionadores de los tipos de cambio, China rebasó a Estados Unidos desde 2013. En 2020, el PIB conjunto de China y China Hong-Kong representaba el 18.7% del PIB mundial, mientas que Estados Unidos alcanzaba el 15.1% (véase gráfica 1). La brecha tiende a ampliarse en favor de la potencia asiática, en virtud de que controló mejor la pandemia del Covid y su economía se está recuperando a mayor velocidad que la estadounidense (véase cuadro 1).

Cuadro 1. Crecimiento del PIB (% interanual )
AñoChinaEUJapónZona Euro
2020- I-6.8-5-2.2-3.7
2020-II3.2-31.4-28.1-11.7
2020-III4.933.422.912.4
2020-IV6.5412.7-0.6
2021-I18.36.4-3.9-0.3
2021-II7.96.5N/D2
Fuente(s): National Bureau of Statistics of China, Hong Kong Census and Statistics Department, BEA y Eurostat.  

Fuente: Elaboración propia con datos de World Economic Outlook database, IMF.

* Incluye Hong Kong

China es, con mucho, el principal centro acreedor del mundo. En 2020 registró un superávit comercial de 535 mmd, lo que representa el 3.6% de su PIB. China se ha convertido en el principal exportador de capital en forma de inversión extranjera directa (IED). Según datos de la UNCTAD, en 2020, y aún en el marco contraccionista de la crisis, los flujos de salida de IED de China superaron a los de Estados Unidos y a los de cualquier otra potencia capitalista. Estos alcanzaron 133 miles de millones de dólares (mmd), por encima de los 116 mmd registrados por Japón y de los 93 mmd registrados por Estados Unidos. Si se incluyen los flujos de salida de IED de Hong Kong-China, las exportaciones de capital chinas se elevan a 235 mmd, más dos veces y media los flujos estadounidenses.

La amenazada hegemonía financiera estadounidense se mantiene por la dominación que todavía ejerce sobre los mercados financieros, lo que le permite seguir al comando de la emisión y circulación de capital ficticio, la cual garantiza al capital monopolista-financiero la apropiación de abultadas rentas monopólicas, a la vez que permite la  preservación de la centralidad de un dólar debilitado en el sistema financiero internacional. EUA conserva además la supremacía militar, aunque las distancias con sus rivales chino y ruso se han acortado. Por añadidura, las llamadas “guerras perpetuas” han desembocado en fracasos rotundos. La desordenada retirada del ejército estadounidense en Afganistán después de 20 años de intervención hacen recordar la huida de Saigón al triunfar la revolución de Vietnam, y prefiguran el probable destino de su presencia en el Medio Oriente.

La emergencia de China como principal centro económico del mundo ha motivado que Estados Unidos la considere la mayor amenaza a su hegemonía global y la coloque como el enemigo principal, en el marco de su política exterior y de su política comercial. Esta posición antichina es la dominante en la política exterior estadounidense desde la administración de B. Obama y se recrudeció durante el gobierno de D. Trump, quien bajo la divisa de “America First”, aplicó severas represalias comerciales, las cuales siguen vigentes.

J. Biden ofreció en su campaña electoral revisar su política exterior. Entre sus principales objetivos está el regresar al multilateralismo. Por ello decidió fortalecer sus alianzas con las potencias occidentales de la OTAN, regresar al Acuerdo de París y a la Organización Mundial de la salud (OMS) y reintegrarse al acuerdo nuclear con Irán. Sin embargo, se trata de un multelateralismo tramposo, que no significa la búsqueda de un orden multipolar democrático,  sino de la realineación con sus aliados históricos occidentales para confrontar y aislar a China, Rusia y a los países que EUA considere antidemocráticos porque no “cumplen” con los estándares estadounidenses (Saxe Fernández, John, “Grave ofensiva imperial”. La Jornada, 29 de julio de 2021).

En relación con China, el gobierno de  Biden sostiene la línea agresiva de Trump, enfocando su ofensiva en una supuesta defensa de la democracia y la libertad que hipócritamente EUA dice representar y encabezar. En la agenda de política comercial 20201 emitida por la Casa Blanca se señala que:

“La Administración Biden reconoce que las prácticas comerciales coercitivas e injustas de China dañan a los trabajadores estadounidenses, amenazan nuestra ventaja tecnológica, debilitan la capacidad de recuperación de nuestra cadena de suministro y socavan nuestros intereses nacionales. Abordar el desafío de China requerirá una estrategia integral y un enfoque más sistemático que el enfoque fragmentado del pasado reciente […] La Administración de Biden se compromete a utilizar todas las herramientas disponibles para enfrentar la gama de prácticas comerciales desleales de China que continúan perjudicando a los trabajadores y empresas estadounidenses […] También hará que una de las principales prioridades sea abordar los abusos generalizados de los derechos humanos del programa de trabajo forzoso del gobierno chino, el cual tiene como objetivo a los uigures y otras minorías étnicas y religiosas” (White House, 2021. Trade Policy Agend).

Esta posición ha sido refrendada por el Departamento de Estado, quien considera que China quiere presumiblemente cuestionar el “orden internacional abierto” que supuestamente rige en en la actualidad.

“[…] El desafío que plantea China- afirma- es diferente. China es el único país con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para desafiar seriamente el sistema internacional estable y abierto: todas las reglas, valores y relaciones que hacen que el mundo funcione de la manera que queremos, porque en última instancia sirve los intereses y refleja los valores del pueblo estadounidense”. Y advierte que:

“Nuestra relación con China será competitiva cuando deba ser, colaborativa cuando se pueda y contradictoria cuando deba ser. El denominador común es la necesidad de involucrar a China desde una posición de fuerza ” (https://www.state.gov/a-foreign-policy-for-the-american-people/)”.

La creciente rivalidad entre China y Estados Unidos no sólo es comercial o tecnológica, sino que tiene un fuerte contenido geopolítico y trastoca las alianzas entre las potencias, así como la alineación de los países periféricos con esos bloques.

Como se dijo arriba, el regreso de Estados Unidos al multeralismo con Biden, lejos de impulsar la creación de un sistema internacional multipolar basado en reglas uniformes y consensuadas, conduce a la fragmentación y a la división del mundo en dos bloques confrontados. Por un lado las potencias occidentales y sus aliados, bajo la dudosa bandera de representar “la libertad y la democracia” y, por otro lado, Rusia y China junto a los países juzgados desde Occidente como autoritarios o dictatoriales. ¡El choque de las civilizaciones prefigurado por S. Huttington! En un documento elaborado por la Casa Blanca intitulado Proclamación en la semana de las naciones cautivas(https:www.whitehouse.gob/briefing-room/presidential-actions/2021/07/16), Estados Unidos se autoproclama como la democracia “más fuerte y duradera del mundo”, por lo que se abroga “la responsabilidad de liderar en casa y en el extranjero, no sólo con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder del ejemplo”.

En suma, la politica exterior estadunidense impulsada por Biden es tan agresiva e imperial como la practicada por sus predecesores. Si bien ha abandonado la política unilateral seguida por Trump y ha retornado  a algunos organismos e iniciativas multilaterales, su slogan de que “América está de regreso” (America is back) significa, como ya se dijo, un multilateralismo excluyente y agresivo, orientado a preservar su hegemonía, mediante el acoso a China, Rusia y aliados. China continúa siendo considerado el “enemigo principal” y las confrontaciones con el gigante oriental no solamente siguen vivas, sino que se han agudizado más que en la era de Trump, como reconoce el diario The New York Times (https://www.nytimes.com/2021/07/20/world/asia/china-biden.htm). Las represalias comerciales no se han eliminado sino que se han recrudecido y los peligros de roces militares en el Mar de China se acrecientan. Estados Unidos ha fortalecido sus lazos con sus aliados asiáticos de Japón, Corea del Sur e India para trazar una política común de aislamiento de China, a la vez que fortalece militarmente a Taiwán y se entromete en los asuntos internos de China al apoyar abiertamente al movimiento opositor de Hong-Kong.


* México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesor-investigador de la UAM-X.

El Desempleo a Nivel Mundial

Lucas Castiglioni*

La OIT alerta sobre aumento del desempleo mundial en 2020 | Economía |  Portafolio
Fuente: Portafolio

En el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2021” se muestra el impacto de la Crisis del Coronavirus en el mundo del trabajo. En el marco de la pandemia, las trabajadoras y los trabajadores han sufrido
despidos, suspensiones, caída de los salarios y destrucción de puestos de trabajo. Según la OIT, el desempleo a nivel mundial alcanzó a 220 millones de personas durante el primer año de la pandemia y estiman que los niveles de desempleo seguirán siendo altos en 2021 y 2022: 220 millones y 205 millones personas desempleadas, respectivamente. Asimismo, entre los efectos de la pandemia la OIT proyecta un aumento de la precarización laboral, especialmente en los países latinoamericanos.
Como marcábamos en el número 42 del presente boletín, el incremento del desempleo durante la pandemia (33 millones de personas) resultó aún mayor que el ocurrido después de la crisis global iniciada en 2008 (22,2 millones).

*Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, FISyP.

Pandemia, Crisis Capitalista y Nuestra América

Gabriela Roffinelli* y Anibal García
Fernández**

América Latina y los efectos del “capitalismo colonial” | Izquierda Web  Costa Rica

La variante Delta de la COVID-19, cobra fuerza entre otras variantes y según la OMS, está presente en al menos 70 países del mundo. Según Soumya Swaminathan, “se está volviendo más prominente y dominante en algunas partes”. A mediados de junio, en África los contagios aumentaron un 52% y las muertes 32% en una semana. En Estados Unidos, la variante Delta, combinada con una baja vacunación, provocó en una semana un alza del 70% en contagios, respecto a la primera semana de julio, y un 26% de incremento en muertes. En Rusia, la misma variante, provocó en un día 107 decesos en San Petersburgo, algo no visto desde el inicio de la pandemia. A nivel nacional, Rusia registró un pico de 619 fallecimientos en 24 horas. Situación similar viven países como Túnez, Zambia, Uganda, Namibia y Sudáfrica que concentran poco más del 70% de los casos en África a mediados de junio. Sudáfrica es muestra del escaso acceso a vacunas, pues apenas ha vacunado al 0.79% de su población, sin acceso a suministros médicos, escasez de concentradores de oxígeno y sistemas de salud reducidos.
Sin embargo, la variante por sí sola no explica el incremento, también está asociada a condiciones sociales, a la reticencia de cierta parte de la población a vacunarse, a una concentración de las vacunas, al hacinamiento de poblaciones enteras, falta de condiciones salubres, y desde luego, los reducidos sistemas de salud en varios países.

Disparidad en el avance de la vacuna

Ante el avance de la pandemia y de la variante Delta, que pone a prueba la efectividad de las distintas vacunas, el sistema COVAX, al cual se adhirieron países de América Latina y África sigue siendo insuficiente. Según Ann Danaiya en un artículo de la revista The Lancet, COVAX terminó dependiendo de “la voluntad de los países ricos” y ha enviado sólo un tercio de las vacunas que predijo entregaría a mediados de 2021, lo que mantiene la concentración de las vacunas en pocos países (https://cutt.ly/UQoP3Tg). Y sólo 2 de 69 países de ingresos bajos y medianos bajos, alcanzaron a vacunar al 20% de su población.
Como se ha informado en anteriores entregas, diez países siguen concentrando más del 74% de las vacunas (ver Cuadro 1). Mientras que Europa concentra (inequitativamente al interior) el 15% de las vacunas puestas en el mundo y el 29% de muertes por COVID-19, Sudamérica y África apenas tienen el 6.4% y 1.6% de dosis, respectivamente.

COVAX terminó dependiendo de “la voluntad de los países ricos” y ha enviado sólo un tercio de las vacunas que predijo entregaría a mediados de 2021


Y, por si fuera poco, las condiciones sociales de reproducción de la vida se agravan en un capitalismo en crisis. En un minuto, los países de renta alta, suministran en promedio 60 vacunas. En el mismo tiempo, once personas están muriendo de hambre y malnutrición en el mundo. Este ritmo, supera incluso la tasa de mortalidad de COVID-19, que según OXFAM, es de siete personas por minuto. (https://cutt.ly/hQoRWIC)

Crisis del capitalismo y Nuestra América

Ante la pandemia de la COVID-19 el orden capitalista no tiene respuestas que estén a la altura de la catástrofe humanitaria. La lógica de la valorización y de la rentabilidad solo busca hacer buenos negocios con las vacunas e insumos médicos. Paradójicamente, parece que debemos demostrar(nos) que constituye una aberración que la salud humana se convierta en un negocio de las grandes corporaciones globales.
Los pueblos necesitan que los recursos públicos (que mayormente a través de los mecanismos de endeudamiento van a parar a manos de las corporaciones financieras globales) se vuelquen al desarrollo de las investigaciones médicas, así como, que el acceso a la atención de la salud se convierta en un derecho humano universal, no solo para terminar con la pandemia de la COVID-19, sino para erradicar múltiples enfermedades que hoy azotan a las poblaciones empobrecidas. Por ejemplo, múltiples enfermedades infecciosas –en su mayoría transmitidas o producidas por parásitos, bacterias o virus– no reciben recursos para desarrollar investigaciones y medicamentos porque afectan a poblaciones pobres que viven en condiciones precarias, sin acceso a agua, a saneamiento, en barrios marginales de las grandes ciudades de los países dependientes.
Avanzadas dos décadas del SXXI, el paludismo produce el 40% de los fallecimientos perinatales y el 25% de las muertes maternas en Angola o el Chagas causa la muerte en promedio de 14.000 personas al año y tiene presencia en 21 países de América Latina, simplemente porque estas enfermedades constituyen un mal negocio para las corporaciones farmacéuticas.
Por otro lado, la pandemia del coronavirus no es un factor exógeno, sino que es consecuencia de la lógica de valorización que convirtió a las fuerzas productivas en fuerzas destructivas de la naturaleza y que avanza sobre las conquistas sociales históricas, como el acceso a la salud pública, gratuita y de calidad. Valorización que se realiza con prácticas productivas contaminantes que llevan a la destrucción del medio ambiente y ponen en peligro la propia vida humana en el planeta.
La economía mundial capitalistas atraviesa una crisis estructural que recae sobre las espaldas de las grandes mayorías laboriosas mundiales. Dado que no se trata de una mera crisis coyuntural o cíclica, sino de una crisis estructural de las relaciones sociales capitalistas, que no logran superar el largo período recesivo y retomar un nuevo periodo expansivo con altas tasas de rentabilidad. La gran crisis de la economía capitalista global abierta en 2007/2008, que se vincula con la crisis de los 70 del siglo pasado, no había terminado y estaba cerca de un nuevo estallido antes de la llegada de la COVID-19. La crisis económica en curso es una verdadera crisis civilizatoria del orden social del capital.
La agudización de la crisis solo hace prever escenarios pos pandémicos de transformaciones productivas que implican una mayor explotación de las clases asalariadas y campesinas, expoliación de los bienes comunes, restricciones de derechos sociales y democráticos de los pueblos y el reforzamiento de los aparatos represivos en los países. Las fuerzas sociales aliadas del imperialismo, las denominadas nuevas derechas y los neofascismos son las expresiones de este avance en Nuestra América.

la pandemia del coronavirus no es un factor exógeno, sino que es consecuencia de la lógica de valorización que convirtió a las fuerzas productivas en fuerzas destructivas de la naturaleza


En plena pandemia de COVID-19, se reunieron en Miami algunos presidentes, expresidentes y funcionarios de gobiernos de derecha latinoamericanos en pos de mostrarse unidos y con una estrategia contra la revolución cubana y los gobiernos y movimientos progresistas de la región. El encuentro fue convocado por el Instituto Interamericano para la Democracia (IID), cuyo director, Carlos Sánchez Berzaín, que está condenado por masacres en Bolivia a principios del siglo, manifestó: “En el siglo XXI en vez de tener democracias hemos llegado a tener hasta 5 dictaduras Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador de Correa y gobierno para dictatoriales en Argentina y México”. (https://cutt.ly/ZQhvJlz)
Más allá de las intenciones del poder imperialista, la movilización social en Nuestra América persiste frente a los ajustes y autoritarismos, como en Colombia, Chile, Haití y otros países. La pregunta es si podrá organizar una fuerza social popular que impulse un proyecto alternativo, igualitario, solidario, internacionalista. Y que sobre las bases de una democracia amplia que organice sociedades que no se constituyan sobre los intereses de la propiedad privada y el capital, sino en la defensa de la vida humana y del planeta en la perspectiva de iniciar así una transición socialista.

* Argentina, co-coordinadora del GT Crisis y Economía Mundial. Investigadora de la Fundación de Investigaciones Sociales y Politicas (FISyP) y miembro de SEPLA
** México, GT crisis y Economía Mundial y Antimperialismo: Perspectivas Transnacionales en el Sur Global. Estudiante del Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM.

Arremetida Imperial Contra El Gran Caribe

Pasqualina Curcio Curcio*

América Latina. Guerra contra el imperialismo y el coronavirus – ANRed
Fuente: ANRed

Después de 62 años de bloqueo criminal, en flagrante violación del principio de no injerencia y del derecho internacional, y a pesar del clamor de 186 países que anualmente votan a favor de levantar las mal llamadas sanciones, el gobierno de los EE.UU. en plena pandemia, arremete contra el pueblo cubano.

En el marco de una guerra no convencional, el imperialismo norteamericano ha promovido un conjunto de acciones que buscan generar desestabilización económica, social y política en la Isla


En el marco de una guerra no convencional, el imperialismo norteamericano ha promovido un conjunto de acciones que buscan generar desestabilización económica, social y política en la Isla para luego, con el poder de sus medios hegemónicos de comunicación posicionar la matriz de opinión responsabilizando al gobierno cubano y justificar ante el mundo un corredor humanitario que no es otra cosa que el eufemismo de la intervención militar. Entre 2020 y 2021 han aplicado 243 nuevas medidas coercitivas unilaterales que han derivado en escasez de alimentos y medicamentos, además de la suspensión de las remesas a familiares. Adicionalmente han promovido y financiado manifestaciones violentas en las calles que, aunque están focalizadas en 12 lugares, muestran a través de los medios como un estallido social.
A estas acciones se le suman los ataques informáticos y la manipulación de la información con calumnias y mentiras. Sin ninguna evidencia ni pruebas, los medios de comunicación hegemónicos han afirmado de la supuesta represión de los cuerpos de seguridad para controlar el orden en la Isla, hablan de desaparecidos, fallecidos y torturados. Informaciones que han sido debidamente desmentidas por los voceros de la revolución cubana, entre ellos su canciller.
Mientras tanto, a diferencia de lo que muestran los medios hegemónicos de comunicación, las calles de Cuba se encuentran en total normalidad mientras el pueblo junto con su gobierno combaten la pandemia de manera exitosa, registrando las tasas más bajas de contagio y de mortalidad a la vez que desarrollan vacunas contra la covid-19 para el mundo entero.
Paralelamente, en Venezuela, país también bloqueado y asediado en el marco de una guerra no convencional que el imperialismo inició en 1999 y que intensificó luego de la partida física del Comandante Chávez, se registró una nueva arremetida a través del intento de una incursión militar en la frontera con Colombia por parte de grupos paramilitares y terroristas (http://diariovea.com.ve/padrino-lopez), así como acciones violentas también a cargo de paramilitares en una zona de la capital (http://www.minci.gob.ve/más-de-20 paramilitares colombianos). Acompañaron estas acciones con un intento de magnicidio denunciado por el propio presidente Nicolás Maduro (https://www.vtv.gob.ve, 11-07-2021).
Hechos que se han ido desarrollando en el Gran Caribe mientras se perpetraba el asesinato del presidente Jovenel Moïse de Haití a manos de mercenarios colombianos (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57759824). Por su parte, y siguiendo en el Caribe, EE.UU. anunció nuevas medidas coercitivas unilaterales contra Nicaragua (https://www.telesurtv.net/2021221-0019.html).

El contexto

Esta arremetida se da en un contexto en el que el imperialismo estadounidense pierde cada vez más espacio y poder en la geopolítica mundial, tanto en los ámbitos económico, militar, energético y tecnológico, situación que ha sido visibilizada pero también amplificada por la pandemia. Es pública y notoria la incapacidad del gobierno de EE.UU. para contener la propagación de la Covid-19 en su territorio, así como, la pobreza, la indigencia y la miseria consecuencia de un sistema que ha fracasado para dar respuesta a las mayorías.
Las protestas contra el racismo, pero además la fuerte represión por parte de los cuerpos de seguridad muestra la flagrante violación de los derechos humanos en ese país. En un escenario en el que presenta la mayor deuda externa del planeta con reservas internacionales que apenas cubren el 2% de sus pasivos, esto por mencionar algunos indicadores. En contraste, países como por ejemplo China, registraron un crecimiento de su economía en 2020 y su deuda externa puede ser cubierta con sus cuantiosas reservas internacionales.
La decadencia, cada vez más inminente y notoria del imperio estadounidense se manifiesta en su desespero, que además de hacerlo cada vez más peligroso, lo ha llevado no solo a declarar la guerra comercial a China y bloquear además países como Rusia, sino a intensificar, en el marco de la Doctrina Monroe de “América para los americanos”, sus acciones contra los países de Nuestra América, en este caso, Nicaragua, Cuba y Venezuela.

Es pública y notoria la incapacidad del gobierno de EE.UU. para contener la propagación de la Covid-19 en su territorio, así como, la pobreza, la indigencia y la miseria consecuencia de un sistema que ha fracasado para dar respuesta a las mayorías.

Los objeticos y estrategias del imperialismo

No es casual esta arremetida contra el Gran Caribe, forma parte de los objetivos y estrategias anunciados por el jefe del Comando Sur Craig Faller en marzo 2021 quien afirmó ante los senadores de su país lo siguiente:
“Las amenazas al hemisferio occidental son persistentes, son reales y representan un riesgo extraordinario para nuestro país […]. Estas amenazas incluyen a potencias emergentes (ESA) como la República Popular China, Rusia e Irán que activamente buscan aprovechar las democracias incipientes y frágiles en esta región y buscan explotar los recursos de la región y la proximidad a los Estados Unidos, y Organizaciones Terroristas y de Delincuencia Organizada (TCO) que ejecutan todas las formas de actividades ilícitas para obtener ganancias a expensas del estado de derecho y, lo que es más importante, de las vidas de todos los que han sido afectados en el camino” (https://www.armed-services.senate.gob/Faller_03-16-21).
Al respecto y refiriéndose a las amenazas en el hemisferio continuó diciendo Faller “Unos actores regionales malignos dentro de nuestro vecindario, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, perpetúan la corrupción y desafían la libertad y la democracia al abrir la puerta a las ESA y TCO a expensas de su propio pueblo. Las TCO son una amenaza directa para la patria estadounidense. No podemos enfrentarnos a tan desalentador desafío por nuestra cuenta. La única forma de contrarrestar estas amenazas es fortalecer a nuestros socios en la región, y debemos formar NUESTRO equipo para ganar esta competencia estratégica. Si nuestros vecinos son más fuertes, todos somos más fuertes.” (Idem.).
El gobierno de EE.UU. teme al avance de China en nuestra región, particularmente en lo que a lo económico se refiere, así como la presencia de Rusia que, según Faller, señaló en el mismo documento, está proyectando su poder militar en la Región con el apoyo de Venezuela y Nicaragua.
En este escenario, las estrategias de EE.UU., entre otras, según informó Faller se basan en “desarrollar la preparación y mejorar nuestras capacidades, la interoperabilidad y el conocimiento del dominio de los socios. Este es un componente vital de nuestra estrategia, lo que nos permite realizar ejercicios multidominio con nuestros socios y construir interoperabilidad y preparación que mejoran nuestra capacidad colectiva para proteger la región. Estar en el campo, con presencia en Cooperative Security Locations en El Salvador, Colombia y Curazao, y un sitio de operaciones de avanzada en Honduras, sede de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo (JTF-Bravo)”.
En resumen, el decadente imperialismo estadounidense se siente amenazado por la presencia de potencias como China, Rusia e Irán en la Región, en lo que siempre consideró su patio trasero y “su territorio”. Derrocar gobiernos y procesos que son malos ejemplos como Cuba, Nicaragua y Venezuela constituye el objetivo central del gobierno de los EE.UU. en estos momentos. No es casual la arremetida imperial contra el Gran Caribe, ante lo cual, los pueblos de Nuestra América debemos estar más alerta que nunca y sobre todo más unidos.

*Venezuela, GT Crisis y Economía Mundial y GT Estudios Sociales para la Salud., economista, profesora de la Universidad Simón Bolívar.

¿Viejos O Nuevos Rumbos Para La Economía Mundial Actual?

Julio C. Gambina*

Crisis económica por el coronavirus: los 30 países cuyas economías crecerán  este año a pesar de la pandemia (y cuál es el único de Sudamérica) - BBC  News Mundo
Fuente: BBC

El 2021 aparece como un año de rebote de la economía mundial, pero con notables diferencias entre los distintos países. Pueden leerse diferentes informes, del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE, entre otros, y se confirma la preocupación por la variabilidad de situaciones, incluso al interior de categorías usuales como países avanzados, emergentes, o atrasados. Al interior de cada una de esas categorías existen pronósticos diversos, siempre con crecimiento de la desigualdad, augurando inestabilidad e incertidumbre en el mediano y largo plazo, atravesada por desconformidades sociopolíticas y potencialidad de conflictividad social, habilitando un debate sobre rumbos potenciales del orden global, sea en defensa y relanzamiento del capitalismo, como en contra y más allá del régimen del capital.

China y EEUU aparecen a la cabeza de la recuperación económica pero matizada respecto del orden interno en materia de ingresos, empleo y seguridad social.


China y EEUU aparecen a la cabeza de la recuperación económica pero matizada respecto del orden interno en materia de ingresos, empleo y seguridad social. Para el caso de China, que esquivó datos negativos de su PBI en 2020, de hecho, uno de los pocos que creció, aunque lejos de sus promedios por décadas, constituyó la novedad del pasado año y avanza en la disputa por la hegemonía del orden global. El gigante asiático por vía de la planificación de largo aliento (2020-2035 y hacia el centenario del 2049) se orienta al logro de objetivos sociales y económicos para eliminar la pobreza extrema y disputar la productividad sobre la base de desarrollos científicos y tecnológicos en temas de punta como las comunicaciones o la robótica, la inteligencia artificial y el internet de las cosas. En el caso de EEUU, el rebote aparece en un marco de preocupante suba de precios, duplicando (por ahora) las metas del 2% anual establecida por la Reserva Federal para las últimas décadas, desde la estanflación del 1979/80, y una lenta recuperación del empleo, estacionada en el corto plazo en el doble del desempleo previo a la emergencia sanitaria del COVID19. China en ascenso y EEUU en retroceso global preocupan más allá de lo económico e impacta en las preocupaciones civilizatorias de la afectación del medio ambiente y una tendencia al aumento del gasto militar y la guerra.
Pero China no es Asia en su conjunto, ni EEUU resume las tendencias del capitalismo hegemónico, ya que la perspectiva de Europa y Japón aparecen con importantes restricciones para la recuperación, con evidente pérdida en la productividad y especialmente en la rentabilidad de las inversiones, esencia del orden capitalista. La disputa entre los grandes de la economía mundial se traslada a los ámbitos de coordinación global, con EEUU intentando recomponer su papel rector desde el G7, en contradicción relativa con la disputa de China en el G20, una creación desde Washington en plena crisis del 2008. Aquella ampliación del poder global, que reconocía los límites de acción de la coordinación mundial imperialista para la gestión capitalista global, hace manifiesto hoy las contradicciones y cuotas de decisión en disputa para la reestructuración del orden mundial. Hay límites al orden emergente en 1944/5 y por eso la guerra comercial y monetaria es expresión manifiesta de la disputa por la hegemonía.
Ni hablar de Asía, África y América Latina y el Caribe, muy lejos del rebote global, con un impacto acrecido de la emergencia sanitaria, económica y social, un tema con especial tratamiento en la asamblea anual (virtual) de la OIT. Allí se reconoció como dato de época el crecimiento de la informalidad en el empleo, abarcando al 60,1% del empleo mundial, unos 2.000 millones de trabajadoras y trabajadores, con especial incidencia en jóvenes y mujeres, confirmando la hegemonía patriarcal del sistema mundial del capitalismo. La nueva “normalidad” del capitalismo aparece como mayor flexibilidad de las relaciones laborales, una mayor intervención estatal vía emisión monetaria y de deuda pública para el salvataje del régimen del capital, junto a aceitados mecanismos de circulación internacional de capitales; todo para sostener los intereses del capital transnacional en la coyuntura de crisis de productividad y rentabilidad.
Resulta muy preocupante la situación en el territorio asiático, africano y latinoamericano y caribeño. En Latinoamérica y el Caribe, con el 8% de la población mundial, se acumulan un tercio de los contagios y fallecidos por la pandemia COVID19, agravando la situación económico y social, con creciente desempleo, empobrecimiento de la población y escasas perspectivas en materia de inversiones, salvo para la profundización de la explotación de la fuerza de trabajo y del saqueo de sus bienes comunes.

Rumbos en discusión

En ese marco global se discuten las propuestas de políticas que superen la emergencia, concentradas en la profundización de la liberalización, para lo que se demandan reformas estructurales, especialmente reaccionarias reformas laborales y previsionales. Estas reformas afectan derechos históricamente conquistados con la lucha de millones de trabajadoras y trabajadores en todo el planeta, todo para restablecer la cuota de ganancia y la acumulación capitalista. Matizando ese posicionamiento se sugieren nuevas variantes de “acuerdos sociopolíticos” al estilo del New Deal de los años treinta del Siglo XX. En ese sentido se lanzó desde EEUU y en crítica a la gestión Trump el New Green Deal, idealizado desde ciertos sectores políticos para instrumentar en la gestión Biden y en otros territorios del sistema mundial. Se trata de una imaginación asociada a la disposición de la gestión Biden a una fortísima intervención estatal para sostener la recuperación económica estadounidense, en simultáneo a iniciativas políticas globales de recomposición de relaciones internacionales con históricos aliados globales de EEUU para la confrontación con China y sus socios en el orden mundial: Rusia, Irán, Venezuela o Cuba.

La nueva “normalidad” del capitalismo aparece como mayor flexibilidad de las relaciones laborales, una mayor intervención estatal vía emisión monetaria y de deuda pública para el salvataje del régimen del capital, junto a aceitados mecanismos de circulación internacional de capitales


Este debate puede descubrirse en las cumbres globales, con EEUU pretendiendo renovar el papel del G7 y China intentando limitar ese accionar desde el G20, y cada uno alentando asociaciones internacionales con pretensiones de intervenir en nuevas normalidades del orden global. No solo es un tema que se juega en las relaciones internacionales entre países, o en los organismos internacionales, sino que también el debate atraviesa usinas ideológicas, tal como ocurre desde el Vaticano y una prédica crítica a la exacerbación de la lógica capitalista de la ganancia. Vinculado a esas posiciones son importante las intervenciones de intelectuales (Stiglitz, Krugman, entre otros) que sostienen posiciones críticas a la liberalización absoluta y demandan retomar rumbos similares a los gestados en tiempo de ascenso del Estado benefactor, entre los 30 y los 80 del Siglo XX, claro, ya sin la bipolaridad que consolidó el fin de la segunda guerra mundial. Es un imaginario que sustentan organizaciones sociales y políticas en el ámbito mundial, bajo el supuesto de la reforma del orden capitalista.
Desde otro ángulo crece el debate en torno a las alternativas al orden global, en contra y más allá del capitalismo. En ese marco existe un debate sobre la posibilidad del socialismo, asumido proyecto en algunos países y discutido desde diferentes ámbitos sociales, políticos e intelectuales. Pero existe también una práctica social de organización alternativa de la economía recuperando tradiciones históricas asociadas al orden de lo comunitario, del cooperativismo, el mutualismo o la autogestión, en algunos casos con pretensión de política pública hegemónica. Esto último supone la discusión sobre la potencia de la participación estatal en la transición desde el capitalismo a una nueva sociedad, por caso, el socialismo.
El propio socialismo genera un enorme debate, pero en el mientras tanto, nuevas experiencias sociales y desde el poder político se ensayan. Entre ellas aparecen nuevas categorías a ser consideradas en la perspectiva de transformación social, entre las que destacan concepciones de lucha y organización por la des-mercantilización de la vida cotidiana, algo que en los 60 del Siglo XX sustentó el Che Guevara para organizar el orden económico en contra y más allá de la ley del valor.
La marginación social de millones de personas convoca a variadas experiencias de subsistencia cotidiana por fuera del mercado capitalista, aun parcialmente, de donde surgen propuestas a ser consideradas y relativamente asumidas en proceso de cambio, como la lucha por la soberanía alimentaria, energética o financiera. Aun parcialmente estas categorías fueron inspiración de propuestas oficiales en los procesos de cambio político en las primeras décadas del Siglo XXI por países latinoamericanos y caribeños, caso del ALBA-TCP (https://www.albatcp.org/) o la CELAC (http://celacinternational.org/celac-4/).
Las novedades de la movilización popular en la demanda de cambios en Colombia, Chile o Haití, las más visibles, son expresión de una subjetividad popular que demanda la construcción de horizontes civilizatorios de ruptura con el orden capitalista.

* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Doctor en Ciencias Sociales de la UBA, Profesor Titular de Economía Política U.N. de Rosario, miembro de la Junta Directiva de SEPLA.

El mito del crecimiento económico

Freddy Gómez y Camila Andrea Galindo*

Las proyecciones internacionales de los indicadores económicos perfilan una recuperación económica para el año 2021. Según la CEPAL, América Latina crecerá alrededor de 3,7%; el FMI y el BM, proyectan un incremento de 4,6% y 5,2%, respectivamente. Estas estimaciones se sustentan, en parte, en las políticas de emisión cuantitativa en las metrópolis, las cuales han generado un aumento de los precios de las materias primas y con ello, otro de las variables económicas en los países periféricos. Este crecimiento no ha beneficiado al conjunto de la sociedad, por el contrario, ha ahondado la profunda desigualdad, explotación, opresión y despojo en las que nos ha sumido este régimen de acumulación financiarizado.
Este nuevo ciclo expansivo determinado por las elevadas tasas de emisión de moneda mantiene y profundiza relaciones especulativas en la sociedad generando procesos altamente represivos y autoritarios que salvaguardan las dinámicas de extracción de recursos y transferencia de valor desde las periferias hacia las metrópolis.

* Colombia, docente investigador universitario y abogada y magister en Derecho Administrativo, respectivamente.

La ocupación colonial de Palestina

La solución final sin fin*

Boaventura de Sousa Santos*

Las cifras de la ocupación israelí en Palestina
Fuente:Palestina Libre

Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podrá ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creación de Israel, un sufrimiento aún más injusto por ser impuesto para expiar los crímenes de los europeos.
Un alto el fuego más, después de tantos otros, en la ocupación colonial de Palestina por Israel; otra estadística de muertes para los archivos del olvido; otra oportunidad para pacificar la conciencia de la comunidad internacional, especialmente estadounidense y europea; otro período de banalización de la humillación diaria de quienes, por motivos laborales, cruzan los puestos de control israelíes; otro proceso de intensificación de las provocaciones hasta los próximos bombardeos; otro momento de limpieza étnica por parte de una potencia colonial y violenta.
La historia es conocida. Las atrocidades cometidas contra los judíos por el régimen nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial colocaron a Occidente ante el deber moral de atender la reivindicación sionista de la creación de un Estado judío. Fue en este contexto que, poco después de la constitución de las Naciones Unidas, el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina, liderado por Estados Unidos y la entonces URSS, presentó un Plan de Partición del territorio. Este plan, que preveía la división de Palestina en un Estado judío (55% del territorio) y un Estado palestino (45% del territorio), tiene su origen en el proyecto colonial moderno, y se asemejó a varios otros proyectos de partición cuyos conflictos aún siguen sin resolverse en la actualidad (por ejemplo, de las dos Coreas o de la India y Pakistán). En un contexto en el que la ONU aún contaba con una débil participación de las naciones del Sur, se aprobó el Plan, aunque los Estados árabes no reconocieron al nuevo Estado de Israel. De la consiguiente guerra entre Israel y los Estados árabes y las fuerzas palestinas (1948-1949), salió vencedor Israel, que ocupó varias regiones, expandiendo el territorio cerca de 20 mil km² (75% de la superficie de Palestina). El territorio restante fue ocupado por Jordania, que se anexó Cisjordania, y por Egipto, que ocupó la Franja de Gaza. Estos episodios violentos, en el origen del Estado de Israel, provocaron el desplazamiento forzado de casi un millón de palestinos, quienes abandonaron las áreas incorporadas por Israel. De hecho, la limpieza étnica de Palestina comenzó a principios de diciembre de 1947 con una serie de ataques a aldeas palestinas por parte de las milicias sionistas. Antes de que los soldados árabes llegaran a Palestina, 300.000 palestinos fueron expulsados de sus tierras y hogares. Por ejemplo, Deir Yassin era una pequeña aldea palestina situada al oeste de Jerusalén. La aldea había firmado un pacto de no agresión con Haganá, una organización paramilitar sionista que existió entre 1920 y 1948. Sin embargo, la noche del 8 de abril de 1948, las fuerzas sionistas atacaron la aldea y mataron a más de 100 palestinos inocentes (30 de ellos niños). Las cuatro aldeas cercanas (Qalunya, Saris, Beit Surik y Biddu) fueron destruidas por la misma milicia y sus habitantes fueron expulsados (Ilan Pappe, The Ethnic Cleansing of Palestine, Oxford: Oneworld Publications, 2006, págs. 90-91). Al inicio de su libro, Pappe cita una declaración vergonzosa de Ben Gurion en junio 1938 en la Jewish Agency Executive: “Yo soy a favor de transferencia compulsoria de poblaciones; no veo nada inmoral en eso”. Diez años después Ben Gurion sería el primer ministro de Israel.
Este enorme contingente de refugiados, dispersos en campamentos de países del Oriente Próximo y del resto del mundo, está en el origen de la “cuestión palestina”. Como subrayó Tariq Ali, lo que hasta entonces había sido una cultura común para musulmanes árabes, cristianos y judíos, sufrió una profunda brecha, que los palestinos bautizarían como la Nakba, la catástrofe (El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad. Madrid, Alianza, 2005).
Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podrá ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creación de Israel, un sufrimiento aún más injusto por ser impuesto para expiar los crímenes de los europeos. Tampoco puede ayudar gran parte del pueblo judío a desvincularse del proyecto colonial sionista que está llevando a cabo Israel en Palestina, tal es la intoxicación ideológica a la que está hoy sometido. Cuando se trata de Palestina, escribir no es más que un acto de contención de la rabia, un grito escrito de desesperación e impotencia. En esto radica paradójicamente el papel crucial de esta tragedia: muestra con inquietante transparencia la falsedad histórica, filosófica y sociológica de los “hechos” que más decisivamente sostienen las políticas dominantes de nuestros días. 
Siempre que la mentira y la mala fe se convierten en política de Estado, la buena fe y la verdad las combaten sin armas. Son piedras contra bombas. Nos enfrentamos a una destrucción masiva de sentido. Albert Camus solía decir que “las ideas falsas terminan en sangre, pero en todos los casos se trata de la sangre de otros” (John Foley, Albert Camus: from the Absurd to Revolt, Londres, Routledge, 2008, pág. 49). Palestina es el gran descodificador de la hipócrita falsedad de los mecanismos dominantes para hacer prevalecer los “valores occidentales”, que incesantemente conducen a su propia violación. Los mismos mecanismos ya están siendo «remasterizados» para el próximo uso catastrófico: la guerra con China.
Falsificación histórico-teológica. Jerusalén no es ni puede ser la capital de Israel. Jerusalén es, desde hace muchos siglos, una ciudad sagrada y, como tal, pertenece a todos los que profesan las religiones que allí conviven. Los Estados tienen capital; los pueblos, no. Israel reivindica ser un Estado judío. Como Estado, no tiene derecho a Jerusalén, a menos que se reduzca a cenizas el derecho internacional; como pueblo, es un absurdo teológico tener capital. Como dice el rabino Yaakov Shapiro: los pueblos no tienen capital, el pueblo judío no tiene capital.
Falsificación política 1. Se ha invocado la defensa de la democracia para justificar la posición occidental. Como señaló el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al firmar el programa de ayuda a Israel hasta 2028, Estados Unidos e Israel son dos “democracias vibrantes” que comparten los mismos valores y deben ser defendidas por igual de sus enemigos. Es una invocación doblemente falsa. Israel es tan democrático como lo era Sudáfrica en la época del apartheid. Los palestinos que viven en el Estado de Israel (alrededor del 21% de la población) son los descendientes de los aproximadamente 150.000 palestinos que se quedaron en lo que hoy es Israel, una pequeña minoría en comparación con los que fueron expulsados de su tierra y ahora viven en los territorios ocupados. Son ciudadanos de segunda clase con fuertes limitaciones legales y políticas, sobre todo desde que en 2009 Benjamin Netanyahu llegara al poder y comenzara su política de sobreponer el carácter judaico de Israel al carácter democrático. Ante la constante erosión de los derechos a los que están sujetos, unos luchan por la igualdad de derechos, otros abandonan la política (As’ad Ghanem, “Israel’s Second-Class Citizens: Arabs in Israel and the Struggle for Equal Rights”, Foreign Affairs, julio/agosto, 2016, págs. 37-42. Se puede consultar una lista de las leyes discriminatorias en Israel en: https://www.adalah.org/en/law/index). Actualmente viven divididos por el dilema de “mi Estado está en guerra con mi nación”. La otra falsedad se refiere al gobierno de los territorios ocupados. En Palestina, como en el resto del mundo, la democracia solo es reconocida cuando favorece los intereses occidentales. Como en Palestina los intereses occidentales son los intereses de Israel, no se reconoció la victoria libre y justa de Hamás en las elecciones legislativas de 2006 (74 diputados frente a los 45 de Al Fatah, en un Parlamento de 132 diputados). Lo ocurrido en los últimos dieciséis años no se puede entender sin tener en cuenta esta decisión arbitraria de los países occidentales bajo la presión de Israel y su aliado, Estados Unidos.
Falsificación política 2. Vengo defendiendo que el colonialismo no desapareció con la independencia política de las colonias europeas. Solo ha desaparecido una forma de colonialismo, el colonialismo de ocupación extranjera e incluso esta ni siquiera del todo. Basta mencionar el colonialismo al que está sujeto el pueblo saharaui. 
Actualmente existe bajo otras formas, de las cuales las dos más obvias son el racismo estructural y el régimen de apartheid impuesto por Israel en los territorios ocupados. Reconocer la existencia del apartheid es reconocer la existencia del colonialismo. La más pronorteamericana de las organizaciones de derechos humanos, Human Rights Watch, publicó en abril de 2021 un informe que caracteriza a Israel como un Estado de apartheid. Cabe recordar que en 1973 la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención Internacional para la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid (Resolución 3068), que entró en vigor en 1976. En los territorios ocupados (Jerusalén Este, Cisjordania Palestina y la Franja de Gaza), el autogobierno de los palestinos está totalmente subordinado a la potencia ocupante. La opresión es sistemática y la discriminación es institucional: expropiación de tierras, cambio forzoso de residencia, control de movimientos, gestión del agua y la electricidad, negación de servicios esenciales (últimamente las vacunas contra el COVID-19). Una ocupación violenta que convirtió la Franja de Gaza en la prisión al aire libre más grande del mundo. En fin, colonialismo puro y duro. Si la ONU reconoce el apartheid como un crimen contra la humanidad, ¿por qué no se juzga a Israel por tal crimen? Porque los valores occidentales se utilizan solo cuando conviene a quienes tienen poder para beneficiarse de ellos.
Pero el colonialismo al que está sometido el pueblo palestino tiene muchas otras caras que lo identifican con el colonialismo histórico. Una de ellas es la eliminación de la identidad palestina y de la memoria de la anexión del 78% del territorio de Palestina por parte de Israel en 1948, la Nakba. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA por su sigla en inglés) que, como su nombre indica, tiene como objetivo cuidar a los refugiados palestinos expulsados violentamente de sus hogares en 1948 y 1967, así como a sus descendientes, ha sido duramente criticada por organizaciones sionistas conservadoras por estar contribuyendo a que los palestinos “no pierdan su identidad y sean asimilados por la sociedad que los rodea”. ¿Cuál es la diferencia entre esto y las políticas de los colonizadores en las Américas y en África para eliminar la identidad y la memoria de los pueblos originarios? (Peter Beinart, “Teshuvah: A Jewish Case for Palestinian Refugee Return”, Jewish Currents, 11 de mayo de 2021. Disponible en: https://jewishcurrents.org/teshuvah-a-jewish-case-for-palestinian-refugee-return/).
La falsificación de las equivalencias. Al contrario de lo que dice Israel, no se trata de responder con violencia a la violencia. No defiendo el lanzamiento de misiles contra Israel ni las muertes que causa, pero la desproporción entre los ataques de Hamás y la respuesta israelí es tan impactante que no es aceptable como justificación para la matanza indiscriminada de miles de personas inocentes. Israel tiene el cuarto ejército más poderoso del mundo. Entre los recurrentes estallidos de violencia, basta recordar que en 2014 los ataques de Israel duraron 51 días y mataron a más de 2.200 palestinos, incluidos 551 niños. Esta vez, en 11 días (el 20 de mayo se impuso un alto el fuego), del lado palestino hubo 232 muertos, de los cuales 65 eran niños, y 12 muertos del lado israelí (incluidos dos niños), además de la brutal destrucción de infraestructuras en la Franja de Gaza, incluyendo escuelas. Estamos ante un terrorismo de Estado que utiliza las armas más sofisticadas proporcionadas por Estados Unidos para mantener a un pueblo en un estado de terror constante desde 1948.
La falsificación mediática. Los medios de comunicación mundiales se avergonzarán algún día de los prejuicios con los que informan lo que está sucediendo en Palestina. Dos ejemplos. La opinión pública mundial se entera de que lo que desencadenó el ataque más reciente de Israel contra la Franja de Gaza fueron los misiles lanzados por Hamas. Porque más allá de eso no pasó nada. No ocurrieron antes para los medios la invasión de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, y los disparos contra creyentes en oración, en medio del Ramadán (un mes sagrado para los musulmanes); ni tampoco ocurrieron los ataques, durante meses, de grupos de fanáticos en Jerusalén Este contra viviendas y casas comerciales. La culpa, por lo tanto, es de Hamas e Israel solo se está defendiendo. Segundo ejemplo: durante los ataques israelíes, los palestinos simplemente «mueren», mientras que los israelíes son «asesinados por Hamas» o «asesinados por ataques con misiles».
El horror de una simetría impensable. El gran historiador judío Illan Pappé fue quizás el primero en preguntarse, con angustia, cómo se podía imaginar que, setenta años después del Holocausto, los israelíes usaran contra los palestinos las mismas tácticas de destrucción, humillación y negación que los nazis habían usado contra los judíos. En 2002, José Saramago, de visita en Palestina, hizo comparaciones polémicas entre el sufrimiento de los palestinos bajo la opresión israelí y el sufrimiento de los judíos bajo la opresión nazi. En una entrevista con la BBC, aclaró: “Evidentemente fue una comparación forzada a propósito. Una protesta formulada en términos habituales puede que no provocase la reacción que ha provocado. Por supuesto que no hay cámaras de gas para exterminar a los palestinos, pero la situación en la que se encuentra el pueblo palestino es una situación de campo de concentración… [y añadió premonitoriamente] Esto no es un conflicto. Podríamos llamarlo un conflicto si fueran dos países, con una frontera, y dos estados, cada uno con su propio ejército. Es algo completamente diferente: apartheid». En 1933, la mayoría de los judíos alemanes no eran sionistas, es decir, no abogaban por la creación de un Estado para los judíos. De hecho, la organización judaica más grande se autodenominó “organización central de ciudadanos alemanes de fe judía”.
Mucho antes de ordenar el Holocausto, Hitler, obsesionado con expulsar a los judíos de Alemania (y más tarde de Europa), negoció con la organización sionista (la Federación Sionista de Alemania) un acuerdo (muy controvertido entre los judíos) para transferir judíos a Palestina (entonces bajo control británico), ofreciéndoles “mejores” condiciones (es decir, menos vergonzosas) que las imperantes para la emigración a otros países. Bajo el Acuerdo Haavara de Transferencia (1933), el Estado les confiscó todos los bienes que poseían, pero transfirió el 42,8% de ese capital a la Agencia Judía en Palestina, el 38,9% de esa cantidad en forma de bienes industriales producidos en Alemania. Es evidente la humillación de obligar a los emigrantes forzados a utilizar los productos del Estado que los expulsó. Se estima que entre 1933 y 1938 solo unos 40.000 alemanes y 80.000 polacos emigraron a Palestina. Habrían sido aún menos si los países europeos hubieran estado más dispuestos a aceptar inmigrantes judíos, incluso si más tarde quedó claro que el objetivo final era «una Europa sin judíos» (Samuel Miner, “Planning the Holocaust in the Middle East: Nazi Designs to Bomb Jewish Cities in Palestine”, Jewish Political Studies Review, Fall 2016, p. 7-33).
En nuestro tiempo, el Estado de Israel se creó sobre la base de una operación masiva de limpieza étnica: 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares y tierras, a los que se sumaron más de 300.000 después de la guerra de 1967. Hoy crecen en Israel los grupos de extrema derecha que proclaman la expulsión de todos los palestinos de los territorios ocupados hacia los países árabes vecinos. E incluso los «árabes israelíes» están legalmente prohibidos de residir en ciertas ciudades. En 2011, la Knéset promulgó una ley que permite a las ciudades del Negev y de Galilea, con una población de hasta 400.000 familias, crear comités de admisión que pueden negar la admisión a personas que «no sean adecuadas para la vida social de la comunidad» o que sean incompatibles con “el perfil sociocultural” (Human Rights Watch, 2021, p. 59). Durante décadas, ciudades enteras fueron destruidas y se deja morir a los palestinos heridos debido a que el ejército israelí bloquea el paso de las ambulancias. Ante la sospecha de algún acto individual de resistencia por parte de los palestinos, las autoridades ocupantes detienen a padres, familiares, vecinos, les cortan el agua y la luz. Nada de esto es nuevo y trae recuerdos horribles. Según el diario israelí Maariv, citado por el prestigioso periodista Robert Fisk, un destacado militar israelí aconsejaba a las tropas, en caso de entrada en campos de refugiados densamente poblados, seguir las lecciones de batallas pasadas, incluidas las del ejército alemán en el gueto de Varsovia (W. Cook (org.) The Plight of the Palestinians, Palgrave Macmillan, New York, 2010, p. 164).
Lo que sucede hoy en Sheikh Jarrah es un microcosmos de la repetición de la historia. En 1956, 28 familias palestinas, expulsadas de su tierra en 1948, se establecieron en este barrio de Jerusalén Este con la esperanza de no ser expulsadas de nuevo de su hogar. En ese momento, este vecindario y toda Cisjordania estaban bajo administración jordana (1951-1967) y la instalación se negoció con Jordania, la ONU y organizaciones de derechos humanos de Jerusalén. Hoy en día, están siendo desalojados de sus hogares por orden de la Corte Suprema de Israel y durante años han visto sus casas apedreadas por fanáticos, algunos de los cuales se instalan en la parte principal de la casa y obligan a sus residentes a acomodarse en la parte trasera de la casa. Con la complicidad de la policía, extremistas israelíes deambulan por las calles del barrio de noche gritando “Muerte a los árabes”. Las casas incluso llegan a ser marcadas para que no haya errores en los ataques. ¿Todo esto no hace recordar otras épocas?
El rayo de esperanza. Es difícil hablar de esperanza de una manera que no ofenda al pueblo palestino. La esperanza no puede residir en los acuerdos de alto del fuego porque el propósito de estos es mantener estables las alianzas entre las potencias que son cómplices de la continuación del sufrimiento injusto del pueblo palestino, y preparar el siguiente alto el fuego que seguirá al próximo estallido de violencia. En este momento, la única esperanza proviene de la sociedad civil internacional. Se han venido fortaleciendo tres iniciativas muy diferentes, pero que convergen en provocar el creciente aislamiento de Israel de lo que podría resultar del cumplimiento de las resoluciones de la ONU, si no es demasiado tarde.
La primera iniciativa son las manifestaciones públicas, más numerosas e incisivas que nunca, de intelectuales, periodistas, reconocidos artistas judíos contra las políticas de Israel. Las fuentes de este texto son prueba de ello. La segunda iniciativa son las manifestaciones públicas, en varias partes del mundo, que demandan cada vez más el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. La tercera iniciativa está inspirada en la lucha internacional contra el apartheid en Sudáfrica. El desequilibrio de fuerza violenta entre la población negra de gran mayoría y la minoría blanca era menor que el desequilibrio entre las fuerzas de guerra israelíes y la resistencia palestina. Una de las iniciativas que más contribuyó al fin del apartheid fue el movimiento internacional para aislar a Sudáfrica: boicot a empresas sudafricanas, así como a algunas empresas internacionales especialmente involucradas en el apartheid; boicot académico, turístico y deportivo a nacionales sudafricanos. Inspirado por este movimiento, existe desde 2005 el movimiento internacional de boicot, desinversión y sanciones contra Israel (BDS), que se ha ido expandiendo en los últimos años. Es una iniciativa activa de no violencia que no está exenta de problemas, ya que puede implicar costos para los medios de vida legítimos de personas inocentes. Pero, curiosamente, es un movimiento que puede contar con el apoyo de quienes, viviendo en estos países, se oponen a las políticas de apartheid actualmente vigentes. Recuerdo que cuando participé en el embargo académico a Sudáfrica durante la era del apartheid, los colegas sudafricanos blancos no solo entendieron, sino que apoyaron las acciones, ya que fortalecían su lucha en el ámbito interno.
Hoy, el contexto y la situación son diferentes. Ante el injusto martirio del pueblo palestino que está siendo castigado por un crimen cometido por los europeos, y ante la hipócrita indiferencia de la comunidad internacional, ¿hasta cuándo vamos a seguir pensando que el problema palestino no es nuestro problema? Toda mi vida he luchado contra el antisemitismo y es en nombre de esta coherencia que denuncio la limpieza étnica que está llevando a cabo Israel en contra el pueblo palestino.

* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez. tomado de: http://www.other-news.info

** Portugal, Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal).

Niñas y niños migrantes, los más vulnerables

Patricia Pozos Rivera*

Migración de niñas, niños y adolescentes | UNICEF
Fuente: UNICEF

Las niñas y los niños son, dentro de la población migrante internacional, los más vulnerables. Están expuestos a un sin número de situaciones que ponen en riesgo su integridad física e incluso su vida. Los casos más graves corresponden a los no acompañados. Sufren el miedo de no contar con la protección de sus padres, el hambre y la deshidratación, la trata de personas, el tráfico de órganos, la explotación laboral, accidentes, las inclemencias del clima, perderse en el camino, etcétera.

Las niñas y los niños migrantes no acompañados, NMNA, desde el punto de vista estadístico, incluye a la población menor de 18 años. La prensa ha reportado casos, muy preocupantes e indignantes, de niños de 6 años de edad que llegan solos a la frontera sur de Estados Unidos. Es un grupo poblacional diverso porque incluye a los que se encuentran en la niñez y a los que ya están en la etapa de la adolescencia, por ello su atención requiere de estrategias diversificadas.

De acuerdo con datos de la UNICEF (migrationdataportal.org), los niños migrantes representaron el 12% del total de la población migrante en el año 2019. La región que concentra el mayor porcentaje de niños migrantes es África con 25%, le sigue América Latina y el Caribe con 19%, Asia 15% y las demás regiones tienen una menor proporción, siendo Europa la que tiene el menor número de niños migrantes con 7%. Actualmente con el conflicto en Oriente Medio, se ha visto que ha aumentado la llegada de niños migrantes no acompañados a Europa que van huyendo de la guerra.

Para el caso de la migración hacia Estados Unidos, los países de origen de los menores no acompañados que ha detenido la patrulla fronteriza son, principalmente, Guatemala, El Salvador, Honduras y México. Las causas de su movilidad son diversas, entre ellas están escapar de la violencia, familiar, de género y de grupos pertenecientes al crimen organizado, entre otras.

Otro de los factores determinantes de esta migración, es la reunificación familiar. Debemos recordar que muchos de los padres de los menores no acompañados, llegaron a Estados Unidos hace algunos años, en busca de trabajo; en su caso estamos hablando de una migración laboral y por el robustecimiento de la vigilancia en la frontera sur de Estados Unidos, dicha migración laboral se ha convertido en una migración permanente. Es por ello que algunos padres buscan ingresar a sus hijos al territorio norteamericano.

No podemos dejar de lado el resultado de los ajustes estructurales en las economías latinoamericanas, debido a la aplicación de las políticas neoliberales, y mucho menos las propias características de la política migratoria que desde hace ya varias décadas ha instrumentado la Unión Americana, que busca el control de los trabajadores inmigrantes.

Por ello iniciaré con una revisión histórica de las características de la política migratoria estadounidense, posteriormente revisaremos la coyuntura en el contexto de la presidencia de Biden y finalizaré con la reflexión de los aspectos que reclaman atención inmediata.

Política Migratoria en Estados Unidos

Aviva Chomsky, en su libro Indocumentados, cómo la inmigración se volvió ilegal, menciona que el Estado Nación, la soberanía y la ciudadanía son construcciones sociales, inventadas por los seres humanos para servir a sus propios intereses. La condición de ilegalidad de los trabajadores inmigrantes en Estados Unidos es algo que ellos han fomentado y que ahora la han masificado.

La última posibilidad que hubo en Estados Unidos para la regularización de indocumentados, con la ley IRCA en 1986, estableció quiénes cumplieron el perfil para obtener la ciudadanía y también estableció quiénes no lo cumplían.

La ilegalidad tiene implicaciones económicas; por ejemplo, generar un ejército de trabajadores sin ningún tipo de derechos, con bajos salarios y totalmente sumisos. De ahí que sea muy importante la lucha de los movimientos sociales por la defensa de los derechos humanos y laborales de los trabajadores inmigrantes en dicho país, que buscan concientizar a la población estadounidense de que son trabajadores indocumentados, no son criminales.

Por otro lado, es una política con raíces xenófobas y racistas. Alfonso Gonzáles Toribio, en su libro, Reforma sin Justicia, menciona que el Estado Norteamericano, es la condensación institucional e ideológica de las relaciones sociales construidas sobre un sistema capitalista y de supremacía blanca que emergió en el siglo XVII y evolucionó hacia el moderno Estado de seguridad nacional.

La vinculación entre migración y seguridad fronteriza se da a partir de los años ochenta y ha dado pie a un negocio muy redituable para las empresas privadas involucradas en la seguridad de la frontera, así como con la detención de los inmigrantes indocumentados, entre ellos los Niños y las niñas migrantes no acompañados.

Independientemente si el gobierno es demócrata o republicano, la Política Migratoria estadounidense velará por los intereses nacionales, a costa de no respetar los derechos humanos de los migrantes internacionales.

La crisis humanitaria en la era Biden

En los primeros meses de la presidencia de Joe Biden se está repitiendo la crisis humanitaria que se desarrolló al final del periodo presidencial del expresidente Barak Obama. Cientos de NMNA, han llegado a la frontera sur de EU.

De acuerdo con lo que se ha publicado en la prensa, la BBC señaló que, en febrero de este año, las autoridades fronterizas tomaron en custodia a más de 9 000 menores de edad en la frontera, lo que representó un aumento de 60% con respecto a enero, mes en el que detuvieron a un poco más de 5 000 menores.

Dichas cifras superan a las registradas en los mismos meses en el año 2019, pero todavía no se rebasan las cifras de abril de ese año, cuando, de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración, se detuvieron a 6 842 niñas y niños.

El discurso del actual presidente Biden en la campaña fue pro migrante. Prometió echar para atrás la estrategia trumpista del manejo de la inmigración, en especial la Política de Tolerancia Cero, bajo la cual se separaba a las familias que eran detenidas tratando de cruzar al territorio norteamericano de manera irregular, esto es realmente muy positivo. Entre los principales cambios observamos: la cancelación de la construcción del muro sobre su frontera sur, ya no se regresa a los NMNA, sino que se abrió paso a tratar de reunirlos con sus familiares y además ya no se separan a las familias. No obstante, sigue siendo una política migratoria que liga la seguridad nacional con la migración, esto tiene como resultado la criminalización de los que cruzan la frontera sin documentos, sigue regresando a territorio mexicano a las familias completas que detiene la patrulla fronteriza y que son solicitantes de asilo.

Los retos a resolver

En diversos medios de comunicación se han documentado entrevistas de los menores que se encuentran en los centros de detención de Estados Unidos; sus relatos nos muestran que sus derechos humanos más básicos han sido vulnerados, señalan que han sufrido frío, hambre, hacinamiento, esto último muy grave en el contexto de la COVID – 19.

No hay duda de que lo urgente es resolver los detonantes de la migración, para Biden son los problemas de pobreza de los países de origen, pero no reconoce que Estados Unidos es un país que atrae migrantes porque tiene un mercado laboral que los contrata.

Lo fundamental es una vía que permita la regularización de los inmigrantes en dicho país, sin embargo, esto significaría un incremento del costo de la fuerza de trabajo, que atenta contra la acumulación de capital de las empresas norteamericanas.

Mientras no se atiendan las verdaderas causas de fondo de la migración, los inmigrantes seguirán sufriendo la vulneración de sus derechos humanos, principalmente los más débiles, las niñas y los niños migrantes.

*México, GT Crisis y Economía Mundial, Profesora de la Facultad de Economía de la UNAM.

Manifiesto liberación de patentes vacunas covid 19*

Varios activistas se manifiestan para exigir acceso global a las vacunas,  este miércoles en Washington.
Fuente: El País

Los criterios de salud pública y el derecho a la salud de las personas ha de estar por encima del negocio. Defendemos la inmunización de todas las personas para prevenir la aparición y extensión de nuevas variantes. Que las negociaciones estén sometidas a transparencia y que los acuerdos establecidos y sus condiciones se hagan públicos.

Hemos visto que en todo el mundo, en nuestros territorios, ciudades, barrios y pueblos han enfermado y muerto millones de seres humanos, gente cercana, amigos, familiares y sobre todo ancianos y personas vulnerables. La pandemia ha traído restricciones de derechos y libertades y un aumento de las desigualdades y especialmente las relacionadas con la salud. Esta pandemia que fue declarada hace más de un año ha causado ya 3 millones de muertes según la OMS.

Después de una gesta científica sin precedentes y con una aportación ingente de fondos públicos se dispone de vacunas de alta eficacia que supone una esperanza de acabar con la catástrofe humanitaria provocada por el virus. Sin embargo, la vacunación discurre ralentizada por un régimen de producción y llegada de vacunas que es insuficiente. La vacunación se altera por alarmas de efectos secundarios graves que solo suponen un 0,00009% frente al 16% del riesgo de tener consecuencias graves por no tener vacunas.

La producción, distribución y administración de vacunas está atada a la competición entre laboratorios y países. Las patentes, el secretismo de los contratos y la falta de transparencia son sus causas. La inversión pública global en la vacuna de la Covid-19 supera los 25.000 millones de euros, incluyendo el desarrollo, la implantación y la distribución. Esta inversión pública contrasta con el hecho de que la gestión posterior de las patentes está suponiendo unos grandes beneficios para el sector privado.

Los principales laboratorios han repartido entre sus socios capitalistas 21,610 millones con un valor para vacunar a 1300 millones de personas. Pfizer y Moderna se están alzando como las vencedoras de una guerra entre laboratorios con unos precios que rondan entre los 11,22 y 61,50€ por la inmunización completa y quieren seguir aumentando dosis y precios. Todo ello frente a 2,5€ de Astrazeneca y 8,4€ de Janssen por sus inmunizaciones.

La desigualdad mundial en el reparto con la consiguiente escandalosa pugna entre países ha hecho posible que de la desgracia salga una nueva ola de enriquecimientos millonarios de los gestores de los laboratorios: en los países ricos la vacuna llega a 1 de cada 4 y en los pobres, en el mejor de los casos, a 1 cada 500 puesto que a algunos no ha llegado la vacuna. Esto alimenta que el virus siga sin control infectando y provocando mutaciones que hacen ineficaces las vacunas actuales y que los países dependan del ansia de laboratorios con patentes protegidas.

Las principales farmacéuticas se oponen a compartir la tecnología y la suspensión de patentes. Ante esto tienen que reaccionar los gobiernos y las leyes internacionales para garantizar que las vacunas lleguen a todas las personas y a todos los rincones de la geografía mundial independientemente de lo nutridas que tengan sus economías los distintos países.

Por ello exigimos:

A las autoridades estatales y europeas, que activen los mecanismos excepcionales que tiene la legislación internacional, por lo que las industrias farmacéuticas que disponen de vacunas de probada eficacia liberen las patentes, y permitan compartir conocimiento y producción, para acelerar la inmunización de todas las personas y para prevenir la aparición y extensión de nuevas variantes. Los criterios de salud pública y el derecho a la salud de las personas ha de estar por encima del negocio.

Que las negociaciones estén sometidas a transparencia y que los acuerdos establecidos y sus condiciones se hagan públicos.

Que se invierta en el sistema sanitario público, ya que cualquier causa que retrase la vacunación y la lucha por garantizar el derecho a la salud de toda la población, impide cualquier recuperación y enriquece a unos pocos millonarios.

Porque ante una pandemia, hasta que no esté la última persona protegida, no lo está el resto. La vacuna de la COVID-19 no debe ni puede entender de patentes y de beneficios de las farmacéuticas. Se debe anteponer la salud y la vida de las personas

*Manifiesto internacional del 6 de mayo 2021, firmado por 200 organizaciones sociales y sindicales

VACUNAS, EMPRESAS, PATENTES

Gabriela Roffinelli*

Josefina Morales**

Fuente: bbc.com

Sin duda, la pandemia nos ha enfrentado a la naturaleza profundamente inhumana del capitalismo.  La crisis sanitaria y humanitaria en curso no es consecuencia del virus SARS-COV-2, sino de la desaprensión de los Estados capitalistas para tomar medidas que estén a la altura de la gravedad de la situación a nivel global.

Desde 2003, la aparición del SARS-COV-2 en el sudeste asiático dio las primeras señales de la catástrofe que se podría avecinar, sino se tomaban medidas preventivas. Pero pese a todos los avisos ningún gobierno tomó medidas sustantivas de fortalecimiento de los servicios públicos de salud con reserva de equipamiento médico adecuado, disponibilidad masiva de test diagnósticos y de rastreo de contagios y, fundamentalmente, de refuerzo del personal sanitario, etcétera.

Y ya ante la emergencia del COVID-19 el conjunto de los gobiernos (sin contar con los criminales que apostaron a la inmunidad de rebaño) desechó aplicar las medidas más elementales, como la nacionalización de las fábricas en las que se podían producir los equipos de protección, los test, los respiradores, etc. y, mucho menos, el impulso de la investigación científica para el desarrollo de una vacuna contra las partes inmutables de las proteínas del virus (claro en los países que cuentan con capacidad para ello), sino que optaron por apoyarse en la dinámica del negocio privado de la industria farmacéutica. Prácticamente las únicas políticas públicas disponibles consistieron en establecer –con mayor o menor flexibilidad– el aislamiento social; el cierre de fronteras, restricciones a la movilidad de las personas, etc.; un tratamiento propio de épocas históricas con escaso desarrollo de la medicina, como la Edad Media europea.

En 2004, la OMS advirtió a la industria farmacéutica que sería demasiado tarde impulsar las investigaciones para el desarrollo de una vacuna “cuando el virus se haya difundido” (Schubert-Ankenbauer, 2004). Pero la industria farmacéutica no se rige por criterios de salud pública, sino por los criterios de maximización de ganancias a corto plazo y no invirtió en las costosas y prolongadas investigaciones que habrían posibilitado el desarrollo de fármacos para este tipo de enfermedades virales.

A un año de iniciada la pandemia la situación se agrava con la emergencia en nuevas cepas más contagiosas, nos preguntamos entonces, ¿por qué no prima la cooperación de los esfuerzos científicos a nivel internacional compartiendo las patentes en el desarrollo de las vacunas? Todo lo contrario, los laboratorios protagonizan una competencia apresurada, signada por intereses económicos y geopolíticos más que humanitarios, para obtener la vacuna de “emergencia”.  La vida de cientos de millones de personas en el mundo depende del negocio de las farmacéuticas.

Sin correrse de los rígidos carriles de los negocios privados, lo máximo que se ha alcanzado en materia de una cierta cooperación es la iniciativa Covax. Esta implica una colaboración global (con fondos de organizaciones benéficas y países ricos) para comprar vacunas al por mayor y distribuirlas de manera equitativa en todo el mundo, con el objetivo de que al menos el 20% de la población de cada país, centrándose en los trabajadores de la salud y los más vulnerables, están vacunados antes de fin de año.  Pero la iniciativa surgió debilitada “los gobiernos ricos se adhirieron a Covax, pero también llegaron a acuerdos privados directamente con los fabricantes de vacunas que ofrecían pagar precios más altos para asegurar el acceso más rápidamente” (The Guardian, https://www.theguardian.com/world/2021/apr/22/).

Covax alcanzó acuerdo con laboratorios como Pfizer que solo ha suministrado cantidades relativamente pequeña de dosis porque destinan el grueso de su suministro a contratos privados más lucrativos. No obstante, Covax alcanzó acuerdos con Oxford/AstraZeneca por más de 1.530 millones de dosis este año, pero hasta ahora solo una quinta parte de las dosis esperadas se han entregado debido a las prohibiciones de exportación, el acaparamiento y la escasez de suministro (The Guardian, op.cit).

A su vez, desde hace unos meses, una coalición de países y organizaciones globales están pidiendo a la Organización Mundial de Comercio (OMC) -organismo que rige los acuerdos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio-, que se establezca apenas una exención de estos derechos para poder producir masivamente y de forma accesible las vacunas de covid-19.  Inmediatamente “un centenar de cabilderos en la Cámara de Representantes de Estados Unidos trabajan día y noche para oponerse a la propuesta de una exención temporal sobre los derechos de propiedad intelectual de las patentes para que puedan desarrollarse vacunas genéricas” (Lee Fang, The Intercept, 19 de abril).

Los países centrales con mayor poder de compra han cerrado contratos con los laboratorios que duplican o triplican la cantidad de dosis de su población.  Estos países, que reúnen al 14% de la población mundial, se han reservado el 53% de las dosis (véase cuadro 1). Y según la coalición People ´s Vacine los 70 países más pobres del mundo solo podrán vacunar a 1 de cada 10 personas durante 2021. No obstante, el ritmo de vacunación en los países desarrollado es muy lento debido al retraso de las farmacéuticas en entregar las dosis comprometidas. Multinacionales que especulan con contratos llenos de cláusulas confidenciales y exigencias abusivas como, por ejemplo, la exigencia de Pfizer a los gobiernos de Brasil y Argentina de que pusieran bases militares, embajadas y otros activos soberanos como garantía ante una eventual demanda por efectos adversos de la vacuna. Demandas que se tramitarían, además, en los tribunales de EEUU.

Perversamente, el primer ministro británico, Boris Johnson, cuyo país supera las 100.000 víctimas de COVID-19, señala que “elcapitalismo y la codicia le dieron a Reino Unido su éxito en la vacunación de su población”.

En las últimas semanas de abril, el crecimiento exponencial de enfermos y muertes por la pandemia en la India muestra la paradoja infernal del capitalismo en estos momentos históricos: India el país que es el líder en la fabricación de vacunas, que más vacunas contra el COVID-19 han producido las trasnacionales farmacéuticas ahí instaladas, en particular Pfyzer, atraviesa por una tragedia. En Nuestra América Brasil ha registrado el mayor impacto bajo una política criminal de Bolsonaro y se ha agravado la situación en Colombia y Uruguay.

Por el contrario, ahí está el ejemplo solidario de Cuba, el único país latinoamericano que ha desarrollado vacunas propias pese a todas las limitaciones económicas y el bloqueo criminal que le impone EEUU desde hace 60 años. Desde marzo, comenzó los ensayos clínicos de fase 3 de dos vacunas de producción nacional, con otras tres posibles candidatas en proceso de desarrollo contra el coronavirus. Y desde que se inició de la pandemia hasta ahora ha enviado 57 brigadas de profesionales médicos especializados del Contingente Internacional Henry Reeve para ofrecer tratamiento a millones de pacientes con coronavirus en 40 países. Ejemplo de solidaridad e internacionalismo.  ¿Cómo logró lo revolución cubana desarrollar sus propias vacunas? Porque la industria de biotecnología de Cuba es de propiedad completamente estatal con investigaciones y desarrollos dirigidos a atender las necesidades de la salud pública sin buscar obtener ganancias a costa de la población cubana.

La gravedad de la crisis sanitaria y humanitaria que estamos atravesando exige que se termine con privilegiar los negocios privados por sobre la salud de la población mundial. Es un derecho humano universal el acceso a la salud pública y gratuita.

Más aún cuando las investigaciones y elementos médicos que se están desarrollando para lograr las vacunas, los métodos de diagnóstico y los tratamientos para enfrentar el virus han recibido millonarios recursos públicos.  Durante décadas, el conocimiento científico se ha desarrollado como producto de múltiples investigaciones realizadas en universidades y centros de investigación, en gran parte sostenidos con financiamiento público, de los distintos países.  Por esta razón, hace 50 años, Jonas Salk y poco más tarde Albert Sabin rechazaron patentar la vacuna contra la polio. En un programa de televisión al primero se le preguntó por qué rechazó patentar la vacuna y contestó: “No hay patente. ¿Acaso se puede patentar el sol?”. La directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, declaró que las vacunas deberían ser un bien público mundial, ya que las patentes tuvieron su origen en la ciencia abierta” (La Jornada, México, 27 de abril, 2021).

Y también hay que tener presente que antecedente inmediato de los profundos cambios en Bolivia, a partir del gobierno de Evo Morales, fue la pretensión del capital trasnacional de privatizar el agua de lluvia, de impedir la recolección de la lluvia por los campesinos bolivianos, lo que desató la “guerra del agua”. Ahora, en medio de la pandemia, la voracidad del capital no tiene límites: en los primeros días de diciembre del año de la pandemia, 2020, el derecho al uso del agua empezó a cotizarse en la bolsa de Nueva York. Evidentemente el capital va por todo, incluidos el agua y el sol.  Pero como demostró el pueblo boliviano solo la lucha podrá evitarlo.

La pandemia constata la barbarie capitalista. Y, como nos advertía Rosa Luxemburgo, “aquí el capitalismo descubre su cabeza de cadáver, aquí confiesa que su derecho a la existencia ha caducado, que la continuación de su dominación ya no es compatible con el progreso de la humanidad.

VACUNAS POR PAÍS (ABRIL 26, 2021)


* Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, co-coordinadora.

** México, GT Crisis y Economía Mundial, Investigadora titular del IIEc-UNAM, presidenta de SEPLA

PARA LOS PRODUCTORES, LAS SOBRAS: EL CASO DEL CAFÉ

John Smith*

Campesinos de países productores de café en crisis por bajos precios del  grano | La Portada Canadá
Fuente: http://www.laportadacanada.com

Incluso después de haber subido 50% desde su punto históricamente más bajo alcanzado en abril de 2019, el precio del mercado mundial de los granos de café verde -£2,20 por kilogramo (US $1,39 = £1)- está, para la mayoría de los 25 millones de pequeños agricultores que cultivan 94% del café del mundo, muy por debajo de su costo de producción. En Imperialismo Detrás de Una Taza de Café (Nuestra América XXI, no.35) argumenté que “los productores de café en América Central necesitan entre 3.30 y 4 Libras por kilogramo sólo para cubrir los costos de producción, por lo que actualmente no ganan absolutamente nada por su arduo trabajo y el de sus hijos que generalmente ayudan a cosechar. En cambio, se endeudan aún más, ven morir de hambre a sus hijos, algunos recurren al cultivo de coca, opio o marihuana, muchos abandonan sus granjas por completo y se dirigen hacia la frontera de los EUA o hacia vastos barrios periféricos que rodean a las grandes urbes.” En este trabajo ampliaremos el análisis para considerar cómo la riqueza generada por los productores de café del mundo (agricultores, tostadores, trabajadores de supermercados y baristas) se divide entre estos diferentes grupos de trabajadores, y entre los trabajadores y los capitalistas de diferentes tipos y nacionalidades que obtienen ganancias de esta industria.

Una taza de café que se vende en el Reino Unido normalmente cuesta £2,50. De esto, solo 1 penique va para el agricultor que cultivó y cosechó el café. El gráfico anterior utiliza datos recopilados por Financial Times para mostrar cómo se dividen las £2.49 restantes, pero se requiere un análisis más profundo antes de que podamos revelar las relaciones sociales contenidas en la taza de café. El IVA, más los impuestos sobre los salarios y las ganancias de todos los trabajadores y capitalistas directa e indirectamente involucrados en convertir granos importados en tazas de café humeantes, genera aproximadamente £1 en ingresos fiscales por cada taza de café vendida en un café.

Dado que el 20% de los impuestos se gastan en el Servicio Nacional de Salud (NHS), se deduce que aproximadamente 20 peniques de la venta de cada taza de café se gastan en brindar atención médica gratuita a los ciudadanos del Reino Unido, ¡20 veces más que la parte recibida por los agricultores que lo cultivaron y cosecharon! Como escribí en Imperialismo Detrás de Una Taza de Café “cuando alguien dice ‘¿por qué deberíamos dejar que los migrantes usen nuestro NHS?’, debemos responder ‘¡porque han ayudado a pagarlo!’ ¡Desafortunadamente, nadie en la ‘izquierda’ está diciendo esto actualmente!

Los cafés representan uno de cada 10 de los 95 millones de tazas de café que se consumen todos los días en el Reino Unido, el resto se consume en casa o en el trabajo. A principios de 2020, un barista que trabajaba en un café de Londres recibía £8.07 por hora, o £1311 por mes por una semana laboral estándar de 37.5 horas ( https://www.payscale.com/). £8,07 por hora está por debajo del salario mínimo legal de £8,21 para trabajadores de 25 años o más, lo que refleja la juventud de la fuerza laboral de los baristas, y está sustancialmente por debajo del «salario digno de Londres» de £10,85 por hora (https://www.london.gov.uk/what-we-do/business-and-economy/london-living-wage), definido como un salario que permite a los trabajadores «satisfacer sus necesidades básicas y participar en la sociedad a un nivel mínimo”. El costo promedio de un apartamento con una habitación en Londres es de £1,000 por mes, el 76% de los ingresos antes de impuestos del barista, ¡por eso tantos baristas tienen un segundo trabajo! Si sumamos esto al alquiler de 88 peniques pagado al propietario del edificio utilizado por la cafetería, ¡vemos que los propietarios reciben alrededor de £1.36 por cada £2.50 por taza de café!

El Reino Unido importa el 3,5% del café comercializado internacionalmente, que a su vez representa el 75% de la producción de los 25 millones de caficultores del mundo; en otras palabras, 650.000 caficultores empobrecidos (y sus familias) dedican toda su vida laboral al cultivo del café consumidos en el Reino Unido, cuatro veces más que las 220.000 personas que están empleadas a nivel nacional en el sector cafetero del Reino Unido. Europa representa el 34% del consumo mundial de café, el 19% se consume en América del Norte y lo mismo en América del Sur, por lo que 8,5 millones de caficultores dedican su vida a satisfacer la sed de café de Europa, 5 millones sacian la sed de América del Norte y 5 millones más producen el café que se consume en América del Sur (https://www.cbi.eu/market-information/coffee/trade-statistics).

En 2019, estas importaciones de café costaron £800 millones, la mitad de las cuales fueron capturadas por procesadores y comerciantes en los países exportadores, mientras que el resto, £400 millones, se pagaron a los agricultores, aproximadamente £475 por agricultor por año, y de esto ¡deben cubrir sus gastos generales y sus gastos de manutención! Incluso si toda esta lamentable cantidad se contabilizara como ingreso, solo equivaldría al 3% de los salarios que reciben los baristas mal pagados en el Reino Unido, y menos aún una vez que incluyamos el salario social de los baristas, es decir, su acceso a la atención médica gratuita, educación y protección social, que se niega a los caficultores y sus familias.

Es cierto que esto no toma en cuenta la distorsión introducida por los tipos de cambio subvaluados de las monedas nacionales de los países exportadores de café. El ajuste por «paridad de poder adquisitivo» convertiría los ingresos anuales de £475 de cada agricultor en alrededor de £1000, pero esto se comparte entre un promedio de cinco miembros de la familia, lo que equivale a 55 peniques por día por persona, o 71 centavos por día en EE. UU. dólares, muy por debajo de la medida racista de pobreza absoluta del Banco Mundial, que es $1,90 por día. (Jason Hickel, 2020, The racist double standards of international development, https://www.aljazera.com).

En el Reino Unido, el 10% del consumo de café se realiza en cafés, bares y restaurantes, el resto en casa, en el trabajo o mientras se estudia. El precio de una taza de café en una cafeterí es de £2,50, de una bolsa de 250g en un supermercado (oscila entre £2/250g en un supermercado con descuento y £4/250g en otros lugares, y mucho más para las ‘especialidades’ cafés); es decir, para los supermercados de descuento, £10 por kilogramo. El grano seco y verde que vende el agricultor pierde 15% de su peso en el proceso de tostado. Dado que el agricultor recibe alrededor de la mitad del precio del mercado mundial de £2,20/kg, se deduce que el productor de café recibe alrededor de 30 peniques por cada bolsa de £2,50 de café de supermercado; las £2,20 restantes se reparten entre el tostador, el comerciante y el minorista (como producto alimenticio, el café vendido por bolsa está libre de IVA).

¿Qué podemos concluir sobre la desigualdad relacional a partir de estos datos empíricos? Un aumento del 500% en el precio del café en la finca, el tipo de aumento que se requeriría para sacar al productor de café de la pobreza extrema, agregaría solo 4 peniques al costo de producción de una taza de café comprada en un restaurante, lo cual podría ser fácilmente absorbido por una pequeña reducción en la ganancia y la renta que, directa o indirectamente, se traga más de la mitad de lo que se paga por una taza de café. Por el contrario, un aumento del 500% en los ingresos de los agricultores agregaría un 50% al costo de una bolsa de café en el estante de un supermercado, un aumento de precio que probablemente obligaría a los trabajadores con salarios bajos en el Reino Unido a reducir su consumo.

El análisis del desglose de los costos del café vendido en los supermercados y de las tazas de café vendidas en los restaurantes-cafés proporciona evidencia convincente de que, además de generar ganancias sustanciales para los capitalistas y terratenientes, los precios miserablemente bajos pagados a los productores de café pobres subsidian el consumo de los trabajadores en el Reino Unido imperialista.

Lo que se aplica al café, con pequeñas diferencias, también se aplica a nuestra ropa, aparatos, electrodomésticos de cocina y mucho más.

Sin embargo, hay otro aspecto en esto, como explica Ben Selwyn: “la provisión de una masa de bienes muy baratos producidos en condiciones de superexplotación en el sur global facilita la represión salarial y la explotación intensificadas (incluida la superexplotación) en todo el norte global. “La superexplotación en el sur global” tiene por tanto efectos contradictorios, como se explica en mi lilbro Imperialism in the Twenty-First Century (Monthly Review Press, 2016, pp 44-45):

“La subcontratación permite a los capitalistas reemplazar el trabajo doméstico mejor pagado con mano de obra sureña de bajo salario, exponiendo a los trabajadores de las naciones imperialistas a la competencia directa con trabajadores igualmente calificados pero con salarios mucho más bajos en las naciones del Sur, al tiempo que caen los precios de la ropa, los alimentos y otros artículos de consumo masivo. el consumo protege los niveles de consumo de la caída de los salarios y magnifica el efecto de los aumentos salariales.”

La gran mayoría de los caficultores no son asalariados, son pequeños productores de materias primas. Poseen los instrumentos de su trabajo y pueden poseer la parcela de tierra que cultivan, y hasta que vendan sus granos verdes a un comerciante, también serán dueños del producto de su trabajo. Sin embargo, crean más valor en un día o año de trabajo que el que reciben de la venta de sus granos; por tanto, son explotados. Y lo que reciben es insuficiente para satisfacer sus necesidades más básicas; es decir, están sobreexplotados. Sus explotadores son, ante todo, terratenientes y capitalistas que viven en países imperialistas, con las sobras para los comerciantes e intermediarios locales. Pero ¿qué pasa con los baristas y otros trabajadores mal pagados en los países imperialistas, que luchan por satisfacer sus propias necesidades básicas, y cuya pobreza relativa y precariedad absoluta se mitiga en parte con las tazas de café baratas que pueden preparar en sus cocinas?

A diferencia del productor de café, el barista tiene acceso a atención médica gratuita y al apoyo a los ingresos y otras formas de protección social; y si tiene hijos, tendrán educación gratuita. Ninguno de estos son lujos, son necesidades, son derechos a los que todos los trabajadores tienen derecho, pero con los que la mayoría de los trabajadores fuera de los países imperialistas solo pueden soñar.

Fueron las crecientes luchas de liberación nacional en las colonias y neocolonias británicas, no solo el movimiento de reforma social en casa, lo que convenció a los gobernantes imperialistas británicos de conceder atención médica y educación gratuitas a sus trabajadores después de la Segunda Guerra Mundial. 75 años después, el imperialismo capitalista se encuentra en una profunda crisis, mantenida con vida solo por montañas de deuda, burbujas de activos y vastos flujos de plusvalía de trabajadores y agricultores superexplotados en las naciones del sur. Los capitalistas de los países imperialistas se ven obligados a atacar y buscar revertir las costosas concesiones que han hecho a sus trabajadores en casa y a intensificar el saqueo de la naturaleza y el trabajo vivo en las llamadas naciones en desarrollo.

Los trabajadores de los países imperialistas solo pueden proteger lo que tienen uniéndose a los trabajadores de las naciones dominadas para luchar por extender la atención médica gratuita, la educación y el derecho a un salario digno a todos los trabajadores, dondequiera que se encuentren.

¡Trabajadores del mundo, uniós!


* Reino Unido, Investigador independiente y activista en el Reino Unido, autor de Imperialism in the Twemty-First Century: Globalization, Super-exploitation and Capitalism’s Final Crisis (2016), Monthly Review Press, galardonado con el Paul Baran-Paul M. Sweezy Memorial Award.