Economía y pandemia desde Patagonia norte (Argentina)

Orietta Favaro

Foto: La Voz

Mientras en el mundo se vive la baja estrepitosa del precio del barril de petróleo, en Argentina se ven –además– los efectos del coronavirus con la abrupta caída del consumo de combustible y es de esperar que algunos yacimientos de hidrocarburos, como el de Vaca Muerta (Neuquén) profundicen su crisis debido a la pérdida de rentabilidad. La deuda, la caída del precio del petróleo y la pandemia generaron derrumbe de las inversiones  frenando el consumo de energía.  Algunas provincias petroleras –como las de la cuenca neuquina– tienen atados sus presupuestos a las regalías– en particular Neuquén– y muchas veces esos estados funcionan como “voceros de las empresas”. Esos megaproyectos, que  articulan procesos productivos, urbanos, sociales, financieros, concentraron –en su momento– mucha expectativa pública por el autoabastecimiento energético y el esquema de negocios, a pesar de los efectos ambientales y territoriales de la extracción de hidrocarburos (OPS, 02/04/2020).

En Argentina el petróleo y el gas son las principales fuentes generadoras de energía, con una incidencia en la matriz energética del 90% de los espacios donde existe este recurso fundamental no sólo para el propio país sino también para las empresas locales y trasnacionales. De ese modo, en la cuenca neuquina, Neuquén principalmente, pero también Río Negro, desarrollan políticas hacia los hidrocarburos; una, de modo forma exclusiva; la otra, con diversificación económica por la conformación de su propio espacio territorial. Neuquén,  desde su provincialización, en particular por las políticas del Movimiento Popular Neuquino (MPN), partido que la gobierna desde 1963 hasta la actualidad, privilegió el desarrollo de los hidrocarburos,  no sólo el petróleo, del mismo modo, el gas.

Sin embargo, recién con el hallazgo de Puesto Hernández –cerca de la actual Rincón de los Sauces– en 1969 y  el yacimiento  Loma  La Lata en 1977 –a unos 100 kilómetros de Plaza Huincul– la provincia se convirtió en un estado hidrocarburífero. A partir de ese momento y en función de los nuevos descubrimientos, se fue posponiendo la diversificación de la economía neuquina, propuestas de planificación y desarrollo elaboradas desde el Consejo de Planificación y Desarrollo (COPADE). Con  petróleo-gas y el ingreso de regalías, la provincia pudo ampliar su aparato estatal, reproducir el poder y continuar triunfando en cada elección local. Las estrategias del partido provincial y sus internas, derivaron en priorizar las políticas hidrocarburíferas, con las consecuencias por todos conocidas acordes al escenario nacional de los años noventa.

Neuquén contaba para su presupuesto con  regalías, que se habían elevado  del 7.4%  (1965-69), al 26.8% (1970-74), afirmando un salto importante en los años 1980  con  147 % (1980-84) y 331.5% (1985-89). Descendieron en los años ’90 a 234.1% y nuevamente ascendieron en 1995-97 a 314.9 %. El distrito, además, recepcionaba copaticipación federalque ascendió del 42.5% en los años sesenta, al 167.9% en los noventa; más es necesario destacar, los aportes no reintegrables, que fueron una constante de parte del Estado nacional para la provincia, que  treparon del 13.8% en los años 1960 al 121.4% en la década del noventa (Pilatti, 2008). Esto  le permitió al gobierno del MPN generar políticas –por lo menos hasta los años noventa en que el nuevo gobernador se alineó con las políticas del orden nacional–  que se podrían denominar de bienestar para la población, ya que destinó  un  buen porcentaje de presupuesto  a salud, educación y vivienda. Después de décadas de renta petrolera con baja densidad de población, hubo un efecto positivo: el poblamiento intensivo de la provincia y uno negativo, la fragilidad del modelo. Neuquén replica el mismo modelo de concentración económica  política que Buenos Aires ejerce sobre el interior.

La crisis del capitalismo del 2007/08  golpeó a todos los países, pero en los periféricos el impacto fue mayor, por la transnacionalización de las economías no diversificadas y con sistemas productivos menos integrados. Argentina sintió el impacto y la producción industrial comenzó a dar signos de estancamiento ya que varias ramas industriales sufrieron fuertes contracciones en sus niveles de producción. Se redujeron las exportaciones y se frenó la inversión de capital. Bajó el valor del barril de petróleo repercutiendo en provincias petroleras como Neuquén, porque luego de la desestatificación de YPF también  se separó el precio interno del externo y la renta para las empresas privadas se redujo.

En este contexto se firmaron contratos controvertidos –aprobados por el PL–  aunque el más importante con la ex petrolera estatal, se acordó  un pago adicional a cambio de renovar por diez años más a contar del vencimiento planteado por el gobernador de los ’90, Jorge Sobisch, con la promesa que las regalías  pasarían del 12 al 15 %.

El negocio petrolero reúne muchos empleos, un mundo del trabajo  (cada vez más con migrantes internos e inmigrantes de países vecinos a partir del fenómeno de Vaca Muerta, a 100 km de la capital de Neuquén), sectores sindicalizados con el gremio que dirige un hombre del MPN, Guillermo Pereyra. Si bien la crisis del  2008 arrastró a la industria petrolera y en la zona de la cuenca hubo 3000 petroleros en procedimiento de crisis, comparando con la actual, pandemia + petróleo, el problema es mayor: se redujeron los salarios, se despidieron trabajadores y se levantaron inversiones de empresas nacionales y multinacionales. 

Esta provincia tiene una economía de enclave, que no da lugar a relaciones intersectoriales hacia atrás ni hacia adelante con pocas vinculaciones con su hinterland productivo.  El negocio petrolero actualmente se ve  enfrentado  a una crisis mayor  que la del 2008, porque la mayoría de las empresas están paralizadas, sin  poder pagar los sueldos: YPF, Pan American Energy, Tecpetrol  y las compañías de servicios vinculadas a la CEOPE, como Halliburton, Schlumberger, San Antonio Internacional, negocian con el gremio  para no despedir a cerca de 50 mil trabajadores, según informa la prensa local.

La “Dubai argentina” (Vaca Muerta), un reservorio  de shale oil y shel gas importante en América Latina, está en crisis total y las regalías de Neuquén también. El contexto es complicado, porque la provincia no logró –entre otras causas, por razones políticas– diversificar su economía, panorama al que se ingresará en los próximos meses con mayor consumo de gas. El presupuesto provincial para este año era de 158 millones de pesos y los ingresos cayeron este mes –comparando con el anterior– un 46.80%; la más afees la producción de petróleo, desplomándose de este modo, las previsiones de regalías que son un 1/3 del ingreso total del estado neuquino.

Un presupuesto atado a los hidrocarburos

Fuente: Río Negro, 25/04/2020


La pandemia  expuso nuestra vulnerabilidad social y nuestra condición humana, a la par de desnudar y agudizar las desigualdades sociales y económicas haciéndolas más abusivas que nunca. El mundo  comenzó a crujir mucho antes  que la pandemia llegara, a las recurrentes crisis sistémicas del capital se le sumó el coronavirus. ¿Podrá Neuquén a través de Vaca Muerta, colaborar a las necesidades de un país que requiere petróleo, gas e ingresar divisas, en el marco de la concepción predominante que concibe los hidrocarburos como una mercancía?, sin tener en cuenta  los efectos al medio ambiente que la explotación de este recurso produce, el sometimiento de los pueblos originarios y la incorporación de esos territorios al modelo agroexportador. 

Orietta Favaro: Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, docente de Posgrado. Investigadora del Cehepyc-Universidad Nacional del Comahue, Neuquén.

Volver a Lenin

Foto: NuevaTribuna

Alhelí Cáceres

El marxismo–leninismo: una teoría de la praxis

Con acierto Samuel Huntington afirmaba en su obra “Political Order in Changing Societies” (1968) que Lenin no fue tan sólo un discípulo de Marx sino más bien fue un precursor de este, pues había logrado convertir al marxismo en una teoría política.

Sin duda, los aportes de Lenin al desarrollo teórico del marxismo fueron vastos, pero estos no fueron únicamente teóricos, sino que estuvieron estrechamente vinculados a la práctica concreta y en particular, a la concreción de la sociedad socialista. Pues, si algo distingue al marxismo–leninismo de cualquier otro cuerpo teórico, es su estrecha vinculación con la práctica, expresada en la praxis revolucionaria.

Desde el marxismo, lo concreto –que no se reduce a lo que podemos percibir con nuestros sentidos sino que abarca la propia abstracción y su relación dialéctica con la realidad material–, sólo puede ser analizado desde esta conjunción teórico–práctica, o tal como reflexionara hace más de un siglo el camarada Lenin “Sin la teoría revolucionaria, no puede haber movimiento revolucionario”, con la clara convicción acerca de la necesidad del conocimiento de la historia, de la realidad concreta y de la profunda comprensión de su expresión en el movimiento obrero.

Podemos decir con plena certeza que Lenin representa esa conjunción entre teoría y práctica expresada en la praxis revolucionaria, pues sobre sus hombros no sólo recayó la tarea histórica de guiar al proletariado para sentar las bases de la construcción de la primera experiencia socialista en la historia de la humanidad, de la mano del movimiento obrero y campesino, sino además, de sentar las bases para la construcción de la economía política en el período de transición hacia el socialismo, cuya expresión concreta fueron la Nueva Política Económica (NEP),  junto a la planificación central de la economía nacional, bajo el férreo control de los soviets obreros y campesinos, y con el reconocido éxito que esto significaría para aquella sociedad atrasada y semifeudal.

El plan de electrificación de toda Rusia, conocido como GOELRO, fue una de las primeras medidas implementadas por la revolución bolchevique, marcando el inicio del esplendor económico de la Unión Soviética.

Asimismo, los estudios de Lenin estuvieron dirigidos hacia la comprensión de las  dinámicas del capitalismo en su fase imperialista, marcada por los elevados niveles de concentración y la relevancia que fueron cobrando los monopolios en la actividad económica a nivel mundial, para comprender el funcionamiento orgánico del capitalismo contemporáneo y destruir al capital como relación social dominante,  es necesario no sólo volver a Lenin desde la teoría, sino, y por sobre todo, desde la práctica concreta.

Lenin y el desarrollo de la economía política marxista

(…) La política es la expresión concentrada de la economía. V.I. Lenin.

Los aportes teóricos de Lenin refieren al amplio campo de estudio inaugurado por Marx y Engels respecto a la comprensión del metabolismo social del capital  y la necesidad histórica de superar el orden social burgués, junto a la tarea histórica del proletariado de construir la sociedad comunista;  a los  fundadores del socialismo científico les quedó por abordar diversos aspectos relacionados con una economía política de la transición al socialismo, fundamentalmente porque no existieron experiencias concretas de construcción de un estado obrero como lo fue la revolución bolchevique.

A estas condicionantes se les añade aquellas limitaciones propias del momento histórico – concreto en el que desarrollan su teoría, además de las impuestas por el desarrollo del capital, así como el escaso desarrollo de sus inherentes contradicciones. Por lo que aspectos relevantes en torno al rol del Estado, al papel de las relaciones monetario–mercantiles, de la economía en su conjunto; fueron vacíos teóricos abordados posteriormente por Lenin, una vez que la clase trabajadora haya tomado el poder político, marcando el fin de la dinastía Romanov.

Por lo que volver a Lenin no sólo es imprescindible para llevar adelante la tarea histórica del proletariado de construir la sociedad socialista, sino que es insustituible para comprender la dinámica del capital contemporáneo en su fase imperialista de desarrollo.

El modelo soviético y la economía política de la transición

La experiencia soviética representó un punto de inflexión en la historia de la humanidad, el socialismo, negado incluso antes de nacer por los apologistas del establishment, evidenció en la práctica no sólo la creatividad y la capacidad de la clase trabajadora para dirigir su destino, sino que, a su vez, su organización económica y social evidenció, en la práctica concreta, la superioridad del ideal socialista.

Es preciso, para continuar, recordar que ni Marx ni Engels se propusieron construir una sociedad ideal, en donde radica una de las principales diferencias con los socialistas utópicos; para los clásicos, esta era resultado del desarrollo histórico de la dominación capitalista, la que les sirvió para presentar rasgos esenciales del socialismo como sociedad contrapuesta al capitalismo como sistema. Partiendo de esta premisa, Lenin comprendió la necesidad de teorizar respecto a las bases que sostendrían ese proceso de transición en Rusia, cuestión no prevista por los clásicos.

De ahí que uno de los grandes aportes de Lenin a la economía política del socialismo fuera justamente definir el camino a seguir, en donde la Nueva Política Económica (NEP) se constituyó en el primer elemento cuya tarea principal fue estructurar el esquema de relaciones de una economía mixta sobre bases socialistas, incluyendo, por supuesto, la premisa de reorganización de la propiedad estatal y el papel que cumplirían en este período las relaciones monetario–mercantiles. Modelo que no estuvo exento de errores y que, a la luz de la experiencia, hoy podemos y debemos evaluar, pero que no constituyen objeto de análisis en esta nota.

Sin embargo, consideramos necesaria su reivindicación como la primera experiencia de la clase obrera en la dirección económica de la nación en un contexto de guerra, hambruna y la más escandalosa pobreza.

La implementación de la NEP coincidió con el período de desarrollo de la fase imperialista del capitalismo, y cuyos principales rasgos fueron descritos y analizados por Lenin en su famosa y tal vez, más conocida obra Imperialismo: Fase superior del capitalismo, escrita en la primera mitad de 1916 durante su exilio en Zúrich; vigente en la actualidad.

La vigencia de los aportes de Lenin a la economía política del capitalismo

En su obra más conocida, Lenin analiza la unidad global del capital cuya racionalidad económica deviene en la cada vez mayor concentración y centralización tanto de capitales como de medios de producción. Lenin señala el surgimiento del capital financiero como resultado de la fusión del capital bancario y el industrial, y en donde las guerras por el reparto del mundo y de las riquezas son aspectos centrales de la racionalidad imperialista, demostrando que estas son inevitables en tanto subsista la propiedad privada sobre los medios de producción.

Una de las tesis leninistas vigentes se refiere a la predominancia de los monopolios y del capital financiero en la dinámica global del capitalismo posterior a la década de 1860, punto culminante del capitalismo de libre competencia. Por otra parte, Lenin da cuenta de los procesos de fusión de grandes empresas, controlando así diferentes ramas de la producción industrial, concluyendo que es la libre competencia la que engendra la concentración de la producción y cuyo desarrollo histórico conduce a la conformación de monopolios.

Entre los rasgos principales de la fase imperialista descritos por Lenin encontramos la concentración de la producción y el capital a niveles escandalosos que permiten que estos controlen la vida económica de las naciones. La fusión del capital bancario y el industrial que deviene en capital financiero y da surgimiento a la oligarquía financiera, la exportación de capitales, la conformación de asociaciones internacionales monopolistas y el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas, son los aspectos más relevantes presentados en el análisis de Lenin.

Y si hacemos un ligero ejercicio y colocamos la mirada sobre el mundo, observaremos que tan sólo después de la segunda postguerra mundial, junto a la conformación de la arquitectura financiera internacional y la imposición del dólar como divisa internacional, además de la creación del brazo armado del imperialismo, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), han tenido lugar hasta hoy, cientos de guerras interimperialistas por el control de los territorios y los recursos, acabando incluso con estados, como fue el caso de Libia en pleno siglo XXI, sin dejar de mencionar la invasión y destrucción de Irak, Afganistán, entre otros; y que en la actualidad, la impronta guerrerista de los Estados Unidos, principal exponente del imperialismo, acecha sobre la región, con amenazas de intervención armada en Venezuela, tal como lo hiciera en Panamá en 1989, son algunos de los hechos que dan cuenta de la relevancia y la vigencia del análisis leninista.

Los aportes de Lenin permiten comprender el carácter parasitario de la fase imperialista del desarrollo del capital así como la racionalidad vigente detrás las guerras que, bajo la lógica de reproducción del capitalismo buscan destruir las fuerzas productivas y generar nuevos espacios de mercado a los que exportar capitales garantizando de ese modo la reproducción ampliada del capital.

La realidad contemporánea refleja que las grandes corporaciones controlan la vida política y económica de las naciones y de la economía mundial en su conjunto; actualmente existen 100 grandes corporaciones, de las cuales sólo los ingresos de unas diez, superan al PIB de los 180 países más pequeños del planeta. Entre estas grandes corporaciones se encuentran Walmart, State Gird, China National Petroleum, Sinopec Group, Royal Dutch Shell, Exxon Mobil, Volkswagen, Toyota Motor, Apple, BP, Berkshire   Hathaway, McKesson, Samsung Electronics, Glencore, Industrial & Com. Bank of China, Daimler, United Health Group, CVS Health, Exor Group y General Motors.

Comprender la centralidad que ha cobrado Estados Unidos y su moneda en el tejido imperialista gracias al poder económico de sus grandes corporaciones y a su complejo industrial – militar, resultaría insuficiente si no tomamos a Lenin como punto de partida, para quien las guerras que han tenido lugar, han respondido siempre a los intereses de la clase dominante por expandir sus mercados, por ejercer control sobre los recursos naturales y la fuerza de trabajo.

Actualmente existen 43.060 empresas transnacionales que dominan la vida económica y política a nivel global, y cuya capacidad de reconfigurar territorios o regiones enteras es espeluznante. El aumento de este número de empresas transnacionales da cuenta del cada vez mayor grado de concentración de los mercados, teniendo lugar un proceso cada vez mayor de socialización de la producción, y su contraparte, el aumento de la concentración de la riqueza generada, reforzando la tesis de Lenin respecto al imperialismo como antesala de la revolución socialista.

Por otra parte, Lenin no sólo teorizó respecto a la descomposición del capitalismo en su fase parasitaria, sino también respecto al rol de los países más débiles de la cadena imperialista mundial y en donde la explotación del trabajo asalariado se complementa con la subordinación y subyugación de los pueblos de los países coloniales y semicoloniales por el capital financiero internacional.

La vigencia de las tesis de Lenin respecto a la fase imperialista toma cuerpo al aplicarlos para analizar la dinámica de la economía paraguaya, por ejemplo, en donde las grandes corporaciones transnacionales como Monsanto–Bayer, Cargill, LDC, entre otras, dominan el comercio exterior de la producción de soja, la extranjerización de la tierra, su concentración en pocas manos, así como la subordinación a los intereses de la clase dominante brasilera bajo la lógica subimperialista de Brasil, no pueden explicarse sin los elementos arrojados por Lenin para la comprensión de la dinámica de la economía mundial.

Retornar a Lenin, es volver al futuro, sus aportes a la teoría económica respecto al papel de la inversión extranjera, a los monopolios y el comercio exterior, al papel de las cooperativas de base socialista en los procesos de transición, entre otros, permiten no sólo comprender la racionalidad de la fase imperialista del capitalismo, sino también, y por sobre todo, permite pensar  y repensar el rol de la economía y del estado en el período de transición, así como el papel de los países más débiles de la pirámide imperialista para generar procesos de transformación revolucionaria que inviten a la construcción necesaria de una alternativa real a la sociedad del dinero y de la explotación.

Como dijera Fidel “No ha habido gladiador que haya librado más combates ideológicos que los que libró Lenin”, de ahí que la necesidad histórica sea hoy volver a Lenin.

* A 150 años del nacimiento de Lenin.

Alhelí Cáceres: Paraguay, GT Estudios críticos del Desarrollo Rural,Licenciada en Economía por la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca – Cuba. Candidata a Magíster en Ciencias Sociales por FLACSO – Paraguay. Presidenta de la Sociedad de Economía Política del Paraguay.


¿Por Qué El Coronavirus Podría Provocar Una Supernova Capitalista?

No hay un árbol mágico de dinero: los «paquetes de rescate» tienen como objetivo rescatar un sistema podrido, y no funcionarán

Por John Smith

No hay un árbol mágico de dinero: los «paquetes de rescate» tienen como objetivo rescatar un sistema podrido, y no funcionarán

“Los rendimientos globales más bajos en 500 años de historia registrada. $ 10 billones de bonos con tasa negativa. Ésta es una supernova que explotará algún día «, tuiteó Bill Gross, el «rey de los bonos» hace cuatro años (Robin Wigglesworth y Joel Lewin, “Bill Gross advierte sobre una pila de bonos de rendimiento negativo de $10 billones de dólares”, Financial Times, junio 10, 2016).

Este día se ha acercado. El capitalismo enfrenta ahora la crisis más profunda en sus varios siglos de existencia. Ha comenzado una depresión mundial que ya está devastando las vidas de cientos de millones de trabajadores en todos los continentes. Las consecuencias para los trabajadores y personas pobres en Asia, África y América Latina serán aún más extremas que para los que viven en Europa y América del Norte, tanto con respecto a las vidas perdidas por el coronavirus como con la amenaza a su existencia para los miles de millones de personas que ya viven en extrema pobreza. El capitalismo, un sistema económico basado en el egoísmo, la codicia y la competencia violenta, revelará más claramente que nunca que es incompatible con la civilización.

El capitalismo enfrenta ahora la crisis más profunda en sus varios siglos de existencia. Ha comenzado una depresión mundial que ya está devastando las vidas de cientos de millones de trabajadores en todos los continentes.

¿Por qué la supernova -la explosión y muerte de una estrella- es una metáfora adecuada de lo que ahora podría estar a punto de desarrollarse? ¿Por qué podría el coronavirus, un organismo con un diámetro del milésimo de tamaño de un cabello humano, ser el catalizador de tal cataclismo? ¿Y qué podemos hacer los trabajadores, los jóvenes y los desposeídos del mundo para defendernos y «dar a luz un mundo nuevo de las cenizas del viejo», en palabras del himno laboral de Estados Unidos, Solidaridad para Siempre?

Para encontrar respuestas a estas preguntas, debemos entender por qué la «crisis financiera global» que comenzó en 2007 fue mucho más que una crisis financiera, y por qué las medidas extremas tomadas por los gobiernos del G7 y los bancos centrales para restaurar un mínimo de estabilidad, en particular, la «política de tasa de interés cero», descrita por un banquero de Goldman Sachs como «el crack de cocaína para los mercados financieros, ha creado las condiciones para la crisis actual (Henny Sender, 2009,»En Wall Street: un tónico que funciona demasiado bien», Financial Times, diciembre 23).

I.- Los “problemas de salud subyacentes” del capitalismo global

La primera etapa de una supernova es la implosión, análoga a la disminución a largo plazo de las tasas de interés que comenzó mucho antes del inicio de la crisis sistémica en 2007, que se aceleró desde entonces, y que cayó a un precipicio justo cuando el coronavirus comenzó su alboroto al inicio de enero de 2020.

La caída de las tasas de interés es fundamentalmente el resultado de dos factores: la caída de las tasas de ganancia y la hipertrofia del capital, es decir, su tendencia a crecer más rápido que la capacidad de los trabajadores y los agricultores para suministrarle la sangre fresca que necesita para vivir. Como dijo Marx, en El capital (vol. 1, Londres, Penguin, p. 342) «la única fuerza impulsora del capital [es] el impulso de valorizarse a sí mismo, de crear plusvalía … el capital es trabajo muerto que, como un vampiro, solo vive absorbiendo trabajo vivo, y vive más cuanto más trabajo absorbe.»

Estos dos factores se combinan para formar un círculo fatal de asombroso poder destructivo. Examinemos sus vínculos más importantes:

Muchas cosas enmascaran y contrarrestan la caída de la tasa de ganancia, convirtiendo a ésta en una tendencia que solo se revela en tiempos de crisis, de las que la más importante ha sido el cambio de producción de Europa, América del Norte y Japón para aprovechar las mayores tasas de explotación disponibles en países de bajos salarios.

La caída de la tasa de ganancia se manifiesta en una creciente renuencia de los capitalistas a invertir productivamente; cada vez invierten más es en marcas, propiedad intelectual y otras actividades parasitarias y no productivas (John Smith, 2017, The Global Economy-crisis or recovery?, https:// http://www.researcggate.net).

Esta huelga de inversión capitalista de larga duración se ve amplificada por el cambio global de producción -aumentando las ganancias al recortar los salarios en lugar de construir nuevas fábricas y desplegar nuevas tecnologías. Esto permite enormes márgenes de ganancia, turbo-cargando la acumulación de vastas riquezas para las cuales los capitalistas no tienen un uso productivo; de ahí la hipertrofia del capital.

Esto, a su vez, da como resultado una disminución de las tasas de interés -a medida que los capitalistas compiten entre sí para comprar activos financieros, suben su precio, y los flujos de ingresos que generan caen-; por lo tanto, caen las tasas de interés. La caída de las tasas de interés y el aumento del valor de los activos han creado lo que es, para los inversionistas capitalistas, el círculo virtuoso definitivo: pueden pedir prestadas grandes sumas para invertir en activos financieros de todo tipo, lo que infla aún más su «valor».

Por lo tanto, la caída de las tasas de interés tiene dos consecuencias fundamentales: la inflación de las burbujas de activos y la acumulación de montañas de deuda. “El efecto combinado de la política de la Fed de una tasa cero de los fondos de la Reserva Federal, flexibilización cuantitativa y compra masiva de instrumentos de deuda a largo plazo aparentemente está haciendo que el mundo sea seguro -por ahora- para la madre de todos los «carry trades» y para la madre de todas las burbujas globales de activos altamente apalancadas.”  (Nouriel Roubini, 2009, «La madre de todos los «carry trades» se enfrenta a una quiebra inevitable», Financial Times, noviembre 1, 2009).

De hecho, estas son las dos caras de la misma moneda: por cada deudor hay un acreedor; cada deuda es un activo de otra persona. Las burbujas de activos podrían desinflarse (si aumenta la productividad) o bien explotarán; el crecimiento económico podría, con el tiempo, erosionar las montañas de deuda, o de lo contrario se derrumbarán.

Desde 2008, la productividad se ha estancado en todo el mundo y el crecimiento del PIB ha sido menor que en cualquier década desde la Segunda Guerra Mundial, resultando en lo que Nouriel Roubini ha llamado «la madre de todas las burbujas de activos», mientras que la deuda agregada (la deuda total de los gobiernos, corporaciones y hogares), que ya era monumental antes del colapso financiero de 2008, ha duplicado su tamaño desde entonces.

El crecimiento de la deuda ha sido particularmente pronunciado en los países del Sur global. La deuda total de los 30 más grandes de ellos alcanzó los $ 72.5bn en 2019 -un aumento del 168% en los últimos 10 años, según datos del Banco de Pagos Internacionales. A China le corresponden $ 43bn, frente a los $ 10bn de hace una década. En resumen, mucho antes del coronavirus, el capitalismo global ya tenía «problemas de salud subyacentes»; ya estaba en cuidados intensivos.

El capitalismo global -que es más imperialista que nunca antes, ya que es más parasitario y más dependiente de los ingresos de la super-explotación en los países de bajos salarios- se dirige inexorablemente a la supernova, hacia el estallido de las burbujas de activos y al derrumbe de las montañas de deudas. Todo lo que los bancos centrales imperialistas han hecho desde 2008 ha sido diseñado para posponer el inevitable día del ajuste de cuentas. Pero ahora ha llegado ese día.

Los bonos del Tesoro de EE. UU. A 10 años se consideran el refugio más seguro y el punto de referencia final con el que se valora toda otra deuda. En épocas de gran incertidumbre, los inversores abandonan invariablemente los mercados de valores y se dirigen a los mercados de bonos más seguros, por lo que a medida que los precios de las acciones caen, los precios de los bonos -también conocidos como «valores de renta fija»- aumentan. Mientras lo hacen, el ingreso fijo que generan se traduce en una tasa de interés decreciente. Pero no sucedió eso el 9 de marzo, cuando, en medio de la caída de los mercados bursátiles, las tasas de interés de los bonos del Tesoro de EE. UU. A 10 años se dispararon. Según un operador de bonos, «estadísticamente hablando, [esto] solo debería suceder cada pocos milenios» (Tommy Stubbington y Colby Smith, 2020, “Los veteranos de la inversión intentan familiarizarse con los mercados ‘quebrados’,” Financial Times, marzo 20, 2020). Incluso en el momento más oscuro de la crisis financiera mundial, cuando Lehman Brothers (un gran banco comercial) se declaró en quiebra en septiembre de 2008, esto no sucedió.

La causa inmediata de este pequeño ataque al corazón fue la escala de destrucción de activos en otros mercados de acciones y bonos, lo que provocó que los inversores se apresuraran a convertir sus inversiones especulativas en efectivo.

Para satisfacer sus demandas, los administradores de fondos se vieron obligados a vender sus activos más fáciles de intercambiar, negando así su condición de refugio seguro, y esto obligó a los gobiernos y a los bancos centrales a tomar medidas extremas y disparar sus «grandes bazucas», es decir, los multibillonarios paquetes de rescate en dólares -incluida una promesa de imprimir dinero sin límite para garantizar el suministro de efectivo a los mercados- (The Economist, 2020, “¿Por qué se ha agigantado la fontanería financiera de Estados Unidos?”, marzo 19, 2020) .  Pero este evento también proporcionó una premonición de lo que está por venir. A final de cuentas, los billetes de dólar, tal como los certificados de bonos y las acciones, son solo pedazos de papel. A medida que miles de billones más ingresan al sistema, los eventos en marzo de 2020 acercan el día en que los inversionistas perderán la fe en el efectivo en sí -y en el poder de la economía y el Estado que la respalda. Entonces habrá llegado el momento de la supernova.

II. La negación del imperialismo por la izquierda y su creencia en el “árbol mágico de dinero”

La gama de la izquierda en los países imperialistas -el ala liderada por Jeremy Corbyn del Partido Laborista en el Reino Unido; la variada tripulación de keynesianos de izquierda como Ann Pettifor, Paul Mason, Yanis Varoufakis; los partidarios de Bernie Sanders en Estados Unidos- están unidos en dos cosas: todos reconocen, en un grado u otro, que el saqueo imperialista de colonias y neo-colonias sucedió en el pasado, pero niegan que el imperialismo continúe definiendo de alguna manera significativa las relaciones entre países ricos y pobres (John Smith, 2019, “Imperialismo detrás de una taza de café”, NA XXI, núm. 35, septiembre).  

Y esta izquierda cree en una u otra versión del «árbol mágico de dinero”, en otras palabras, ven la disminución de las tasas de interés a niveles negativos, no como una luz roja intermitente que muestra la gravedad de la crisis, es decir, no como la fase de implosión de una supernova, sino como una luz verde para pedir dinero prestado para financiar el aumento de la inversión estatal, el gasto social, un «New Deal» Verde e incluso una mayor ayuda exterior. De hecho, no hay un árbol mágico de dinero. El capitalismo no puede escapar de esta crisis, sin importar cuántos billones de dólares pidan prestados los gobiernos o impriman los bancos centrales. Los neoliberales rechazaron el pensamiento mágico, ahora lo abrazan: esto muestra el alcance de su pánico, pero no hace que el pensamiento mágico sea menos fantástico. Los trillones que gastaron después de 2007-8 compraron una década más de vida-zombi para su vil sistema. Esta vez tendrán suerte si obtienen 10 meses, o incluso 10 semanas, antes de que comience la fase de explosión de la supernova.

Coronavirus: catalizador del cataclismo

La pandemia de coronavirus ocurrió en el peor momento posible: el crecimiento en la eurozona se había reducido a cero; gran parte de América Latina y África subsahariana ya estaban en recesión; el efecto estimulante de las grandes donaciones de impuestos de Trump a las corporaciones estadounidenses se estaba desvaneciendo; la guerra comercial entre Estados Unidos y China estaba causando graves interrupciones en las cadenas de suministro y amenazaba con enredar a la Unión Europea; y decenas de millones de personas se unieron a protestas masivas en docenas de países de todo el mundo.

Las tasas de interés ahora están en niveles altamente negativos -pero no si usted es Italia y enfrenta un enorme aumento en su relación deuda/PIB, no si es una corporación endeudada que intenta refinanciar sus deudas, no si es un «mercado emergente». Desde el 9 de marzo, las tasas de interés corporativas se han disparado; de hecho, pocas corporaciones pueden pedir dinero prestado; a cualquier precio. Los inversionistas se niegan a prestarles.

Las corporaciones enfrentan ahora una crisis crediticia, ¡en medio de las tasas de interés negativas mundiales! Es por eso que el Banco Central Europea decidió pedir prestados €750 mil millones de estos mismos inversionistas, y usarlo para comprar los bonos corporativos que estos mismos inversores ahora se niegan a comprar, y por qué la Reserva Federal de los Estados Unidos está haciendo lo mismo en una escala aún mayor. El destino de Italia (y de la Unión Europea) ahora depende de la voluntad del Bundesbank de reemplazar a sus acreedores privados. Su negativa a hacer esto sería la etapa final de la agonía de la muerte de la Unión Europea.

Durante las dos semanas intermedias de marzo, los gobiernos imperialistas anunciaron planes para gastar $4.5 billones en el rescate de sus propias economías en bancarrota. Una cumbre en línea de emergencia del G20 (las naciones imperialistas del G7 más una docena de naciones «emergentes», incluidas Rusia, India, China, Brasil e Indonesia) el 26 de marzo, declaró que «estamos inyectando más de $5 billones a la economía global (Cumbre de Líderes del G20, declaración sobre el COVID-19, 26 de marzo de 2020). Estas palabras son engañosas; ¡por «global» en realidad quieren decir «doméstico»! La respuesta de la «izquierda» en los países imperialistas es aplaudir y decir, ¡tuvimos la razón todo el tiempo! ¡Hay un árbol de dinero mágico después de todo! -aparentemente sin darse cuenta de que esto es exactamente lo que sucedió después de 2008: la socialización de la deuda privada. O que, a diferencia del post-2008, esta vez no funcionará.

Sin embargo, a medida que los gobiernos imperialistas movilizan tardíamente y monopolizan los recursos médicos para enfrentar la crisis del coronavirus en sus propios países, han abandonado a los países pobres a su suerte. La izquierda en los países imperialistas (o podríamos decir la «izquierda imperialista», para abreviar) también ha ignorado el hecho de que no hay nada en estas inyecciones de efectivo de emergencia para los pobres del Sur global. Si eres un «mercado emergente», ¡vete a la mierda y únete a la cola para un rescate del FMI! Al 24 de marzo, 80 países estaban en esta cola, esperando recibir una parte de su capacidad de préstamo de $1 billón. Esto suena como mucho dinero, y de hecho lo es, pero, como Martin Wolf, corresponsal económico en jefe del Financial Times, señala, «las brechas financieras externas agregadas de los países emergentes y en desarrollo probablemente sean mucho mayores que la capacidad de préstamo del FMI» (Martin Wolf, 2020, “Esta pandemia es un desafío ético”, Financial Times, marzo 24, 2020).

Además, como sugiere Wolf, el propósito de los préstamos del FMI es ayudar con las «brechas de financiamiento externo», en otras palabras, rescatar a los acreedores imperialistas, no a los pueblos de las naciones deudoras; e invariablemente vienen con condiciones duras y humillantes que se suman a la carga aplastante que ya está presionando a los pueblos de esos países. En este sentido, son como los grandes rescates gubernamentales de capital privado en los países ricos, pero sin agregar nada para financiar los pagos de asistencia social o reemplazar parcialmente los salarios. El objetivo de estas últimas medidas es comprar la docilidad de la clase trabajadora en las naciones imperialistas, ¡pero no tienen intención de hacerlo en África, Asia y América Latina!

El 24 de marzo, las Naciones Unidas emitieron un llamamiento por $2 mil millones para combatir la pandemia de coronavirus en África, Asia y América Latina. Este dinero, que la ONU espera recaudar en los próximos nueve meses, es 1/80 del presupuesto anual del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), y menos de 1/2000 de los $4.5 billones que planean gastar para mantener vivas sus propias economías capitalistas. También es menos de 1/40 del dinero que los inversionistas imperialistas han sacado de los «mercados emergentes» durante las primeras tres semanas de marzo, «la mayor salida de capital jamás registrada», según la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

El máximo alcance del alivio de los efectos colaterales de la epidemia de coronavirus en los pueblos de los países pobres de África, Asia y América Latina fue señalado por el presidente del Banco Mundial, David Malpass, quien después de que terminó la cumbre del G20 dijo que su junta está preparando un paquete de rescate valorado en «hasta $160 mil millones» repartidos en los próximos 15 meses, una fracción minúscula de las pérdidas económicas que la próxima depresión mundial impondrá a los pueblos de los absurdamente llamados «mercados emergentes».

“Tenemos un deber revolucionario que cumplir”:

Leonardo Fernández, médico cubano en Italia

¿Entonces, qué debe hacerse? En lugar de aplaudir el rescate de las grandes corporaciones, deberíamos expropiarlas. En lugar de respaldar una moratoria temporal sobre los desalojos y la acumulación de atrasos en el alquiler, debemos confiscar bienes inmuebles para proteger a los trabajadores y las pequeñas empresas. Éstas y muchas otras luchas para afirmar nuestro derecho a la vida sobre los derechos de los capitalistas a su propiedad, son para el futuro cercano.

En este momento, la prioridad es hacer lo que sea necesario para salvar vidas y derrotar al coronavirus. Esto implica extender la solidaridad a aquellos que son más vulnerables a la pandemia (personas sin hogar, prisioneros, solicitantes de asilo que soportan «ambientes hostiles») y a los desposeídos y víctimas del imperialismo en los barrios marginales y campos de refugiados del Sur global. Raghuram Rajan, ex-gobernador del Banco de la India, señala que «a la espera de una cura o una vacuna confiable, el mundo necesita combatir el virus en todas las partes en que se presente a fin de relajar las medidas en cualquier lugar». ( Raghuram Rajan, 2020, “Los países ricos no pueden ganar la guerra contra el coronavirus solo”, Financial Times, marzo 20, 2020). The Economist está de acuerdo: «Si se deja que covid-19 asole el mundo emergente, pronto se extenderá de nuevo al rico» (The Economist, 2020, “Covid-19 podría devastar a países pobres”, The Economist, marzo 26, 2020, https://ww.economist.com). 

La pandemia de coronavirus es solo la prueba más reciente de que no necesitamos tanto Servicios Nacionales de Salud, sino un Servicio Global de Salud. El único país que está actuando según este imperativo es la Cuba revolucionaria. Ya tienen más de 28,000 médicos que brindan atención médica gratuita en 61 países pobres -más que los países del G7 combinados- y 52 en Italia, 120 más en Jamaica, y está ayudando a muchos otros países a prepararse para la pandemia. Incluso el gobierno de extrema derecha de Bolsonaro en Brasil, que el año pasado expulsó a 10,000 médicos cubanos, calificándolos de terroristas, ahora les ruega que regresen (Ben Norton, 2020, “En medio de una pandemia de coronavirus, Brasil de Bolsonaro suplica por los médicos cubanos, luego de expulsarlos” https://thegrayzone.com/2020/03/17/coronavirus-brazil-cuban-doctors-bolsonaro/.

Para vencer al coronavirus debemos emular el internacionalismo médico de Cuba. Si queremos derrotar esta pandemia, debemos unirnos con sus médicos revolucionarios y su pueblo revolucionario y debemos prepararnos para hacer lo que hizo Cuba para hacer posible este internacionalismo; en otras palabras, debemos reemplazar la dictadura del capital con el poder del pueblo trabajador.

La supernova del coronavirus convierte la revolución socialista en los países imperialistas y en todo el mundo en una necesidad, una tarea práctica urgente, una cuestión de vida o muerte si la civilización humana va a sobrevivir y si la destrucción capitalista de la naturaleza, de la cual la epidemia de coronavirus es simplemente el último síntoma, debe ser finalizada.

LA PANDEMIA COVID 19 AGRAVA LA CRISIS CAPITALISTA

Foto: Alainet

Julio C. Gambina

El coronavirus y sus impactos, como las políticas para confrontarlo, evidenciaron los problemas económicos de la economía mundial, los que vienen de lejos.

Una señal fue en 1999 la debacle de la “nueva economía” de las empresas “punto.com” y la batalla de Seattle, proceso desplegado hasta el 2001. Fue entonces, con el episodio de las “torres gemelas” que se desencadenó una respuesta desde el Estado, a caballo de la ampliación del crédito y el gasto militar. El propio Estado capitalista, difusor de las políticas neoliberales, acudió al Estado para sustentar la lógica del capital. Fueron mecanismos económicos y políticos que se adoptaron para superar la caída de la actividad económica y renovar las formas de dominación mundial.

El límite se presentó en 2007 como crisis hipotecaria, ampliada en 2008 con la caída de Lehman Brothers y la recesión mundial del 2009. La respuesta supuso una gigantesca intervención estatal con emisiones millonarias en el capitalismo desarrollado para hacer viable el funcionamiento del sistema. Junto a la emisión se procesó una inmensa desregulación bancaria, dando lugar a la emergencia de los actuales Fondos de Inversión, la “banca en las sombras”, que administran activos fijos y financieros del capital transnacional, por montos superiores a los PBI de los principales Estados nacionales del capitalismo mundial.

La coyuntura de crisis mundial 2007/09 fue el comienzo del fin de las políticas liberalizadoras instrumentadas a la salida de la crisis de los 60/70, las que se iniciaron como ensayo en el Cono Sur de América bajo dictaduras genocidas sustentadas en el terrorismo de Estado. La forma de salida de esa crisis es lo que se denominó “neoliberalismo”, en cuanto corriente hegemónica de la política económica en el sistema mundial. En simultáneo a ese proceso de emergencia neoliberal, China se incorporó fuertemente al sistema mundial desde la modernización operada desde 1978.  Ahora estamos en pleno despliegue de una crisis mundial del neoliberalismo, con la novedad que se discute quien hegemoniza el nuevo orden mundial, y por eso la guerra comercial entre EEUU y China, o las respuestas nacionalistas y proteccionistas de Trump o del Brexit, de Bolsonaro y varios regímenes derechistas.

Por eso, más allá de cualquier análisis, la “retórica proteccionista” en tiempos de transnacionalización de la economía responde a la crítica de la globalización construida por más de cuatro décadas desde el ensayo sudamericano del terrorismo de Estado. Tanto EE.UU. como el Reino Unido, entre muchos, pretenden barajar y dar de nuevo, pero como actúan otros, especialmente China y sus alianzas, se transforma en una lucha que se juega a varias bandas. Claro que también intervienen en el debate quienes imaginan espacio para la restauración de las políticas keynesianas, hegemónicas entre 1930 y la instalación de la lógica hegemonizada por el neoliberalismo. En ese sentido se inscribe la campaña demócrata de Bernie Sanders en EE.UU., o la prédica del laborista James Corbyn en Inglaterra, tanto como los postulados que emanan desde el Vaticano, con los diálogos entre el Papa Francisco y el Nobel 2001 Joseph Stiglitz. El reciente Grupo de Puebla, que se asienta en la nueva dinámica de los procesos políticos en México y Argentina, transitan por esta referencia intelectual y de proyecto político. Menos visible resulta la voluntad alternativa, anticapitalista, con límites muy importantes para instalar un sentido común global favorable a una expectativa de transición sistémica por la transformación social.

Disputa del orden

No solo hay dimensión política de esta disputa hegemónica, sino que transcurre sobre un trasfondo de innovación tecnológica y de las formas que asumen las relaciones sociales de producción, especialmente entre el capital y el trabajo, y muy en particular, el papel o función que asume el Estado, no solo en cada país, sino en la articulación de capacidad global de subordinación y domesticación desde la institucionalidad mundialmente construida desde los Organismos Internacionales, las Naciones Unidas y sus agencias, el G20, entre otros. La recesión en curso estimula y acelera aspiraciones dominantes para revertir derechos sociales e inducir nuevas formas de gestión y explotación de la fuerza de trabajo, caso del “teletrabajo” o el despliegue de las economías de plataforma, el acelerado proceso de utilización de la inteligencia artificial y otras formas de la llamada economía del conocimiento.

La pandemia desató con diferente ritmo, políticas pasivas, al estilo EE.UU., Gran Bretaña o Brasil, entre los más destacados, que ante el agravamiento fueron modificando y avanzaron en políticas de aislamiento de las personas y baja de la actividad económica, las que involucran a más de la mitad de la población mundial, e impactan en la reducción de la producción, afirmando un destino recesivo. Dice la titular del FMI: “el crecimiento global en 2020 caerá por debajo del nivel del año pasado”. Sigue diciendo que “La prioridad número uno en términos de respuesta fiscal es garantizar gastos de primera línea relacionados con la salud para proteger el bienestar de las personas, cuidar a los enfermos y frenar la propagación del virus” (Kristalina Georgieva. Blog del FMI, 4 de marzo del 2020).

No hay que confundirse. El FMI no viró hacia el keynesianismo, sino que, como en ocasiones anteriores, los sectores dominantes acuden al Estado para resolver los problemas del capitalismo. En todo caso, el temor subyacente es el despliegue del conflicto ante la pérdida de empleo, la caída de los ingresos populares, el empobrecimiento, etc. Son opiniones vertidas por el FMI ante la necesidad de ampliar el gasto en salud, disminuido por la lógica de las privatizaciones impulsada desde el neoliberalismo. La ausencia de camas, respiradores, infraestructura hospitalaria e insuficiente material para la seguridad del personal afectado a la salud, evidente ahora con el COVID19, expresa el resultado de una lógica orientada al mercado y a un gasto público privilegiando un rumbo para la militarización.

Por eso destaca en la coyuntura la política de derecho a la salud propiciada en Cuba desde el comienzo de la revolución en 1959, e incluso la capacidad de confrontación contra el coronavirus desde la planificación estatal en China. Nuevamente está en debate el sentido del accionar estatal, en favor de qué intereses en particular. El Estado capitalista desde la crisis del 1930 interviene para sostener al orden capitalista, tal como se evidencia en las gigantescas emisiones de salvataje de estas horas en EE.UU., Europa o Japón. Lo que también habilita a pensar en el sentido de un Estado para la transición, en el camino de la experiencia cubana y si se quiere, con matices, de la situación en China. Todo un tema para discutir en la coyuntura y la perspectiva del futuro a la salida de la pandemia.

Así como se discute el Estado, se habilita el debate sobre el impacto del modelo de producción sobre la Naturaleza. Al parar la producción mundial en varios territorios, producto del “aislamiento” o cuarentenas de la población para evitar contagios, ocurrió una disminución en la generación de gases contaminantes, claro que ello no elimina la concentración tóxica en el medio ambiente.

La menor contaminación por cierres parciales o totales de las producciones nacionales nos hace pensar en la potencialidad de aminorar el efecto de la crisis ecológica. Claro que no debemos engañarnos con «cielos limpios» por el paro de la producción, ya que se trata de un fenómeno solo temporal, y puede recrudecer si todo vuelve a la «normalidad» luego de las cuarentenas o aislamiento. La amenaza ambiental es el modelo productivo sustentado en energía no renovable y con objeto de ganar y acumular, puesto en evidencia con la pandemia del coronavirus. Es bueno pensar que el ambiente mejora si no es afectado por formas de producción que deterioran la naturaleza y, por ende, nuestra vida.

Julio C. Gambina: Argentina, GT Crisis y Economía Mundial, Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor de Economía Política UNR. Presidente alterno de la SEPLA e integrante del GT Crisis y Economía Mundial de CLACSO.