LUCHAR, VENCER, CAERSE, LEVANTARSE

Christian Orozco*

La otra lucha en Ecuador: mujeres buscan mayor participación dentro del  movimiento indígena | AméricaEconomía | AméricaEconomía
Fuente: Americaeconomia

En el gran tablero geopolítico mundial el triunfo electoral de la derecha conservadora en Ecuador suma un tanto a favor de los intereses del imperialismo y de la clase burguesa del continente, especialmente de las facciones financieras. En este contexto, resulta absolutamente necesario reflexionar de dónde venimos y hacia dónde vamos.

El rey desnudo y la insurrección de octubre

Resulta imposible entender la correlación de fuerzas en Ecuador en los últimos años sin regresar la mirada hacia el levantamiento popular de octubre de 2019 (https://n9.cl/lyu1y). Doce días de resistencia y lucha plebeya en las calles que pusieron de manifiesto lo cerril que es la lumpenburguesía ecuatoriana, heredera directa del modelo de dominación hacendal y el precarismo de antaño. Se llenan la boca de palabras como libertad y democracia a expensas de que sus privilegios no sean cuestionados, así lo atestigua el reciente Informe de la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia (CEVJ) publicado en 2021 (https://n9.cl/z9882) donde se denuncia a Moreno, Romo, Jarrín y otros altos cargos del gobierno por el presunto cometimiento de delitos de lesa humanidad. De hecho, es llamativo constatar que hace apenas una década atrás se publicó el Informe Final de la Comisión de la Verdad sobre la violación a los derechos humano del gobierno empresarial de León Febres Cordero (1984-1988).

Figura 1. Presuntas violaciones a los derechos humanos analizadas por la cevj

              Fuente: dpe (https://n9.cl/z9882)

Pero octubre no fue solo eso. Significó también el retorno del papel de vanguardia del movimiento indígena organizado —particularmente de la CONAIE—, hombres, mujeres y niños de distintas etnias y procedentes de las diversas regiones de este país andino abarrotaron las céntricas calles capitalinas dispuestos a luchar para derrocar a Moreno y en rechazo a las imposiciones antiobreras y anticampesinas del FMI.  

La última lección que nos dejó octubre fue que, sin organización política revolucionaria, sin autonomía de la clase obrera, sin organización popular, en definitiva, los sacrificios de esos días lóbregos caen en saco roto y son rápidamente capitalizados por personajes oportunistas y serviles. Una supuesta izquierda —probancaria— obsesionada con impedir a toda costa el retorno del correísmo y funcional a la consolidación de un bloque de poder conformado por élites económicas y empresariales —bendecidas por los poderes imperialistas— que han logrado mantenerse incólumes a lo largo de estos años (https://n9.cl/5xmm).

La pandemia como coartada

Sin duda alguna, otro factor a considerar es el COVID-19. La irrupción de la pandemia en el país no fue la causa principal de la crisis multidimensional que experimenta el Ecuador —en el segundo trimestre de 2020 el PIB decreció en 12,4% con respecto a igual perí-odo de 2019, la mayor caída trimestral observada desde el 2000, fue más bien el catalizador de la crisis y la coartada perfecta del poder para mantener un estado de excepción permanente. Las imágenes de ataúdes de cartón y personas pobres de Guayaquil cremando a sus familiares en las calles dieron la vuelta al mundo, desnudando la crudeza del capitalismo periférico-dependiente realmente existente, haciendo ahora más vigentes si cabe las palabras de Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie.

Para la lumpemburguesía ecuatoriana Ecuador es su hacienda y lo demuestra día a día sin ningún tipo de rubor ni complejo: vacunados VIP, un presidente electo con cuentas en paraísos ficales (https://n9.cl/k4uc7), el despido de funcionarios de la salud en plena pandemia, el fundador de la principal universidad de la élite defendiendo que “deberían votar […] solamente aquellas personas que tienen propiedad privada” (https://n9.cl/7l6in). Suma y sigue, actualmente no hay disponibles camas en los hospitales públicos y en los privados —en un país donde el salario básico son 400$— el precio por una noche de hospitalización ronda los $3.500 y una garantía de entre $20.000 y $70.000 (https://n9.cl/m9igw) ¿Cómo se puede calificar esta situación más que de barbarie?

Las fuerzas políticas en contienda

En este aciago contexto, la correlación de fuerzas ha cristalizado en las recientes elecciones, poniendo de relieve la consolidación de tres corrientes políticas que marcarán el devenir de los próximos años en el Ecuador. Por una parte, la alianza de CREO y el Partido Socialcristiano —vencedor de los últimos comicios—, partidos que junto a Pachakutik e Izquierda Democrática gobernaron de la mano de Moreno en los últimos cuatro años, representan los intereses de la banca y las grandes empresas. Después de comprar y sostener a Moreno optaron por encumbrar a la dignidad de Presidente de la República a un representante de su misma clase (https://n9.cl/glrp3), miembro de Opus Dei.

Por otra parte, es indiscutible que el correísmo se ha constituido como una fuerza política y social con la que se sienten identificadas importantes masas de las clases populares y ciertos sectores de pequeña y mediana burguesía. Sin embargo, el recuerdo del proyecto posneoliberal que inició Alianza PAIS a partir de 2008 no fue suficiente para ganar estas elecciones. Sin entrar a valorar si la figura de Correa fue o no favorable en esta contienda al correísmo, es indiscutible que sin menospreciar la dureza del ataque de los poderes fácticos nacionales e internacionales —todo el aparataje mediático en contra, persecución política y judicial, campaña sucia, injerencia del imperialismo—, este movimiento debe hacer una profunda autocrítica si pretende liderar la oposición al gobierno entrante, al fin y al cabo, no se puede soslayar que Moreno salió de sus propias filas, al igual que una serie de altos y medios cargos que se cambiaron de camisa sin demasiado empacho.

Finalmente, el histórico movimiento indígena representa quizás la tendencia más contradictoria del panorama político ecuatoriano actual. Sus bases fueron fundamentales para entender los levantamientos nacionales de los ochenta y noventa, y fueron vanguardia en la insurrección popular de octubre de 2019. Empero, es necesario entender que dentro de este movimiento se manifiestan distintas facciones, varias de ellas burguesas, anticomunistas, reaccionarias, muy cercanas a los intereses de la embajada estadounidense, las cuales, tras el discurso del antiextractivismo abrazan sin vacilación el relato de las ONG pachamamistas de turno y del imperialismo. Hasta el momento, con sus altibajos, el movimiento indígena ha mantenido su unidad —al menos en términos orgánicos—, sin embargo, con el tiempo este tipo de tenciones podrían generar mayor polarización e incluso rupturas políticas en el movimiento.

Figura 2. Resultados de las elecciones generales 2021. Segunda vuelta

CandidatosVotos%
Andrés Arauz4.236.51547,64
Guillermo Lasso4.656.42652,36

                                Fuente: CNE (https://n9.cl/yy0qr)

¿Y ahora qué?

Tomando prestadas las palabras de García Linera, es verdad, tocan tiempos difíciles (https://n9.cl/o2i1d). Si la traición de Moreno al pueblo ecuatoriano significó hambre y muerte, la victoria del banquero en las urnas le otorga la legitimidad necesaria para profundizar más en el proyecto fondomonetarista del presidente saliente. Sin embargo, afortunadamente en política no todo está dicho, el punto final no existe. Las victorias y las derrotas en política no son eternas, la correlación de fuerzas se balancea… El fin de la historia es una quimera. Ante este panorama solo queda por preguntarnos: ¿cuándo los pueblos dejarán de votar a sus verdugos? ¿cuándo reaccionará el pueblo ecuatoriano ante las arremetidas del capital? ¿cómo podemos organizar un movimiento autónomo de los intereses de la burguesía? Los revolucionarios, por su parte, no tenemos otra opción más que luchar, vencer, caernos, levantarnos, luchar…

* Ecuador, GT Crisis y Economía Mundial, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central del Ecuador. Editor general de la Revista Economía.

Ecuador: Neoliberalismo Recargado En Tiempos De Pandemia

Edgar Isch L

Octubre: un antecedente ineludible

En octubre de 2019 un levantamiento indígena y popular recorrió el territorio ecuatoriano confrontando un paquete de medidas neoliberales de Lenín Moreno que estaban directamente dictadas por el Fondo Monetario Internacional. El acuerdo con el FMI se firmó en marzo de 2019, ofreciendo al país 4.200 millones de dólares, por partes, e imponiendo, entre otros puntos, una reforma fiscal, la flexibilización laboral, la disminución del aparato estatal, y el retiro del subsidio a los combustibles. Las condiciones de créditos realizados supuestamente para frenar la profundización de la crisis, permitieron que grandes sectores de la sociedad denunciaron este acto ilegítimo y rechazaran medidas ya conocidas por sus efectos negativos.
El gobierno planteó la reducción de las vacaciones del sector público a la mitad de tiempo, reducción del 20% salarial en la renovación de un contrato temporal, aporte de un día mensual de los trabajadores públicos, entre otras medidas. Pero, para la clase social de los empresarios propuso la eliminación del anticipo del impuesto a la renta, eliminación o reducción de aranceles en varios rublos, reducción y simplificación del Impuesto a la Renta al sector bananero, devolución de tributos a los exportadores para “dinamizar la economía” y un aporte extraordinario de las empresas con utilidades de más de 10 millones de dólares que sumaba poco más de 300 millones, una mínima cantidad frente a los impuestos, intereses y multas que ya les perdonó con la remisión tributaria, con la que los Grupos Económicos se beneficiaron con unos USD 987 millones.
El levantamiento frenó buena parte de esas medidas, pero el gobierno continuó con su compromiso con el FMI y con el pago de la deuda externa. El 2019 presentó un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de -0,08%, el pleno empleo en los últimos cinco años cayó 10 puntos, mientras que el empleo inadecuado (subempleo) alcanzó al 56,6% de la población económicamente activa (PEA) en 2019. Mientras tanto, los grupos monopólicos identificados por el Sistema de Rentas, continúan con el crecimiento de sus ganancias. Un ejemplo está en la banca, que según datos de la Superintendencia respectiva concentró en 2019 utilidades superiores a los 600 millones de dólares.

Lo que pasa hoy en Ecuador debe alertar a todo el continente. Se trata de una manera brutal en la que los ricos de un país dependiente aprovechan la pandemia para aumentar el índice de explotación a las clases trabajadores.


El año pasado el descenso en el presupuesto social fue mayor y con claro incumplimiento de mandatos constitucionales. Ese mismo año se habría despedido a más de 3.000 trabajadores de la salud; antes se expulsó a la misión de salubristas cubanos y el presupuesto del plan salud fue de menos del 50% al del 2017. Esta realidad se sumó a la pésima gestión de la pandemia que puso a las principales ciudades, Guayaquil y Quito, en el foco internacional.

Neoliberalismo recargado en medio de la pandemia

Lo que pasa hoy en Ecuador debe alertar a todo el continente. Se trata de una manera brutal en la que los ricos de un país dependiente aprovechan la pandemia para aumentar el índice de explotación a las clases trabajadores. Y todo bajo el eufemismo burlón de medidas humanitarias dictadas por el “gobierno de todos”.
Entremos a un detalle breve, primero, del contenido de la llamada “Ley de Apoyo Humanitario” publicada en el Registro Oficial el 22 de junio. Bajo el pretexto de la pandemia y aprobada un mes más tarde, se alteran las relaciones laborales permitiendo que la jornada de trabajo sea reducida hasta el 50% del horario y hasta el 45% de la remuneración y que se pueda distribuir en seis días (en Ecuador la semana laboral es de cinco días y 40 horas); se amplía la terminación laboral por caso fortuito o fuerza mayor sin indemnización; suspensión de desahucio en arriendos, siempre que se demuestre estar cancelando un porcentaje o demostrar pérdidas de los negocios. Ni una sola medida que afecte a las ganancias.
Con el mismo eufemismo, en marzo y mayo se anunciaron otras medidas que incluían reducción del aparato estatal con el anuncio de 20.000 despidos; reducción inconstitucional de presupuesto a las Universidades; la eliminación de subsidios a las gasolinas colocándolas a precio de mercado internacional que se realizó cuando el petróleo bajó a mínimos, de manera que la gente no sintiera sus efectos al día siguiente; reducción de la jornada laboral en el sector público por 10 horas a la semana con la consecuente reducción salarial; privatización de múltiples entidades estatales y concesión de otras, incluyendo la principal refinería del país.
En momentos en que las denuncias por corrupción, que vienen desde el gobierno pasado, hoy no dejan a ningún poder del Estado fuera del escándalo, los sectores sociales se han pronunciado contra los corruptos y contra las medidas, que en su mayor parte se van aplicando y que ganan el respaldo del FMI. Lo han hecho por diversos mecanismos, incluyendo la calle, y de manera trascendente plantean la unidad a través de un programa del Parlamento de los Pueblos Organizaciones y Colectivos Sociales del Ecuador llamado “Minga por la Vida” y las propuestas del Parlamento de las Mujeres, que permiten anunciar que: “Octubre volverá”.

La deuda va primero

En marzo el país estaba ya colapsado, no se contaban con los recursos suficientes para la crisis sanitaria y pronto empezarían los retrasos de semanas en el pago de los sueldos públicos. La legislación internacional permitía declararse en “Estado de necesidad” y suspender el pago de la deuda externa. Sin embargo, el gobierno utilizó 320 millones para el capital de los Bonos Global 2020, mientras buscaba nuevos créditos para pagar más deuda.
Poco después se comprobó que el pago del servicio de la deuda (amortizaciones e intereses) superó, en abril, los 865 millones de dólares de capital de deuda externa y 71 millones de dólares en intereses y comisiones. Los principales beneficiarios fueron Goldman Sachs, Credit Suisse e ICBC Standard Plc. Para hacerlo, el gobierno habría realizado una operación especulativa que terminó con pérdidas.
En una suma total, entre enero y abril de 2020 el pago de la deuda es de unos 4.008 millones de dólares, cuando el Estado adeuda unos 6.910 millones, acumulados desde 2012 hasta junio de 2020, al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, poniendo en riesgo la existencia misma del Instituto y las pensiones de los jubilados.
Hoy el gobierno está renegociando un tramo de la deuda. Aunque no está terminada, el resultado solo sería un temporal alivio en pagos inmediatos y parte de los intereses, se la presenta como un éxito que justifica los pagos realizados en plena pandemia. Un detalle importante es que se conoce que los poseedores de los bonos exigirían un nuevo acuerdo con el FMI que les otorgue plenas garantías, ratificando que la economía ecuatoriana es direccionada por ese organismo financiero internacional.

entre enero y abril de 2020 el pago de la deuda es de unos 4.008 millones de dólares, cuando el Estado adeuda unos 6.910 millones, acumulados desde 2012 hasta junio de 2020, al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, poniendo en riesgo la existencia misma del Instituto y las pensiones de los jubilados

Crisis por todos lados

El capitalismo tiene una crisis multilateral y la manera que se presenta en Ecuador igualmente abarca todos los aspectos de la vida. Las medidas neoliberales están logrando que el peso de esa crisis esté en los hombros de las clases trabajadoras, incluyendo en aquellos que se quedan sin empleo. Mientras tanto, los mecanismos de acumulación de riqueza se mantienen y la garantizan a pocos grupos monopólicos que, por supuesto, tienen fuertes nexos con empresas transnacionales. Por ello, cada semana se ajustan las previsiones negativas de producción, desempleo, pobreza y brecha socioeconómica.
Para febrero del año que viene se realizan elecciones de presidencia y Asamblea Nacional. Esto añade otro factor de confrontación y ha llevado a sectores de derecha a disimular su apoyo a las medidas gubernamentales. Deben disfrazarse ante un pueblo con creciente rechazo al FMI, al gobierno que tiene una aceptación de menos del 10% y a la derecha desembozada. Lo importante ahora es lograr que las expresiones sindicales, étnicas, de género, generacionales y sociales en general, tengan también una expresión electoral que brinde posibilidades de enfrentar, en otras condiciones, el futuro. El apoyo a una candidatura indígena que represente a estos amplios sectores, se presenta como opción creciente.
El futuro inmediato nos dirá como se presentan las contradicciones sociales en lo ideológico, lo económico, lo político y lo ético. Seguramente las condiciones obliguen al cumplimiento del anuncio: “Octubre volverá”.

*Ecuador, docente de la Universidad Central del Ecuador. Integrante de la Red Internacional de Cátedras e Instituciones sobre el Estudio de la Deuda Pública-RICDP

Ecuador: ¿la deuda o la vida? La muerte

Andrés Arauz

Foto: DW

Con 20 mil muertos desde el 12 de marzo hasta la tercera semana de mayo, por fuera de los micro-estados, Ecuador es el país del mundo con el mayor número de muertes a causa del coronavirus en proporción a su población (1115 muertos por millón). Únicamente es superado por el micro-estado de San Marino, un enclave en Italia. Este dato es oficial, sobre la base del indicador de “exceso de mortalidad”. Este indicador mide el número de muertes a partir de las actas de defunción del Registro Civil (www.registrocivil.gob.ec) y los compara con los datos reportados en la misma época en años anteriores. En las sociedades de la periferia, que no tienen capacidad, recursos o capacidades organizativas para medir los fenómenos de la pandemia por falta de pruebas, este indicador resulta ser más aproximado a la realidad.

Los videos aficionados que inundaron las redes sociales con cadáveres abandonados en las calles o en sus casas e incluso videos de bodegas de hospitales con docenas bolsas con cadáveres fueron replicados en medios internacionales. Ecuador fue convertido en un mal ejemplo de lo que no había que hacer.

La catástrofe de la pandemia no es mala suerte. Tiene que ver directamente con las políticas implementadas por el gobierno de Moreno que privilegian al capital financiero.

El impacto comenzó con la firma del acuerdo con el FMI en marzo de 2019, que implicó el desmantelamiento de la planificación estatal, los despidos masivos, la corrupción generalizada y, específicamente en el sector salud, como documentó el Instituto de Ciencias Sociales (ISS) de Holanda, el despido de 3680 profesionales en el sector salud (https://issblog.nl/2020/04/09/covid-19-ecuador). El principal grupo de despedidos correspondía a técnicos de prevención de epidemias de enfermedades metaxénicas que trabajaban junto con técnicos cubanos. Los despidos ocurrieron en media epidemia de dengue en el año 2019. El gobierno también había terminado el convenio de cooperación con Cuba y más de 400 médicos y enfermeras cubanos fueron expulsados del Ecuador. 

Para configurar mayorías en el parlamento que le permitan aprobar las leyes comprometidas con el FMI, el gobierno había segmentado su estrategia en dos: por un lado, la aplicación del lawfare (judicialización de la política y politización de la justicia con fines de persecución política) para amenazas a sus opositores; y, por otro, al clientelismo corrupto en el cual a los parlamentarios les eran asignadas cuotas de poder en los hospitales del sistema de salud pública y en el sistema de seguridad social. En particular, los parlamentarios recibían “cupos” en la administración de la contratación pública del sistema de salud.

Cuando el gobierno emitió –luego de retroceder sucesivamente ante la presión económica– las medidas de cuarentena, restringió casi todas las actividades económicas, pero entre las que dejó abiertas fueron las “cadenas de exportación”. Desde una perspectiva biofísica de una economía como la ecuatoriana, la exportación es entregar naturaleza cruda como petróleo, minerales y alimentos a cambio de dólares. En el momento cuando no había que pensar en términos monetarios sino en términos materiales, se privilegió la entrega de energía, minerales y alimentos a poblaciones más ricas de otro lado del mundo. Esto contribuyó a que el Puerto Principal del Ecuador, la ciudad de Guayaquil, sea el principal foco de contagio, enfermedad y muerte.

Mientras se privilegiaban las cadenas de exportación, no se tomaron medidas –en parte por falta de recursos monetarios disponibles– para proveer medios monetarios y medios de vida –bienes alimentarios y sanitarios– a la población más vulnerable. Si verdaderamente se buscaba prevenir el contagio con cuarentenas estrictas, esto debió implicar un esfuerzo magnánimo de proveer dinero y alimentación in situ a 4-5 millones de ecuatorianos. Pero el gobierno decidió ignorar las recomendaciones para conseguir financiamiento interno facilitado por el sobregiro del banco central o mediante acciones contundentes de redistribución, sin requerir reforma legal alguna.

Sin embargo, el haber privilegiado las cadenas de exportación no tenía una contraparte en la realidad monetaria del Ecuador, pues los pocos dólares que entraban al Ecuador salían por la fuga de capitales: en esos mismos días se revelaba que los ecuatorianos habían sacado cantidades récord de dinero al exterior y la gerente del Banco Central anunciaba que las grandes fortunas nacionales sumaban entre 22 mil y 25 mil millones de dólares depositadas en el exterior (entre 20% y 23% del PIB), principalmente en Estados Unidos y en paraísos fiscales. La respuesta del gobierno fue ignorar estos datos, no cerró la cuenta de capitales y se llevó a cabo una fuga de capitales de dimensiones no concordantes con la ausente actividad económica.

En paralelo, el gobierno contribuía a la crisis. No destinó recurso alguno para la emergencia sanitaria –lo que motivó la renuncia-denuncia de la Ministra de Salud– mientras que en paralelo, se dedicó a pagar los bonos de deuda externa en el mes de marzo, a pagar “margin calls” de apuestas especulativas ante bancos de Wall Street en el mes de marzo, y a pre-pagar dichas operaciones especulativas para limitar el daño en el mes de abril. En total, el Estado sacó más de 2% del PIB en divisas de la economía nacional en los meses más críticos de la pandemia.

El gobierno justificó el pago de los bonos con los supuestos nuevos créditos que iban a llegar de los organismos multilaterales: más deuda. En efecto, luego de dos meses, el Fondo Monetario Internacional, la CAF, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo desembolsaron un poco más de 1400 millones de dólares (1,3% del PIB) como financiamiento de emergencia, libre de condicionalidad. Pero esos recursos igualmente hubieran llegado, pues no responden el “comportamiento” del Ecuador, sino a políticas generalizadas por la pandemia.

Sin embargo, a pesar de estar libres de condiciones, el gobierno decidió aprovechar el confinamiento y –consecuente con la doctrina del shock– aplicó un paquete legal de desregulación laboral y ajuste fiscal agresivo. Aprobó una ley que regula las relaciones económicas entre empleadores y trabajadores al “acuerdo entre las partes”. Desreguló el precio de los combustibles –pero preservará el subsidio para los importadores y transportadores del mismo– y anunció la reducción de entre el 13% y 25% de la jornada laboral de la mayoría de los servidores púbicos con la consecuente reducción salarial. En plena aplicación de la doctrina del shock, solamente policías y militares están exentos de esta reducción.

Más recientemente, volvió a acudir a su estrategia política del lawfare para lograr mayorías en el parlamento y en los legislativos de las principales ciudades. Amenazó a sus “leales” a quienes había otorgado el control de hospitales con revelar la corrupción. Instrumentalizó a la Fiscalía para conseguir aprobar varias leyes a gusto del primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y para acelerar los cambios de semáforos para retomar la esfera de la circulación del capital.

En el Informe a la Nación del 24 de mayo – fecha en la cual se cumplieron 3 años del gobierno de Moreno– se comprometió a enviar dos leyes adicionales: reformas monetarias y reformas a la ley de empresas públicas; y ofreció entregar activos productivos como parte de los pagos de sus deudas a la seguridad social. Esto debe entenderse como una agresiva desregulación financiera –en medio de una crisis sistémica– y una privatización agresiva del patrimonio social. Ya decidió liquidar ocho empresas públicas, incluyendo a la línea aérea de bandera.

Moreno no es un presidente con respaldo democrático. Los movimientos sociales, aún en medio de la pandemia, retomaron la movilización y la protesta. Desde el 25 de mayo ha comenzado una movilización social que se parecerá a la movilización de octubre de 2019. Mientras que las vías de oposición democrática están cerradas, y conforme Moreno aproveche la pandemia para implementar golpes y shocks de capitalismo del despojo, la protesta social se tornará violenta. Y la respuesta gubernamental, aún más represiva. Ecuador está al borde de una dictadura abierta.