Trabajo Protegido, Estable y Decente Para Las Mujeres

María José Azócar y Andrea Sato*

La pandemia del COVID-19 cambió todos los ámbitos de la vida. El riesgo de contagio obligó al cierre de los mercados, suspensión de cadenas de valor y ensayar nuevas formas de producción. Los cuerpos contagiados, las salas llenas de los hospitales en las periferias y el empobrecimiento sistemático de los hogares no fue razón suficiente para detener el avance de un modelo de expolio capitalista que se basa en la opresión y explotación de las fuerzas vitales.

Chile, un país “ejemplo” en la región por su responsable política fiscal, estabilidad democrática y apertura a los mercados, enfrentó los primeros meses de pandemia después de meses de manifestaciones contra el empobrecimiento, la desigualdad social y el abuso. “Contra la precarización de la vida” fue la consigna que secundaron organizaciones feministas y sociales.

La crisis social y sanitaria de la pandemia del COVID-19 ha sumido a Chile y al mundo en una importante recesión de la cual aún no tenemos certezas de sus alcances. Las crisis económicas y recesiones mundiales tienen víctimas claras: sectores más empobrecidos, especialmente las mujeres empobrecidas. En este artículo explicamos los mecanismos patriarcales y racistas que están detrás de la actual crisis estructural del capitalismo para luego describir el impacto que ha tenido la pandemia del COVID-19 en la situación laboral de las mujeres en Chile.

Capitalismo Patriarcal Racialmente estructurado

Desde los años 70s y con más fuerza en la primera década del 2000 el Capitalismo ha entrado en una etapa financiarizada. Lo peculiar de este sistema financiarizado es que no necesita que las ganancias vía mercados de capitales estén conectadas con las ganancias que genera la producción. Por ejemplo, una persona en Singapur puede obtener muchas ganancias financieras a partir de la compra y venta de promesas de compra de primeras viviendas en Estados Unidos. Pero estas ganancias financieras no dependen de que el negocio inmobiliario en Estados Unidos funcione bien. Perfectamente se pueden vender viviendas a personas que no serán capaces de pagar los préstamos en el corto y mediano plazo.

Los Estados han jugado un rol central para que el Capitalismo Financiarizado sea posible. Por ejemplo, a través de la progresiva privatización de servicios sociales se han trasladado los costos de estos servicios a los hogares. Al mismo tiempo, como ha habido una disminución sostenida de los salarios reales de la clase trabajadora, a las familias no les ha quedado otra alternativa que endeudarse para pagar cuestiones tan básicas como el agua.

Pero en este proceso de financiarización de la economía, el patriarcado -como sistema social y económico- ha jugado un rol central también. Dado que vivimos en una sociedad sexista, las mujeres están más empobrecidas y tienen empleos más precarios y perciben menos salarios que los hombres [Barriga, F., Durán, G., Sáez, B., & Sato, A. (2020). No es amor, es trabajo no pagado. Un análisis del trabajo no pagado de las mujeres en el Chile actual. Santiago: Fundación SOL].

Además, mujeres y hombres hacen gastos diferenciados en sus familias, por lo tanto, son las mujeres generalmente las que terminan pagando más por el bienestar familiar, reforzando la desigualdad dentro de los hogares. Si a esto se suma que el trabajo feminizado de cuidados no es ni siquiera valorado como un trabajo en nuestra sociedad, entonces, las ganancias financieras de quienes prestan dinero (en su mayoría hombres blancos hetero-cisgénero) se obtiene de la deuda en la que incurre la clase trabajadora, en particular las mujeres pobres y racializadas -quienes son las que reciben menos salarios y se insertan en peores empleos, y por tanto necesitan endeudarse más.

Son estas lógicas patriarcales (y racistas) las que explican cómo se construyen las clases sociales. Estas lógicas establecen una relación de poder entre grupos sociales y con base en esas relaciones de poder algunos grupos pueden acceder a más recursos que otros, acumulando más ingreso y riqueza.

Pandemia en Chile

El impacto de la pandemia del COVID-19 en Chile sirve de buen ejemplo para entender las lógicas opresivas, y no sólo explotadoras, del capitalismo.

Una lógica patriarcal supone que las mujeres son trabajadoras desechables, de estatus subordinado y con habilidades “naturales” que las hacen más competentes para empleos de rango menor. Esta lógica patriarcal explica por qué las mujeres en Chile fueron las que recibieron el golpe más duro de la pandemia.

En un contexto donde las mujeres tienen tasas de ocupación más bajas que los hombres, la pandemia implicó que más de un millón de mujeres perdieran sus empleos en Chile. Según la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), para el último trimestre del año la Tasa de Desempleo Abierta el año 2020 para las mujeres fue 10,9% (mientras que para los hombres fue de 9,8%). Según la estimación de la Fundación Sol, la Tasa de Desempleo Integral fue aún mayor: 15,5% para las mujeres (y 13,6% para los hombres). Estas son tasas sin precedentes desde que comenzó a aplicarse la Encuesta de Empleo en Chile. Sumado a esto, la Tasa de Inactividad para las mujeres en el trimestre móvil de abril, mayo, junio del año 2020 alcanzó a 4 millones 700 mil mujeres (versus 2 millones 800 mil para los hombres). Esta cifra es también histórica y no bajó de los 4 millones durante el año 2021.

El impacto de la pandemia se hizo ver con especial fuerza en empleos feminizados. Un ejemplo de ello es el trabajo doméstico. Entre los años 2019 y 2020, según los datos del último trimestre del año, la ocupación en esta categoría bajó un punto porcentual y al año 2021 no volvía a recuperarse a los niveles pre-pandemia. En esta categoría también es común que las personas trabajen sin contrato y en la informalidad, lo que implica que las personas no tienen un piso mínimo de protección social ante una crisis.

El impacto de la pandemia sobre mujeres migrantes que se dedican al trabajo doméstico es de particular preocupación. Sobre estas mujeres operan lógicas sexistas y racistas que las subordinan a una situación especialmente precarizada.

Rico y Leiva- Gómez, por ejemplo, en sus entrevistas a mujeres migrantes de Bolivia trabajando como cuidadoras en Chile durante la pandemia, documentaron cómo estas mujeres se vieron expuestas a la modificación unilateral de sus contratos, reducción de salarios, despidos sin pagos, y maltratos racistas. Las mujeres que decidieron viajar a la frontera para volver a sus hogares en Bolivia fueron abandonadas y discriminadas. [Leiva-Gómez, S., & Rico, M. (2021). Trabajo doméstico migrante en Chile y el COVID-19. Cuidadoras bolivianas en el descampado. Publicación del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones 53, 227-255]. Mientras tanto, la riqueza de unos pocos en Chile (incluida la del presidente Sebastián Piñera) aumentaba en un 11% en esos mismos meses. Sólo un capitalismo patriarcal y racista hace posible sostener estas jerarquías de poder entre grupos sociales.

Durante el año 2021, sólo se han recuperado 700 mil empleos para las mujeres en Chile. Peor aún, casi el 42% del empleo creado en el periodo responde a trabajo externalizado o endeble. Además, el 56,2% del empleo creado para mujeres es de carácter informal (Figuras 1 y 2). Esta situación precarizada de recuperación de empleo para las mujeres no es algo nuevo. Esta inserción precaria es un patrón del capitalismo patriarcal. La mala calidad del empleo para las mujeres, los altos niveles de subempleo y desaliento, la externalización e informalidad han sido parte constituyente del empleo en Chile. La pandemia no hizo más que profundizar la crisis del trabajo asalariado y de los cuidados.

Un Futuro con Empleos Dignos

Cualquier propuesta de recuperación económica para las mujeres en Chile debe ir unida con una política de empleo robusta, que tenga como eje no sólo recuperar los empleos perdidos, sino que poner énfasis en la calidad del empleo. Políticas que aspiran a mantener la misma cantidad de empleos previa a la pandemia con una calidad deficiente, no protegen a las trabajadoras. Sólo aumentan la deuda que beneficia a unos pocos multimillonarios. Avanzar en mejorar la calidad/dignidad de empleos, comprendiendo la división sexual del trabajo y las labores de cuidado que las mujeres han realizado históricamente es central para comenzar a salir de la actual crisis estructural del capitalismo. Para conquistar una vida digna en el futuro es necesario trabajo protegido, estable y decente para las mujeres, poniendo en el centro los cuidados, fortaleciendo la organización sindical, garantizando los derechos colectivos del trabajo y estableciendo comunitariamente los parámetros para el trabajo socialmente necesario.


* Chile, investigadoras de la Fundación Sol.

ELECCIONES PRESIDENCIALES EN CHILE 20201: ENTRE EL PASADO DE PINOCHET Y LOS CAMBIOS DEMOCRÁTICOS

                                                                                               Paula Vidal Molina* 

Los resultados de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, del domingo 21 de Noviembre, presentan un escenario muy dramático para las posibilidades de transformación que se abrieron el 18 de octubre de 2019, a partir del “estallido” social. Como es sabido, pasaron a segunda vuelta Gabriel Boric y José Antonio Kast, para definir el 19 de diciembre quien alcanza la presidencia de Chile. Al observar los datos de la elección vemos que la posición del candidato de la extrema derecha conservadora, José Antonio Kast, no solo superó a la de las fuerzas progresistas por el cambio que expresa Gabriel Boric, sino que también lo hizo con Sichel, su contrincante de la derecha liberal. Por otro lado, los datos muestran que desapareció el centro político o las fuerzas que administraron los gobiernos desde 1990 hasta 2014 de la mano de la coalición de la Democracia Cristiana, el Partido por la Democracia y el Partido Socialista, que representaba en esta elección Yasna Provoste. Lo cual marca un nuevo ciclo histórico.

Ahora bien, otros dos datos son relevantes: a) la alta abstención, que es parte de la tendencia desde el 2012, en que dejaron de ser obligatorias las votaciones en las elecciones; las cifras no llegan al 50% de la población que puede votar, lo cual da cuenta de que para más de la mitad del padrón electoral, el mecanismo de las elecciones no le son significativas, cuestión que no se entregan razones / se toma en cuenta en los estudios existentes; y b) dentro de los que sí votaron, llama la atención la alta votación del candidato Franco Parisi (quien no estuvo en Chile durante la campaña y tampoco pudo sufragar) con la tercera mayoría y que con un discurso anti-establischment y el uso de redes sociales pudo sumar un importante electorado. Este candidato, rápidamente después de obtenidos los resultados, comenzó a dar gestos a favor de la candidatura de Kast.

Un resumen de los porcentajes que alcanzaron los candidatos se observa en el siguiente cuadro:

CandidatosPadrón 2021:  15.030.963 Votantes 2021: 7.115.590 (47,34%)
José Antonio Kast  (Partido Republicano)  27,91% con 1.961.122 sufragios
Gabriel Boric (Convergencia Social – Apruebo Dignidad)25,83 % con 1.814.809 sufragios
Franco Parisi (Partido de la Gente)  12,80 % con 899.403 sufragios
Sebastián Sichel (Independiente – Chile Vamos)  12,79 % con 898.510 sufragios
Yasna Provoste (Democracia Cristiana – Nuevo Pacto Social)11,61% con 815.558 sufragios
Marco Enríquez-Ominami (Partido Progresista)  7,61% con 534.485 sufragios
Eduardo Artés (Unión Patriótica)  1,47 % con 103.181sufragios

Teniendo esto en consideración, el escenario es muy dramático, no solo porque se posiciona con fuerza una ultra-derecha que hasta ahora no había tenido gran presencia en los gobiernos de Piñera y en el parlamento. Una derecha que reposiciona el legado e imagen de Pinochet, el orden y las fuerzas armadas, plantea profundizar el neoliberalismo, por ejemplo, abriéndose a la privatización de Codelco, la empresa del cobre del Estado, bajar impuestos a los empresarios, flexibilizar aún más el trabajo y subir la edad de jubilación. Al mismo tiempo, es absolutamente conservadora pues no solo niega el derecho al aborto de las mujeres, pone la imagen de Dios y los valores de la familia tradicional y las mujeres casadas en el centro, excluyendo a diversos tipos de familias que existen en el país, sino que también pretende abolir el ministerio de la mujer y género y el Instituto de derechos humanos, entre muchos otros retrocesos civilizatorios.  Esta candidatura enfrenta a la sociedad chilena a elegir entre dos proyectos: 1.- mantener y profundizar el neoliberalismo heredado de Pinochet versus los cambios necesarios para realizar la democracia planteada por Boric, 2.- rechazar el cambio constitucional versus la mayoría de la ciudadanía que votó por Aprobar el cambio constitucional y 3.- mantener los privilegios de los super ricos y poderosos versus mejorar las condiciones de vida de los de abajo. 

Ahora bien, el escenario igualmente se torna muy complejo para las fuerzas del cambio representada por Boric, porque los resultados de las elecciones parlamentarias en ambas cámaras no son alentadores, debido a que la derecha alcanzó casi el 50% de los cupos. En el caso en que gane Boric el 19 de diciembre, el parlamento podrá obstaculizar los procesos de cambio que puede traer el programa, en un contexto económico de crisis y pandemia aún. Pero no solo eso, porque en lo que tiene que ver con el proceso constituyente, frente a una nueva Constitución, este Congreso podría buscar mecanismos para atenuar, obstaculizar o retrasar los cambios.

Mas allá de ello, hoy el desafío es ganar la presidencia, y para ello, Boric y los sectores de las izquierdas progresistas deben salir a las calles, explicar y politizar a los sectores que no votaron y a quienes indecisos no votaron por él. No pueden contentarse con el número de votantes –insuficientes– de los partidos representados por Yasna Provoste, Meo y Artés.

Sin embargo, el mayor desafío es volver a vincularse con la clase trabajadora, sus demandas sin hipotecar los pilares de un programa que apunta a sentar bases que permitan salir de la lógica neoliberal. En este momento, se están organizando comandos en todo Chile para defender lo que hemos conquistado y que costó la vida y ojos de muchxs chilenxs, la consigna es: evitar un desastre mayor con Kast y la ultra derecha en el gobierno y ganar con Boric, algunos de los cambios que se levantaron con la rebelión del pueblo el 18 de octubre de 2019.


* Chile, GT Crisis y economía mundial, Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile.

Chile: elecciones y una nueva Constitución

Chile y las constituyentes en América Latina | Fundación Libertad y  Desarrollo
Fuente: https://www.fundacionlibertad.com/articulo/chile-y-las-constituyentes-en-america-latina

Paula Vidal Molina*

El 18 de octubre de 2019 es un hito histórico que nadie lo esperaba, las calles se llenaron de colores y pancartas con diversidad de demandas que en términos generales daban cuenta de una necesidad profunda del pueblo por realizar los principios de justicia, igualdad social y dignidad, lo cual exigía el cambio de la constitución de Pinochet. Producto de esa presión popular y de trabajadoras/es en las calles (no podemos dejar de mencionar que las consecuencias de la movilización social dejaron torturados, muertos, mutilados y presos políticos que hoy siguen sin reparación ni justicia), el plebiscito y la última elección del 15 y16 de mayo de 2021, muestran que la derecha ha sufrido un gran golpe, del cual es incierto que pueda volver a recuperarse en el corto plazo.

Elecciones y necesidad de cambiar el orden neoliberal en Chile

El 18 de octubre de 2019 nadie imaginó que marcaría un antes y un después en la historia político-social chilena, millones de personas en las calles clamaron por dignidad y justicia social, clamor que fue conducido por la casta política y de espaldas al pueblo -después de la firma del 25 de noviembre de 2019- por la vía electoral para aprobar o no el cambio de la constitución (mediante plebiscito del 25 octubre de 2020) y posteriormente, la elección de convencionales que redactarán la nueva constitución, a la que se sumó la elección de gobernadores, alcaldes y concejales (15 y 16 de mayo de 2021).

El consenso de las clases dominantes respecto del acuerdo fue un mecanismo de control porque:1) anuló la alternativa de cambiar la constitución a través del mecanismo de la asamblea constituyente, como expresión de la soberanía y autodeterminación del pueblo; 2) fijó el marco para la aprobación de sus mociones con un quorum supramayoriatrio de 2/3 de sus integrantes y 3) incorporó la cláusula de que hay materias que no deberán ser tocadas como los tratados internacionales (30 firmados por Chile).

Las votaciones fueron postergadas debido a las erráticas y fracasadas medidas impulsadas por el Gobierno de Sebastián Piñera para controlar las consecuencias económico-sociales y de salud de la población en pandemia, por lo que se generó una incertidumbre acerca de los resultados y la legitimidad de las votaciones, una vez realizadas las elecciones. Sin embargo, los resultados del plebiscito fueron claros: terminar con la Constitución de Pinochet. No solo el histórico nivel de participación de la población bajo el sistema de votación voluntaria, 50.7% (7.569.082); el padrón electoral nacional es de 14.900.190, sino también por la mayoritaria aprobación que tuvo -78,28%- cambiar la Constitución de Pinochet, lo demuestran.

Las elecciones del 15 y 16 de mayo -donde además de convencionales, se eligieron gobernadores, alcaldes y concejales- mostraron tres grandes fenómenos: a) una baja en el nivel de participación respecto del plebiscito (tendencia que se observa desde 2012); b) un desplome de los sectores de la derecha y el centro político, y c) una votación que se corre hacia la izquierda con victorias de municipios emblemáticos de la derecha junto a una entrada a la convención constitucional de representantes que no militan en los partidos tradicionales de la izquierda, pero que surgen de la revuelta o rebelión del 18 de octubre de 2019.

Respecto de la baja en el nivel de participación al compararse con los datos del plebiscito, los datos muestran que solo votó el 43,41%, (https://www.servelelecciones.cl/) del electorado, es decir, 6.468.750 de personas y un equivalente al 38,3% de los votos válidamente (5.711.254), para elegir los convencionales. Por lo tanto, la abstención alcanzó casi un 57% y la baja respecto de la elección del plebiscito fue en más de un 10% para los convencionales. Las razones que pueden explicar dicho nivel de abstención, no se han estudiado, algunos sectores de izquierda señalan que se debe a que se fue gestando una decepción del proceso en los sectores populares que no se sienten llamados por las formas tradicionales de representación (ejemplo de ello es el análisis de Rafael Agacino en https://www.youtube.com/watch?v=i7ZRFfhGERM ); una hipótesis importante de tener en consideración para los análisis futuros acerca de la movilización social.

Por otro lado, las elecciones de los convencionales dieron cuenta que la derecha es la más golpeada porque no alcanzó a manejar el tercio que esperaba, ya que, del total de los 155 elegidos, la lista Vamos por Chile (de la derecha) obtuvo 37 cupos. Un segundo golpe lo recibió la lista del Apruebo (alianza de la centro-izquierda de la ex concertación), donde la Democracia Cristiana obtuvo solo 2 cupos y el Partido Por la Democracia (PPD) 3 cupos. A diferencia de 77 cupos que provienen del pacto –del Frente Amplio y el Partido Comunista (con 28), de la Lista del Pueblo (27 cupos, principalmente activistas y dirigentes sociales), de listas locales (con 7) y de pueblos originarios (con15).

Otra consecuencia de las elecciones, son las votaciones que recibieron alcaldes y concejales. Si bien, en términos absolutos, la derecha a nivel nacional se mantuvo como primera fuerza en las elecciones de alcaldes, fue el gran perdedor en términos relativos porque la UDI tuvo una baja de 21 municipios y Renovación Nacional de 15 menos alcaldías que las obtenidas el 2016 (Emol.com, https://www.emol.com, 2021/05/17). El gran golpe que tuvieron fue haber perdido la Municipalidad de Santiago, la más importante del país, a manos de una joven economista, feminista y militante del Partido Comunista. En este sentido, sectores de la izquierda como el Partido Comunista y el Frente Amplio mostraron una tendencia al aumento en alcaldías y concejales a nivel nacional, aunque los grandes ganadores fueron los candidatos independientes, lo cual da cuenta de la crisis de los partidos políticos como ámbitos de representación de la ciudadanía.

Se abrirán las grandes Alamedas…

Aún con los problemas de abstención, los resultados de las elecciones, especialmente las vinculadas a los convencionales, abren un escenario impensado y favorable para las demandas del pueblo respecto de cambiar el marco normativo-jurídico que sostiene el neoliberalismo chileno. Reconocer estas condiciones favorables en la correlación de fuerzas a favor de las demandas y necesidades del pueblo y la clase trabajadora es fundamental, pero sería un error creer que estos cambios están garantizados –como señala Goicovic (2021)- solo por contar con una mayor cantidad de convencionales. No se debe desconocer que la derecha política y económica ligada a la antigua oligarquía y a la alta burguesía vinculada al sistema financiero y la gran industria nacional e internacional, no está dispuesta a perder sus privilegios, por ello no debe extrañarnos que, en este contexto de lucha de clases, intente permanentemente impulsar procesos de restauración. Sin embargo, no les será fácil porque las elecciones presidenciales de noviembre próximo van a ser disputadas por la izquierda antineoliberal que elegirá su candidato único en las elecciones primarias de julio, entre el Partido Comunista con Daniel Jadue y el Frente Amplio con Gabriel Boric.

En síntesis, el desafío es enorme para la elaboración de una nueva constitución con un claro sello popular, plurinacional, antipatriarcal, democrática y de protección de la naturaleza, por ello, la presión desde la calle y la movilización social organizada deberá extenderse desde la elaboración hasta la ratificación de la nueva constitución, para evitar que este proceso constitucional avance hacia un modelo neoliberal legitimado por una nueva constitución construida por un acuerdo nacional.

Sabemos que la lucha por concretar la dignidad, la justicia social y la igualdad exige ir más allá del capitalismo y su lógica y ese proceso implica una permanente discusión sobre la crisis estructural del capitalismo, pero sobre todo imaginar y construir las salidas que necesitamos con urgencia como sociedad.

*Chile, GT Crisis y Economía Mundial, docente de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

Mujeres, pandemia y ollas comunes en Chile: hasta que la dignidad se haga costumbre

Paula Vidal Molina*

Fuente: Memoriachilena

El neoliberalismo chileno durante el 2019 y 2020 mostró sus contradicciones de modo dramático. La crisis político-social y económica que vive el país —desencadenada a partir de octubre de 2019— se profundizó y las consecuencias en lo económico y social, se expresaron claramente en los altos niveles de desempleo, de pobreza y hambre que impactó —hasta hoy— a la sociedad en su conjunto. Las cifras son elocuentes, incluso para el banco central, quien señaló que la tasa de desempleo superó los dos dígitos desde mayo a diciembre de 2020, alcanzando el punto más alto —de 13.1%- en el mes de julio (Banco Central, 2021, Base de datos estadísticos, https://si3.bcentral.cl/bdemovil/BDE/Series/MOV_SC_ML3). Por su lado, la pobreza también superó los dos dígitos (Cepal, 2020. El desafío social en tiempos del covid-19. Eclac, Mayo, https://www.cepal.or.es), lo que se suma a más del 1.600.000 de trabajadores informales y por cuenta propia que perdieron o redujeron sus niveles de ingresos (Reyes, Sebastián, 2020, “Estudio revela que hay 600 mil trabajadores del comercio despedidos o suspendidos debido a la pandemia”, https://www.eldesconcierto,2020/09/09).

frente a las erráticas e incapaces medidas del gobierno de Piñera, el pueblo buscó las formas de enfrentar el hambre y la pobreza, a través de la autorganización y solidaridad como parte de la memoria popular chilena, de la mano de las mujeres como protagonistas


En este contexto, frente a las erráticas e incapaces medidas del gobierno de Piñera, el pueblo buscó las formas de enfrentar el hambre y la pobreza, a través de la autorganización y solidaridad como parte de la memoria popular chilena, de la mano de las mujeres como protagonistas. Es así que en mayo de 2020, en una comuna periférica del gran Santiago, resurgieron las experiencias de las “Ollas comunes”, las cuales fueron importantes espacios de subsistencia y resistencia en períodos difíciles vividos por el pueblo, la dictadura cívico militar, pero las Ollas también son herederas de una larga tradición de iniciativas organizadas por la clase trabajadora y pobladores, para enfrentar las consecuencia de las huelgas o las tomas de terrenos realizadas durante el siglo XX.
A continuación, brevemente, queremos dar cuenta no solo de algunas características de las Ollas Comunes, sino también de cómo se constituyen en experiencias donde la memoria, el protagonismo de las mujeres, la solidaridad y autogestión, confluyen para dignificar las condiciones de existencia y acciones del pueblo.

Las Ollas Comunes en la dictadura cívico militar

En 1981, plena dictadura y crisis económica, las ollas comunes comenzaron su auge, fueron caracterizadas como una organización popular que surge en un territorio, cuyo objetivo de subsistencia, descansa en trabajo humano y recursos aportados colectivamente (Hardy, Clarisa, 1985. Hambre + Dignidad=Ollas Comunes. PET. Santiago. Chile). Es una organización poblacional en la que se agrupan familias con lazos de vecindad, o problemas comunes en busca de la subsistencia desde el lugar donde se habita. En otro sentido, la olla común también permite la organización del trabajo, donde cada integrante cumple una función operativa y especializada para lograr los objetivos de la organización, donde claramente las mujeres tuvieron un protagonismo y altísimo nivel de participación.
Durante la dictadura, las ollas fueron apoyadas materialmente por la iglesia católica, pero también los y las integrantes de ellas, fueron capaces de generar sus propios recursos a través de aportes económicos de las familias y actividades económicas grupales. Las asambleas, se constituyeron en el mecanismo de aprendizaje democrático, en tanto “escuela de convivencia y valores grupales, de participación y toma de decisiones, de control, evaluación y crítica” (Hardy, op. cit., p. 138), de solidaridad y reciprocidad.
Las asambleas eran la instancia de reunión e intercambio de las y los integrantes del barrio, donde se conversaba y reflexionaba, lo cual aportaba en la configuración de una identidad colectiva de la olla, a partir de la toma de conciencia de las condiciones materiales y emocionales comunes que vivían los integrantes de las familias y los problemas que atravesaba el país. La vida cotidiana y sus restricciones –como el hambre– en la esfera de lo “privado” se respondía desde lo colectivo y lo público, proyectando también la reflexión y necesidad del cambio social, desde el ámbito local al nacional.

Mujeres, Pandemia y Ollas Comunes

La situación de las mujeres en Latinoamérica ha empeorado con los efectos de la crisis y la pandemia. La Cepal señala que ha habido un retroceso de 10 años en la inserción laboral de las mujeres, ya que durante el 2020, la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en 46% y la de los hombres en 69%, y la tasa de desocupación de las mujeres llegó al 22,2%. (Cepal 2021. La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad, https://www.cepal.org.).
La salida de mujeres de la fuerza laboral se debió no solo al impacto de la crisis en los sectores económicos donde más se concentran las mujeres, sino también a que muchas de ellas debieron atender las demandas de cuidados en sus hogares. La tendencia en Chile no es distinta, las mujeres además, han sostenido los cuidados en los hogares, y buscado y organizado las alternativas colectivas para enfrentar el hambre de sus familias y vecinos, desde la solidaridad y la autogestión, durante el 2020. Este año se han registrado el funcionamiento solo en la Región Metropolitana, de 1.336 ollas comunes, las cuales se han focalizado principalmente en las comunas periféricas y populares, pero también en las de ingresos medios, sin embargo, estas se han extendido a varias ciudades y regiones en todo el país, donde se suman a la cifra anterior, más de 80 de estas iniciativas colectivas (Vértice Urbano, 2020. Mapa Interactivo de Ollas Comunes e Iniciativas de Cooperación. https://www.verticechile.org/proyectos).

las ollas comunes en pandemia expresan varias ideas y experiencias a contrapelo del Chile neoliberal


Las actuales formas de financiamiento de las ollas, han sido a partir de donaciones de privados (desapareciendo la fuerza que tuvo la Iglesia católica durante la dictadura), además de aportes económicos de las propias familias que participan, de los vecinos y trabajos de los voluntarios. Una diferencia importante respecto del período de la dictadura, producto de la pandemia, es que la asamblea y las reuniones como mecanismos de conversación y reflexión político-colectiva, se han debido restringir, por lo que la dimensión política, de concientización y la crítica social, la conformación de la identidad colectiva y la reconfiguración del tejido social se puede ver afectado en el mediano plazo.
No obstante, podemos decir que las ollas comunes en pandemia expresan varias ideas y experiencias a contrapelo del Chile neoliberal. En primer lugar, esta respuesta colectiva da cuenta de la existencia, la revitalización y la visibilización de las organizaciones de base y de las redes vecinales, de la existencia de los huertos urbanos y las redes de autogestión y cooperativismo.
Asimismo, se expresa la puesta en común del conocimiento local de habitantes antiguos y la (re)construcción de la memoria popular. Por otro lado, el trabajo de las mujeres en las ollas es leído en clave de protagonismo, participación, incidencia política y autodeterminación de ellas en la esfera pública. Además, se expresa la importancia de la subsistencia entendida no desde el gesto de la caridad y bajo una lógica paternalista, sino como un derecho de todas y todes les ciudadanes donde las mujeres, el pueblo y les trabajadores organizades, promueven y fortalecen las iniciativas que dignifican al propio pueblo.
En definitiva, las mujeres organizadas colectiva y comunitariamente, una vez más en la historia de Chile, han sido capaces de enfrentar las crisis y mostrar la urgencia de luchar por avanzar hacia una sociedad anticapitalista, antipatriarcal, antirracista y profundamente igualitaria y democrática.

* Chile, GT Crisis y Economía Mundial, Profesora Asociada, Depto. de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Economía Y Correlación De Fuerzas En El Gobierno De Allende 1970-1973*

Orlando Caputo**

Imagen: radiousach

La experiencia de la Unidad Popular y el tránsito pacífico al socialismo fue una de las experiencias más significativas a nivel planetario. Debe ser estudiada en sus aciertos y en sus errores. Más aún frente a la crisis mundial profundizada en forma extrema por la pandemia. La crisis sistémica podría abrir paso a diferentes formas de organización económica, social y política en los países.
Hace 50 años, el 3 de noviembre de 1970, Salvador Allende asume la presidencia de Chile.
Por primera vez en el mundo se puso en práctica el tránsito pacífico del capitalismo al socialismo respetando la institucionalidad democrática, pluralista y libertaria de Chile. Allende triunfó en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, como candidato de la Unidad Popular (UP), con solo 36,6%. La UP estaba constituida por los Partidos Socialista y Comunista, que por décadas tuvieron una fuerte presencia en la clase trabajadora. En la UP también participaban el Partido Radical, y otros partidos.
La ‘Vía Pacífica al Socialismo’ planteaba profundas transformaciones económicas, sociales y políticas que concitaron gran expectación mundial. El Programa de la UP recogió y profundizó las propuestas de tres campañas presidenciales anteriores de Allende: Nacionalización del Cobre, principal riqueza de Chile, que era propiedad de grandes empresas mineras mundiales estadounidenses (Anaconda y Kennecott); Reforma Agraria, que terminaría con el latifundio en Chile, creado desde la Colonia, que había perdurado tres siglos; Área de Propiedad Social, APS, conformada por las principales empresas monopólicas del sector industrial, de la distribución y de la Banca. Serían empresas de ‘Propiedad Social’, no estatal, con participación de los trabajadores en la dirección de las empresas. Con las reformas estructurales se consolidaría una profunda redistribución del ingreso a favor de los trabajadores, que se implementarían en los primeros meses de la Unidad Popular.

La ‘Vía Pacífica al Socialismo’ planteaba profundas transformaciones económicas, sociales y políticas que concitaron gran expectación mundial.


Las transformaciones antimperialistas, anti-capitalistas y anti-oligárquicas se pusieron en práctica en forma simultánea al inicio del Gobierno de Allende. Estas se concretaron en gran medida en 1971, con amplio apoyo político y popular, a pesar de la fuerte intervención de Estados Unidos, de la derecha chilena y sus medios de comunicación. Dichos actores desarrollaron permanentes intentos de sedición. Días antes de que Allende fuese proclamado Presidente de la República por el Congreso Nacional, asesinaron al Comandante en Jefe del Ejército chileno, el General René Schneider.
Desde el 3 de noviembre de 1970 al 11 de septiembre de 1973, se produjeron profundas modificaciones de las correlaciones de fuerzas sociales y políticas. En 1971 las nuevas correlaciones posibilitaron importantes avances del Programa, con crecimiento económico (8,0%); desempleo (3,8%), aumento del salario real (22,0%), la inflación bajó de 36,1% de 1970 a 22,1% en 1971. A mediados de 1972 se fue consolidando una confrontación de fuerzas políticas equivalentes, que culminaron con el Golpe Cívico Militar del 11 de septiembre de 1973, instaurándose en Chile una de las Dictaduras más represivas en la historia contemporánea.

La ‘Vía Pacífica al Socialismo’. Principales antecedentes

Allende fue categórico al señalar la originalidad de la ‘Vía Pacífica al Socialismo’. En su primer Mensaje Presidencial al Congreso Pleno, 21 de mayo de 1971, Allende profundizó y marcó diferencias de su Programa de Gobierno con las vías del llamado ‘socialismo real’ y con la experiencia cubana:
“Chile se encuentra ante la necesidad de iniciar una manera nueva de construir la sociedad socialista: la vía revolucionaria nuestra, la vía pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero jamás antes concretada. […] Este desafío despierta vivo interés más allá de las fronteras patrias. […]
Pisamos un camino nuevo; marchamos sin guía por un terreno desconocido […] Vamos al socialismo por el rechazo voluntario, a través del voto popular, del sistema capitalista y dependiente […]”

Del Programa de la UP destacamos la caracterización de Chile como economía dependiente:
“Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la pobreza generalizada.
Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, Más aún, se acentúa cada vez más en su dependencia […] De Chile el imperialismo ha arrancado cuantiosos recursos equivalentes al doble del capital instalado en nuestro país, formado a lo largo de toda su historia”
El Programa era antiimperialista porque rescata el cobre, la principal riqueza básica de Chile, que estaba en manos de las grandes mineras mundiales estadounidenses, que tenían gran poder en el estratégico mercado mundial del cobre. El Programa era anti oligárquico, porque la Reforma Agraria perseguía terminar con el latifundio y, rescatar las tierras usurpadas al pueblo mapuche. El Programa era anti-capitalista porque expropiaba un reducido número de grandes empresas monopólicas que controlan todos los sectores de la economía nacional, para constituir el Área de Propiedad Social (APS) que sería la dominante con aproximadamente 200 grandes empresas monopólicas mas las empresas del Estado. También se contemplaba un Área de Propiedad Privada mayor número de empresas, en 1967, eran 30.500. Finalmente, el Área de Propiedad Mixta constituida por empresas privadas nacionales o extranjeros con participación estatal.
Paralelo a las reformas estructurales se propusieron medidas económicas y sociales de corto y mediano plazo.
Las aspiraciones económicas y sociales del pueblo chileno son legítimas y posibles de satisfacer: viviendas dignas; escuelas y universidades para sus hijos; salarios suficientes; reajustes automáticos, trabajo estable; atención médica y dental preventiva y oportuna; extender previsión social y pensiones dignas; jardines infantiles; servicios básicos domiciliarios y comunales. […] Se establecerá la plena capacidad civil de la mujer casada y la igual condición jurídica de todos los hijos … una adecuada legislación de divorcio con disolución de vínculo, con pleno resguardo de la mujer y los hijos previsión para todos; educación gratuita, libros, cuadernos y útiles escolares para la enseñanza básica; medio litro de leche diaria a todos los niños de Chile”.

Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, Más aún, se acentúa cada vez más en su dependencia […]

Impacto mundial de la ‘Vía Chilena al Socialismo’

La experiencia chilena de la UP coincide con el retroceso general de Estados Unidos en la Guerra Fría; su derrota en Vietnam; la crisis financiera de Estados Unidos y el fin del Patrón Oro, y el auge del movimiento popular mundial. Como parte de este proceso surgió la teoría de la dependencia económica, social, política y cultural, que planteaba la imposibilidad de desarrollar un capitalismo nacional e independiente en el Tercer Mundo.
En sus Memorias, Kissinger, Secretario de Estado de los EE. UU. al asumir Allende, afirmó que la ‘Vía Pacífica al Socialismo’ de Allende era una amenaza para la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo:
Nixon y sus principales consejeros estaban convencidos de que Allende representaba un desafío para los Estados Unidos y para la estabilidad del hemisferio occidental. La promesa de Allende de nacionalizar las empresas de propiedad norteamericana no era nuestra principal preocupación […] Dos gobiernos anteriores a Nixon habían coincidido en que una victoria por parte de Allende ponía en peligro nuestros intereses en el hemisferio occidental. Ellos otorgaron importantes sumas de dinero al Partido Demócrata Cristiano para bloquear a Allende en las elecciones presidenciales de 1964 y a su coalición en las elecciones en el Congreso de 1968. […] El éxito de Allende habría tenido importancia también para el futuro de los partidos comunistas de Europa Occidental cuyas políticas inevitablemente socavarían la Alianza Occidental.

* Esta nota corresponde a la primera parte de un trabajo.
** Chile, GT Crisis y Economía Mundial. Fue el representante de Allende en el Comité Ejecutivo de la Corporación del Cobre, CODELCO, y Gerente General de CODELCO, institución que se hizo cargo de las empresas de la Gran Minería de cobre nacionalizadas. Al momento del golpe militar de 1973, era Gerente General de Andina, una de las empresas nacionalizadas.

Chile: plebiscito 25 de octubre de 2020 Origen, impacto y perspectiva

Graciela Galarce*

Imagen: redlad

Chile era “un ejemplo a seguir”. Sin embargo, Chile rechazó al neoliberalismo y a la Constitución de Pinochet con un 80% en el Plebiscito del 25 de octubre. “No son treinta pesos [alza pasaje del Metro], son treinta años” desde el triunfo del “Plebiscito de 1988” del NO a Pinochet, a los siete gobiernos post dictadura a partir de 1990 con la promesa “La Alegría ya Viene”, que nunca llegó. También son casi 50 años del neoliberalismo que se inició en 1973 con el Golpe Militar.
A inicios de la década de los cincuenta, Estados Unidos para ampliar su hegemonía en América Latina, planificó y diseñó un prioritario plan estratégico para insertar la corriente académica neoliberal. Eligen Chile por su sólida democracia, la fuerza creciente de izquierda, y que en Chile estaba la sede de la CEPAL que postulaba una economía con fuerte participación del Estado. Fontaine Talavera señaló: ¡Se quería enfrentar al león en su propia cueva!, ¡Había que preparar en Chile el antídoto a la CEPAL!
Crearon varios programas: El “Instituto de Asuntos Interamericanos de los Estados Unidos en Chile”; “Chile Proyect”, para financiar la enseñanza económica y becas de intercambio; La “Administración para la Cooperación Internacional”, ICA que seleccionó para un convenio académico la Universidad de Chicago y la Universidad Católica.
La Universidad Católica firma el convenio en 1955 que comprometía cuatro temas: la presencia de profesores estadounidenses en Chile; la creación de un Centro de Investigaciones Económicas; la selección de becarios chilenos para perfeccionar sus estudios en la Universidad de Chicago; la realización de investigaciones acerca de la realidad económica chilena.
Con el Golpe Militar de 1973 en Chile se inicia el Neoliberalismo. Thatcher en 1979 y Reagan en 1981. Se inicia una nueva etapa de la economía mundial: Neoliberalismo y Globalización.
El Pecado original del Neoliberalismo, es que fue impuesto por la fuerza de las armas. Los militares golpistas formados en la doctrina de Seguridad Nacional, sin proyecto económico. Los Chicago boys aportaron el proyecto económico neoliberal plasmado en su libro El Ladrillo. Con Seguridad Nacional y Neoliberalismo promueven una contra revolución al Tránsito Pacífico al Socialismo de Allende para eliminar el marxismo. “Cuando la teoría y la práctica están en desacuerdo, quiere decir que la práctica está mal” y hay que cambiar la realidad de raíz, afirmó Sergio De Castro, Chicago boy, Arquitecto del ‘Modelo Económico Chileno’.

Con el Golpe Militar de 1973 en Chile se inicia el Neoliberalismo. Thatcher en 1979 y Reagan en 1981. Se inicia una nueva etapa de la economía mundial: Neoliberalismo y Globalización.


Para cambiar la realidad, José Piñera, elaboró Las Siete Modernidades, bases del capitalismo neoliberal y de la Constitución pinochetista de 1980, medidas contra los trabajadores y a favor del capital.
Las Siete Modernidades: Libre Mercado; Estado Subsidiario; Disminución del Gasto Social; Reforma Tributaria; Libre Comercio y Apertura al Capital Extranjero; Desregulación Laboral; Propiedad Privada.
A partir de 1983 crecientes marchas fuertemente reprimidas con decenas de muertes demandaron: Renuncia de Pinochet, Asamblea Constituyente y Gobierno de Transición. La dictadura en 1987 se vio obligada a dialogar con dirigentes de partidos políticos que plantearon las demandas. Finalmente negociaron en los marcos de la Constitución el Plebiscito del 5 de octubre de 1988. Si: Seguía Pinochet; NO: NO Seguía Pinochet y se llamaba a elecciones presidenciales. Ganó el NO con la consigna La Alegría ya Viene.
Los gobiernos post dictadura han aceptado y profundizado el neoliberalismo. En 1992, Arturo Fontaine afirmó: “Los intelectuales de tradición socialista se identifican cada vez más abiertamente con el liberalismo […] deben empeñarse en convencer a sus partidarios de que la economía capitalista que repudiaron en las urnas no solo es buena para el país, sino que es la de ellos […] Concluye: “Si aceptan el neoliberalismo y los empresario les dan la bendición, el “pecado original” de la transformación capitalista chilena habrá quedado ‘políticamente redimido’ ”.
El neoliberalismo en Chile es el más profundo y más prolongado a nivel mundial. En lugar, de La alegría ya viene: gran concentración del ingreso y riqueza con elevados niveles de pobreza e incertidumbre. El pecado original no se ha redimido para el pueblo.
Estallido Social, Rebelión y Plebiscito

Previo al Estallido Social masivas manifestaciones: Estudiantes, Trabajadores, Pobladores, Ambientalistas, Feministas, Diversidad sexual, Pensionados (No +AFP); Pueblo Mapuche, etcétera.

A inicio del Estallido Social Piñera afirmó: “Estamos en guerra con un enemigo muy poderoso”. Brutal represión: muertes, heridos, agresiones sexuales; 400 personas con daño ocular y dos de ellos han quedado ciegos, cientos de presos políticos.


El Estallido Social transformado en Rebelión es muy diferente y sensible a problemas individuales y globales; pensiones miserables; endeudamiento de familias y estudiantes. Se indigna con la corrupción generalizada de las instituciones del Estado, de las empresas y su colusión con los partidos políticos. Indignación con: Empresas que corrompen partidos políticos; Robos en las Fuerzas Armadas, Corrupción en las Iglesias; Montajes de la Inteligencia del Estado contra el Pueblo Mapuche; etcétera.
La Rebelión es auto convocada, sin dirigentes ni voceros. Se replican las movilizaciones en lugares estratégicos a lo largo del país. En Santiago la Plaza Baquedano, es denominada Plaza de la Dignidad en respuesta al trato indigno recibido por décadas. Cada viernes flamean banderas chilenas y del Pueblo Mapuche.
Las masivas manifestaciones de más de un millón doscientas mil personas en Santiago han dado la vuelta por el mundo. Se exige la renuncia de Piñera y una ’Asamblea Constituyente’. Cabildos y Asambleas en diferentes comunas del país apoyan demandas.
A inicio del Estallido Social Piñera afirmó: “Estamos en guerra con un enemigo muy poderoso”. Brutal represión: muertes, heridos, agresiones sexuales; 400 personas con daño ocular y dos de ellos han quedado ciegos, cientos de presos políticos. Los movimientos sociales han sido infiltrados por agentes del Estado. A 10 meses del Estallido se desconocen los autores de incendios simultáneos de Estaciones del Metro.
La Mesa Social: La CUT, gremios del sector público, pobladores, mujeres, etc., han organizado movilaciones menos masivas. El 12 de noviembre de 2019 convocaron un Paro Nacional que tuvo diferentes evaluaciones.
Piñera, con 8% de aprobación pidió al Congreso un Acuerdo Nacional. El Congeso aprobó el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución el 15 de noviembre de 2019. El Acuerdo fijó el itinerario de dos años para redactar y aprobar una nueva Constitución, todo se regirá por la Constitución pinochetista y por los 2/3 para cada ítem. Se respetarán todos los Tratados Internacionales, incluyendo los múltiples TLC.
A través del Acuerdo, el gobierno se apropió de las demandas de las movilizaciones y cambió “Asamblea Constituyente”, que es Soberana, por “Convención Constituyente”, que se rige por la Constitución pinochetista.
El Plebiscito del 25 de octubre de 2020 tenía dos opciones: Apruebo o Rechazo. Apruebo: Hacer una nueva Constitución; Rechazo: Seguir con la Constitución de 1980.
Segunda consulta: quiénes redactarán la Nueva Constitución: Convención Constituyente: 100% de ciudadanos elegidos.; Constitución Mixta: 50% de parlamentarios y 50% de ciudadanos elegidos.
Algunos planteaban que las reglas del Plebiscito del 25 de octubre eran una trampa. No obstante, una gran votación podría cambiar los amarres. El arrasador triunfo del Apruebo, 78,27% y Convención Constitucional, 78,99% se debió en gran medida a los jóvenes. En pandemia y voto voluntario votó el 50,9% . En las tres comunas ricas: Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, ganaron el Rechazo y la Convención Mixta. Alli reside la elite que dirige el país. Desde el Plebiscito de 1988, la derecha retiene cerca del 40% electoral y la experiencia de las expropiaciones durante la UP. Parte de la derecha aprobó el apruebo.
El domingo 25 de octubre fue un gran triunfo, pero sólo el primero de los dos años del proceso para una Nueva Constitución. Los partidos políticos, con 3% de aprobación, actualmente han privilegiado otras elecciones. El plazo de inscripción de Constituyentes es el 11 de enero y las elcciones el 11 de abril. Si no se logra una gran votación, es fácil que el oficialismo con 1/3 tenga derecho a veto. La derecha con sus tres partdos se une fácilmente. En la oposición a Piñera hay muchos partidos difíciles de unir.
Los Constituyentes se elegirán entre los candidatos de cada partido político. Los candidatos a constituyentes independientes tienen muchas limitaciones. La Convención debe ser paritaria. En discusión cupos para pueblos originarios.
El movimiento social chileno ha ayudado a las movilizaciones de otros países de la región y se potencia con las movilizaciones en Colombia, Ecuador, Perú y con el gran triunfo en Bolivia.
La tarea es elegir el 11 de abril más de dos tercios de convencionales. Es difícil, pero esperamos que la victoria del Plebiscito se pueda repetir.

*Chile, GT Crisis y Economía Mundial, economista del Banco Central al momento del golpe de Estado contra Salvador Allende.

Señales De Relevancia Para La Región*

Jaime Osorio**

Más de un centenar de detenidos en una violenta protesta en Chile | Chile  en DW | DW | 07.12.2019
Foto: Infobae

La cercanía temporal entre los triunfos del MAS en las elecciones presidenciales en Bolivia y del Apruebo en el plebiscito sobre una nueva Constitución en Chile tiene también una proximidad de significativa relevancia política: son las señales quizás más relevantes de un movimiento sustantivo en la correlación de fuerzas sociales en la región y en quiénes disponen de la iniciativa política.
Esta simultaneidad entre los procesos en ambos países viene desde 2019, aunque con signos desiguales. Fue en octubre de ese año en que se iniciaron las movilizaciones semi insurreccionales en Chile, que coagularan posteriormente en los acuerdos por el plebiscito reciente. Y fue a poco menos de un mes de ese mismo año el golpe de fuerza que llevó al término del gobierno de Evo Morales y del MAS en Bolivia.
El periodo que cubren ambos procesos en 2020 es muy breve. Con razón se podría sostener que son enormes los peligros de juicios apresurados. Pero hay elementos para pensar que estamos a las puertas de un nuevo tiempo y de procesos que marcan un quiebre con los zigzagueos previos.
¿Qué pueden indicar los acontecimientos en Bolivia y en Chile en octubre del 2020? ¿Prevalece entre estos dos procesos pura contingencia o hay signos de algo más perdurable?
Aquí se sostendrá que lo sucedido de manera reciente en ambos países es un signo que la fuerza social de los dominados se ha incrementado, por la capacidad de desplegar movilizaciones masivas, por su persistencia, por mantener la iniciativa, por su rápida rearticulación a pesar de agudos golpes, en tanto el empuje de los sectores dominantes se ha debilitado, porque sus bases de sustentación social se encuentran resquebrajadas por la imbricación entre la crisis económica y la pandemia, por la carencia de proyectos, por la pérdida de horizontes.

Esta simultaneidad entre los procesos en ambos países viene desde 2019, aunque con signos desiguales. Fue en octubre de ese año en que se iniciaron las movilizaciones semi insurreccionales en Chile, que coagularan posteriormente en los acuerdos por el plebiscito reciente.


Lo sucedido en Bolivia en 2019 y 2020 nos pone frente a una situación paradójica que obliga a formular la pregunta: ¿Cuál fue el sentido del golpe de fuerza de 2019 a la luz de lo sucedido en 2020?
Visto en perspectiva, dicho golpe de fuerza careció de sentido. Lo menos que se podría haber esperado es que la oligarquía boliviana y los aparatos armados hubieran operado un tiempo suficiente para desmantelar y desarticular a las fuerzas populares, y sólo alcanzado estos objetivos, plantear la convocatoria electoral.
¿Qué explica su precipitación? Una hipótesis posible es que sin contar con un plan ni siquiera de mediano plazo, la articulación social y política golpista, donde se debe incluir a la OEA y la reacción internacional, aprovechó un momento de titubeo y/o debilidad del campo popular, donde el tema de la reelección de Evo Morales y las mentiras de fraude, entre otros, tuvieron su papel, lo que permitió a la reacción actuar exitosamente.
Pero la política contrainsurgente de esta articulación golpista no fue para nada exitosa, no sólo por fallas de diseño, sino también por la oposición local que encontró en el movimiento popular, unida a los tropiezos de la reacción regional e internacional, con sus fracasos en las arremetidas contra Venezuela, y la creciente atención que reclamaron los problemas derivados de la pandemia y la crisis económica en la Unión Europa y Estados Unidos.
El holgado triunfo electoral de Luis Arce y el MAS puso de manifiesto la rápida rearticulación de las fuerzas sociales y políticas golpeadas en octubre de 2019 y que, a despecho de la opinión de intelectuales y dirigentes feministas, el apoyo al MAS y al gobierno de Evo Morales no se había diluido, por el contrario, gozaba de muy buena salud.
Dentro de los múltiples problemas que tendrán que enfrentar el nuevo gobierno y el movimiento popular en materias económica y política, se añade hoy la relación con las fuerzas armadas, en el corto y mediano plazo, en tanto los altos mandos militares que actuaron en 2019 siguen allí, pero también para el largo plazo de un proyecto que se plantea transformar la sociedad boliviana apoyada en el respeto a la ley y donde la buena relación del presidente con los altos mandos ya manifestó su insuficiencia.
Con cerca del 80 por ciento de adhesión hacia el Apruebo, y con la más amplia distancia frente a la propuesta contraria en referéndum alguno, la población chilena confirmó que su disposición a poner fin a un sistema económico y político que camina dándoles las espaldas no fue resultado de un malestar coyuntural, sino, por el contrario, que despertó fuerzas de mayor duración, lo que abre justificadas expectativas sobre lo que prosigue.
Porcentajes igualmente elevados recibió la propuesta que sea una Convención Constitucional, esto es, ciudadanos elegidos específicamente para la elaboración y redacción de la nueva Constitución, dejando en el camino la opción que miembros del parlamento tuvieran peso en esta tarea.
No será un problema menor resolver cómo candidaturas independientes de los partidos reúnen numerosas firmas, como lo establecen los acuerdos alcanzados. Por allí los partidos políticos, marginados en el plebiscito, buscarán recuperar presencia.
La fuerza social alcanzada por este proceso obligó al presidente Sebastián Piñera y a otros miembros de los partidos de la derecha chilena a señalar su acuerdo con la convocatoria a redactar una nueva Constitución, en un esfuerzo desesperado por impedir que la consulta se convirtiera en un referéndum sobre su mandato, junto a los de los gobiernos post dictatoriales que le antecedieron, que denotaría el rechazo popular.
Más allá del resultado, importa destacar también el incremento de la participación de la población de Santiago ubicada en las comunas más populares y en otras situadas hacia el centro de la ciudad, allí donde se concentran obreros, y asalariados pobres. También es esperanzador la elevada participación de jóvenes, los que mantuvieron banderas en alto en los tiempos previos a la consulta. A pesar de que se votó en momentos de pandemia no controlada, y que se avizoraba el triunfo, la participación de más del 50 por ciento de los inscritos en el registro electoral habla de una decidida disposición de hacerse escuchar.
Sólo en tres comunas de Santiago, Vitacura, Lo Barnechea y Las Condes, en donde se concentran las viviendas de los más poderosos empresarios y políticos, triunfó la no aprobación a una nueva Constitución, con un declive a su vez de la participación de estos sectores.
En diversas otras zonas del país y en comunas agrarias, muchas de ellas antiguas bases electorales de las fuerzas de derecha, los resultados se volcaron a favor del Apruebo.
Los sectores dominantes chilenos no pudieron impedir que se pusiera de manifiesto su debilidad para torcer el curso de acontecimientos políticos que suponen un enorme capital simbólico. Ello alimentará la fuerza de los sectores populares que buscarán que la nueva Carta Magna exprese sus aspiraciones, superando los vericuetos y trampas legales que tratarán de limar las aristas más agudas de las demandas mayoritarias.
En Bolivia y Chile se ha puesto de manifiesto que la correlación de fuerzas se ha desplazado favorablemente hacia el campo popular y que la iniciativa política se encuentra en sus manos. Los sectores dominantes han perdido dicha iniciativa, así como fuerza para impedir que los procesos en marcha contravengan sus intereses y posiciones.

La fuerza social alcanzada por este proceso obligó al presidente Sebastián Piñera y a otros miembros de los partidos de la derecha chilena a señalar su acuerdo con la convocatoria a redactar una nueva Constitución


Las condiciones cómo se produce este cambio de rumbo en los dos procesos, rompiendo la inercia conservadora asentada en Chile, la que atrapó a fuerzas políticas de una antigua izquierda, sobre la base de prolongadas movilizaciones multitudinarias, y la rápida rearticulación política en Bolivia que revierte muy tempranamente un golpe de fuerzas conservadora y oligárquica, es lo que marca la diferencia frente a otros giros producidos en el plano de la política regional, y que los asemeja con los ascensos al gobierno de Hugo Chávez y del propio Evo Morales en Venezuela y Bolivia, por las masivas y persistentes movilizaciones desplegadas.
En una situación que escapa a la lectura simple, la gestión de López Obrador en México abre un escenario novedoso y no menos relevante en este movimiento en la correlación de fuerzas en la región. Sin un discurso estridente, donde destaca “primero los pobres”, con su política de austeridad republicana y de lucha contra la corrupción, López Obrador prosigue desmantelando numerosas redes de saqueo de los recursos públicos, donde conviven cárteles del crimen organizado, encumbrados políticos y empresarios, estableciendo una nueva ética en la gestión política que -en un país devorado por la corrupción y la desigualdad social- no es poco.
La pandemia también ha aportado su cuota en el debilitamiento del discurso y práctica neoliberal en la región y el mundo. Las zozobras del confinamiento y la sustantiva baja de las actividades económicas han obligado a giros significativos de timón en dogmas cuasi-religiosos, sea en el incremento del gasto público por encima de las restricciones impuestas al déficit fiscal, sea en retiros a fondos de pensiones para sortear la carencia o baja de salarios.
La crisis económica, que ha sido agudizada por la pandemia, ha puesto a los capitales en un dilema nada sencillo de resolver y muy fuera de sus manos. Mientras la pandemia no sea controlada no hay condiciones para impulsar proyectos económicos que tengan como horizonte sortear la actual crisis.
En medio de esta situación, que genera un vacío de proyectos del capital y fisuras en el dominio imperante, han sido las fuerzas populares, a pesar de haber sido afectadas también por la crisis económica y la pandemia, las que demuestran mayor capacidad de acción y rearticulación. Esto propicia que el reiterado discurso de regreso a la nueva normalidad encumbrado por gobiernos y agrupaciones empresariales será un proceso de agudas disputas sociales.

* Nota revisada, publicada por el autor anteriormente en Alinet.
** Chile, Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México.

Nacionalización Del Cobre En Chile: Estallido Social Y Pandemia

ESPECTACULAR 83% DE APOYO A LA NACIONALIZACIÓN DEL COBRE | Crónica Digital
Foto: Crónicadigital

Orlando Caputo y Graciela Galarce*

I.- ‘Estallido Social’ y Pandemia

La nacionalización del cobre, realizada por Salvador Allende, el 11 de julio de 1971, constituye la transformación económica, política y social más importante del Siglo XX en Chile. Con la nacionalización del cobre, el Estado chileno, a través de la Corporación del Cobre, -Codelco-, controló el 100% de la producción de la Gran Minería del Cobre. Con la posterior desnacionalización, las grandes mineras mundiales que explotan los nuevos y ricos yacimientos de cobre de Chile controlan en torno al 70% de la producción. A pesar de esto, los recursos del cobre, y particularmente de Codelco, han sido fundamentales en el funcionamiento de la economía chilena y para enfrentar las demandas sociales. Así sucedió con los impactos de la crisis mundial de 2008, en el terremoto y maremoto en Chile de 2010, en la crisis económica relacionada con el ‘Estallido Social’ de octubre de 2019 y con la Pandemia.
En relación a la Pandemia, el Gobierno y el Parlamento acordaron un Plan de 12 mil millones de dólares para ser usados en 24 meses, sobre la base del Proyecto elaborado a solicitud del Colegio Médico de Chile, dado que el Gobierno señalaba que no había recursos suficientes. Para financiar este Plan, se contempla usar los Fondos Soberanos que Chile mantiene en el exterior y aumentar la deuda externa del Estado.

La nacionalización del cobre, realizada por Salvador Allende, el 11 de julio de 1971, constituye la transformación económica, política y social más importante del Siglo XX en Chile.


Los Fondos Soberanos se han formado principalmente con recursos aportados por Codelco, es decir, por las empresas nacionalizadas por Allende. Chile puede incrementar la deuda estatal por dos razones. La deuda externa del Estado chileno es relativamente baja, ya que los recursos del cobre han permitido financiar en parte importante el Presupuesto Estatal. Además, el Estado chileno puede obtener financiamiento internacional a bajas tasas de interés porque cuenta con el respaldo de los Fondos Soberanos y de los ingresos del cobre. La importancia actual de la nacionalización del cobre realizada por Salvador Allende se oculta en el Chile actual. No está presente en los principales medios de comunicación escritos, ni en la televisión.
En síntesis, el cobre es el ‘Sueldo de Chile’, como lo denominó Salvador Allende. La traumática situación actual de los trabajadores y del pueblo de Chile por la Pandemia, nos llevan a reproducir algunos de los párrafos del Discurso de Salvador Allende con motivo de “La Nacionalización del Cobre” el 11 de julio de 1971. Allende señaló:
Hoy es el día de la dignidad nacional y de la solidaridad. Es el día de la dignidad, porque Chile rompe con el pasado; se yergue con fe de futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significa su plena independencia política.
Es el día de la solidaridad, porque Chile ha sido castigado por la fuerza de la naturaleza […] Es por eso por lo que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo.

II.- La nacionalización del cobre en el gobierno de Allende.

1.- La nacionalización del cobre estuvo presente en las cuatro candidaturas de Salvador Allende a la Presidencia de la República. Dos de las tres candidaturas presidenciales en 1970: Radomiro Tomic y Salvador Allende, tenían en sus Programas Presidenciales la Nacionalización del Cobre. Al comienzo de los 50’s, la idea de la nacionalización del cobre se abrió paso lentamente. En los 60’s se transformó en imparable, apoyada por la mayoría de los chilenos y de las organizaciones sindicales. Poco después del 4 de noviembre de 1970 –el primer día de su gobierno– designó representantes en Codelco y en los directorios de las sociedades mixtas para promover la participación de los sindicatos, controlar, corregir y evitar sabotajes.
2.- En diciembre de 1970, el presidente de la República envió la Reforma Constitucional para nacionalizar el cobre de la Gran Minería. Denunció que las grandes empresas norteamericanas, que han explotado el cobre en Chile habían obtenido en los últimos 60 años ingresos por la suma de 10.800 millones de dólares que equivalían al patrimonio nacional logrado durante 400 años.
3.- En el Proyecto de Nacionalización del Cobre, se afirma enfáticamente que por tratarse de la principal riqueza básica del país y porque su nacionalización daba paso a la ‘Segunda Independencia Nacional’, la Nacionalización del Cobre debía estar consagrada no en una simple ley, sino que en la Constitución Chilena o Carta Magna.
4.- El masivo apoyo de los chilenos posibilitó la aprobación de la Nacionalización del Cobre, el 11 de Julio de 1971, por la Unanimidad del Congreso en Pleno.
5.- Ese día, como ya lo hemos señalado, Allende lo denominó, “Día de la Dignidad y de la Solidaridad”. Chile había sido tratado indignamente por las empresas y por el imperialismo estadounidense, que hicieron lo que querían con nuestra principal riqueza. Y, día de la Solidaridad, porque el cobre debería mejorar la situación actual del pueblo de Chile y de futuras generaciones, así como para enfrentar los desastres naturales tan característicos de Chile, los problemas sociales y económicos.
6.- El Discurso estuvo dirigido a todo Chile, y al final se refirió a los trabajadores del cobre […], “los trabajadores del cobre no serán dueños de las minas… son dueños de las minas en cuanto las minas les pertenecen al pueblo … el cobre estará destinado al progreso de la patria […] por un Chile distinto, por una sociedad nueva, por el camino que abrimos hacia el socialismo[…] debo recordarles que el cobre es el sueldo de Chile, así como la tierra es su pan. El pan de Chile lo van a garantizar los campesinos […] El futuro de la patria, el sueldo de Chile está en las manos de ustedes”.

“Hoy es el día de la dignidad nacional y de la solidaridad. Es el día de la dignidad, porque Chile rompe con el pasado; se yergue con fe de futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significa su plena independencia
política”. Salvador Allende

III. Nacionalización y desnacionalización del cobre

1.- A pesar del boicot de las empresas estadounidenses y de los Estados Unidos, la administración chilena de las empresas nacionalizadas logró mantener los niveles de producción, como lo demuestra la información estadística y el reconocimiento de diversos estudios. En nuestros documentos hemos afirmado que la nacionalización del cobre ha sido la principal transformación económica, social y política del Siglo XX en Chile.
2.- En Dictadura, la Concesión se cambió por ‘Concesión Plena’, que se definió como más segura que la propiedad privada, lo que permitió la desnacionalización de los nuevos y ricos yacimientos de cobre, que se concretó a partir de los primeros gobiernos pos-Dictadura. Y como hemos señalado, Codelco que controlaba el 100% de la producción de la Gran Minería, actualmente controla solo el 30%. La desnacionalización ha sido anticonstitucional, ya que la Reforma Constitucional que permitió la Nacionalización del Cobre señala que: “El Estado tiene el dominio Absoluto, Exclusivo, Inalienable e Imprescriptible de todas las Minas”
3.- Es difícil de creer, que desde Chile se han fortalecido a las grandes mineras mundiales, que compiten con las empresas nacionalizadas por Salvador Allende, en la economía mundial y en Chile, por la energía, el agua, fuerza de trabajo calificada, etcétera. Por eso, a la desnacionalización del cobre y el control de las empresas extranjeras, del 70% del cobre, la hemos denominado: “El mayor robo a Chile desde fines del Siglo XX y del Siglo XXI”.
4.- ” Quien controla el cobre, controla a Chile”, sentenció Radomiro Tomic en 1982.
Tomic agregó: “De aquí en adelante no será el Estado chileno sino intereses foráneos, en larga medida competidores de Chile, en todas las fases del proceso minero e industrial del cobre […] Codelco quedará arrinconada” […]” ¿Cómo negar que quien controla el cobre controla Chile?”
Las ganancias de las empresas extranjeras son muy elevadas y se incrementarán más con las de energía: solar, eólíca, la electromovilidad, etcétera. El cobre trasmite y produce electricidad, y el litio –que Chile tiene una de las principales reservas mundiales– lo conserva.
El ‘Estallido Social’ de octubre de 2019, está exigiendo recuperar la Dignidad del pueblo chileno a través de una Nueva Constitución, que elimine el capitalismo neoliberal y de paso del individualismo a la Solidaridad y recuperar la Soberanía Nacional sobre los todos recursos naturales, incluyendo el agua que ha sido privatizada.
La Nueva Constitución para Chile, a partir del Plebiscito del 25 de octubre de este año, estará relacionada, sin duda con los 49 años de la Nacionalización del Cobre y con los 50 años del triunfo de Allende del 4 de septiembre de 1970.

*Chile, GT Crisis y Economía Mundial, Orlando Caputo fue el Representante del Presidente Allende en el Comité Ejecutivo de la Corporación del Cobre, Codelco, y Gerente General de Codelco., institución que se hizo cargo de las empresas de la Gran Minera del Cobre nacionalizadas. Graciela Galarce, Economista de la Universidad de Chile, Magister en Ciencias Sociales, FLACSO-México. En el gobierno del Presidente Allende, trabajó en el Banco Central de Chile.

Crisis capitalista y pandemia: Algunas notas sobre Chile

exactamente 7 meses después del estallido social) surgieron protestas en comunas populares en Santiago, que mostraban las contradicciones profundas que cruzan nuestra sociedad

Paula Vidal Molina

Al momento de escribir estas líneas, finales de mayo, las muertes asociadas al Covid-19 en Chile alcanzaban más de 760 personas de un total de casi 74.000 contagiados y seguramente, cuando el lector esté leyendo este comentario, habrán subido significativamente estas cifras, tanto en Chile como en otros países, con casos dramáticos en países como Brasil, EE.UU. y otros de Latinoamérica. En este contexto, el 18 de mayo (exactamente 7 meses después del estallido social) surgieron protestas en comunas populares en Santiago, que mostraban las contradicciones profundas que cruzan nuestra sociedad, y que no se resolverán con canastas de alimentos, más médicos, bonos ni endeudamiento.
¿Qué está detrás de estas muertes y las protestas en el Chile del siglo XXI? La idea que me interesa plantear aquí es que estamos inmersos en la crisis estructural del capital o lo que otros han llamado una crisis civilizatoria; y que en el caso Chileno, confluyen también la crisis sanitaria, la económico-social y la político-institucional. Pero ¿Cómo entender las crisis?.
Enrique Dussel habla de la crisis del proyecto de la Modernidad, como fundamento de la crisis mundial de hoy, porque la racionalidad moderna se apoya no solo en la idea de la «centralidad» europea, esto es económica, social y cultural, sino también en su racionalidad o irracionalidad, violencia y dominación en su relación con el mundo colonial y la naturaleza, ambas serían características fundamentales de la modernidad concebida desde una perspectiva no eurocéntrica.

la crisis estructural del sistema capitalista posee como contradicción básica el que no puede separar el Avance de la Destrucción, el progreso del Desperdicio, la muerte por sobre la Vida, la destrucción por sobre la creación, como tendencia del sistema de metabolismo del Capital


István Mészáros, dirá que a diferencia de la crisis coyuntural del sistema capitalista (que se desenvuelve y soluciona relativamente con éxito dentro de la estructura establecida, incluso siendo de una severidad importante como la crisis del 29), la crisis estructural, que estalló desde los años 70 después de la expansión en la postguerra, se define por afectar la propia estructura en su totalidad.
Esto significa poner atención en la crisis del sistema del capital en su integralidad y sus rasgos son: 1.- posee un carácter universal en vez de restringirse a una esfera particular (como por ejemplo financiera o comercial, o un rubro particular de la producción), 2.- alcanza un objetivo global, en vez de orientarse en uno o algunos países, 3.- su escala de tiempo es continua y el modo de desenvolvimiento es reptante, en contraste con las erupciones y colapsos espectaculares y dramáticos del pasado como la crisis del 29. Nos dirá Mészáros, que la crisis estructural afecta a la totalidad del complejo social y en las relaciones entre sus partes constituyentes. Al estar todo el sistema en juego, aun bajo una aparente normalidad, sin embargo, es capaz de sustentarse solo de un modo destructivo o autodestructivo. Por ello, la crisis estructural del sistema capitalista posee como contradicción básica el que no puede separar el Avance de la Destrucción, el progreso del Desperdicio, la muerte por sobre la Vida, la destrucción por sobre la creación, como tendencia del sistema de metabolismo del Capital, que en ningún caso es emancipatorio.

En el caso chileno, la crisis sanitaria confluye también con una crisis económico-social y político institucional


Esto se expresa -por ejemplo- en las políticas militares y represivas, de austeridad y de pobreza, también en las políticas que promueven la devastación ecológica donde la gravedad del cambio climático, la extinción de especies, la deforestación, la destrucción de la capa de ozono, o la contaminación socio ambiental a escala planetaria, solo se comprende por la economía capitalista que está detrás de ella. Otro ámbito en que se expresa es en el desempleo estructural.
Este y otros aspectos de la crisis estructural están vigentes debido a que -hasta antes de Enero del 2020- algunos indicadores a nivel global, daban cuenta de que la tendencia de la concentración de la riqueza se mantenía pues, según OXFAM, el 82% de la riqueza mundial generada el 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial. La OIT planteaba que la tasa de desempleo casi no descendió entre el 2017 y 2018, ubicándose en un 5,5, estando más de 192 millones de personas en esta situación, y de aquellos que poseían trabajo, 1.400 millones, es decir un 42%, se encontraba en un empleo vulnerable y precariedad. La pobreza laboral también es generalizada, lo que implica que el consumo per cápita de los hogares de más de 300 millones de trabajadores de países emergentes y en desarrollo es inferior a 1,9 dólares al día. En todo caso, el fenómeno empeora cuando se analiza el impacto en el grupo de mujeres, jóvenes y adultos mayores.
Las consecuencias de la crisis de la pandemia están estrechamente relacionadas con las relaciones sociales capitalistas y la implantación de las políticas neoliberales. En ese sentido, la pandemia, en particular, pone de relieve las desigualdades, opresiones, explotaciones, marginaciones de cada sociedad, pero sobretodo, el fracaso del neoliberalismo porque la agudización y prolongación de la emergencia sanitaria está relacionada con las políticas de austeridad neoliberal que han destruido los sistemas públicos de salud que se derivan del desmantelamiento del Estado respecto a garantizar condiciones de vida para toda la población, pero sí un Estado robusto para traspasar sumas enormes a la elite empresarial para evitar la parálisis en los circuitos económicos.
En el caso chileno, la crisis sanitaria confluye también con una crisis económico-social y político institucional, esta última se pone al descubierto a partir del estallido social del 18 de octubre del 2019 que toma rasgos de una rebelión popular producto del malestar de la población acumulado durante décadas. La incapacidad del sistema político para procesar y conducir el descontento a través de la institucionalidad, tuvo como consecuencias la violación de los derechos humanos, por parte del Estado, que dejó a miles de heridos, decenas de muertos, mutilados y presos políticos, al recurrir a la estrategia de la guerra interna y la criminalización de la protesta social.
En un intento desesperado por darle salida institucional a la crisis, la clase política, no solo creó una agenda social, sino que llamó a un acuerdo por la paz y la nueva Constitución del que ya sabemos su deriva al día de hoy. La crisis político institucional se conjugó con la crisis económico social, que ya mostraba signos claros de desaceleración desde el 2013 en adelante no volviendo a alcanzar niveles de crecimiento del 5% anterior, y que desde la rebelión de octubre empeoró mostrando un escaso crecimiento del 1,2%, también mayor inflación, aumento del desempleo y empleo informal, del endeudamiento de las familias populares y aumento de la pobreza, gestándose un panorama económico social sumamente complejo.
Se mantuvo el descontento popular, la organización popular y la presión diaria en la calle desde octubre pasado hasta la llegada de la crisis sanitaria derivada del Covid-19, la cual dio una oportunidad única para que el gobierno rápidamente aplicara medidas de shock, con las fuerzas armadas, a través del miedo, la represión en las calles y confinamiento de la población, lo que permitió desmovilizar la presión social del 18 octubre y también aprobar decretos y medidas para enfrentar la crisis económica, con acciones que favorecen los intereses del capital y las empresas, en vez de a la clase trabajadora.
Ejemplo son las políticas con un enfoque individual, focalizado, de mínimo vital y que transmite el costo a las y los trabajadores, como es el Bono Covid (destinado al 60% de la población más pobre) de 70 dólares aproximadamente; la ley de protección del empleo que permite a las empresas suspender las relaciones laborales sin haber despidos de los trabajadores con contrato, mientras continúan pagando una parte de las imposiciones y los trabajadores acceden al fondo de cesantía, por lo tanto, las empresas externalizan el costo de la crisis hacia los trabajadores y el ahorro que estos tienen para tiempos de cesantía.
Asimismo, las medidas orientadas a nivel de las empresas, también van en desmedro de los y las trabajadores y un ejemplo de ello es la ley de teletrabajo que puede intensificar el trabajo, pues se ha demostrado que se suele extender las horas totales y en el caso chileno, se puede ampliar tácitamente la jornada legal, sin reconocer las horas extraordinarias. Con todo, las consecuencias que se derivan de esta crisis es que se instalan las tendencias que ya estaban en curso como son el aumento del desempleo, del empleo informal y de las formas de trabajo remoto y plataformización del trabajo, con un reforzamiento de las modalidades de explotación del trabajo precario en los sectores profesionales y no profesionales –como son los trabajadores delivery– y que impactará en el aumento de trabajadores precarizados y la desigualdad.
En este escenario de crisis económica, sanitaria y político institucional vemos el fracaso del neoliberalismo y la crisis estructural del capital. Por ello, Chile se enfrenta a una coyuntura histórica que desde el 18 de octubre de 2019 permitió abrir un camino que lleve hacia otro proyecto societario, en el sentido que siente las bases y afirme la Vida por sobre el capital, el colonialismo y el patriarcado, es decir, con un sentido postneoliberal y postcapitalista. Creo que este fue el sueño –hace 50 años– de Salvador Allende cuando llegó al gobierno en 1970 de la mano del pueblo y un Programa de justicia e igualdad social.

Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.